Fuego en el Mar fue el primer documental en levantar un Oso de Oro en la Berlinale. El trabajo de Gianfranco Rosi es una fina composición a lomos de lo calmo de la cotidianidad europea contrastada contra la impasibilidad del horror migratorio.  

El día

Aunque estamos en el extremo sur italiano, Fuego en el Mar se emplaza en la isla de Lampedusa que por esas fechas luce fría. Samuele porta una gruesa chaqueta que lo protege de los elementos mientras se pasea señorial por su isla. Al niño que apenas tiene diez años le cuesta más de lo usual subirse a unos arbustos mientras busca cómo hacerse una cauchera. Cuando por fin logra segar una rama que le parece conveniente, procede a pulirla con una piedra. Samuele es el protagonista de este documental y su mirada será la nuestra en tanto estemos en el lado calmo de la narración.

Las ondas de radio dejan oír la sentida voz de Pippo Rallo en su versión de “E Vui Durmiti Ancora” en el receptor que doña Maria tiene en la cocina. Ella es la abuela de Samuele y prepara el almuerzo. Apenas termina la canción, la voz del disc jockey arranca con las noticias. Un naufragio de 250 personas, entre los 36 cuerpos recuperados —“Pobres cristianos, dice Maria”— hay mujeres y niños. Con planos medios y cámara estática para los interiores, Rosi intenta documentar esa vida: vivir la vida de una vieja matrona. Rezar, cuidar a los santos, cuidar a los hombres, alimentarles, tender camas, llamar a la emisora para pedir canciones, oír las noticias… El desastre en Lampedusa es casi diario desde 1990, una isla que está más cerca de Líbano que de Sicilia.

“En este momento hay 200.000 personas esperando listas para escapar y ni siquiera la idea de morir las detendrá” Gianfranco Rosi.

Aunque Maria, con sus pausados movimientos, en sus silencios, refleje algo de viejo continente en Fuego en el Mar, es a través de Samuele que el director italiano retrata mejor a Europa. Como amo y señor consume su día a día en ir al colegio, en acostumbrarse al bote —Lampedusa es un pueblo de pescadores—y en pendejear con su amiguito en una scooter por ese pequeño espacio de comodidad. Sus pensamientos son simples. El juego inocente de destruir algo para luego intentar arreglar lo irreparable con las herramientas improcedentes. Porque hay cosas rotas que no podemos arreglar con una cinta pegante, y eso lo sabemos ya como adultos. Y aunque la inocencia de Samuele por su corta edad justifique tanto su forma de actuar, como su distancia ante el desastre humanitario, esa cualidad de inocente no se hace transitiva al continente que parió hace siglos la Ilustración. Por el contrario, la hace quedar mal.

El amanecer

En una escena vemos a un médico, Pietro, atender a una mujer embarazada que no sabe hablar italiano. Luego le vemos revisar los ojos de Samuele. Esos dos mundos tienen en Pietro su bisagra. Como médico, él sabe que algunas veces las cosas no funcionan como se espera, y que se debe buscar mecanismos para que actúen en consecuencia, aunque esto implique limitar un poco lo que ahora funciona bien. Él devela lo macabro de todo en una de las escenas más crudas de Fuego en el Mar. Han sido más de quince mil los cuerpos traídos por el oleaje a las playas laponas. Han sido muchos los que en el momento de ser rescatados ya están sin aire en los pulmones. Él es la cara de unos servicios de asistencia que se quedan cortos por la tarea hercúlea que representan. Muchos de los hombres allí ya aparecen curtidos, fríos: tan insensibles que parecen colombianos hablando de terminar conflictos de décadas. Es en Pietro en donde la oscuridad y luz se encuentran: la personificación de la diosa Aurora.

Niño en las rocas con algo en la mano

La noche

Es de noche y las antenas de radio y las voces en off hablan en inglés. Los acentos identifican. El italiano pregunta incesante por la posición en donde se encuentra su desesperada contraparte africana. Pronto los gritos de la segunda se apagarán. Las luces y los radares no “verán” nada. Parece que lo único que brilla para ellos son las mantas de emergencia en la inmensidad de la noche en el Mediterráneo. Como si fueran el levante de la noche, es a través del látex que esos dos mundos se relacionan. Los miembros de los cuerpos de rescate van ataviados como si llegaran a un planeta extraño: sus trajes anti fluidos blancos de pies a cabeza y sus guantes azules. Van revisando uno por uno a los vivos y sus posibles enfermedades. Muchos de ellos serán devueltos a Libia. Son africanos y otros, de Oriente Medio. Cada uno, con sus maneras heredadas como su lengua, agradecen a sus dioses. Unos cantan, otros se arrodillan. La multitud eleva sus brazos y plegarias al cielo.

“[Fuego en el Mar] exige su lugar frente a nuestros ojos y obliga a nuestro compromiso y acción.” Meryl Streep

Tal vez Rosi no encontró alguno que fuera su voz dentro de tantos. Ellos, pues, no tienen cara propia. Es a esa multitud a la que muchos le preguntarán por qué se lanzan en una aventura que podría terminar con sus vidas. En Fuego en el Mar uno se permite una explicación: aventarse a estas contingencias abre posibilidades que el quedarse no contiene. ¿Cómo no entender a las personas para los que su patria es una enfermedad mortal y para los que la migración ofrece la más desesperada y única cura posible? De eso estamos hablando.

Cientifico mirando una imagen de un barco en su computador

Dicen que nada une más a un pueblo que cuando se sobrepone a una causa que daba por perdida, y Fuego en el Mar da un buen ejemplo de ello. Porque la noche además de oscura siempre ha tenido sus alegres formas de manifestar la vida. Y esta masa la rebosa. Como lo decía el Joe Arroyo, “La vida comienza a las tres de la mañana”. Más que rezar, ellos cantan, bailan, juegan al fútbol. Tan exultantes como deberían estar separados por culturas, razas y credos, pero acá amalgamados por la travesía.

“Es interesante ver cómo la presión política cambia la interpretación del filme en sí mismo” Gianfranco Rosi

Un documental cinematográficamente bello, que aunque voyerista no llega a pornográfico, y que por esa fina y delicada mezcla, se hizo merecedor a la nominación como Mejor Documental en los Premios de la Academia 2017. Más allá, fue el primero de su género en quedarse con un Oso de Oro en la Berlinale de 2016 donde Rosi, dedicó el galardón al pueblo lapón, en cuya plaza principal se proyectó el filme. “No sabíamos que eso pasaba aquí” dijeron muchos entre lágrimas después de la función. Para concluir no sobra decir que Gianfranco Rosi además de dirigir, Fuego en el Mar escribió su guion y él mismo fue su cinematógrafo. Desde ahí deja en claro su mensaje. Pocas manos haciendo mucho, y muchos ojos perezosos.

Diferentes canoas y botes en el agua solo uno de ellos se ve con dos personas

Curiosidades:

  • Rosi pasó tres meses con Samuele —para conocerle— antes de empezar a graba
  • Los tres filmes que Rosi ha realizado hasta ahora nos hablan de la periferia
  • El primer ministro italiano Mateo Renzi le dio una copia de Fuego en el Mar a los otros 27 líderes de la UE.

 

http://www.theendmag.com/el-documental-una-lucha-por-los-derechos-humanos/

 

FUEGO EN EL MAR: entre el costumbrismo y el sinsentido
Entre el costumbrismo y el sinsentido: el documental de la vida en isla italiana de Lampedusa uno de los confines donde Europa mira pasmada la crisis migratoria.
CALIFICACIÓN TOTAL80%
Puntos Fuertes
  • La carencia de histeria cuando lo que se tiene que contar es tan impactante.
  • Los mensajes entre líneas del director.
  • La alegría de vivir que expele todo el documental.
Puntos Debiles
  • En ocasiones el documental es un poco voyerista en las escenas más fuertes.
  • Los migrantes y su drama no son personalizados en el documental, no hay un doliente particular. Ese anonimato endulza la pastilla para el espectador occidental.
  • La postura del realizador sigue siendo eurocéntrica y el documental la revalida.
80%Overall Score
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