John Carpenter adaptó libremente Río Bravo de Hawks para producir, con un presupuesto muy limitado, su segundo largometraje. Con el tiempo, la película se convertiría en una obra de culto y el cineasta en un referente indiscutible del cine independiente estadounidense.

Un sheriff, acorralado en la prisión local, debe contener el asedio de una banda de forajidos que pretende liberar a un recluso con la única ayuda de un pistolero borracho, un joven cowboy cantarín y un viejo tullido. La premisa pertenece al clásico de Howard Hawks Río Bravo (1959), donde John Wayne debía echar mano del valor, el ingenio y las balas para hacer frente a un enemigo que le superaba en número. Varias décadas después de su estreno, un joven cineasta se dio cuenta de que se podían aprovechar los esquemas narrativos de los westerns clásicos, lo suficientemente simples —el conflicto principal tiene lugar en una sola locación— como para aplicarlos a un tipo de cine de muy bajo presupuesto que comenzaban a abrirse hueco, a codazos, en una industria de gigantes.

Dark Star

Dark Star

Aquel joven —obsesionado con las películas de Hitchcock y Hawks, los relatos de ciencia ficción y el cine de serie B de los años 50— era John Carpenter. Con el tiempo se convertiría en un icono del cine independiente estadounidense, con taquillazos como Halloween (1978), The Fog (1980) o The Thing (1982). Carpenter sabía cómo sacar una película adelante con un presupuesto extremadamente limitado y lo había demostrado con su primera producción Dark Star, (una parodia espacial, con un balón de playa como alienígena, co-escrita con Dan O’Bannon, guionista del Alien de Ridley Scott). Para su segundo largo contaba con solo 100.000 dólares de presupuesto y un plan de rodaje de veinte días. Carpenter tomó prestada la semilla argumental de Río Bravo, trasladó los personajes del polvoriento desierto texano a la jungla asfaltada de Los Ángeles en los años setenta y situó el epicentro de la acción en una comisaría de policía. Así surgió Assault on Precinct 13 (1976).

En este thriller de acción, al teniente Ethan Bishop le encargan supervisar el cierre de una comisaría durante su último día de mudanza. Las celdas están vacías, las cajas de cartón se acumulan en las esquinas y sólo quedan unos pocos empleados en el edificio. Parece un trabajo fácil, hasta que, debido a un imprevisto, Napoleón Wilson, un conocido condenado a muerte, es trasladado a la comisaría. La trama se tuerce aún más cuando una banda callejera armada hasta los dientes rodea el edificio. Arrinconados, Bishop, Napoleón y Leigh, una oficinista que ha quedado atrapada en el fuego cruzado, deberán unir fuerzas para resistir el ataque.

A través de un montaje paralelo de secuencias, Carpenter nos guía por las tramas independientes de estos personajes hasta que, producto de diversas casualidades —que el espectador sólo aceptará porque ocurren al inicio de la historia— todos confluyen en la misma comisaría. En las películas de Howard Hawks son habituales los personajes de dudosa moralidad que prestan una ayuda vital al héroe para, así, purificar sus propios pecados. Así es el personaje de Dean Martin en Río Bravo, el antiguo ayudante del sheriff transformado en un decadente borracho de taberna, consecuencia de un desamor.

Carpenter también se basa en estos arquetipos, pero los reinventa y les da una vuelta de tuerca. Por ejemplo, obliga a Bishop, su héroe-policía, a aliarse con el criminal —su antagonista natural— para hacer frente a otro enemigo en común. Es más, a medida que avanza el film, el protagonismo oscilará hacia el personaje de Napoleón, a quien el director transfiere valores heroicos como el honor y la compasión y le otorga conflictos mucho más interesantes que a su colega. Si en Río Bravo era John Wayne quien conquistaba a la chica, en Assault on Precinct 13 el amor —aunque imposible— queda en manos del “hampa”. Estamos en los setenta y ya los buenos no son tan buenos ni los malos tan malos.

Assault on Precinct 13

Assault on Precinct 13

Hawks presenta al personaje femenino de su western como una mujer decidida y que toma la iniciativa, pero no en el conflicto central de la historia sino en un plano sentimental, sólo para lanzarse sobre los labios del héroe. Carpenter, en cambio, coloca a Leigh en el foco de la acción con un revólver en la mano. Son otros tiempos. Ella será una pieza decisiva para acabar con un ejército de maleantes que no parece tener una clara motivación, más allá de sembrar el terror y la destrucción en la ciudad de Los Ángeles. El cineasta representa esta banda criminal como una turba de individuos que acechan entre las sombras y se mueven como uno solo. Un enemigo deshumanizado y cruel que no articula palabra, ni expresan emoción alguna, ni siquiera ante sus hermanos caídos; cuando uno muere, otro toma su lugar. Este peculiar ente antagonista es una clara referencia al clásico de serie B Night of the Living Dead (1968) de George A. Romero, donde los protagonistas también deben resistir, acorralados, el ataque de una imparable horda de zombis. Estos elementos casi sobrenaturales —sumados a la inquietante banda sonora, compuesta por el propio Carpenter— salpican el thriller con algunas sutiles pinceladas del género de terror, lo que convierte Assault on Precinct 13 en un interesante híbrido. A pesar de ello, la esencia del western sigue patente en esta atmósfera de misterio y suspenso. Carpenter tiene muy presentes sus deudas con Howard Hawks, una influencia imprescindible en el desarrollo de su peculiar filmografía. No oculta los homenajes al maestro, emulando escenas legendarias como en la que Ricky Nelson lanza una escopeta a John Wayne para que la dispare, al vuelo, contra el enemigo. Incluso le cede el puesto de editor, en los créditos, a John T. Chance, el personaje principal de Río Bravo.

Howard Hawks

Howard Hawks dirigiendo Río Bravo

Assault on Precinct 13 es el ejemplo de que volver la vista a los clásicos del género para imitarlos y reinterpretarlos, a veces, puede desembocar en la creación de una nueva joya cinematográfica. Esta película cimentó los pilares de un cine que veríamos aparecer una y otra vez en la filmografía de Carpenter. A pesar de que su talento como realizador ha sido, en ocasiones, desdeñado, su forma de narrar contundente, arriesgada y, a veces, incómoda, se convertiría en el sello de un cine único que marcaría época.

Si en Río Bravo era John Wayne quien conquistaba a la chica, en Assault on Precinct 13 el amor queda en manos del hampa.

Assault on Precinct 13

Los protagonistas de Assault on Precinct 13

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