El documental One More Time With Feeling a cargo de Andrew Dominik ahonda en la pérdida del hijo de Cave. El contrapunto viene de la mano de Piuma, comedia familiar italiana que se presenta como un posible éxito de taquilla.

La mañana amaneció fría. Llovizna y viento para los que el lino no es muy útil. Por el orden en que escogí entrar este día a las presentaciones, las dos primeras serían en la Sala Grande. A las 8.50 nos avisan de que la función empezará diez o quince minutos tarde. Nos agradecen la paciencia. Para esta cinta con la que arranca el día en la Sala Grande la expectativa que tenía era grande. No conocía al director de One More Time With Feeling, pero sí conocía parte de la historia que me iba a contar. Hace poco más de un año uno de los gemelos de Nick Cave, en medio de un viaje de LSD, sufrió un ataque de paranoia que lo llevó al fondo de barranco donde fue encontrado sin vida. En algún momento después de esta situación, Cave llamó a Dominik para proponerle filmar el proceso de su nuevo disco con los Bad Seeds. Su respuesta fue: “Nick, tú no necesitas hacer esto. ¿Para qué lo haces?”. No lo sabe, confiesa. Él solo siente que lo debe hacer. Pero el director se decidió apoyar a Cave como forma de seguir adelante, y para este trabajo además de banda incluyó a la esposa e hijo del cantautor australiano en la filmación un video musical larguísimo. Solo le puso dos condiciones: que fuera fucking 3D, como lo llama Nick porque lo odia, y en blanco y negro.

Nick Cave en One More Time With Feelings

Y acá estamos. Sintiendo toda la pena y dolor de esta familia. Porque si se sentía que el 3D sobraba en la lerda cinta de Wenders, el recurso usado acá por este autor australiano funciona como si siempre se hubieran hecho así las cosas. Nos involucramos a fondo en esta catarsis vital de Nick y los que le rodean, que lo vuelca a componer una canción desgarradora y luego otra. Catarsis donde aunque “un amigo te abrace y te diga que lo siente y luego lo mires a los ojos y no sepas nada de él”, vemos cómo sus cercanos se han comprometido con él y están involucrados los que más. La cercanía es tan incomoda que en algún momento vi a los sentados en mi misma fila en la misma posición que la mía: piernas y brazos cruzados. Tragando grueso. ¡Qué dolor, qué situación insufrible!

Viendo el proceso devastador del “¿en qué momento me convertí en una persona por la que todos sienten lástima?”, como se cuestiona el cantante que se había refugiado en un pequeño pueblo inglés con su familia huyendo de los azares por los que había pasado. Y aunque apenas nos asomamos a su vida privada en 20.000 Days on Earthal final le vemos sentado con sus dos gemelos viendo una película y confesando lo que ellos son para él—, en One More Time With Feelings conocemos cada rincón de su casa y hasta vamos al baño con su esposa. La cámara no se les despega, nos sentamos en la mesa del comedor y podemos ver con ellos por la ventana hacia la calle. Insisto, la intimidad lograda tanto por los tonos como por el montaje empleados por Dominik es de remarcar. Porque el director hace un trabajo de manipulación honesto cuando nos dirige la mirada dejando para nosotros lo que pudiésemos sentir o no. Andrew no extorsiona. Mi pasión por el gran cine de autor, ese que siempre deja pensando sin resolver lo mostrado, la veo recompensada acá. Nunca sentí lástima por Nick y por su familia. Las lágrimas no asomaron. Al contrario, en este documental, viendo cómo encara con valentía casi cavernícola la situación que solo él sabe, es admiración lo que se siente. “Hemos decidido ser felices. Velar el uno por el otro y por el que nos acompaña”, confiesa Nick con un rosario en la mano.

De ese drama familiar tan cerebral, saltamos al otro espectro y llegamos al que solo es sentimiento. Los italianos presentan una comedia dramática familiar con Piuma. El histrionismo, la gesticulación, la gritería casi que desubican. Vemos las diferencias de cómo —aunque se comparta una religión, la católica— es la cultura donde se crece y sus costumbres las que nos hacen solucionar la vida según se vaya presentando. Lo cerebral de arriba contra el corazón de los de abajo. Esta pasión y sentimiento a flor de piel con la que se vive la dolce vita es mostrada por la fotografía de colores pasteles y algunas escenas oníricas que se aproximan al realismo mágico. Al terminar la película, nos quedamos con el típico final feliz que no desentona. Un filme que será de seguro un éxito de taquilla en Italia.

La organización del festival, con el director a la cabeza, le entregó el premio Jaeger-LeCoultre Glory to the Filmmaker a Amir Naderi. Otro director desconocido para mí pero que llevaba más de 40 años trabajando en la industria y que vive en Nueva York exiliado de su natal Irán. Monte es el largometraje que él presentó fuera de concurso y dejó un terrible sabor de boca cuando se hizo inentendible. Nunca supe por qué el protagonista no se va de esa montaña de piedra que ha acabado con toda su familia; nunca entendí el porqué de gastar poco menos que la mitad del rodaje viendo cómo un hombre golpea las rocas de la montaña y luego su esposa e hijo caen con él en esta locura. Si solo hubiese abierto un poco el plano, si solo me hubiese mostrado un poco más qué era a lo que se enfrentaba antes de cerrar la película de una forma tan chapucera, quizá me hubiera quedado con la curiosidad de saber más del iraní y su carrera.

Editado por Gorka Basaguren.

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