Alan Parker cuenta con una larga filmografía llena de éxitos, entre ellos el más reconocido seguramente es The Wall, trabajo que hizo junto a Pink Floyd

Hombre con una camara en su hombro derecho

Desde 1971 el director británico ha cultivado un buen número de películas: llevó al cine el primer guion del entonces desconocido Oliver Stone, Midnight Express (1978) y catapultó a la fama al actor Nicolas Cage con Birdy (1984). Realizó musicales como Fame (1986) y Evita (1996), inspirado en el show de Broadway. Sus películas han ganado premios Oscar, Bafta y Globos de Oro, además fue nombrado caballero de la Orden Británica en 2002. De este amplio recorrido su obra más famosa internacionalmente seguramente es el musical The Wall (1982), inspirado en el álbum homónimo del mismo nombre, realizado por Pink Floyd.

Roger nunca estuvo interesado en escribir un guion, estaba más interesado en profundizar en su psique para encontrar verdades personales, yo estaba más interesado en la ficción cinematográfica” Alan Parker

Roger Waters, bajista y por ese entonces líder de la banda, había concebido el disco basado en sus experiencias personales: sufrir de niño la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos sobre Inglaterra, perder a su padre en el campo de batalla, pero también crecer en una sociedad que consideraba tan represiva como el fascismo, en instituciones como la escuela y la familia, incluso la experiencia de aislamiento como estrella de rock, en medio de drogas, fiestas y conciertos, creando con esto a su alter ego cinematográfico Pink. Muchas de esas temáticas serían retomadas para el disco The Final Cut, compuesto por canciones que aparecerían en la película pero que al final no fueron utilizadas. Cabe señalar que en la remasterización del disco The Final Cut en 2004, se incluyó la canción When the tigers broke free, canción que fue hecha especialmente para la película The Wall y es la primera en escucharse.

When the tigers broke free

La idea de convertir el disco en un largometraje fue de Waters que ya contaba con la participación de Gerald Scarfe, ilustrador que había diseñado la caratula del álbum y había realizado algunas animaciones que se proyectaban durante los conciertos de la banda y luego serían incluidas en el film. Alan Parker como director llegó tarde al proyecto, y en un principio estuvo pensado que fuera el productor de la película. “Producir la película —afirmaba Parker— me atrajo de inmediato, pues podría estar involucrado indirectamente en un proyecto en el que tenía grandes esperanzas, sin tener que sudar la sangre que se requiere para dirigir”. Los dos primeros candidatos para dirigir eran: el mismo Scarfe y Michael Seresin, un antiguo colaborador en las películas de Parker. Tras los primeros intentos fallidos de filmar la película tanto la banda como el mismo Alan se dieron cuenta que tendría que ser él quien dirigiera.

La participación de Parker sería fundamental para el resultado que ya conocemos, pues, la idea original de Roger era hacer que la banda funcionara como “narradora” de la historia con tomas de ellos cantando en vivo, similar a lo que habían realizado en 1971 con Live at Pompeii. Sin embargo, fue su director quien al tomar las riendas se deshizo de esa idea y arregló el guion que Waters había escrito, afirmando que: “Roger nunca estuvo interesado en escribir un guion, estaba más interesado en profundizar en su psique para encontrar verdades personales, yo estaba más interesado en la ficción cinematográfica”. Otro de los aportes de Parker fue retirar a Waters como protagonista de la película y tras un largo proceso de casting contratar al músico Bob Geldof. Para ganar el papel el cantante tuvo que dar un discurso de la película Midnight Express.

Hombre fumando cigarrillo

El problema es que Roger Waters seguía muy involucrado en la realización del film, y como lo prueba sus conflictivas relaciones con los miembros de Pink Floyd (principalmente el guitarrista David Guilmore), trabajar con Waters no resultó fácil. Alan Parker describe el proceso como la vez que fue más miserable durante un rodaje, en gran medida por culpa de Roger, aseguraba. Ni si quiera se trataba de diferencias creativas significativas, sino de un conflicto de egos. Conflicto en el que también incluía a Scarfe. Eran tres megalómanos encerrados juntos. Al final, la pelea fue suficiente para que Waters, luego de abandonar Pink Floyd en 1986, asegurara que la película de Parker lo había decepcionado: “al final del día no sentía ninguna empatía por el personaje principal. Y me di cuenta de que la película era tan incesante en su ataque a los sentidos, que en realidad no me dio como audiencia, una oportunidad de involucrarme con ella”. A pesar de que Alan mantuvo amistad con algunos de los miembros de Pink Floyd, con Waters no se volvió a hablar después del rodaje.

“Las grandes historias de las naciones no borran las pequeñas historias de los hombres”, Milan Kundera

Además de estos conflictos, hubo otros problemas durante el rodaje que contribuyeron a la “miserable” experiencia de Parker. Uno de ellos fue trabajar con niños, algo que la mayoría de directores encuentra particularmente mortificante. Y especialmente contratar a skinheads neonazis para ciertas escenas, intentando controlarlos para que la violencia que se ve en el film no se volviera real. A pesar de todo ello, o quizás debido a eso, Alan Parker siempre se ha mostrado orgulloso del resultado final de la película, considerándola un gran aprendizaje en su carrera como director.

Un grupo de hombres con traje de tirantas

El legado de The Wall

The Wall sigue siendo uno de los discos más reconocidos de Pink Floyd, quizá solo superado por The Dark Side of the Moon; Roger Waters hace giras con el show en vivo cada cierto tiempo; las animaciones de Scarfe son icónicas, símbolos de la cultura popular. En ambos casos la película de Parker fue fundamental, además de constituirse como un referente de los musicales, con una de las propuestas más originales del género. Hoy su mensaje político sigue siendo vigente, las instituciones más represivas siguen vigentes, el miedo y el odio es material para armar discursos políticos, y las ideas de construir muros (literales o figurados) han venido tomando relevancia y ganando elecciones.

Más allá de los aspectos políticos, es la lectura más personal e íntima la que en muchos casos sigue atrayendo nuevos públicos para ver la película y escuchar por primera vez a Pink Floyd. Como dice el escritor checo Milán Kundera: “las grandes historias de las naciones no borran las pequeñas historias de los hombres”.  El film habla de la soledad, sentirse alejado, incapaz de crear conexiones significativas con nuestros compañeros de vida, de cómo nos hemos vuelto “cómodamente insensibles”. A la larga es está sensación la que mantiene la vigencia de los muros en la política, ante la soledad personal es mejor sentirse parte de algo más grande: un país, una raza, un partido político, etc. Ese es el proceso que sufre Pink en la película, su vida miserable lo lleva al fascismo. Al final se trata de derribar esas paredes que construimos bien sea escuchando una canción o viendo una película que nos conecte con los demás seres humanos que sufren, como nosotros, ese aislamiento.

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