Venir a un festival de cine en todos los sentidos cuesta mucho. Por ejemplo, uno espera que la huella de carbono, en lugar de los bonos que la aerolínea quiere que le compres, sea pagada por buen cine. Al menos ese es mi pajazo mental. La inversión que se empieza a ver perdida en esta edición 67 de la Berlinale.

Hace setenta años, el imperio británico abandonaba su colonia más preciada: India. La casa Viceroy en Delhi fue el lugar donde el bisnieto de la reina Victoria empacaba su busto y firmaba con su apellido el acuerdo que dividió el subcontinente entre religiones. Los musulmanes debían ir a Pakistán y los hindúes y sikhs a India. El peso de la historia. Siria, Irak, Turquía y los kurdos, Pakistán e India son algunos ejemplos de la incapacidad de definir límites por fuera de los intereses coloniales. Las decisiones de ese imperio recién desaparecido aún las pagamos hoy. Dizque de eso se trataba Viceroy’s House, una coproducción indobritánica dirigida por Gurinder Chadha. En poquísimas palabras: la peor película que me he visto en 20 años. Cómo mínimo. Un desperdicio ya haber escrito esto sobre ella. Herr Kosslick, ¿quién coño dejó colar este mejunje? Es toda una falta de respeto con el público, la crítica, y el prestigio del festival que usted dirige.

En Wilde Maus la manera cáustica y mordaz de burlarse de sí mismo y la crisis de la mediana edad es fabulosa.

El rey y la reina

Menos mal que el día daba para más. El clima seguía frío; sin embargo, el sol aparecía y algo de emoción metía. En uno de los sitios más bonitos que tiene la Berlinale, el Friedrichstadt Palast se presentada Wilde Maus AKA Wilde Mouse. La ópera prima del aclamado comediante austriaco Josef Harder. Y qué bien le ha salido. Tal vez Toni Erdmann (2016) ha abierto la puerta para que el humor hablado en alemán empiece a colarse en el circuito. Valga decir que no es fácil, hubo muchos momentos donde la platea se desternillaba y yo, junto a los míos, impávido. No obstante, la manera cáustica y mordaz de burlarse de sí mismo y la crisis de la mediana edad es fabulosa. Harder no deja bien parado a nadie: desde el corporativismo que se tomó a los medios, los críticos y su oficio, los gays y sus inconsecuencias y las mujeres sus afanes hormonales, los jóvenes y su pretenciosidad, los migrantes y sus incapacidades, los nativos con otro tanto, hasta, y sobre todo, a los viejos y sus pendejadas. Todos acá reciben parte del tratamiento sardónico. Estúpidos somos todos, y qué bueno es que nos lo recuerden de manera inteligente.

Como inteligente la sección Panorama Dokumente en llamar a Romuald Karmakar para que presentara su documental Denk ich an Deutschland in der Nacht. Y lo fue porque Alemania, en general, y Berlín, en particular, son un referente muy importante en la música electrónica desde los años 50. Ya en 2009, el duo Karmakar – Villalobos habían trabajado en Villalobos. Un documental sobre el modus operandi de esta figura musical. Para esta ocasión, presenta además de Move D, Ata, Sonja Moonear y Roman Flügel. Los comentarios de expertos y neófitos al final del documental fueron positivos y en muchos momentos, como en un soliloquio de Move D, el público no podía dejar de aplaudir. Lo único que se echó en falta fue un poco más de volumen para de verdad poder sentir un poco más de la comunión que mencionaba Sonja. 

Una mujer de espaldas

 

Dj Tocando

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