En todo el corazón de Milán y rodeada de edificios altos, jardines, hoteles y bares se encuentra la librería Hoepli, uno de los lugares que más visito en la ciudad. La conocí a las dos semanas de haber llegado y desde entonces se convirtió en una especie de refugio para mí, esos días se resumían en pasear por los corredores leyendo pedazos de historias o sumergida en las secciones de fotografía, diseño y novelas, todo de lo que quisiera alimentarme.

Era temprano en la tarde, justo en la mitad de la primavera cuando día a día el polen, el polvo y el sol empiezan a cobijar a la ciudad. Había llegado hacía poco al sitio y mientras daba vueltas por los pasillos del segundo piso me fijé en la puerta principal.

Hasta entonces no mucha gente había llamado mi atención particularmente, empezando por que en Milán las personas tiende a mezclarse fácil, son copias y copias de lo mismo, misma ropa, mismos estilos, mismos colores. Pero este chico era todo lo opuesto, su tez era pálida, ruborizada en ese instante por el calor y el evidente apuro que llevaba, ropa holgada casi toda gris, cubierto de pies a cabeza, manos grandes, pelo recogido, gafas, claro, y de aspecto un poco torpe evidenciado hasta en su forma de caminar, desde que cruzó la puerta no pude dejar de querer ver, y como si su aspecto no fuera suficiente, lo que hizo luego fue lo que me dejó enganchada. Su manera de acercarse a los estantes era tan específica que supe que se conocía esa librería más que cualquiera de sus trabajadores, era una rareza completa y viendo a su alrededor me di cuenta que la única que se percataba de su existencia era yo. Él era invisible para el resto de la personas dentro del lugar.

HOEPLI MILAN

Casi no merodeó por los pasillos, teniendo en cuenta que es una librería de 4 pisos, siempre sabía donde buscar, en cada estante que se detenía buscaba con rapidez y agarraba al menos dos libros. De repente hubo un momento casi surreal, una mujer joven se acercó, tal vez demasiado, a donde él se encontraba y él se detuvo, siguiéndola solo con la mirada, se quedó completamente estático, congelado, mientras ella pasaba por detrás examinando las repisas. Cuando al fin la mujer se alejó, volvió a moverse y como si nada continuó con su búsqueda, desde donde yo me encontraba pude casi sentir como volvió a respirar. En mi realidad esto se sentía como estar viendo alguna escena de esas películas donde los personajes son extraños, inquietantes y marginados pero que siempre quisieras tener alrededor. No tenía precio.

Lo seguí con la mirada todo el tiempo, estaba cautivada por su presencia, puse atención a las zonas de donde escogió sus libros, ocho en total, esperé a que pagara y como llegó, se fue. Espere un momento y quise acercarme y ver las secciones de donde había sacado los libros que compró. Entre ellos encontré ingeniería, literatura en alemán y poesía en Italiano. Esto y su forma de funcionar resultó ser una mezcla muy conmovedora para mí. Lo que él nunca supo fue todo lo que, en ese momento, su permanencia allí me estaba regalando.

HOEPLI MILAN

THE END MAGAZINE

About The Author

LUISA OSPINA RUIZ
COLABORADORA

Fotógrafa. Amante del ruido, las letras, la música, el cine y la comunicación visual en todas sus expresiones. Decidida a retomar la escritura aunque nunca ajena a ella. Actualmente vive en Milán donde trabaja como fotógrafa de moda y realizadora audiovisual independiente para varias revistas, marcas y diseñadores locales e internacionales. Creadora del instablog "Panonique", un proyecto donde mezcla fotografía y literatura. Inmersa siempre en imágenes, símbolos y sonidos sin importar de donde vengan...

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