La mujer del animal, cuarta película del realizador antioqueño Víctor Gaviria, pone sobre la mesa un tema del que se escucha a diario y que muchos niegan todavía: la violencia que sufre la mujer solo por el hecho de ser mujer.   

La Mujer del Animal es la cuarta película del realizador antioqueño Víctor Gaviria. Fue estrenada en el Festival de Cine de Toronto y además ha circulado en el 38 Festival Internacional del Nuevo  Cine Latinoamericano de la Habana, donde ganó el premio a mejor director, y en el Festival de Cine de Roma. El 9 de marzo fue estrenada oficialmente en las salas del país.

Una película basada en hechos reales

Uno de los rótulos más manoseados en la historia del cine es ese que dice al principio de las películas “basado en hechos reales”. Sin embargo, en esta película es necesario y fundamental, porque nos anticipa y nos recuerda que el relato que vamos a ver continuación se encuentra inscrito dentro de los confines de nuestra realidad social. Víctor Gaviria dice que esta es esencialmente una  película sobre “la infamia como elemento lógico en la vida de las personas”, infamia que es en gran parte causada por condiciones de exclusión y marginalidad.

Uno de los rótulos más manoseados en la historia del cine es ese que dice al principio de las películas “basado en hechos reales”. Sin embargo, en esta película es necesario y fundamental, porque nos anticipa y nos recuerda que el relato que vamos a ver continuación se encuentra inscrito dentro de los confines de nuestra realidad social. Víctor Gaviria dice que esta es esencialmente una  película sobre “la infamia como elemento lógico en la vida de las personas”, infamia que es en gran parte causada por condiciones de exclusión y marginalidad.

Es por esto quizás que Gaviria haya tomado la decisión de hacer que toda la acción suceda al interior de un barrio en los límites no planificados entre la ciudad y lo rural, llamado Popular Uno.

El encierro de la exclusión

Aunque el núcleo temático del cine de este director colombiano haya sido siempre la exploración de la violencia adyacente al contexto de narcotráfico en Medellín de los años 70, 80 y 90, La Mujer del Animal es la única película en la que no vemos ni un solo plano del casco propiamente urbano de la ciudad. En esta ocasión el espectador se ve inmerso, casi encerrado, entre las calles sin pavimentar, la basura y los ranchos de madera, bareque, o sencillamente de tejas y bolsas de basura. La ciudad aparece varias veces sí, pero en planos panorámicos, a lo lejos, como haciéndonos entender que el lugar donde todo está sucediendo es el residuo inminente de lo supuestamente civilizado.

La sensación de encierro es una constante en esta película; desde el sonido se construye una atmosfera sofocante, producto de estar dentro de esos ranchos pequeños o en calles peligrosas, al interior de una montaña.

Tobogán narrativo

La historia de la película es abrumadoramente simple: un maleante que apodan “el animal” decide que su esposa va a ser una joven de 18 años, Amparo, que recién ha llegado al barrio, escapada de un colegio de monjas donde era maltratada. Como ella se niega a serlo, él decide drogarla y violarla. A partir de ahí empieza lo que Gaviria llama como un tobogán narrativo, en el que la violencia solo se recrudece. El Animal, frente a los ojos impunes de toda la comunidad secuestra a Amparo y la pone a vivir en un rancho de bareque y de piso de barro, en condiciones de miseria extrema, para poder violarla y golpearla cuando quiera. Tiempo después, Amparo tiene una hija de su violador para completar lo que Víctor Gaviria llama “un tetraedro de violencia”, que está conformado por el violador y su víctima, por los ojos de los testigos de la comunidad y finalmente, el bebé que es el resultado de esa violencia.  Tal vez lo que hace más difícil de ver La mujer del animal es que ninguno de los personajes tiene ninguna redención, cada uno está marcado con un destino predeterminado por haber nacido en esas condiciones de marginalidad.

“La película lo deja a uno en un estado de angustia. A veces cuando termina la película la gente está chocada, envuelta en un malestar; a veces están casi molestos de que se hubiera acudido a una violencia tan explicita. La película no tiene la estructura normal de grandes picos dramáticos atenuados por momentos de pausas, sino que la película sube y sube, la mortificación y el maltrato se recrudecen y no hay redención ni momentos de dulzura para los personajes”. Víctor Gaviria

Cine “objetivo”

Se podría decir que el cine está a medio camino entre una forma de arte y una industria. Esto lo pone en un lugar muy especifico en lo que se refiere a la representación del presente y la reconstrucción del pasado. El cine crea relatos y por lo tanto narrativas que tienen la posibilidad de llegar a un público muy amplio, esto quiere decir que tiene incidencia en cómo se construyen los imaginarios que tenemos acerca de la realidad. Si quisiéramos hilar más fino solo haría falta notar que el conjunto de lentes de la cámara se llama “objetivo”. Es decir, para nosotros las imágenes que fueron creadas con una cámara de cine o de video satisfacen un deseo inconsciente de “objetividad”. Por ejemplo, aunque el espectador sepa que se trata de una película de ficción, no puede evitar sentirse conmovido al ver imágenes de un hombre violando y golpeando a una niña. Se entiende que esas situaciones representadas ejemplifican una realidad más amplia.

La escritora colombiana Carolina Sanín señaló de manera apropiada que “hay que someterse” a la experiencia de ver esta película. No es de ninguna manera una experiencia agradable: es al contrario, un testimonio de la maldad, producto de violencias estructurales que aquejan a nuestra sociedad.

Niños pobres actuando en un barrio pobre

La escritora colombiana Carolina Sanín señaló de manera apropiada que “hay que someterse” a la experiencia de ver esta película. No es de ninguna manera una experiencia agradable: es al contrario un testimonio de la maldad, producto de violencias estructurales que aquejan a nuestra sociedad.    

 El pathos de los actores naturales

En el documental Buscando al animal dirigido por Dani Goggel, coproducido por Señal Colombia, se relata como fue el proceso de pre-producción de la película. Desde el encuentro de Víctor  Gaviria con Margarita, la mujer que vivió en carne propia el maltrato físico y violaciones del Animal, hasta muchos otros testimonios más de mujeres que habían tenido que sufrir vejaciones de esa misma calaña.

Como la película  está ambientada en los años 70, el equipo de producción tuvo que llegar al barrio Nuevo Jerusalén, un caserío sin acueducto ni planeación urbana que se asemejaba al lugar donde originalmente había sucedido la historia. La conclusión es desgarradora: la brecha de desigualdad  entre ricos y pobres y la violencia que esto genera, es una condición inherente a nuestro contexto. Es en ese contexto donde Víctor Gaviria encontró a los actores naturales. Los dos protagonistas (Natalia Polo y Tito Gómez) hacen unas actuaciones impecables. De ahí proviene el pathos de la película, de que estos actores hayan crecido en esos contextos y hayan vivido en carne propia esas violencias.

Hombre pintando un diento a una mujer de color negro

La violencia que se expresa desde el lenguaje

Es a través del lenguaje que el ser humano estructura su entendimiento del mundo, por eso es tan impactante ver una película construida casi en su totalidad a partir de insultos y groserías. La violencia empieza desde esas instancias y luego crece en forma de espiral hasta terminar en los estadios más infames. En la música incidental que escuchamos a lo largo de toda la película, también se pueden encontrar rezagos de esa violencia exacerbada: se trata casi siempre de canciones de música popular antioqueña acerca del despecho de un hombre por una mujer; son canciones acerca de un hombre que no puede encontrar a una buena mujer que no lo traicione. Esto demuestra que la violencia del hombre hacia la mujer es una violencia estructural y se encuentra oculta en todas nuestras maneras de ser y de expresarnos.

En últimas La mujer del animal es un testimonio invaluable de la violencia en Colombia, esa violencia que sucede de puertas para adentro. Esa violencia que está oculta en los tejidos de la sociedad. Víctor Gaviria demuestra una vez más lo importante que es hacer un cine que venga de lo marginal, un “otro cine”, de los relatos cotidianos de la gente común y corriente.

Curiosidades: En la presentación para la prensa del Festival de Cine de Roma todas las mujeres se salieron de la sala antes de que la película terminara.

 

http://www.theendmag.com/la-mujer-del-animal-la-nueva-pelicula-de-victor-gaviria/

http://www.theendmag.com/una-semana-del-tiff-2016/

 

La Mujer del Animal; Cuando una película es más importante que una película
La mujer del animal, cuarta película del director colombiano Víctor Gaviria demuestra una vez más porque el es uno de los directores más importantes en la historia del cine en Colombia. Su labor se extiende a un contexto mucho más allá del simple hecho de hacer una película. Como siempre la investigación tomó varios años en los que se interno en distintas comunidades para conocer casos de violación y maltrato a la mujer, haciendo de esta una pieza fundamental en la historia de la violencia en nuestro país.
CALIFICACIÓN TOTAL84%
Puntos Fuertes
  • Es un testimonio invaluable de la violencia en Colombia.
  • Es una película de acción, de corte realista y muy dinámica.
  • Las actuaciones son todas impecables y desgarradoras.
Puntos Debiles
  • Quizás los personajes hubieran podido tener más matices.
  • La reiteración de la violencia, aunque necesaria, a veces es insoportable.
  • Tal vez es moralmente cuestionable que el castigo del Animal sea su muerte.
84%Overall Score
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