En uno de los días más esperados por la crítica, Sorrentino nos presentó el resultado de su cónclave y Tom Ford desvela su fina costura en Nocturnal Animals

Por las sabidas particularidades de esta ciudad, y del pueblo italiano, la calma reina entre canales, calles estrechas y escondidas. Apurarse acá es un sinsentido que se calma entre las paradas que hace el vaporetto. Se necesita paciencia, de disfrutar los tiempos muertos y de tomarse el tiempo para hacer lo que se debe sin apuros. 6.30 de la mañana y desde Palanca, la parada del transporte más cercana a mi hotel en la isla de Giudecca, voy camino a San Zaccaria, en la Plaza de San Marco en Venecia, para hacer transbordo al No.20 que me lleva gratis hasta la isla de Lido donde la Mostra tiene trascurre.

La fila para la Sala Dársena es importante, porque no es atrevimiento lo que le falta a esta versión del viejo festival, los ánimos están electrizados y vamos a ver televisión. Dos capítulos de la serie que se estrenará en Europa en octubre bajo la factura de Paolo Sorrentino. El director napolitano nos presenta a Lenny Belardo, Pio XIII, The Young Pope. Y habla en alto leguaje filosófico al tratar esas preguntas en el cajón de todo teólogo: ¿cómo entender que Dios es uno y trinidad, que María es virgen y madre o que el hombre bueno y malo? ¿Cómo funciona ese Estado Vaticano? ¿Cuáles son los intereses de la Iglesia? Vamos a ir a aguas a las que no llegó House of Cards, donde se pisarán los terrenos de teología y política pura y dura.

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Jude Law en The Young Pope

Y si ya desde Il Divo, La Grande Belleza y Youth sabemos cómo es él, imaginen lo que nos puede mostrar cuando a un extravagante se le da dinero y tiempo para explayarse. Llega recargadísimo. “Es una película de diez horas”, dijo en la rueda de prensa. Su fascinación por mostrarnos lo bello en el montaje pasa por Venecia, y por supuesto por Roma y la Ciudad del Vaticano donde explota monumentos, edificios, tomas aéreas y panorámicas. Puntos de vista únicos de la ciudad eterna se siguen uno a otro para fundamentar la historia. El cine es imagen en movimiento, y las de Sorrentino son exageradas en su perfección y simetría. Hermosas. Y como no podría ser de otra forma, la musicalización ayuda a conmover, para los pelos, lleva a las lágrimas, a las risas y sacude.

Un párrafo aparte se merece Jude Law. Carismático, intratable, sin fisuras y tan bello que enamora así sea vestido como un papa. Qué bien le van esos zapatos rojos a su Santidad. Este nuevo papa gringo que usa chanclas hawaianas, desayuna con Coca-Cola y admira a Banksy y Daft Punk. Un rock star. Y sí, como todo fanático musical, su contradicción está en que a pesar de su juventud es más conservador que cualquiera. Pero sabiéndose así prefiere estar en la sombra, no ser fotografiado ni televisado, imitando a sus ídolos, Pío XIII espera que su rostro permanezca en el anonimato. El realizador, que es también el escritor, deja ver en el sarcasmo dentro de las conversaciones la inteligencia que tiene con el que vamos a tratar. Tendremos que acostumbrarnos a su sobradez, su altivez, su memoria prodigiosa. Es el perfecto príncipe de la Iglesia tal y como se lo hubiera imaginado Maquiavelo si la hubiese servido. Y como tal, está solo. Pero no así Law, que se ve acompañado de Diane Keaton, Silvio Orlando y Javier Cámara.

Es que si Sorrentino se hiciera diseñador, de seguro que iría más lejos que su compatriota Cavalli. En él las esperanzas de HBO por el reemplazo de Games of Thrones están bien puestas. Pero el diseñador acá es otro. Tom Ford vuelve a estas aguas con Nocturnal Animals, un thriller con tintes dramáticos y de venganza. Esta última necesaria y liberadora, presentada con elegancia sobria dentro de la relación de una exitosa artista, Susan Morrow, Amy Adams en su segundo protagónico, y su ex marido, el escritor Tony Hastings, Jake Gyllenhaal. El autor tejano nos deja ver cosas de su vida, sus paisajes enormes en este estado de la unión americana conocido por su “conservadurismo, sexismo, racismo”, como dice Susan. Nos muestra sus otros amores, por el estilo, la elegancia, la arquitectura, el diseño interior, y quizá refleja más de su vida personal en las menciones al hermano de Susan. Ford vuelve y sorprende atrapando a la audiencia en su thriller donde tal vez lo que falla está en la banda sonora y algunas escenas demasiado largas, que recargan las sensaciones cuando no hay necesidad de ello y por el contrario, se puede sentir extorsiva la forma en este largometraje.

Venecia 73 día 4A la que

sí le funcionó muy bien la banda sonora fue a la belga-flamenca Fien Troch, traída acá en la sección Orizzonti por su película Home. Un drama de adolescentes y la relación siempre tirante y problemática con los adultos que les tratan de enseñar pretenciosamente, porque no hay receta probada, cómo deben vivir la vida. Bien arriesga en una potente propuesta audiovisual con una pantalla 1:1 y en vertical, algunas de mala calidad, como se ha venido poniendo de moda por cuanto lo celulares omnipresentes. La directora lleva hasta un punto pesadillesco la falta de previsión de los chicos y el abuso de los adultos, las reacciones viscerales de los primeros contra la excesiva e inútil contención pseudo-meditada de los encargados de cuidarlos.

Y es que en muchas ocasiones nadie sabe mejor que uno mismo cómo cuidarse, como muestra Jorge Thielen Armand en La Soledad. El director venezolano nos adentra en la situación de desesperanza y no futuro (tan trillado en el cine de latinoamericano) desde los ojos de el Negro, su protagonista, un chico encargado de su familia y abuela, que vive en la casa de los ex patrones de la señora. Sin embargo, las buenas intenciones del film no van más allá de una crítica a la situación política venezolana, y la escasez a la que está sometido el pueblo hermano, mientras soterradamente presenta la situación anterior como la única que puede ser mejor. Las esperanzas pasan por migrar o por la ayuda que le pueda seguir brindando la familia dueña de la casa, o por las supersticiones que su falta de educación les incita a creer.

 

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