El cineasta finlandés compite, por primera vez, en la Sección Oficial de la Berlinale y se sitúa como favorito del Palmarés con The Other Side of Hope.

No es ningún secreto que estamos viviendo unas circunstancias socio-políticas bastante turbulentas en las fronteras de Europa. Mientras países como Reino Unido se preparan para una separación inminente de la Unión Europea y en Francia el alzamiento de la ultraderecha parece ganar adeptos, los muros se van convirtiendo en la salvaguarda de una población que, para enfrentarse al miedo, opta por el cierre y la purga. En los limítrofes de esta situación, los refugiados provenientes del Este se encuentran con países donde, a pesar de su aparente educación, se les limitan unas libertades que deberían ser básicas. En ese complicadísimo contexto es donde Aki Kaurismäki ha emplazado la trama de su última película, un relato cuyas tramas paralelas establecen un equilibro perfecto entre un sutil compromiso político, amable y carente de polémica, con una faceta de fuerte calado cómico que aligera las partes más despiadadas del metraje. Por un lado, un vendedor itinerante de camisas que decide cambiar de vida y dejar a su mujer y, por otro, un refugiado sirio que acaba de llegar de polizonte a Finlandia. Como en Le Havre (2011), Kaurismäki se ampara en una visión complaciente, en la que cree profundamente, sin temor a destacar lo implacable pero también con la idea de que, con la actual admiración del cinismo en la práctica totalidad del cine que se realiza hoy en día, una mirada más pura y menos prejuiciosa es necesaria para mantener un pequeño grado de esperanza.

Dos hombres sentados hablando

Entre estatismos y silencios, siempre sorprende la sencillez tan perfecta con la que Kaurismäki estructura y filma sus películas. Alejándose de lecturas prejuiciosas, sabe abordar temas delicados sin resultas pretencioso ni caer en una demagogia difícil de evitar en los tiempos que corren, en los que cualquier persona con un televisor o acceso a internet se erige en voz líder de las opiniones del resto respecto a lo que sucede en el mundo. Al director siempre le ha afectado claramente la situación socio-política de Europa y en sus películas es algo que suele estar presente, pero con una sutilidad y sentido común tan simple como envidiable. En The Other Side of Hope incluso se atreve a ser un poco más crudo que en su último film, Le Havre, pero sin cargar demasiado las tintas. No voy a decir que es un filme ‘necesario’ porque es una etiqueta demasiado gastada pero sí se agradece y podría tener fuertes posibilidades de llevarse algo en el Palmarés de la Berlinale, siendo la primera vez que Kaurismäki compite en la Selección Oficial.

Un hombre sentado en la mesa con dos personas atras

Su trazo de los personajes es suave y casi siempre cariñoso. Incluso aquellos contextuales como los burócratas están tratados con una imparcialidad lejos del odio o el resentimiento, aunque sin por ello dejar clara la injusticia de algunas situaciones a las que los refugiados deben enfrentarse. Es esa cualidad tan escasa una de las que hacen que su cine sea diferente; un cine que nos hace creer un poco más en las personas y menos en el egoísmo que nos hemos autoimpuesto para sobrevivir a la barbarie política del momento. El último plano, con su particular selección musical de fondo, es una imagen que resume bastante bien lo agridulce de un argumento que nunca pierde fuelle, que avanza a un ritmo lento pero seguro y que sabe exactamente cuándo juntar sus tramas de manera muy orgánica y sin que se sienta algo forzado. En cuanto sus dos personajes principales se juntan, la historia gana enteros y para entonces ya estamos involucrados con ellos, con sus temores y sus metas. Y en lugar de darnos un bofetón de realidad, como vendría siendo lo normal, Kaurismäki prefiere creer que tal vez… a pesar de todo… las cosas pueden ir a mejor.

Hombre con dos dedos arriba

 

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