La primera jornada de la 64 edición del festival de cine de San Sebastián ha arrancado con dos notables cintas procedentes de Cannes, una decepción venida de Locarno y la película encargada de abrir el certamen, una solvente historia basada en hechos reales dirigida por Emmanuelle Bercot.

La fille de Brest, de Emmanuelle Bercot (Competición/ película inaugural)

La fille de Brest (2016) Francia

Hay películas y luego está el cine. Por lo general los festivales eligen para inaugurar sus competiciones películas, y en muchas ocasiones, con bastante mala puntería. Si hay uno que destaca en tan dudoso honor, es el festival de cine de San Sebastián, aunque parece que hoy en parte, se ha roto esa maldición. Y no nos motivemos que La fille de Brest está lejos de ser buen cine, o incluso, de ser cine. No es más que una

buena película, entretenida y puede que hasta didáctica, que coge el cada día más manido y soporífero recurso de adaptar historias “basadas en hechos reales”, todas ellas de contenido reivindicativo y esperanzador. Es curioso, porque generalmente, la crítica odia las películas con finales felices, más cuando todo el proceso que les precede ha sido como poco, previsible.

Pero lo interesante de esta cinta y lo que la hace atractiva es probablemente el objeto de su denuncia: La industria de las farmacéuticas, tema absolutamente tabú en el cine contemporáneo. Y es que esas manos en la sombra fueron las culpables de que muriesen en Francia durante los últimos años más de 500 personas por el uso continuado de un nocivo fármaco. La película es la lucha de una doctora coraje – de esas que cuesta creerse a poco que uno vaya a la consulta de su médico -contra la empresa que comercializaba dicho fármaco. En la dirección tenemos a la actriz Emmanuelle Bercot, más conocida por su palma de plata en 2015 por la irregular Mon Roi. Sus excesos como actriz quedan plasmados en una dirección notable y en algún punto brillante, pero que queda empañada por un guion que en el ecuador de la película empieza a virar a una deriva en la que es fácil perder la atención. No es difícil recuperarla, pero llegados a ese punto, se echa en falta algún contrapunto critico a su narcisista protagonista. Si a eso le añades algunos gags del todo innecesarios que no funcionan tan bien como deberían, y que el final se alarga más de la cuenta, nos queda un producto solvente, apto para todos los publico pero que podría haber dado más de sí.

*Te gustará: Si te interesa la temática o las historias basadas en hechos reales.

*No te gustará: Si te gusta Bela Tarr.

Toni Erdmann, de Maren Ade (Perlas)

Toni Erdmann (2016) Alemania

Probablemente lo más difícil en la vida es hacer fácil lo difícil. Vivir, adaptarse y formar parte de algo transcendental son cuestiones que todos creemos tener de forma innata, pero que paradójicamente, en la era en la que occidente lo tiene todo, cada vez son más difíciles de desarrollar. Partiendo de esa base, la realizadora germana Maren Ade nos presenta en su tercer largometraje a Toni Erdmann, la candidatura alemana por la carrera por los Oscars y una de las cintas favoritas de todos los asistentes de la pasada edición del festival de Cannes. Y ahora amigos, entiendo el porqué.

La historia nos presenta a Irene, una joven y prometedora asesora alemana que vive en Bucarest y que recibirá la visita de su padre, con el que mantiene una extraña y peculiar relación. La tensión que percibimos entre ambos nos hace imaginar un pasado entre ellos lleno de errores, pero por suerte para el espectador, esta no es la típica historia de” padre que nunca hizo caso a su hija y ahora intenta ganársela”. Esta historia trata del devenir de la vida, de cómo los momentos pasan, crecemos y nos despreocupamos por conservar los recuerdos, esos pequeños momentos de luz que le dan sentido a nuestra existencia. Que no confunda al espectador la riquísima comedia que baña gran parte de su inmenso metraje, cercano a las tres horas. La comedia en esta película no es más que el llanto dramático de unas personas que viven en un mundo hermético, en el que literalmente, parece imposible desnudar su alma. Solo en ese momento, cuando uno decide dejar atrás el equipaje y todo el lastre acumulado, reconoceremos quienes son las personas que nos aceptaran tal y como somos.

Y es que como ya he dicho, el arte de contar historias puede tener distintas preferencias por parte del consumidor, pero conseguir plasmar con pequeños gestos, miradas y silencios ideas tan universales como la nostalgia, la rabia, el amor incondicional y el sinsentido de esa organización social llamada familia, pero bañarlo todo con un tapiz contemporáneo y enmarcarlo en el contexto europeo de las desigualdades sociales, la hipocresía de las clases altas y la extraña y cada día más perturbadora idea de que el éxito laboral es lo único que nos vale para sentirnos bien, es algo casi suicida. Hay que agradecer a la joven directora que trate al espectador como un ser inteligente y no le guíe por un carril maniqueista y lleno de reiteraciones simplonas. Maren Ade simplemente nos abre la ventana que da al mundo de dos personajes que tras tres horas de metraje forman parte de nosotros, y no porque les cojamos cariño, sino porque lo que Toni Erdmann plasma, al fin y al cabo, es algo que forma parte de nosotros. Lo trascendental es universal, y en pleno 2016, parece ser algo terriblemente trágico.

*Te gustará: Si valoras el cine de detalles, la naturalidad y la comedia.

* No te gustará: Si piensas que tiene ciertos caprichos en el guion para forzar la comedia.

La idea de un lago, de Milagros Mumenthaler (Horizontes Latinos)

La idea de un lago (2016) Argentina

Podemos hablar sin miedo a equivocarnos de la primera decepción del festival. La cinta argentina que ya participó en la pasada edición el festival de Locarno es un viaje en la memoria a través de celuloides perdidos e imaginaciones infinitas. Esto, que en un principio suena abstracto y contradictorio, no es más que la tesis a un planteamiento en el que conocemos la historia de Inés, una fotógrafa de 35 años en plena crisis amorosa y existencial, que buscará en su pasado la forma de redefinir el presente. En ese pasado cambiaremos drásticamente a una imagen granulada similar a la de los “Super 8”, y visionaremos las vivencias que supuestamente ocurrieron en su niñez, aunque rápidamente nos daremos cuenta de que algo no encaja.

La película brilla en esos pasajes oníricos de la infancia, donde la infinita creatividad infantil y la ingenuidad propia de la edad desdibujan las realidades más dramáticas para convertir todo en pura aventura. La cinta en este tramo tiene escenas memorables que rozan el surrealismo, pero es en la vuelta a la realidad, donde la película acaba flaqueando y convirtiéndose en un sopor. El psicoanálisis del pasado habría sido mucho más interesante si no conociéramos el presente de la chica, o si este nos fuera contado de otra forma. El tempo de la película es lento y contemplativo, pero vacío la mayoría de las veces, sin empaque ni porqués que justifiquen el esfuerzo que se le exige al espectador para aguantar atentamente los escasos 80 minutos de metraje. Al final, la idea de un lago se queda en algo que estuvo cerca de ser especial, una nave atemporal hacia un tiempo que nunca existió, una vía de idealización de nuestra propia vida con el único objetivo de sanarnos, aunque sea sustentando una mentira, pero termina siendo un pastiche que algunos disfrutaran pero a otros se le atragantará.

*Te gustará: Si valoras los planteamientos diferentes y los puzles difíciles de encajar.

*No te gustará: Si no te gustan las historias imperfectas e incompletas.

La tortue rouge, de Michael Dudok de Wit (Perlas)

La tortue rouge (2016) Belgica

El primer acercamiento a occidente del estudio Ghibli es una de esas historias que no deja indiferente a nadie. Sin diálogos y con escasos 80 minutos de metraje, el debutante Dudok de Wit nos cuenta la historia de un náufrago que intenta construir una barca en la isla desierta en la que parece irremediablemente atrapado. Pero hay

un pequeño problema, cada vez que se lanza al mar “algo” la destruye.

La tortuga roja es una película que nos habla directamente del amor y la naturaleza. De Wit se toma su tiempo durante la primera mitad de la película para mostrarnos que la supervivencia es el estado natural de la raza humana y el caos, el orden por el que la naturaleza se regula. Se nos presenta esa isla como las antípodas conceptuales del jardín del edén, y la subsistencia de cada especie depende de la caída de otras, hecho, que será el punto de giro de la historia de nuestro protagonista.

Y es que el amor es lo único que nos diferencia aparentemente de los animales. Un amor inmortal, que hoy en día solo podría ser representado como un cuento, en este caso, a través de una tortuga roja que tristemente es la única esperanza para la raza humana. En el momento en el que nace la piedad y la compasión, y empezamos a preocuparnos por el bienestar de los demás, dejamos de ser animales. Y cuando dejamos de ser animales, podemos empezar a sentir, a compartir y a sobrevivir respetando al resto de seres que pueblan el planeta. La bellísima puesta en escena, con un dibujo que quita el hipo y una banda sonora que es por lo menos la mitad del éxito de la cinta, acompañan a este concepto tan naturalista para construir una compleja y profunda historia de amor llena de capas morales. Sin duda, una película de las que dejan poso.

*Te gustará: El estudio Ghibli de siempre pero más accesible para occidente

*No te gustará: Si no aguantas ciertos trucos emocionales marca de la casa.

Como podéis ver, el primer día no ha ido nada mal. Ahora toca descansar y recargar las pilas para un segundo día bastante prometedor.

THE END MAGAZINE