El mundo onírico es parte fundamental de las creaciones cinematográficas de David Lynch, esto lo hace sin duda un director experimental, capaz de crear mundos absorbentes y narraciones laberínticas donde la lógica no es la mejor opción para entenderlas.

Una de las obras más reconocidas del pintor español Francisco de Goya es un grabado titulado “El sueño de la razón produce monstruos”. En él vemos al mismo pintor dormido sobre su mesa de trabajo mientras sobre él se alza la oscuridad y en ella aparecen una serie de criaturas, animales amenazantes, que parecen provenientes de una pesadilla. La obra cinematográfica de David Lynch en muchos sentidos puede ser la representación audiovisual del grabado de Goya. Diluir la frontera entre el sueño y la realidad. Poblar sus producciones de ambientes y personajes sacados de sus pesadillas son algunas de las señas de identidad de este director, uno de los más enigmáticos del cine actual.

Una persona acostada

En muchos casos la presentación de ese mundo tan particular de Lynch es apenas de forma, es un asunto de ambientación, musicalización, puesta en escena o montaje; esto sucede en películas como The Elephant Man (1980), Blue Velvet (1986) o en su serie televisiva Twin Peaks (1990- 1991). Sin embargo, en otras producciones el director va mucho más allá y la narración misma se vuelve una pesadilla, se hace difícil entenderlas de forma racional, sus personajes se desdoblan, hay mudas temporales casi inadvertidas, distintos niveles de realidad que se entrecruzan, esto sucede en Lost Highway (1998), Mulholland Drive (2001) y sobre todo en su último largometraje Inland Empire (2006).

En medio de una obra tan llamativa y poco común, una de las reflexiones más lucidas sobre el trabajo del director la escribió el escritor norteamericano David Foster Wallace (autor tan excéntrico como el mismo Lynch), quien luego de visitar el rodaje de Lost Highway escribió un artículo basado en su experiencia donde aseguraba que lo que más le intrigaba del trabajo David Lynch era que:

 “No parece que uno esté estableciendo ninguno de los contratos convencionales estándar o inconscientes que uno establece cuando va a ver otras clases de películas. Esto resulta inquietante porque, en ausencia de uno de esos contratos inconscientes, perdemos algunas de las defensas psíquicas que normalmente (y necesariamente) usamos para soportar un medio tan poderoso como el cine… La ausencia de significado o de intención discernible en las películas de Lynch, sin embargo, anula esas defensas subliminales y deja que Lynch se meta en la cabeza de uno de una forma que normalmente no sucede con las películas”. David Foster Wallace

Los procesos racionales, señala Wallace, que nos llevan a interpretar el significado poético en una imagen o una escena no son válidos en el cine de Lynch, ya que él busca más que todo la experiencia sensorial. Cosa que es especialmente cierta en Inland Empire más digna de un museo de arte moderno que de una sala de cine. En ella el director lleva todos sus excesos al límite.

http://www.youtube.com/watch?v=pzOgkX98PsU

Es difícil hablar de una trama específica dentro de la caótica narración de la película. Empieza con una introducción en la que vemos un tocadiscos mientras una voz anuncia un programa radial; luego una prostituta y su cliente en un hotel con las caras difuminadas hablando en polaco; después una mujer llorando en ese mismo hotel mientras ve Rabbits, cortometraje real del mismo Lynch estrenado en 2002, el cual es una especia de sitcom protagonizada por unos conejos humanoides que hablan entre ellos sin coherencia alguna mientras un público invisible ríe; suena la puerta y cuando el conejo macho la atraviesa estamos en una sala lujosa donde un par de hombres hablan de nuevo en polaco.

Luego de esta caótica introducción, que hace bien en presentarnos la película que estamos viendo, conocemos a Niki, una actriz que acaba de ser seleccionada para interpretar el papel de Susan en una película llamada On High Blue Tomorrows, un remake estadounidense de una película supuestamente maldita, cuyos protagonistas fueron asesinados antes de haber sido finalizada.

Una mujer

Esta primera parte (sin contar la introducción) en medio de todo parece tener un desarrollo y una historia que avanza. No solo tenemos la producción de una película maldita, sino los celos del esposo de Niki por su compañero de set, Devon. Pero luego de la primera hora, quedan otras dos en las que atravesamos con Niki una pesadilla.

Como en los sueños vemos como se van desarrollando una serie de acontecimientos que no tienen una lógica interna, que no responden a una relación de causa y efecto, a veces vemos a Niki interpretando su papel de Susan para la película, otras la vemos en una reunión con prostitutas que arman una coreografía musical y que no parecen reconocerla, o contando una historia de abusos sexuales a un hombre que apenas si reacciona. Vemos más fragmentos de Rabbits, vemos de nuevo a la prostituta y a la mujer llorando, a los hombres que hablan en polaco.

Así David Lynch ha diseñado una pesadilla para nosotros, en la que el miedo no está, como en cualquier otra película, en entes paranormales o en una amenaza latente, el miedo en Inland Empire está en su atmosfera, en la incapacidad de comprender lo que sucede, pero sobre todo, en el hecho de que su protagonista parece tan desconcertada como nosotros. Niki es el artista dormido del cuadro de Goya y tanto ella como nosotros vemos las criaturas que van apareciendo desde la oscuridad.

Resulta interesante señalar que tanto Inland Empire como Mulholland Drive, se desarrollan en Los Ángeles y parte de la trama consiste en la producción de una película, y sus protagonistas son actrices o aspirantes a serlo. Desoyendo el consejo de Foster Wallace sobre racionalizar en exceso el trabajo de Lynch, uno podría pensar que estas películas a la larga funcionan como parodia o crítica de la máquina de sueños que Hollywood pretende ser, ¿qué sucede cuando el sueño lúcido y reconfortante se descarrila?

“En realidad, esta podría ser la única intención verdadera de Lynch: meterse en la cabeza de uno. Ciertamente parece que le importa más penetrar en tu cabeza que lo que va a hacer cuando ya está dentro”

Tal vez para encontrar una explicación completa sobre el significado de películas como Inland Empire hay que retomar de nuevo a Wallace: “En realidad, esta podría ser la única intención verdadera de Lynch: meterse en la cabeza de uno. Ciertamente parece que le importa más penetrar en tu cabeza que lo que va a hacer cuando ya está dentro”.

David-Lynch

THE END MAGAZINE

About The Author

Related Posts