Jericó, el infinito vuelo de los días, documental dirigido por Catalina Mesa que hace poco se presentó en las salas de cine del país, ha dividido a la crítica en dos. Martha Ligia Parra escribió para El Tiempo que se trata de una película “inusual y gratificante [por] la observación serena que valora a cada mujer y su tiempo”, y la sección cultural de la revista Semana la describió como “una mirada colorida de la esencia femenina de esa geografía”. En contraste, críticos como Mario Jursich y Pedro Adrián Zuluaga han manifestado en redes sociales cierto descontento con el documental y con la manera en que se obviaron facetas de la vida y del contexto de las mujeres allí retratadas. Zuluaga me concedió una entrevista para profundizar en sus impresiones y reflexionar sobre el papel de la crítica frente al cine documental.

  • ¿En qué se fundamenta su crítica del documental Jericó, el infinito vuelo de los días?

Es bueno aclarar que yo no hice una crítica de Jericó. La crítica es algo más formal, con sus códigos propios y que trata de cubrir varios niveles de una película. Yo expresé una opinión a través de una red social, que por la naturaleza del medio es mucho más inmediata, es apenas una idea, como si se tratara de una noticia en desarrollo. En todo caso, mi opinión estaba dirigida a manifestar que el mundo histórico de Jericó, del pueblo, es mucho más complejo del que se muestra en la película. La vida de las personas no está congelada, Jericó no está detenido en la historia. Por ahí ha pasado el tiempo, ha pasado la modernidad, han pasado muchas cosas que la película decide ignorar.

La vida de las personas no está congelada, Jericó no está detenido en la historia

  • En una red social usted comentó que Jericó arma ‘un decorado vistoso para tapar la “trasescena”. ¿A qué “trasescena” se refiere?

No es cierto que Jericó siempre haya sido colorido y pintoresco, eso es producto del turismo y de la publicidad. La directora pudo haber indagado mucho más en el sentido de las violencias que apenas insinúa de pasada. El documental pudo haber dado pistas, por ejemplo, sobre la organización general de esa sociedad. Quizá también se extraña que la documentalista no se incluya en el documental, a pesar de la relación de cercanía con las mujeres protagonistas. Habría sido muy interesante ver cómo ella se inserta en esa tradición. Pero el documental es lo que es, y a partir de eso que hay son legítimos la crítica y el debate.

Pedro Adrián Zuluaga

Pedro Adrián Zuluaga, crítico de cine

  • Hace poco entrevisté a la documentalista Daniela Reyes Gutiérrez, quien me dijo que lo que a ella le parecía más grave de ese tipo de documentales no es que se engañe al espectador, sino a las personas que se están grabando, pues ellas creen que con el documental se revela una verdad sobre sus vidas, cosa que no termina siendo así. ¿Estaría de acuerdo con eso?

En Jericó se filtran elementos espurios frente a la tradición del documental: la propaganda y el turismo, por ejemplo. Por supuesto que hay documentales que nacen de la propaganda y logran emanciparse de esa exigencia, pero creo que este no es el caso. El documental contemporáneo es crítico e intenta cumplir con una función social autónoma del poder. En cambio, lo que sucede en Jericó es que se subordinan los conocimientos de los personajes a la intención de la película. Se ha promocionado como un homenaje a Jericó y sus mujeres. Con ese solo hecho se evidencia la voluntad de quedarse en la superficie, en la parte oficial, en lo publicitario. Es muy importante para el cine documental independizarse de esas presiones y dedicarle su fidelidad al mundo histórico, que es suficientemente complejo. Muchos han comparado este documental con Colombia magia salvaje por su abierta promoción de un lugar y por todo lo que omite. Claro, hay documentales que han estado al servicio de poderes, como Olympia, de Leni Riefenstahl, subordinada a la ideología nazi. Pero los valores de una y otra película no son comparables. El peligro de una agenda contaminada por la publicidad, la nostalgia o el deseo de presentarlo todo como bello y pintoresco es que se vicia la única relación con la que vale la pena ser leal en el documental: la que se entabla con los sujetos filmados.

el infinito vuelo

No es cierto que Jericó siempre haya sido colorido y pintoresco, eso es producto del turismo y de la publicidad

el infinito vuelo

  • ¿Solucionaría algo de su malestar con Jericó que la película estuviera catalogada como ficción?

Sí, porque una película de ficción se ve de otra manera, solo se le pide verosimilitud, fidelidad a unas reglas y pactos establecidos. El documental, en general, promete una mirada sobre lo real. Es cierto que es un lenguaje mediado por la mirada del director, que segmenta y fracciona la realidad, pero lo hace con herramientas muy diferentes a las que usa el cine de ficción. Muchas personas dicen que todo es interpretación y que no hay hechos, pero por supuesto que sí hay hechos y hay un mundo histórico.Y ese mundo histórico, que también puede ser el de los sueños o la locura –que hacen parte de la realidad– merece ser conocido y explorado con las herramientas del cine documental.

El documental contemporáneo es crítico e intenta cumplir con una función social autónoma del poder. En cambio, lo que sucede en Jericó es que se subordinan los conocimientos de los personajes a la intención de la película

  • En su columna “El crítico en su laberinto”, publicada en la revista El Malpensante, sugiere que el papel del crítico es vigilar. ¿Podría elaborar sobre eso? ¿Vigilar qué exactamente?

La palabra “vigilar” puede ser malentendida, en el sentido de sugerir que el crítico debe convertirse en un policía o un represor. Me refería más a estar atentos, a sospechar de los discursos fáciles y los consensos, de las agendas detrás del cine, de los intereses de la publicidad y el poder. Más que vigilar es estar en vigilia, analizar la dimensión estética y narrativa de las películas, en particular de los documentales, pues cualquier sesgo en su mirada es muy complejo por la naturaleza del género. Debemos intentar leer e interpretar porque las imágenes cinematográficas, a través del montaje, la fotografía, el lugar del diálogo o del testimonio, siempre producen sentidos y significados.

  • En su columna compara la crítica con el periodismo. ¿Cree que yo, como entrevistadora, tengo algún deber similar al suyo?

La crítica es un género del periodismo. La obligación de los periodistas con sus fuentes es no tergiversarlas, cosa que se puede hacer de muchas maneras: a través de la edición, del uso de frases fuera de contexto, de un cierto tipo de planos. Los periodistas no trabajamos para que las fuentes queden bien o brillen mejor, sino para evitar que la interpretación de los hechos sea objeto de mentiras y manipulación.

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