CÓMO NETFLIX DEMUESTRA QUE CONOCE A SUS PROPIOS USUARIOS: STRANGER THINGS
Esta serie de Netflix, desarrollada por los hermanos Duffer, es un homenaje al cine de los 80, que además deja su propia huella a través de una historia llena de misterio y aventura, con un trasfondo paranormal.
CALIFICACIÓN TOTAL83%
PUNTOS FUERTES
  • Los niños en conjuntos forman un equipo invencible.
  • Un baño imprudente en los años 80.
  • citación infinitas.
PUNTOS DÉBILES
  • ...de pronto demasiadas?
  • La CGI no siempre es convincente.
  • La segunda temporada viene sólo en octubre de 2017.
83%REGRESO A LA NIÑEZ
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90%

En poco más de una semana, Stranger Things, el nuevo seriado de Netflix, ha generado un intenso debate en internet y ha sido capaz de romper el hielo en los corazones nostálgicos de miles de suscriptores al servicio de streaming online, que ya ha revolucionado en el mundo el consumo de shows y seriados televisivos, aprovechando la flexibilidad de la red con respecto a la rigidez de las parrillas televisivas.

El secreto del éxito inmediato de esta serie parece ser una perfecta mezcla del encanto de los míticos ochenta, década de gran cultivo para la cultura pop y para un tipo de cine ingenuo, artesanal y crudo, pero rico en gratas experimentaciones y responsable del nacimiento de algunas de las experiencias cinematográficas más intimas y familiares que se puedan recordar, como Los Goonies(The Goonies, 1985), E.T., el extraterrestre (E.T. The Extra-Terrestrial, 1982) y Gremlins (1984).

Matt y Ross Duffer, pareja de hermanos directores y guionistas que cuentan ya en sus hojas de vida con la escritura y dirección de algunos episodios de la serie de Fox Wayward Pines, nos conducen con Stranger Things a aquellas atmósferas confortables y cálidas de los 80, tal vez latentes en el imaginario fílmico contemporáneo, aunque nunca olvidadas por los espectadores, sobre todo aquellos que hoy alcanzan los cuarenta y aún se sienten un poco infantiles por dentro.

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Es 1983. Hawkins, Indiana. Cuatro niños juegan Dungeons & Dragons en el sótano de una casa. A sus espaldas, en un muro, se extiende el póster de La cosa (The Thing, 1982), la obra maestra de John Carpenter. Un regaño de la madre de uno de ellos es todo lo que se necesita para romper la magia. Es tarde. Justo el tiempo de subir a sus viejas pero preciosas bicicletas y dirigirse cada uno a sus respectivas casas. Sin embargo, el pequeño Will Byers (Noah Schnapp) no llegará a su hogar esa noche. Tras ser perseguido por una misteriosa criatura, desaparece sin dejar pista alguna. No obstante, su madre, Joyce (Winona Ryder), y su hermano, Jonathan (Charlie Heaton), no se dan por vencidos y comienzan la búsqueda de Will, con el apoyo del alguacil Hopper (David Harbour) y de la policía local.

En la serie también sobresale el personaje de  una niña dotada de poderes psicoquinéticos, que huye de quién sabe dónde y es perseguida por implacables agentes del gobierno que parecen los “hombres bajos en abrigo amarillo” de Corazones en Atlantida, de Stephen King. Su nombre es Once (Millie Brown), como el número que trae tatuado en su brazo.

stranger things

Afirmando en voz alta su deuda de gratitud con  otros autores, como Steven Spielberg, George Lucas y Richard Donner, pero también Stephen King (homenajeado en la tipografía elegida para los títulos en el cabezote de la serie), los hermanos Duffer no hacen más que describir ese momento traumático y esencial que marca el pasaje desde la inocencia a la edad madura. “Estuvimos afuera solo dos días, pero la ciudad ya nos parecía diferente, más pequeña”, dice Gordie Lachance, personaje de la película de culto Cuenta conmigo (Stand By Me, 1986), pocos instantes antes de los créditos finales. Este filme, dirigido por Rob Reiner, es precisamente una adaptación del cuento El cuerpo, de King.

Un pueblo aparentemente encogido o un inhalador abandonado porque no sirve más, y el resultado: una aventura extraordinaria. Stranger Things empuja con fuerza el acelerador en ese sentido, y crea un ambiente de misterio, con un fondo paranormal, que rosa en varios aspectos a Juegos Diabólicos(Poltergeist, 1982), de Tobe Hooper, y a Alien: el octavo pasajero (Alien, 1979), de Ridley Scott.

Los protagonistas de ese peligroso viaje en la búsqueda del compañero desaparecido son Mike (Finn Wolfhard), Lucas (Caleb McLaughlin) y el goloso Dustin (Gaten Matarazzo); son como unos nuevos Goonies, que forman juntos un incansable y variado trio de outsiders formados en los largos paseos por la carrilera del tren, siempre unidos, hablando en voz baja o a través de walkie-talkies; pero la serie nos deja también asombrados por la caracterización de los roles secundarios, que, al final, no parecen tan secundarios, pues no hay un solo momento en el que se prefiera seguir la historia de los niños más que la de los adolescentes o adultos; son tres generaciones en permanente confrontación, por los diversos puntos de vista sobre el mundo.

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Adecuado resulta, por ejemplo, el triángulo amoroso entre la linda Nancy (Natalie Dyer), hermana de Mike, su novio Steve  (Joe Keery) y el atormentado Jonathan. De excepcional intensidad es la madre de Will, interpretada por Winona Ryder, una de las reinas de Hollywood de los 90; su personaje es a menudo rígido, pero agraciado, con líneas sorprendentemente cuidadas que le otorgan una profundidad admirable. En la búsqueda de su hijo la apoya el alguacil Hopper (David Harbor), un hombre muy astuto e inteligente, empático y humano, capaz de regalar algunos de los momentos más emotivos y conmovedores de la serie.

Netflix, como siempre, permite que la temporada esté disponible para ser devorada de un solo mordisco. Stranger Things aprovecha esto de la mejor manera: de hecho no existen episodios de relleno, de mínimo interés, subordinados a una gruesa trama horizontal; la impresión es más bien la de encontrarse frente a una larga película de ocho horas, divididas en ocho partes. El resultado es satisfactorio en términos de ritmo y articulación temporal, lo cual es posible gracias a un pleno entendimiento, por parte de los autores, de los medios que, por fortuna, se revelan en la altura de la situación y de las expectativas que crecen de manera proporcional con el ritmo de los acontecimientos narrados.

 

Por otra parte, el buen gusto se siente en la capacidad de síntesis y de medida en la obra, virtud innata, quizá, en los hermanos Duffer, que demuestran todo el tiempo una acentuada sensibilidad, como en el hecho de conmemorar el tipo de cine de los 80, mencionado arriba, sin caer nunca en el exceso de citas gratuitas, enfermizas, forzadas o fuera de lugar. Se pasa con agilidad, sin problema, de una leve sonrisa, generada por algún suceso en la escena (debido al recuerdo de esas obras del pasado), a una risa de oreja a oreja frente a los dispositivos narrativos o secuencias enteras que revisitan en clave moderna las películas de culto de los 80, para luego quedar de nuevo sorprendidos cuando la serie se libera casi por completo de los guiños nostálgicos y empieza a contar su historia, que es solida y llena de ideas interesantes.

Entonces, si el final deja abierta una grieta para la eventual segunda temporada, solo restará esperar.

CURIOSIDADES:

  • Millie Brown, que interpreta Eleven, ha tenido que afeitarse su pelo por su parte. Para convencerla, los hermanos Duffer le mostraron una foto Charlize Theron afeitada para Mad Max: Fury Road, y ella aceptó.

    
    
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