Superados algunos contratiempos, el tercer día de la Mostra estuvo dedicado a disfrutar de un filme restaurado de John Ford, la propuesta española Una Tarde Para la Ira y el largometraje francés Frantz.

La mañana no empezó bien. Un problema con la acreditación y solo hasta las dos de la tarde pude solucionar el asunto. Parafraseando el título de una de las películas del día, fue toda una mañana para la ira. Pero el lugar en la isla de Lido, donde toma forma la Mostra, hace que ese mal sentimiento se pase rápido. La dolce vita hierve, y de la Terraza 73 y un sandwich, pasé a sentarme en el prado debajo de árboles almorzando un trozo de pizza y una cerveza. Y aunque el sueño parece acabar cuando toca pagar la cuenta, es tan agradable todo este viaje a un tiempo donde el afán está prohibido que lo vale.

Y presentándole respetos a ese tiempo lento y más vivible, encontré dentro de Venecia Classici, la sección dedicada a los que han logrado llevar al cine más allá de ser solo entretenimiento, The Brat (1931) del inmenso John Ford. El largometraje se presentó recién restaurado por el Momma. Con él, según los que trabajaron en ello, se completó la tarea de recuperación de toda la filmografía del director texano en sonoro. En la cabeza tenía su frase “Hago Westerns”, y la verdad es que solo había visto muy pocos de los suyos, así pues, entré a la sala con la idea de que iba a ver uno de ellos. A veces vale la pena equivocarse y ser sorprendido en el curso. Una comedia romántica, con el especial sentido de ironía del estadounidense, donde se presenta una situación bastante particular en la vida familiar de un gran escritor. La inocencia en contra de la sofisticación, los sentimientos y la calidez que ellos entregan enfrentados a la manipulación, el cálculo y la frialdad de la racionalidad, ¿de la realidad? El final feliz de siempre, es el de siempre por tipos como Ford, y los sentimientos terminan ganando el juego.

Venecia 73, día 3

Sally O’neil en The Brat de John Ford

El calor geográfico, que mi ignorancia me hacía esperar en la proyección de Ford, llegó en Tarde Para La Ira, de Raúl Arévalo. El director nos monta en una historia que se aproxima de alguna forma a un Western, mas solo hasta que ha transcurrido la mitad de ella entendemos que se trata de una venganza. José (Antonio de la Torre) es un tipo melancólico que se enreda con la mujer del Curro, un ex presidiario condenado a ocho años por un atraco que salió mal. Además de ello, el Curro termina relacionado con el desconocido para emprender un viaje de venganza por Andalucía. Con ciertos mires a Chan-Wook Park, se echa en falta elementos como el sentido retorcido del humor del coreano. Además, el actor principal no logra involucrarnos del todo cuando emprende el viaje, logrando que el film se quede siempre a mitad de camino. El largo del español no termina de cuajar y queda el sentimiento de lo que pudo haber sido y no fue.

 

El final de la jornada corrió por cuenta de Françoise Ozon que compite con Frantz. El director se apoya en los cambios tonales, blanco y negro para el presente y colorido para el pasado y posible futuro, para hablar del deber y el orgullo, el amor y la amistad, la comunicación subjetiva entre hombres y mujeres: lo que se dice, lo que se calla y lo que se llega a entender y el daño que con ello se provoca. Y la fuerzas que deben ajustarse siempre entre la verdad y la mentira cuando el realizador francés pone a revisión el lema “La verdad nos hará libres”. Ozon deja ver ejemplos donde después de la verdad solo queda devastación, oscuridad y dolor porque las capacidades comunicativas no nos dan para abrazar la verdad.

Venecia 73, día 3

Paula Beer en Frantz

Basado en el clásico Broken Lullaby (1932) de Ernst Lubitsch, Ozon se para al lado alemán de la trinchera, haciendo de Frantz una cinta bien hecha, estéticamente bella. Podemos hablar de dos momentos. En el primero un amigo francés del soldado alemán Frantz busca ser redimido y para ello se somete al escarnio público. En el segundo, la novia del difunto alemán imagina maneras de dejar su pasado atrás y seguir adelante con su vida. En la primera parte las cosas propuestas encajan y la historia funciona. Sin embargo, en la segunda, el director no logra cerrarla completamente y en los momentos álgidos de ella se hace evidente y básico. Los protagonistas, sobre todo el femenino, viven tan metidos dentro del cliché y de lo que de ellos se espera que cuando por fin se deciden a dar el paso evidente por el curso de la historia, pues, es tarde, debió hacer sido antes. No hay sorpresa, no hay acción. El filme así se hace pesado y lento. Entonces, se hace pesado quedarse en la butaca porque es aburrimiento lo que aflora en el público. Si a eso se le suma el final, tipo The Brat, queda una sensación de que el director parisino no supo cómo rematar lo que nos quería decir con su trabajo.

https://www.youtube.com/watch?v=Mytb1Ms7KLI

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