Cuando Jacques Toulemonde (Bogotá, 1983) se graduó del Liceo Francés de Bogotá partió a Francia con el fin de trabajar en cine. En 2003 empezó su carrera con la preparación de actores naturales en Peligro, colombianos trabajando, de Brigitte Roüan. De ahí en adelante pasó por varios roles. Fue asistente de dirección de Andrés Baiz, Ciro Guerra, Franco Lolli, Rubén Mendoza y Harold Trompetero, y fue coguionista de El abrazo de la serpiente. Paralelamente trabajaba en su primera película, Anna, que se estrenó en Colombia en marzo de 2016 y que la semana pasada fue seleccionada para representar a Colombia en los Premios Ariel de este año, realizados por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. Hablamos con Toulemonde sobre su película y sobre su visión de la industria del cine en Colombia.

Ha sido director, asistente de dirección, guionista, gaffer e incluso hizo castings. ¿Es ese un camino para llegar a donde quiere?

La asistencia de dirección fue el puente para entrar al medio cuando empecé en Francia. Me permitió conocer proyectos que me conducían hacia lugares a los que no hubiera llegado solo. En Colombia pasó igual. Con La sociedad del semáforo fui al Bronx en Bogotá, y con otras películas recorrí los Llanos Orientales y el Caribe colombiano. La primera película que hice como asistente de dirección fue Los viaje del viento. En ese entonces ANNA estaba en su tercera versión.

¿Y qué dice del trabajo como coguionista?

Al trabajar para otras personas se aprende un montón. Lo que me interesa de ser director es contar una historia, que en realidad se escribe tres veces: cuando la redacto, cuando estoy en el rodaje y, por último, en la posproducción. Eso busco: llevar una idea desde el comienzo hasta que llega al público. En esas etapas necesita socios como el editor. En cuanto al trabajo de coguionista, debo decir que tengo buenas capacidades para acompañar el guion de otros proyectos. Lo he hecho principalmente para Ciro, y me ha gustado estar ahí.

“En otros trabajos ensayé mucho con los actores, de modo que en el rodaje tenía claro cómo llegar a cada escena. En el caso de ANNA, Juana Acosta no ensayó. Yo quería que se identificara con el personaje en vez de construirlo. Esperaba que trajera la mayor frescura posible”.

Hablemos de ese proceso de reescritura de ANNA que acaba de nombrar.

Pues más que reescribirla, la fui afinando. Estuve 10 años en esas. Lo que sí me pasó es que, como era tan personal, atacaba el problema de lado. Después descubría que había tomado unas decisiones rarísimas y que tenía que hablar de otra cosa.

ANNA fue entonces una sesión de psicoanálisis…

Pues en parte, pero espero que no sea solo psicoanálisis de un millón de euros, porque hay momentos en los que uno se tiene que alejar para contemplar un material dramático desde un punto de vista externo y así encontrar un equilibrio. Por eso también me gusta trabajar en otros proyectos. Me permite pensar en nuevas cosas, entrar a otros universos.

¿Cómo es su trabajo con los actores?

Los métodos siempre son distintos. En otros trabajos, como Juego de niños, había ensayado mucho, de modo que en el rodaje tenía claro cómo llegar a cada escena. En el caso de ANNA, Juana Acosta no ensayó. Yo quería que se identificara con el personaje en vez de construirlo. Esperaba que trajera la mayor frescura posible. Con Bruno Clairefond ya he trabajado, entonces con solo vernos ya sabemos qué hacer.

El año pasado usted fue muy crítico de la Ley del Actor que planteaba ciertas exigencias para toda película colombiana que recibiera ayuda del Fondo de Desarrollo Cinematográfico (FDC). Hablemos del Fondo. ¿Qué capacidad real tiene para apoyar el cine colombiano?

El FDC es una institución pública sólida y honesta. No hay una sombra de corrupción. Gracias a eso se han hecho muchas películas desde el año 2003 hasta hoy. La plata de ese fondo proviene de un impuesto que se aplica a las distribuidoras de cine en Colombia. Entonces no depende del presupuesto de la nación, no lo puede tumbar la administración del momento y no está sujeto a cambios presupuestales. El FDC fue el que hizo que existiera El abrazo de la serpiente y que estuviéramos cerca al Óscar. Creo que sí falta financiación en Colombia. En Francia –el paraíso del cine– existe el equivalente del FDC, pero las regiones también ayudan y los canales televisivos aportan dinero y compran películas.

Yo creo que hace falta una reflexión sobre qué cine le gustaría ver al colombiano. Aunque las respuestas no son las más emocionantes, es importante pensarlo. Otro problema es el tema de distribución. Capitán América tuvo un presupuesto en Colombia de 1.200 millones de pesos. Con ANNA estábamos bien financiados y teníamos alrededor de 100 millones. ¿Cómo compites con eso?”.

Y con respecto a la audiencia, ¿cuál es la falla que provoca que el cine colombiano tenga tan poca acogida en el país?

Rápido y Furioso 7 reunió cuatro millones de espectadores, que son casi el 10% de la población. El abrazo de la serpiente es una película histórica para el cine colombiano –sea buena o mala–, y tuvo 500.000 espectadores. Eso es un jonrón, pero es el 1% de la población. Yo creo que hace falta una reflexión sobre qué cine le gustaría ver al colombiano. Aunque las respuestas no son las más emocionantes, es importante pensarlo. Otro problema es el tema de distribución. Capitán América tuvo un presupuesto en Colombia de 1.200 millones de pesos. Con ANNA estábamos bien financiados y teníamos alrededor de 100 millones. ¿Cómo compites con eso? Yo solo veía mi pendón al lado de un muro forrado en Capitán América. Mi película no es así de comercial, pero si tuviera ese dinero más gente la vería. Estamos en una lucha desigual.

¿Cuánto estuvo ANNA en cartelera?

La salida de ANNA fue una experiencia algo frustrante porque le fue bien con el público y la prensa, pero estuvo muy poco en salas. Cine Colombia me apoyó, me puso durante una semana. No les puedo pedir financiación con la mitad de sus salas vacías. Tal vez la solución está en buscar un circuito alterno que pueda realmente distribuir, copiando, de nuevo, el modelo francés. Deberíamos tener unas salas estimuladas y dispuestas para proyectar cine colombiano durante más tiempo.

“La salida de ANNA fue una experiencia algo frustrante porque le fue bien con el público y la prensa, pero estuvo muy poco en salas. Cine Colombia me apoyó, me puso durante una semana. No les puedo pedir financiación con la mitad de sus salas vacías. Tal vez la solución está en buscar un circuito alterno que pueda realmente distribuir, copiando, de nuevo, el modelo francés”.

¿Cree que un espacio como Cine Tonalá cumple esa labor?

Sí, lo que hay que hacer es multiplicarlo por treinta y asociarlo con el cine colombiano, y por supuesto, dentro de una ley de mercado. Pero por ejemplo, Las tetas de mi madre duró ocho meses en Tonalá y al final todavía había gente viéndola.

¿También podría ayudar un cambio de horarios en las grandes distribuidoras?

Claro. Durante la segunda semana de ANNA nos guardaron en Centro Comercial Andino, Avenida Chile y Calle 100, que en principio uno pensaría que son muy buenas salas. Solo que las proyecciones eran algo así como a las 12:00 m., 2:00 p.m. y 11:00 p.m.

¿Por qué sería importante que los colombianos apoyen más su cine?

El cine es importante en Colombia porque despierta nuevos pensamientos, crea sentido de identidad y cultura. Estoy convencido de que uno de los problemas en este país es que no nos conocemos. A El abrazo de la serpiente en parte le fue bien porque mostraba el patio trasero de la casa, el Amazonas que muchos desconocen –pero sí conocemos Miami–. El cine permite ponernos en la posición de otras personas y sentirla de manera visceral. Es una herramienta fuerte para entender al otro, más ahora que se supone que se está acabando esta guerra.

¿Cree que a los medios les hace falta rigor para ayudar a que la gente se interese más en el cine colombiano?

La prensa ayuda al cine colombiano. Con ANNA nos ayudó. Pero claro, también tuve entrevistas durante las que me preguntaba “¡Qué estoy haciendo aquí!”. Un periodista me dijo un día: “No me he visto su película y uno no debería hablar de lo que no sabe”. Muchos periodistas no se habían visto la película. Aun así, debo decir que aquí los críticos y la prensa no convocan público. Tienen buena voluntad, pero no el suficiente alcance y ni, en efecto, el suficiente rigor.

“El cine es importante en Colombia porque despierta nuevos pensamientos, crea sentido de identidad y cultura. Estoy convencido de que uno de los problemas en este país es que no nos conocemos”.

¿Cuáles son sus aspiraciones?

Mi sueño no es vivir en Hollywood Hills e ir a los Óscar cada año. Yo estaría satisfecho con hacer una o dos películas al año. Mejor dicho, escribir y poder financiar mis proyectos sin tantas dificultades. Por supuesto, también deseo que sean más ambiciosos y que los vea el mayor número de personas posible, lo cual no está necesariamente ligado a Hollywood. Con Ciro Guerra he aprendido lo que significa mantener la cabeza sobre los hombros. Él hace las películas que quiere hacer, y están relacionadas con Colombia. Entonces no se trata de dejar todo para seguir a los norteamericanos, que tienen cosas interesantes pero también una industria viciada.

Ahora ANNA ha sido seleccionada para representar a Colombia en los Premios Ariel de este año, realizados por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. ¿Qué otras victorias internacionales ha tenido?

ANNA tiene un problema: es una película francesa, colombiana y a la vez ninguna de las dos. Está siempre en dos aguas. Desde un punto de vista de marketing es difícil de vender. Tampoco es una película de festival, entonces ha tenido un éxito relativo por fuera. Igual creo que estamos en un momento de crisis y oportunidad al mismo tiempo. Hay nuevas ventanas de distribución, de financiación pero, ¿qué películas son las que realmente coronan?

“Aquí los críticos y la prensa no convocan público. Tienen buena voluntad, pero no el suficiente alcance y ni, en efecto, el suficiente rigor”.

 

Jacques Toulemonde.

Empezó su carrera en 2003 como preparador de actores naturales colombianos en Travaux, on sait quand ça commence… (Atención, colombianos trabajando), de Brigitte Roüan. En 2006, fue asistente de dirección en el cortometraje Como todo el mundo, de Franco Lolli, que recibió el Gran Premio del Jurado en el Festival Internacional de Cortometrajes de Clermont-Ferrand y el premio a Mejor Audiovisual en la muestra de In Vitro Visual 2007, entre otros.

Se ha desempeñado como primer asistente de dirección en los largometrajes Los viajes del viento, de Ciro Guerra, La sociedad del semáforo, de Rubén Mendoza y Roa, de Andrés Baiz, y como coguionista de El abrazo de la serpiente, también dirigido por Guerra.

Su primer largometraje como director fue Dérive (A la deriva), producido y filmado en París. Se estrenó en La Fémis y en la Cinemateca Distrital de Bogotá en abril de 2008.

También es el director del cortometraje Un juego de niños, que obtuvo más de treinta participaciones en festivales y recibió varios premios internacionales, y del largometraje Anna, un road movie rodado entre Francia y Colombia que ha tenido un destacado recorrido internacional y recientemente fue seleccionado para representar a Colombia en los Premios Ariel 2017.

Actualmente trabaja en su próximo proyecto, el largometraje Cariño: el  retrato  de  un  rapero  que  se  sume  en  una  espiral  de violencia al tratar de sacar a su familia adelante en Bogotá.

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