Entrevista al productor de Al Final del Espectro Alejandro Angel

Hacerle esta entrevista al productor antioqueño Alejandro Ángel fue como recibir una pequeña clase de producción cinematográfica. Aquí cuenta cómo entró al mundo del cine y habla de algunos detalles de los filmes en los que ha participado.

Cuénteme un poco de usted.

Estudié Economía con especialización en Finanzas en la Universidad EAFIT de Medellín. Después, cuando estaba trabajando en una empresa de banca de inversión, unos amigos me propusieron ser parte del proyecto de Paloalto Films, la productora de Al final del espectro. Luego empecé a trabajar en Sanantero Films, que hizo Saluda al diablo de mi parte, y el remake de Al final del espectro, titulado Espectro, que se hizo en México con Paz Vega de protagonista.

“La película marcó una aceptación muy alta en las encuestas de Cine Colombia en la primera semana. Pero cuando uno va a ver el total, la película tuvo como ciento diez mil espectadores”

¿Cómo fue el paso de la economía al cine?

Aunque siempre haya sido un cinéfilo, en las producciones en las que he participado mis labores han sido más económicas y financieras que creativas. No era mi intención hacer cine, pero cuando trabajaba en la empresa de banca de inversión me invitaron a ser parte, como productor ejecutivo de Al final del espectro. Como estamos hablando de producciones independientes, yo era el que tenía que salir a buscar el dinero. No es como la labor de un productor ejecutivo de una película de estudio, que lo que hace, generalmente, es enlazar creativos con el estudio para armar el producto o a veces es, simplemente, el encargado del estudio para la ejecución de presupuesto.

En este caso, mi tarea fue conseguir el presupuesto y ejecutarlo a través de la fiducia, sacar los beneficios tributarios, atender a los inversionistas en los retornos y también manejé la negociación internacional. Me encargué, además, de conseguir otros recursos, no sólo los de los inversionistas. En la primera película, por ejemplo, contamos con un crédito de Bancoldex y ganamos el premio del Fondo de Desarrollo Cinematográfico. Entonces, esa ha sido mi labor. No tomé ninguna decisión creativa en esas películas. Cuanto mucho creo que sugerí por ahí un personaje. (risas)

¿Qué opina de las películas que ha producido, Al final del espectro y Saluda al diablo de mi parte?

Viendo la cosa del lado de los géneros –una es de suspenso o terror, la otra es policíaca o negra– diría que fueron un avance frente al cine que se estaba haciendo entre 2006 y 2011. Hicimos parte de una nueva generación que estaba arriesgándose a hacer cosas novedosas. Colombia ha tenido periodos históricos con más producción, pero entre el 94 y 2004 no se había hecho mucho. En ese sentido y en términos de las negociaciones que hicimos (la venta internacional y la negociación del remake con Universal Studios y con un productor en México), estas películas fueron de avanzada.

Ese tipo de cosas fueron importantes desde el punto de vista que me atañe a mí. En cuanto a las películas en términos creativos, quedé a gusto, pero tengo mis propias críticas sobre cada una. Al final del espectro tiene una buena fotografía y muchos referentes, como Stanley Kubrick en algunos planos y algunos cómics y caricaturas de los que Juan Felipe Orozco tomó el claroscuro. Otros dijeron que parecía del estilo expresionista alemán, en términos cinematográficos, por las sombras, la expresión y, precisamente, el claroscuro. Otros opinaron que parecía una imitación de películas que hacen parte de la corriente japonesa y coreana de horror. Yo creo que la película tenía un guión original. Creo que en líneas generales estaba bien estructurado, a pesar de tener algunas fallas.

Juan Felipe Orozco, Carlos Esteban Orozco y yo fundamos Santero films. Saluda al diablo de mi parte se atrasó por los rezagos de la crisis económica de 2008. En 2010, por financiamiento de una productora internacional, se logró por fin rodar la película y en 2011, se estrenó. Siento que la película es más elaborada en términos de la estructura del guión y, aunque algunos críticos notaron el mensaje de perdón que se sugiere al final, la crítica en general dijo que hubiera podido llegarse a un nivel más profundo de desarrollo psicológico de los personajes. Por otro lado, también la criticaron mucho por ser demasiado violenta, aunque a mí eso no me parece un problema.

En ella hay ciertas alusiones a Goodfellas (Buenos muchachos) de Martin Scorsese, en la que al final todo el mundo se mata. Sin embargo, creo que el hecho de que la producción tuviese que parar y que luego Felipe insertara una escena nueva, afectó la película, porque esa escena, dijeron muchos, era excesiva. De todas formas el contexto de la película es nuestra violencia, las cosas sí pasaron así, de modo que se puede leer como un intento del director de ser honesto.

La película marcó una aceptación muy alta en las encuestas de Cine Colombia en la primera semana. Pero cuando uno va a ver el total, la película tuvo como ciento diez mil espectadores. En ese sentido fue un fracaso, porque nosotros esperábamos que tuviera más de trescientos mil.

“Aquí en Colombia, capital de riesgo prácticamente no existe –hay sólo como dos empresas en el país que tienen dinero para empresas nuevas, emergentes– y uno termina dependiendo del Fondo de Desarrollo Cinematográfico”

ALEJANDRO ANGEL PRODUCTOR CINEMATOGRAFICO COLOMBIANO

Foto por y Misael Belt
Iluminación Juan Camilo Gil Suárez
Producción Alejandra Belt

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¿Por qué cree que en Colombia no se hacen casi películas de suspenso y de terror?

Hubo cositas por ahí en la década de los ochenta. Lo que pasa es que de 2004 para acá, en el cine colombiano hay, creo yo, tres líneas: una de ellas se pega a lo que se había hecho en los años anteriores, un cine muy basado en la televisión nacional. A veces, muchos directores que vienen de ese mundo utilizan la misma narrativa, la de televisión, pero en cine. Hacen lo que ya sabían hacer, drama comedia. Ese es un poco el caso de Harold Trompetero, por ejemplo. Otro tercio es el ultra independiente. Eso puede ser bueno o malo, obviamente hay de todo. Casi siempre está allí la gente a la que le gusta mucho el cine y pretende hacer de él algo muy artístico. Ahí se ve toda la línea de películas independientes, a veces muy sencillas, como Cazando luciérnagas, que tiene planos muy largos, es muy silenciosa, enfocada en la fotografía y en la psicología interna de los personajes. Esa, creo yo, es otra línea que crece en casi todos los países donde no hay industria.

La gente que se mete a hacer cine como este es gente que, casi siempre, lo que quiere es expresar una idea artística. Muchos son más fotográficos que otra cosa. Pero, como dije, hay cosas buenas y malas. Por último, la otra línea es aquella donde nosotros estamos más metidos, que es de quienes quieren tratar de armar industria y por ello tratamos de hacer cosas de género. En esa línea no hay tantas cosas, pero se han hecho intentos: suspenso o terror, comedias que no sean tan telenovelescas, de pronto habrá alguien que saque algo de ciencia ficción… Me acuerdo que en 2008 salió una titulada Yo soy otro, y era una especie de mezcla de sociopolítica con ciencia ficción. Yo sinceramente creo que si Colombia y otros países quieren hacer cine de verdad tienen que crear una industria de verdad, y en Colombia no hay tal. A estas alturas ni siquiera la televisión tiene industria en Colombia: dos grupos empresariales consiguieron ganarse licitaciones en el 98 y no han dejado expandir la televisión nacional. Entonces yo veo que, si la televisión por el lado regional no crece y la nacional está muy enfocada en mover lo que le interesa mover –o sea, los productos de sus grupos– y tener un dominio sobre la agenda política y socioeconómica del país, guiando el imaginario colectivo colombiano, esto no va a avanzar. Por ende, no hay nadie, de los que tenían ya capital, acumulado en un medio audiovisual que se meta en cine con dineros grandes.

En Colombia no hay nadie que esté invirtiendo capitales grandes en cine. No les interesa y no lo entienden. Los canales nacionales hacen lo que hacen por estrategia de marca, simplemente apoyan la comercialización y cuando le meten a algo, generalmente, es muy poco lo que invierten. En líneas generales, mejor dicho, a ellos no les interesa hacer cine, a diferencia de Universal o Fox, que tienen canales de televisión en Estados Unidos. Con ellos generan capitales grandes y logran tener parte del dinero para la financiación del cine. Aquí en Colombia, capital de riesgo prácticamente no existe –hay sólo como dos empresas en el país que tienen dinero para empresas nuevas, emergentes– y uno termina dependiendo del Fondo de Desarrollo Cinematográfico.

Entonces: no hay fondos de inversión de riesgo y los grandes capitales que podrían venir de la televisión no llegan porque a los canales no les interesa. ¿Qué queda? Que alguien de cine de afuera venga a hacer eso. Allí, pienso, es donde está la nueva oportunidad en Colombia y es lo que ha venido pasando de dos años para acá. Con la nueva Ley de Cine debería pasar eso, espero que ese haya sido realmente el espíritu del Ministerio. Acá en Medellín se está notando la iniciativa –se supone va adelantada, vamos a ver en qué termina– de hacer un estudio con una inversión de ciento cincuenta millones de dólares, producto de una asociación de un estudio en Inglaterra, uno en Estados Unidos y uno de Medellín.

Si eso se logra hacer creo que puede haber un verdadero impulso a la industria y cuando lo haya, ahí sí vamos a ver géneros y más películas. En este momento decir que veinticinco películas es un éxito, cuando Argentina produce cien y México otras cien anualmente, es una mentira que nos decimos. Y aunque se den más o menos diez premios anuales de cine y nuestras películas salgan del país, cuando uno ve las cifras en taquilla de las películas colombianas se da cuenta de que son bajísimas. Por eso es que Proimágenes y el Ministerio de Cultura, en los últimos cinco años en que viene el declive de las películas colombianas, siempre salen a decir que está subiendo la taquilla en Colombia, cuando lo que sube es la taquilla general. El género se explotará sólo cuando aquí haya industria.

ALEJANDRO ANGEL PRODUCTOR CINEMATOGRAFICO COLOMBIANO

Foto por y Misael Belt
Iluminación Juan Camilo Gil Suárez
Producción Alejandra Belt

LOS  5 TIPS POR ALEJANDRO ANGEL

  1. No hay fondos de riesgo (excepto uno o dos, que realmente no son de riesgo).
  2. Los exhibidores y distribuidores reciben estímulos de toda índole por parte de los estudios en Los Ángeles (y son unos seis estudios cada uno con unas 30 películas, así que prácticamente surten el contenido en Colombia), por lo cual van a darle prelación al estudio antes que a tu película independiente. Si es necesario sacar tus copias a la semana, las van a sacar (esto aplica en Colombia y en prácticamente el resto del mundo, pues prácticamente nadie tiene un entramado de distribución como el de EE.UU.).
  3. Los productores independientes a nivel mundial deben crear sus propias asociaciones de distribución, que de verdad negocien en bloque con los exhibidores. Para así impedir que hagan bloqueos o que le den prelación a los de los estudios. Es decir, habría que hacer lo mismo que Lions Gate, Paramount, Universal, Fox,  Sony – Columbia y Warner Brothers. Pagarles a los exhibidores para recibir prelación en fechas, posicionamiento de la publicidad en el sitio de venta, etc. Y eso aún no se da acá.
  4. Habría que generar una verdadera industria, para que esto fluya, es decir, no tener a personas durante 20 años manejando una entidad que es casi pública para que nada cambie y los exhibidores sigan siendo los mismos de grupos de presión política. O sea, se necesita entrar a estudios grandes que monten acá parte de la industria para mover todo el entorno, porque si depende de los de acá, va a seguir a baja escala, no rentable y simplemente sirviendo como trampolín para el above the line para hacer seriados o comerciales o uno que otro largometraje. O sea, que si no hay una verdadera industria, seguirá el mismo fenómeno: unos haciendo junto a los canales de televisión unos largometrajes que son más televisión Bogotana que otra cosa. Otros que lo harán como trampolín y otros que básicamente harán cine para entrar en los circuitos de festivales, en un proceso que es más lento y dificulta en establecer una verdadera industria.
  5. Mientras no haya formación acelerada de guionistas, directores y editores, es decir, formación en narrativa cinematográfica, se va a depender de esporádicos brotes de talento que entiendan intuitivamente cómo se narra una película. Mientras tanto, seguiremos viendo televisión bogotana en salas de cine, mezcladas con películas muy independientes con bajo nivel de taquilla y con otras pretensiones más lejanas a las de formar una indsutria de cine local.
En síntesis

Mientras no haya industria, hacer cine en países que no la tienen (que son prácticamente todos los del mundo, excepto EE.UU., India y un poco China y algunos de Europa) es un suicidio comercial.

“Hay que cambiar eso para que pueda fluir el cine en Colombia. Esa es la labor”

THE END MAGAZINE