Y Geoffrey Rush se hace grande

Hace poco más de veinte años llegaba al cine el retrato de la increíble vida de David Helfgott, aquel pianista prodigio australiano, quien, pese a una enfermedad mental, ha logrado consolidar una carrera musical. Dirigida por Scott Hicks, con la soberbia actuación de Geoffrey Rush, Shine (El Resplandor de un Genio, 1996) se hizo con un premio de la Academia a mejor actor principal y fue nominada en otras seis categorías. El filme fue aclamado por la crítica, y recibido muy favorablemente por la audiencia tratándose de una narración cálida y esperanzadora sobre un hombre que logra sobreponerse una y otra vez a los obstáculos más duros.

El éxito de Shine paga el arduo proceso por el que tuvo que pasar su director, Scott Hicks, para lograr hacer de esta película una realidad. La que hoy es una de las interpretaciones más icónicas de la historia, de un personaje con trastornos mentales, y a su vez el punto de partida de la multipremiada carrera del actor Geoffrey Rush, no podría haber sucedido realmente de no ser por la obstinada decisión de Hicks de no hacer la película con nadie diferente a Rush, ese actor que en ese momento ya pasaba los cuarenta años y todavía no había hecho su aparición en la gran pantalla.

Hombre con fondo azul

El filme propone una narración fragmentada en distintos episodios de la niñez, juventud y posterior adultez de David Helfgott, explorando no solo su extraordinario talento para tocar el piano sino las dificultades que tuvo que enfrentar para lograr llevar una vida normal. Comienza con la figura de un hombre que se acerca a un restaurante bajo una torrencial tormenta. Al serle permitida la entrada conocemos, al igual que los trabajadores del local, a un hombre único. Y desde ese primer instante sabemos que estamos frente a una historia especial. Hablando a toda velocidad y con toda imprecisión conocemos a David Helfgott, quien no demora en ganarse la simpatía de Sylvia (Sonia Todd), la cual posteriormente accede a llevarlo de vuelta a la pensión en la que reside. La interpretación de Rush es de inmediato tanto magnética como enigmática. Lo siguiente es un salto en el tiempo hasta la infancia de David, un niño prodigio del piano que impresiona de inmediato a quienes escuchan sus interpretaciones. La dedicada atención que pone en él su padre, Peter (Armin Mueller-Strahl), se convierte lentamente en el obstáculo más duro de sobrepasar para David. De origen polaco judío, habiendo sobrevivido el holocausto, Peter imparte una educación autoritaria, tiránica por momentos, con el afán de mantener a su familia unida. Aspecto que se ve de inmediato amenazado por el interés que despierta la música de David en otras personas, entre las cuales se destacan el pianista local Mr. Rosen (Nicholas Bell) y la novelista Katharine Prichard (Googie Withers). David logra rebelarse en contra del control de su padre años más adelante cuando decide tomar la oportunidad de una beca en el Royal College Of Music en Londres. Las amenazas de su padre, aun cuando no impiden la partida de David, logran golpearlo emocionalmente haciéndolo perseguir cueste lo que cueste la interpretación del Piano Concerto No. 3 de Rachmaninov. Helfgott logra un acto magistral; sin embargo, a la culminación de su concierto le sigue un colapso mental que termina enviándolo a una clínica psiquiátrica en la que debe someterse a terapia por electrochoques. La vida de David Helfgott cambia dramáticamente tomándole años recuperarse hasta que puede regresar a Australia. No obstante, dos cosas se mantienen intactas: la maestría para tocar el piano y la fuerza de su espíritu.

El éxito de Shine paga el arduo proceso por el que tuvo que pasar su director, Scott Hicks, para lograr hacer de esta película una realidad. La que hoy es una de las interpretaciones más icónicas de la historia de un personaje con trastornos mentales, y a su vez el punto de partida de la multipremiada carrera del actor Geoffrey Rush, no podría haber sucedido realmente de no ser por la obstinada decisión de Hicks de no hacer la película con nadie diferente a Rush, ese actor que en ese momento ya pasaba los cuarenta años y todavía no había hecho su aparición en la gran pantalla. Dice Hicks en varias entrevistas que Geoffrey Rush ha sido tanto el mayor problema como la mayor satisfacción que ha tenido en su carrera. Tras encontrar la historia de Helfgott completamente inspiradora, Hicks se embarcó en un año tratando de convencer al propio David Helfgott y a su esposa Gilian de llevar la historia del pianista al cine. Convencer a la pareja y trabajar con ellos no resultaría siendo lo más difícil del proceso para finalizar esta cinta.

Hombre camisa roja

Con Jan Sardi como escritor del guión, quien antes había trabajado como editor de guión para uno de los documentales previos de Hicks, y Jane Scott como productora, empezaría el desarrollo de la historia y la búsqueda de financiación que no demoró en encontrar en la presencia de Geoffrey Rush casi que el único impedimento para que las grandes productoras invirtieran en el proyecto. Con Shine convertida ya en una obsesión para su director, apareció la distribuidora Pandora, la cual adquiriría los derechos internacionales y para Estados Unidos. Dice Hicks que este trato solo fue posible ya que el representante de Pandora había visto a Geoffrey Rush actuar en teatro en Sidney. “Así que él supo. Él supo de lo que yo estaba hablando.”. A partir de ahí el resto ya es sabido. Shine pudo ser finalizada y terminó convirtiéndose en un éxito rotundo volcando, además, los ojos del mundo cinematográfico hacia Australia. Scott Hicks consolidó una reputación que le aseguraría varios proyectos para cine hasta hoy, Jan Sardi se consolidó como escritor y ni hablar de Geoffrey Rush, quien tras ganar el Oscar por su interpretación, se convirtió en lo que es hoy: uno de los nombres más respetados y admirados tanto en Hollywood como en la escena independiente. Para David Helfgott la cosa tampoco fue distinta pues el filme logró rendirle un tributo y así, de cierta manera, ayudarlo a recuperar su carrera.

Scott Hicks consolidó una reputación que le aseguraría varios proyectos para cine hasta hoy, Jan Sardi se consolidó como escritor y ni hablar de Geoffrey Rush, quien tras ganar el Oscar por su interpretación, se convirtió en lo que es hoy: uno de los nombres más respetados y admirados tanto en Hollywood como en la escena independiente. Para David Helfgott la cosa tampoco fue distinta pues el filme logró rendirle un tributo y así, de cierta manera, ayudarlo a recuperar su carrera.

Tras el estreno de Shine, sin embargo, no todo ha sido perfecto. Margaret Helfgott, hermana del pianista, fue de las primeras en reaccionar y atacar la película pues, en su opinión, tiene múltiples imprecisiones y los retratos de David, su familia y otros personajes a su alrededor resultan construidos e irreales. La publicación de su libro Out Of Tune reactivó la discusión, al representar un ataque a la versión de la vida de David retratada en el filme, sobre todo en lo que a la relación con su padre respecta. Para Margaret, Peter Helfgott no era necesariamente un tirano y las intenciones de éste no eran, a diferencia como son mostradas en la película, de carácter egoísta y autoritario, sino razonables. Sin embargo el desarrollo de la historia de Shine no solo se basó en las experiencias de David Helfgott, sino que contó con el apoyo de sus otros dos hermanos, Susie y Les, quienes estuvieron satisfechos con la cinta, según quedó constatado en una carta escrita por el director Scott Hicks y que sería publicada en el Wall Street Journal, a propósito de la controversia desatada.

Hombre brazos abiertos y camisa abierta

Hombre brazos abiertos y camisa abierta

En palabras de Hicks: “Cada minuto de esos 10 años de lucha aparentemente desesperante y desesperanzadora terminaron por valer la pena”. Shine no solo se convirtió en una de las películas más premiadas del cine australiano sino en un ícono definitivo de la historia cinematográfica de ese país. Esta no es de ninguna manera ni la primera ni la última historia de buenos proyectos teniendo que encontrar la forma de ver la luz. Es, de todas maneras, una reafirmación del potencial del cine independiente, aun cuando el monstruo mercadológico parece ser un obstáculo invencible. La historia de Shine es una historia de obstinación, de lucha y de fe, para agradecer y aplaudir, tanto por lo que se ve en la pantalla, como por lo que no se ve detrás de ella.

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