La combinación perfecta entre lo nacional e internacional.

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La música por la música

Estéreo Picnic ha sido el festival privado que por un tiempo ha dominado el movimiento y el contacto de la élite bogotana con la música extranjera. Con sus invitados que oscilan entre el rock, la electrónica y el rap, ha logrado a lo largo de los años reunir una fiel audiencia heterogénea, creyente siempre de que en Estéreo Picnic verá sus gustos musicales representados. Es un festival privado que promete –dentro de un entorno relajado, ambientado por luces mortecinas- un espacio seguro para salirse momentáneamente de la vida rutinaria y disfrutar de la buena música en medio de carpas gitanas, cerveza, colores tenues y amigos.

Sin embargo, para nadie es un secreto que Estéreo Picnic ha sido una oportunidad para los vanidosos de pavonearse, de demostrar una pretendida superioridad musical. Por esta naturaleza suya, Estéreo Picnic atrae desde los pomposos y faranduleros –que le dedican más tiempo a la ‘pinta alternativa’ que a la música– hasta los aficionados, que escogen con detenimiento a qué escenario acercarse en determinado momento para no perderse la función de sus bandas favoritas. Pero no hay que confundir: juzgando por su contenido musical y su firmeza, pareciera que no sirve en función de los primeros. Su encanto reside en la integración y convivencia de todos esos mundos. La música no es exclusiva cuando todos están frente a una tarima. En Estéreo Picnic, ante todo, lo que está en juego es la música. Y es un festival para la música y por la música.

 

Lo nacional sí importa

Foto de Mario Acevedo

Foto de Mario Acevedo

Es importante darle el crédito al festival por algo que generalmente no se le reconoce: dentro de las bandas grandes e internacionales hay una buena oportunidad e intención de catapultar la música nacional. Este año, especialmente, hay un repertorio folclórico que Estéreo Picnic creyó importante incluir. Artistas como Totó la Momposina, Canalón de Timbiquí y, por qué no, Bazurto All Stars dan la cara por una Colombia –a diferencia de las demás bandas (con igual mérito musical) inclinadas más hacia géneros que han tenido mayor afinidad con el festival– menos rocanrolera y más sabrosa. Es por cuenta de artistas como The Strokes, Wiz Khalifa y The Weeknd que la mayoría de gente compra las boletas del festival. “¿Por qué, estando allá, no vamos a ver Buendía?”, es el razonamiento con el que se fundamenta ese intercambio.

Es cierto que los géneros explorados por Totó la Momposina y Canalón de Timbiquí no son los que generalmente se asocia con Estéreo Picnic: he ahí la importancia de su mera mención en el line-up. Se le está diciendo al público bogotano que lo nacional sí importa y que estos géneros musicales también pueden disfrutarse con la misma emoción con la que se disfruta Sublime with Rome, diversión que hizo parte de una cultura ancestral por muchos años y que es aún vigente en ciertas zonas del país. Pues, ¿qué sería de un festival en Colombia sin algún sello nacional?

 

Las bandas

Foto de Mario Acevedo

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Podría decirse, con cautela y precisión, que The Strokes es una de las bandas que mantienen firmemente la posición rocanrolera del festival. Es la banda que encabeza una lista de no solo estilos musicales sino de personalidades diferentes, que ha mantenido una sola y emblemática esencia –de guitarras eléctricas fuertes, letras trascendentales y ocasionales gritos de Julian Casablancas– en medio de álbumes que varían el uno del otro. Logró llegar a la gente con canciones como Under Cover of Darkness pero tiene joyas imprevistas como I’ll Try Anything Once y menos conocidas como Chances. La sensación de orden dentro del caos que Casablancas le da un tono nostálgico a la banda que Nick Valensi, Albert Hammond Jr. y Nikolai Fraiture, a través de los arreglos musicales, han sabido hacerle sentir al público. Desespero y hastío de la rutina; afecto por lo intangible e inalcanzable, lo absoluto y lo cotidiano es lo que caracteriza a The Strokes.

La fusión entre un atractivo masculino alejado del estereotipo, una contratenor con gran rango musical, unos instrumentos eléctricos pero siempre suaves, una mesura y un contraste entre lo musicalmente estruendoso y lo calmado: eso es The Weeknd. Busca despertar la sexualidad de la música (como en Odd Look) y le canta a las dificultades de la vida: mantener la originalidad y la propia esencia en medio de un mundo que busca quitárselas (Rolling Stone) y la adicción a la cocaína (Can’t Feel My Face).

 

Foto de Mario Acevedo

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Por supuesto, también están los artistas de la electrónica que generan conmoción corporal como DeadMau5, Justice, Martin Garrix, Flume y, en ciertos casos, The XX. Bajo su manto musical controlan a la gente y los integra, destruyendo así las jerarquías que se pudieron haber creado antes del evento musical: un momento de base drop de Martin Garrix –como lo manifiesta su famoso sencillo Animals– deja a todo el mundo en la misma condición física estruendosa cuya necesidad es sacudir el cuerpo al son de un tempo director. The XX puede, incluso, lograr la misma sensación pero lo hace desde un lugar distinto, lo hace desde la armonía y el pacto entre solos de guitarras y bajos que dialogan con una sutileza encaminada a un climax, un climax que nunca estalla de manera estrambótica. The XX canta con canciones como Angels y Try sobre temas románticos acompañados por luces ligeras que van en consonancia con lo que emana la banda: amores platónicos, sublimes, de otros tiempos –como VCR–.

 

Foto de Mario Acevedo

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El toque del rap, que también lo tuvo el festival el año pasado con Snoop Dog, lo encabeza esta vez Wiz Khalifa: el controvertido artista del West Side que ha dado la pelea por la legalización de la marihuana y que inspira libertad y juventud bajo un concepto menos romántico y más catastrófico y californiano de rebeldía.

Foto de Mario Acevedo

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Este año será la segunda vez que se presenta Two Door Cinema Club en Estéreo Picnic, una segunda vez que marca la evolución musical que han tenido entre sus primeros dos discos y el más reciente: Game Show. Cage the Elephant actúa como hermana –más que gemela– de Two Door Cinema Club, pues, siendo aún rock, clasifica en un rock más clásico y tradicional que contrasta con el experimental de Two Door, pero que sin embargo comparte el estatus de banda joven, hipster y extranjera. Ambas bandas contribuyen al espíritu y a la esencia de lo que Estéreo Picnic ha sido: un festival de rock juvenil.

Con una gama tan amplia de bandas y géneros es difícil cubrirlos todos y dedicarles la atención que merecen. Sin embargo, pasando del sabor de la banda venezolana Rawayana y el folklor colombiano de Totó la Momposina y Canalón de Timbiquí por un poco de rock en español como Árbol de Ojos hasta los DJ sets como el de Claptone y el pop de Vance Joy, es fácil decir que Estéreo Picnic genera una expectativa alta para el aficionado musical moderno. Hay mucho de dónde escoger.

Es claro que con este cartel el festival establece un nuevo diálogo musical con el público: le dice adiós a la figura de rock alternativo con la que empezó y le da la bienvenida a un Estéreo Picnic con mayor alcance que recoge todos los colores musicales para dar el paso a ser el emblema de la música en concierto en Colombia.

 

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