A Clockwork Orange se estrenó el 19 de diciembre de 1971. Una obra maestra que como todo gran trabajo artístico busca los significados profundos de lo que implica ser humano.

Cuado se estrenó  A Clockwork Orange en 1971 la violencia y sexualidad que contenía llamó la atención de todo el mundo con buena recepción crítica y un éxito tremendamente rentable en taquilla. La historia narra la vida de Alex DeLarge un joven sin control alguno dedicado a la violencia y a todo tipo de fechorías en compañía de un grupo de amigos. Luego de ser capturado Alex es enviado a la cárcel y se somete a la terapia Ludovico, un tratamiento experimental que busca inhibir la violencia creando una sensación de desagrado con tan solo pensar en ella. Al salir supuestamente rehabilitado encuentra una sociedad hostil que no está dispuesta a olvidar sus anteriores andanzas. Todo esto es narrado de la forma más explícitamente posible: se muestran desnudos completos, y escenas de asesinatos y violaciones acompañadas con la música clásica. Todo dentro de una puesta en escena que parece una coreografía de ballet, en una atmosfera saturada de arte pop y kitsch, y con una fotografía muy bien cuidada.

Dos hombres sentados

Stanley Kubrick llevó su perfeccionismo a otro nivel en esta película manteniendo el control total durante todo el rodaje y haciendo parte de cada una de las etapas de la producción. Fue el operador de cámara principal de la película, utilizando por primera vez la cámara Arriflex 2C, cámara que luego utilizó en todos sus films; en sonido innovó al utilizar micrófonos lavalier inalámbricos para grabar la voz de sus actores en el set y no tener que hacer luego grabaciones extra en estudio; además, participó en el proceso de montaje y llegó a diseñar material para la promoción de la película como fotografías y el tráiler de la misma.

A Clockwork Orange era un riesgo, pero tras una inversión de menos de dos millones de dólares logró una recaudación de más de 40 millones siendo una de las películas más rentables de Warner Bros. Después de este éxito el director logró tener total libertad creativa en su carrera.

La opinión de Burgess

Un hombre mayor

Las respuestas de los autores originales de las obras literarias que Kubrick adaptaba resultaron en toda una variedad de reacciones al ver sus escritos en la gran pantalla. Desde Nabokov que detestó Lolita hasta Arthur C. Clark, al que le encantó 2001 e incluso llegó a escribir tres secuelas del texto guiándose más por la película que por el cuento que originalmente había escrito. Anthony Burgess estuvo en medio del espectro. Por lo menos es difícil saber su posición real, tal vez nunca tuvo una idea fija. Por un lado, durante el estreno de la misma y fechas cercanas nunca despreció el film e incluso participó en actividades de promoción de la misma, por otra parte, hubo algunos motivos que si le amargaron la existencia en cuanto a la relación de la adaptación de su obra y su propia vida, que años después expuso de todas las maneras posibles.

Una de las razones que tuvo para odiar la película resulta paradójica: el éxito que el film le dio a su novela, Burgess estaba convencido que su libro no sería recordado. Lo consideraba un trabajo menor que al menos no sería el más importante dentro de su bibliografía, pero al ver la sensación que había causado Kubrick en el público supo que sería el más famoso de sus textos: “Así pues, es altamente probable que sobreviva, mientras que otras obras mías que valoro más muerden el polvo. Esta no es una experiencia inusual para los artistas”, escribía el autor en la introducción del libro en una edición de 1986.

Por otro lado, Kubrick había entendido muy bien el tema principal de la novela: la idea del libre albedrío, que al final es lo que nos hace humanos. La posibilidad de elegir e incluso de elegir el mal, que en todo caso es preferible tener esa libertad a que sea suprimida por el estado o una institución, ya que, al quitarnos la capacidad de elegir, por más nobles que sean los motivos para hacerlo, es quitarnos también parte de nuestro espíritu y reducirnos a piezas mecánicas. Tanto el libro como la película presentan el conflicto entre dos formas de violencia: la violencia anárquica e individual que carece de toda justificación más allá de satisfacer un deseo primario, y la violencia institucionalizada que busca el control del individuo. Ambos autores parecen apostar más por la voluntad libre que por el control.

“Por definición, el ser humano está dotado de libre albedrío, y puede elegir entre el bien y el mal. Si sólo puede actuar bien o sólo puede actuar mal, no será más que una naranja mecánica, lo que quiere decir que en apariencia será un hermoso organismo con color y zumo, pero de hecho no será más que un juguete mecánico al que Dios o el Diablo (o el Todopoderoso Estado, ya que está sustituyéndolos a los dos) le darán cuerda”, señala Burgess.

Lo que si no entendió o sencillamente no quiso mostrar Kubrick de la obra de Burgess fue el sentido teológico que este le imprimió a su relato. El escritor era profundamente católico, siempre que mencionaba La naranja mecánica decía que estaba inspirada en su concepción del pecado original, que el hombre tenía de forma innata una gran maldad en su interior, pero también que puede ser redimido y perdonado.

Fue la redención de Alex uno de los puntos que más molestó a Burgess. Pues es bien sabido que Kubrick usó como base una versión del libro editada en Estados Unidos a la que le faltaba el último capítulo. En esta parte final la violencia aburre a Alex y “reconoce que es mejor emplear la energía humana en la creación que en la destrucción. La violencia sin sentido es una prerrogativa de la juventud; rebosa energía, mas le falta talento constructivo”, dice el autor. Sin la redención de Alex el escritor sintió que el mensaje moral de su libro quedaba cojo, al final la misma voluntad individual que lleva al mal lleva también a la bondad.

En la piel de Alex

Una mujer de vestido negro

El papel principal de la película estuvo a cargo de Malcolm McDowell, este fue su primer papel importante y el más trascendente de toda su carrera. Más que un actor a las órdenes de Kubrick se convirtió en un colaborador del director, aunque su relación con él resultó ambivalente, un amor – odio.

Una de las grandes características de McDowell fue que logró dotar a su personaje de carisma y atractivo en medio de la violencia que desata. Kubrick desde el principio sabía que McDowell era el hombre indiciado para el papel describiéndolo como un “malandro inteligente”. Por su parte, el actor reconoció el genio de su director tras ver 2001. Poco antes de iniciar el rodaje, aseguró que Kubrick había cambiado para siempre la ciencia ficción, antes de él este era un género menor que se hacía con figuras de cartón. Su relación resultó bastante buena durante el rodaje, incluso al final mientras grababan la voz en off de Alex como narrador de la historia, hacían pausas para jugar al ping pong.

Una de las escenas más recordadas de la película fue de hecho una creación conjunta de los artistas. Tras muchos ensayos en los que la escena no funcionaba como estaba escrita en el guion, Kubrick le pidió a su actor que bailara mientras hacía la escena, McDowell no solo bailó, sino que cantó Singing in the Rain con el resultado que se puede ver en el film. Aunque muchas veces se habla de improvisación con respecto a esta escena, hay que señalar que se tardó tres días entre los ensayos y las distintas opciones que se contemplaban para mejorarla.

La relación del actor y su director terminó en cuanto la película acababa de finalizarse; como Kubrick no solía mantener relaciones de amistad con sus actores, McDowell se sintió decepcionado y rechazado. Llegando incluso a dar declaraciones exageradas sobre el trato que había recibido durante el rodaje, en especial en una escena en la que está con los párpados inmovilizados asegurando que casi queda ciego. Después se arrepentiría de esas afirmaciones y llegó a asegurar que simplemente se había tomado de forma muy personal el distanciamiento con Kubrick.

A la larga, Stanley Kubrick tiene una de las filmografías más destacadas de la historia del cine, prácticamente cada uno de sus trabajos es considerado un clásico: Spartacus (1960), Lolita (1962), Dr. Strangelove (1964), 2001: Space Odessey (1969), Barry Lyndon (1975), The Shining (1980), Fullmetal Jacket (1987), Eyes Wide Shut(1999); son todas obras obligatorias para cualquier cinéfilo. Todos sus trabajos fueron realizados con gran esmero y sobre todo con una obsesión casi patológica con los detalles. Tanto su ambiciosa obra como su manera de trabajar y las historias que seleccionaba (nunca dirigió un guion original, aunque siempre participaba en el desarrollo del mismo), le dieron su estatus casi de leyenda, pero también le trajeron críticas y rodearon cada película de una polémica diferente.

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