Moonlight, ganadora al Óscar a Mejor Película, es una muestra de que salir del clóset no es para nada un tema resuelto. La película muestra el ensimismamiento de un niño negro, gay, pobre, y con pocas posibilidades de comunicación.

En La maravillosa vida breve de Oscar Wao (2007), Junot Díaz presenta a un personaje que no encaja: es moreno, gordo, siempre se sentirá extranjero, y todos se burlan de él. La novela aborda el tópico de no pertenecer, de tener identidades múltiples y cambiantes, y de la incidencia insoportable que esta sensación de estar en un “no lugar” tiene sobre el protagonista. Al ver Moonlight (2016), el espectador queda con la sensación de que se está tratando un tópico similar: un niño (y luego un adolescente y un adulto) se enfrenta a una sociedad en la que no encaja, en la que ser homosexual es un título que se le atribuye desde pequeño y que tal vez por ese señalamiento siempre violento y burlón nunca tuvo la oportunidad de salir del clóset. Y en la película, como en la novela, nunca llegamos a conocer la versión del personaje ni sabemos lo que piensa de sí mismo, sólo percibimos la manera en que la sociedad lo construye a retazos mientras que él, como nosotros, es un espectador.

Ser homosexual es un título que se le atribuye desde pequeño y que tal vez por ese señalamiento siempre violento y burlón nunca tuvo la oportunidad de salir del clóset

Dos jovenes de raza negra sentados en un parque

La adaptación dirigida por Barry Jenkins de la obra sin publicar In Moonlight Black Boys Look Blue escrita por Tarell Alvin McCraney se desarrolla en Liberty City, Miami, y presenta la manera en que se desenvuelve, sin clímax ni plot twists, la vida de Chairon (interpretado por Alex Hibbert, Ashton Sanders y Trevante Rodas), un personaje negro, homosexual, que vive con una madre drogadicta y sin padre.

La película se divide en tres capítulos, dos de los cuales se titulan como apodos que otros le dan a Chairon (Little y Black), y uno, el de su adolescencia, lleva su “verdadero” nombre, el nombre que le dio su madre al nacer. En el capítulo que retrata su niñez, Blue (Mahershala Ali) hace las veces de figura paterna y protectora y le cuenta que los apodos no son lo que uno “de verdad es”, sino que es responsabilidad de cada uno decidir quién ser. Cuando Chairon relata que lo apodan “Little”, Blue insiste en llamarle por su nombre; y cuando Blue cuenta que su apodo tiene origen en que, por ser tan negro, una señora que lo vio bajo la luz de la luna le dijo que parecía azul, le dejó como moraleja a Chairon que nadie externo decide sobre quién es uno; le dice: “can’t let nobody make that decision for you”. Esta moraleja, como el personaje de Blue en la película, se esfuma.

Nadie externo decide sobre quién es uno; le dice: “can’t let nobody make that decision for you”. Esta moraleja, como el personaje de Blue en la película, se esfuma.

Moonlight no es una película que presente el “coming of age” de un personaje, y no es tampoco una historia de amor entre Chairon y Kevin (cuando adulto interpretado por André Holland). Por el contrario –y en esto difiero con algunas reseñas que comparan la película con Brokeback Mountain– Chairon es siempre Little, es siempre un niño. La forma en que se relaciona con los personajes y con el mundo no muestra el desarrollo que encuentra uno en películas como Billy Elliot o The Danish Girl, en las que el personaje incomprendido finalmente triunfa o se rebela frente al statu quo. La vida de Little es un encierro: no puede salir del círculo de la venta de drogas, de la violencia, de la pretensión de masculinidad exacerbada, de la pobreza. Tampoco puede salir de los monosílabos, de la postura encorvada cuando se sienta a comer, de la vergüenza que le reprocha Teresa (Janelle Monáe) cuando le dice que en su casa sólo puede haber amor y orgullo. Ni puede, tampoco, salir del clóset, ni anhelar con esperanza un futuro diferente. El espectador no oye de boca de Chairon que se autodenomine gay; de hecho, sólo lo intuimos por señales no lingüísticas: por los juegos que tenía cuando niño (pero, al ser niño, la connotación es más lúdica que sexual), por el sueño erótico que tiene con Kevin y, desde luego, por la única escena de sexo homosexual de la película que constituye el momento de mayor comunicación con otro en su vida. Su adultez es más restringida, incluso, que su niñez y su adolescencia pues, a pesar de que cuando crece se libra de la presencia de una madre que lo llama “raro” y se burla de su caminado, no vemos que vuelva a ser tan feliz como lo fue aprendiendo a nadar en el mar con Blue cuando era Little. La paradoja de que esta película suceda entre la ciudad y la playa es justamente que en “Liberty” City nadie es realmente libre, como sí pueden llegar a serlo en el lugar de nadie por excelencia: el mar.

El espectador no oye de boca de Chairon que se autodenomine gay; de hecho, sólo lo intuimos por señales no lingüísticas: por los juegos que tenía cuando niño (pero, al ser niño, la connotación es más lúdica que sexual), por el sueño erótico que tiene con Kevin y, desde luego, por la única escena de sexo homosexual de la película que constituye el momento de mayor comunicación con otro en su vida.

Cuoriosidades: La obra que inspiró la película no ha sido publicada.

Moonlight: una película de la que es imposible salir
Moonlight, que no ha llegado a las salas de cine en Colombia y posiblemente ganará el premio Óscar a mejor película, es una muestra de que salir del clóset no es, para nada, un tema resuelto. La película muestra el ensimismamiento de un niño negro, gay, pobre, y con pocas posibilidades de comunicación.
CALIFICACIÓN TOTAL91%
Puntos Fuertes
  • Actuación de los que interpretan a Chairon.
  • Soundtrack.
  • Colores.
91%Overall Score
Reader Rating: (6 Votes)
61%
THE END MAGAZINE