El sol se dejó ver en la Berlín 67. Salió con la fuerza necesaria para acariciarnos y calentarnos, regalándonos la posibilidad de caminar y recorrer Berlín entre una película y otra. The Party, no fue alemana, fueron los británicos los que la pusieron.

La intermitente carrera de Sally Potter (Orlando, 1992) no pasa por su falta de atrevimiento, sino, quizá, por lo contrario. Y por saber escoger sus actores. The Party, la película por la cual ella fue invitada a Postdamer Platz no es la excepción. Ella ha reunido en la casa de Janet (Kristin Scott Thomas) y Bill (Timoty Spall) a April (Patricia Clarkson), Gottfried (Bruno Ganz), Martha (Cherry Jones), Jinny (Emily Mortimer) y Tom (Cillian Murphy) para celebrar el nombramiento de la anfitriona como la nueva ministra de sanidad británica. El blanco y negro de alto contraste impone un dramatismo que se hace tragedia cuando Bill hace un par de anuncios. Los primerísimos primeros planos de Bill nos dejan ver su desconcierto y su alienación. El film logra el cenit de la tensión cuando Tom ya transpira cocaína. Y todos tan inútiles, o no: Gottfried, levita en mística tanto como su esposa April en ironía y sociopatía tanto que, acompañados de la banda sonora, tan ecléctica como el conjunto de inefables personajes allí encerrados, va ablandando el ambiente hasta hacerlo hilarante. Sin embargo, las risas no le quitan fuerza al suspenso y la guía de la directora es suave hasta el sorprendente final. Como erección de Viagra, el festival levantó. Y cómo se agradece. Hasta ahora, si no opera la condescendencia europea Félicité, el Oso está en The Party.

Dos personas sentados en un sofa

Aunque con otro tipo de suspense y de calidad, Una mujer fantástica del chileno Sebastián Leilo no dejó caer la posta. Porque, aunque el personaje principal de Mariana no es fácil y no me generó empatía, su actuación es creíble y a través de ella el director dice lo que tiene que decir. Mariana es al menos 30 años más joven que Orlando y vive con él desde hace cierto tiempo desde que dejó a su familia. El conflicto se presenta después de la celebración del cumpleaños de ella; Orlando se le va y la deja enfrentada a la exesposa e hijos. Más allá de lo obvio, el que ella sea una mujer transgénero, y su constante paranoia debido a ello, hace estallar la guerra. Ninguno de los personajes es el más inteligente para llevar los acontecimientos y el duelo se lo hacen aún más pesado. Santiago es una ciudad que luce muy europea en este filme; no obstante, hasta allí las similitudes con el cine rosa del viejo continente. Un drama con algunos elementos surrealistas que, aunque se aleja del cliché del género, pertenece a él y lo refresca.

Una mujer en la calle a punto de caer

Refrescar es una cosa, romper con el molde otra. Para que la segunda salga bien se requiere mucha maestría. La que se ve en las primeras películas de Almodóvar. Ya que no solo en su estética, sino también en su premisa inicial, el cine de Casanova tiene tufo del laureado realizador madrileño. ¡Ay!, cómo escasea la maestría en Pieles de Casanova. Porque queriendo llamar la atención, lo ha logrado, pero para decirlo en castellano, de una manera cutre, pobre, excesiva. No es el niño que ha salido a cantar bonito, es el niño que ha llegado sin nada listo y su performance se basa en ello. Insisto, seguro que eso era lo que buscaba, pero no salió bien. Se ve impuesta, se siente atolondrada y lerda. El filme va sin ánimo y nunca coge ritmo, ni hablemos del suspense necesario que solo duró los primeros 5 minutos y desaparece como un porro rotado entre adolescentes.

Una sirena en el sofa

 

Una pareja besandose

THE END MAGAZINE

About The Author

JUAN CARLOS LEMUS
EDITOR RESEÑAS Y DOSSIER

Soy un colombiano que cada vez entiende peor el porqué de nuestro top of mind: Shakira y el perico. Mas entender no es compartir. Y menos aceptar. Ingeniero por confusión, MBA por necesidad, filósofo, mountain biker y amigo de curiosidad. La que me hizo melómano, lector y cinéfilo. La que trajo las ganas de probar el mundo. Así se llega a un par de cosas que dejan a los sentidos disfrutar, como escribir tratando de no perder la elegancia en ello.

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