Cuando uno compra un producto tiene el derecho de reclamar por su calidad, que, dependiendo del precio, pero sobre todo del prestigio de la marca, generan confianza y fidelidad. Con Hostages, Final Portrait, Félicité el día 3  de la Berlinale ha defraudado. 

Hostages, de Rezo Gigineishvili, no estaba en la primera selección de películas que realicé, pero leyendo la sinopsis me atrajo: el secuestro de avión de Airflot en 1983 en Georgia por parte de siete estudiantes universitarios. Vemos a los chicos tratando de violar la ley un poquito jugando en el mar a deshoras hasta que los solados con sus perros los hacen retirar. Como los Camel que fuman desesperadamente, aunque les mate igual, lo de Occidente les atrae más que lo propio. El frío, las fiestas, buscar música de los Beatles, comprar armas, irse otra vez de fiesta, y secuestrar un avión. Una película que no deja dormir, y la fotografía nos traslada a esa época, las actuaciones son poderosas y convincentes; pero que con todo lo anterior, tampoco es capaz de dar a entender qué es lo que nos quiere decir el director ruso. ¿Es nostalgia por un sistema que ya no existe?, ¿es reclamo a una élite social que no supo valorarse?, ¿es el lado humano de los “malos” que por fatal de sus más estúpidos actos no merecen el trato final que se les dio? No se sabe. La película no logra armar una respuesta entre la propuesta de drama histórico y familiar con elementos de acción policial. Un filme que se deja ver y poco más, sin llegar a decir mucho. Un blockbuster de la cortina de hierro.

Pareja Bailando

Ya al medio día, acudí al llamado de Stanley Tucci, (Mitchell Garabedian en Spotlight de 2015) porque se sentaba en la butaca a dirigir una coproducción, entre el Reino Unido y Francia, llamada Final Portrait, un filme en el que veríamos trabajar, y también vivir, a Alberto Giacommetti (excelso como siempre Geoffrey Rush) en un retrato que le hizo al crítico de arte James Lord (Armie Hammer). Y el secuestro de la corrección se propagó como la peste. Sí, buenísimas actuaciones, sí, una historia que engancha de cierta forma y una forma de narrar cinematográficamente correcta donde los primeros planos compenetran, y los diálogos distensionan y sacan sonrisas. Pero, Tucci, ¿qué es lo que nos querés decir querido? ¿Que la bohemia parisina con sus libertades sexuales permitió la reunión de tanta creatividad en un mismo sitio? ¿Que los genios son desordenados y no saben manejar el dinero? ¿Que hay que saber parar cuando se hace un trabajo artístico? Otra vez, nos quedamos sin respuestas. Final Portrait es de esos filmes para ver en el computador, de esos a los que llegás por los actores y que te hacen matar un par de horas de tu vida. Y la Berlinale se empieza a poner pesada cuando el paso de los días y no ha traído aún nada importante.

Un hombre mayoy y un joven

El director senegalés Alain GomisAndalucía 2007— llegaba al Berlinale Palast con una producción de Senegal, Francia, Alemania, Bélgica y Líbano. Félicité es un filme que lleva el nombre de una cantante poderosa cuya voz tanto arrulla como levanta en un bar de tres pesos en Kinsasa. Entre su público está Tabu (Papi Mpaka), un enorme de comportamiento errático. No se lee tan mal, pero todo comenzó mal. La proyección debía empezar a las 15.00 horas, pero se retrasó al menos 15 minutos mientras llegaba el director del festival y la tripulación del filme. En los créditos iniciales, la gente gritaba que apagaran la luz, y ¡ay qué dolor! Cuántas veces vamos a tener que soportar que los europeos nos muestren que su aventura colonial es un desastre histórico muy pendiente de esta manera tan barata. Películas como esta hay millones y miles mejor facturadas. Mientras rescatan un par de cosas, disfrutan de la música que se hace en la periferia, tratan de lavar su pasado con condescendencia: miran al Tercer Mundo y dicen pobrecitos. Estas dos horas de son una colcha de retazos fílmicos, a veces con tomas tipo documental, otras con primerísimos primeros planos de la protagonista y metáforas que las entiende un neonato. ¿Y en dónde es que estamos? ¿Félicité (Véro Tshanda Beya) qué pasó? Por tercera vez en el día, veo una película donde nadie fue capaz de decirle al director que se concentrara en un tema principal y que dejara a los otros gravitar a su alrededor. Se visionó como si sufriera una enfermedad tropical, como tener chikungunya. Si hay premio al nombre peor escogido, ya saben mi voto.

Una mujer de raza negra

 

Un hombre enseñando a una mujer a disparar

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