Con este trabajo el director David Mackenzie da una vuelta de tuerca más a uno de los  géneros sinónimo de la cinematografía de EUA: el wéstern

En el pasado festival de Cannes, el ecléctico director escocés David Mackenzie (Young Adam, 2004 | Starred up, 2014) fue invitado a presentar la puesta en escena del guion de Taylor Sheridan (Sicario, 2015) Hell or high water. El recibimiento de la crítica apostada en la Croisette se puede resumir en: más allá de ser una película entretenida, podría ser una de las películas del año. Tesis que se ha venido confirmando a través de su amplia participación en el circuito festivalero y sus respectivos premios y nominaciones.  El colofón, Mejor Película del Año y Mejor Actor Secundario para Jeff Bridges, en los premios de la Academia, certifica la relevancia de este neo-wéstern policíaco salpimentado por el drama social que dejó la debacle financiera de 2008 en los Estados Unidos.

Dos hombres armados en el llano

“Me gusta sumergirme en el mundo que estoy tratando de describir. En este proyecto hice una inmersión en imágenes, historias y sonidos del Medio Oeste. Tuve la música country rondándome la cabeza por el último año”. David Mackenzie

A lomos de buen guión y una acertada dirección, como sucede en Hell or high water, se sigue sosteniendo la tesis de Ford desde Stagecoach (1939) cuando dio el pistoletazo para relacionar al wéstern con otros géneros sin echarse a perder y por el contrario salir fortalecido. La música tétrica, los grafitis en un muro van subiendo la tensión hasta que estalla la acción de la primera escena. Allí, sin saber de qué se trata el juego aún, sentimos que todo se pone más alegre. Con esa primera escena queda claro que estamos en una película policíaca, y con la espalda despegada de la silla vemos las peripecias de unos y la espera de los otros. Desde el clásico de Ford el maniqueísmo propio de los protagonistas de las primeras décadas quedó atrás: los buenos no son santos, y los hombres se meten en malas acciones por buenos motivos. Mostrando esas contradicciones internas Sheridan repite la fórmula que usó en Sicario (2015). Tanner (Ben Foster), el mayor de los hermanos Howard, ayudará a Toby (Chris Pine), el menor, padre de dos hijos y recién divorciado, a juntar el dinero para pagar la hipoteca del rancho de su mamá y dejársela a sus hijos como forma de vacunarlos contra el peor mal hereditario: la pobreza.

Dos hombres caminando con armas

“Al leer el guion sentí que Taylor Sheridan sabía de lo que hablaba”. Jeff Bridges.

En un plan bien diseñado e ilegal, los dos hermanos creen ver la salida. Una premisa nada especial, pero Mackenzie logra acelerarnos el pulso con el punto débil de estos malos: Tanner, el hermano mayor que anda un poco fuera de sí. Los hermanos no se detienen a pensar en su contraparte: los ranger de Texas. Marcus Hamilton (Jeff Bridges, todo un héroe de acción aún) es un veterano a punto de irse a «sentar en la mecedora», un solapado racista que desfoga su idea de supremacía a través de un grácil matoneo a las raíces de su compañero Alberto (Gil Birmingan), mitad indio mitad mexicano. La experiencia del veterano Hamilton le permite darse una idea de los motivos de sus perseguidos, de imaginárselos, de admirarlos por el buen plan que han sabido montar. El montaje paralelo nos ayuda a saber los movimientos de estos dos duetos de protagonistas enfrentados. Acá no vale la romántica corrección política, estamos en Texas y la verdad se sirve cruda y sin preguntar.

Un hombre caminando en la carretera al amanacer

“Mi meta siempre es cuestionar a la audiencia con quién debería empatizar, quién es el protagonista. Yo creo que hay muy pocos realmente malos o realmente buenos en mi guión; porque he conocido muy pocos realmente malos o realmente buenos”. Taylor Sheridan

El lugar cambió. Ya no es salvaje como en épocas doradas de las películas de vaqueros, pero el paisaje donde el hombre se hace pequeño sigue siendo agreste, o tal vez peor al aparecer contaminado por el humo de las petroleras y la contaminación visual. Los otros elementos del género, también alterados, siguen allí. Los “cowboys” ya no se mueven en caballos, sino que van en camionetas enormes. La vida del hombre sigue espartana y la tienda de campaña ha pasado a la caravana. El viejo “saloom” se ha hecho más colorido, grande y también más patético. Los roles, en últimas, como el wéstern, siguen siendo los mismos, salvo que las bailarinas de can-can visten otras ropas. Una experimentada mesera es el epítome del carácter indomable de estas gentes y de su rasposo sentido del humor. El predicador hace lo propio, el “soft power” pone su cuota en la TV del más oscuro de los rangers. Pero el director no necesita de esos discursos para hablarnos de moral, en cuanto usa a Gilles Nuttgens, director de fotografía, que capta diferentes y metafóricos tonos de gris en los cielos. El enemigo que persigue, acecha, embosca, el incompasible contra el que todos se enfrentan y del que todos tratan de escapar: los bancos. Sin decirlo en voz alta, los sheriffs respetan a los forajidos por asaltar bancos que «llevan más de 30 años robando a los locales», a los que «sin un ejército se van quedado con la tierra de todos». Los avisos de remates de tierras compiten con la cantidad de cactus. La música, a cargo de Nick Cave y Warren Ellis, ahonda la nostalgia de las largas tomas mientras nos cuentan la desazón del sueño americano roto. En algún momento se corea “Just because you ask me” y los hombres juegan a ser niños otra vez. Pero las pistolas no son de agua nunca más, los dos bandos se preparan. La saturación de los colores, a la que ya nos hemos acostumbrado, saca los típicos tonos azulados para la madrugada fría.

Los desplazamientos de la cámara nos llevan directamente a la acción, en anaranjado por supuesto, que se precipita hasta llegar a una escena de la persecución con aires a Heat, 1995. Los lazos de sangre y amistad siempre han dado para confiarle la vida propia al otro. Algunos teóricos ubican al wéstern como la revisión contemporánea de la tragedia griega; y Tenner, el del pasado oscuro que busca como resarcirlo, es el héroe que abusa de sus dotes dentro de este territorio hasta hacerse un comanche: un enemigo de todos. Pero los dioses castigan ese exceso de confianza, los pecados del pasado se exculpan y los resultados de la cacería se celebran. Estamos entre machos. Como dijo Gardel «cuando el músculo descansa, la ambición trabaja» y Marcus pasa su jubilación entre la mecedora y el fútbol americano hasta que se decide por buscar el duelo con sus antagonistas en la escena del final. Pero más que un duelo en el porche del rancho de los hermanos, lo que tenemos es una declaración de intenciones.

Hell or high water es una expresión coloquial que se asimila al significado de la legendaria Carta a García: sin importar lo que se haga, el resultado debe ser el esperado. De ese hacer lo que toque hacer, y de los sacrificios que estamos dispuestos a cargar por la familia trata esta historia. Una que, junto a la fotografía, la banda sonora y las actuaciones bien logradas, termina por componer un potente manual de comprensión de ese no futuro que se vive en los países desarrollados hoy. En conclusión, Hell or high water es una película que no llega a ser una obra maestra, pero que está más allá de ser solo un producto de entretenimiento al dejarnos muchos subtemas en los que pensar.

Curiosidades: 

  • Texas es uno de los estados de la Unión que más conserva las viejas ideas liberales. La cerveza que Toby le ofrece a su hijo adolescente lo manifiesta.

  • Taylor Sheridan, el guionista, es uno de los vaqueros que “están por su cuenta”, —guiño aStagecoach— cuando su grupo huye del fuego con una recua de vacas.

  • Aunque la película habla de Texas, fue rodada en Nuevo México.

 

http://www.theendmag.com/por-un-punado-de-dolares/

http://www.theendmag.com/peliculas-nominadas-en-la-version-numero-74-de-los-globos-de-oro/

Hell or high water: dándole de beber al wéstern
Dándole de beber al wéstern: Dos hermanos llegan al límite con el único fin de vacunar a su prole contra el pero mal: la pobreza.
CALIFICACIÓN TOTAL85%
Puntos Fuertes
  • La paleta de colores y los tonos usados dejan ver tanto los estados anímicos como morales de los protagonistas.
  • Las actuaciones de los protagonistas impulsan el film sobre todo cuando están en su intimidad.
  • El durísimo momento por el que pasa Nick Cave, despellejado de cualquier caramelo distractor, recorre toda la película a través de la banda sonora elegida por él y su escudero Ellis.
Puntos Debiles
  • La distancia que se toma con respecto a las motivaciones de los protagonistas se echa de menos con respecto a los bancos.
  • Las razones de los protagonistas y sus planes nos son entregados de manera un poco burda,
  • Dentro de las evoluciones e incorporaciones que ha tenido el género, las mujeres se siguen mostrando menospreciadas y solo aparecen para el cuidado del macho.
85%Overall Score
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About The Author

JUAN CARLOS LEMUS
EDITOR RESEÑAS Y DOSSIER

Soy un colombiano que cada vez entiende peor el porqué de nuestro top of mind: Shakira y el perico. Mas entender no es compartir. Y menos aceptar. Ingeniero por confusión, MBA por necesidad, filósofo, mountain biker y amigo de curiosidad. La que me hizo melómano, lector y cinéfilo. La que trajo las ganas de probar el mundo. Así se llega a un par de cosas que dejan a los sentidos disfrutar, como escribir tratando de no perder la elegancia en ello.

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