Se casó ocho veces, tuvo cuatro hijos y recibió dos premios de la Academia. Elizabeth Taylor exprimió su vida personal y profesional al máximo. Recordamos sus interpretaciones más arrolladoras.

«Sus piernas son demasiado cortas para el torso, la cabeza demasiado voluminosa para el conjunto de su figura; pero el rostro, con esos ojos lila, es el sueño de un prisionero, la fantasía personal de una secretaria: irreal, inalcanzable, a la vez que tímido, excesivamente vulnerable, muy humano, con una chispa de sospecha que brilla a cada instante tras los ojos lila». Así describe el escritor Truman Capote uno de sus primeros encuentros con la actriz Elizabeth Taylor. En persona o proyectada sobre una pantalla, es igual, su sola presencia atraía como un imán todas las miradas. Murió el 23 de marzo de 2011 en California, pero nació en Londres, donde pasó su infancia más temprana. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial su familia se mudó a los Estados Unidos. Aquella niña, recién desempacada en el nuevo mundo, aún no sospechaba que le esperaban sesenta años de estrellato en Hollywood. Debutó en el cine a los nueve años, con There’s One Born Every Minute (Devin Grady, 1942).

Una niña con un perro de raza lassie

Elizabeth Taylor en Lassie

Su rostro angelical la llevaría a convertirse en la estrella infantil de las famosas películas del perro Lassie de los años cuarenta, pero Elizabeth Taylor era mucho más que una cara bonita; más que unos electrizantes ojos de color lila. Tenía carácter, y lo demostró exprimiendo cada instante de su vida, tanto en el aspecto profesional como en el personal. Se casó ocho veces con siete amores diferentes. Se convirtió al judaísmo. Dio a luz a cuatro hijos. Recibió dos premios de la Academia. Cuando cumplió los sesenta y nueve años ya había trabajado en más de setenta producciones cinematográficas. Recordamos algunas de sus mejores películas y sus interpretaciones más arrolladoras.

Giant (George Stevens, 1956)

Los años cincuenta fueron los más prolíficos en la carrera de Elizabeth Taylor, que se rodeó de las mejores estrellas y los directores más destacados del momento. George Stevens reunió a Elizabeth Taylor, Rock Hudson y James Dean en este colosal drama generacional, de tres horas y media de duración, donde dos terratenientes petroleros se enfrentan durante años por el oro negro y el amor de Taylor. La superproducción obtuvo diez nominaciones a los Oscar, pero solo Stevens se llevó la estatuilla al Mejor Director. El joven James Dean murió antes de terminar el rodaje en su tristemente famoso accidente automovilístico.

Cat on a hot tin roof (Richard Brooks, 1958)

La primera película que entrelazaría los caminos artísticos de Elizabeth Taylor y el archiconocido dramaturgo del Mississippi Tennessee Williams. Basada en su obra de teatro —ganadora del premio Pulitzer— Cat on a hot tin roof narra la accidentada relación de Brick (Paul Newman), un ex-deportista alcohólico y frustrado, y Maggie (Elizabeth Taylor), su abnegada mujer. En una obra repleta de ingeniosos y certeros diálogos, Taylor deberá luchar contra la indiferencia de su marido y la hipocresía del resto de familiares que revolotean ansiosos, alrededor del patriarca gravemente enfermo, para terminar de despojarlo de sus propiedades. Mientras rodaba la película, Taylor recibió la noticia de la muerte de su esposo y productor Mike Todd en un accidente de avión. A pesar de ello, su interpretación le otorgó su segunda nominación al Oscar. La primera había llegado un año antes con Raintree County (Edward Dmytryk, 1957).

Cat on a Hot Tin Roof

Elizabeth Taylor y Paul Newman

Butterfield 8 (Daniel Mann, 1960)

“No me gusta esa mujer. No me gusta lo que representa. Los hombres, el andar acostándose por todas partes” Elizabeth Taylor sobre Butterfield 8

Una mujer se despierta sola, enredada entre las sábanas y con el pelo enmarañado, en la mansión de un millonario. Tiende su mano sobre la mesilla de noche; solo quedan cajetillas vacías de cigarrillos. No tiene reparo en revolver con los dedos el cenicero en busca de algo que prender entre sus labios. Desayuna un poco del whisky sobrante de la noche anterior mientras se viste. En su bolso encuentra un sobre con un escrito de su amante: “¿Serán 250 dólares suficiente? Te llamaré más tarde”. La mujer arruga el sobre. Se mira en un enorme espejo colgado en la pared. Acerca el labial a la boca, pero cambia de opinión y escribe sobre su reflejo desaliñado con enormes letras rojas: “No se vende”. Así comienza Butterfield 8. Elizabeth Taylor odiaba tanto ese personaje como el compromiso contractual que la obligaba a interpretarlo para el cineasta Daniel Mann. «No me gusta esa mujer. No me gusta lo que representa. La vacía mezquindad suya» —decía la actriz— «Los hombres. El andar acostándose por todas partes». A pesar de ello, el papel de mujer vividora y hedonista le otorgó el primer Oscar de su carrera.

Butterfield 8

Taylor en Butterfield 8.

Who’s Afraid of Virginia Woolf? (Mike Nichols, 1966)

Un profesor de historia y la hija del rector de la universidad —Richard Burton y Elizabeth Taylor— llevan veinte años macerando su matrimonio en el odio, las frustraciones personales y el licor. Una noche invitan a un joven profesor recién llegado al campus y su esposa a terminar la velada en su casa. Burton y Taylor terminan transfiriendo sus enfrentamientos a la joven pareja en una espiral de locura, bourbon y cubitos de hielo.

Who's afraid of Virginia Woolf

Los personajes de Who’s afraid of Virginia Woolf

 Who’s Afraid of Virginia Woolf? fue la ópera prima de Mike Nichols (El Graduado) —adaptación de la obra de teatro homónima de Edward Albee— y la cuarta de once películas que protagonizarían juntos Elizabeth Taylor y Richard Burton. Como si estuvieran poseídos por el marchito matrimonio que interpretaban en la ficción, se casaron y divorciaron en dos ocasiones en un periodo de once años. Elizabeth Taylor engordó treinta kilos para su personaje y bordó el papel de mujer dominante en esta alcoholizada y verborreica cinta. La película obtuvo cinco Oscar, entre ellos, el de Mejor Actriz para Taylor.

 

THE END MAGAZINE