Cuatro amigos, debajo del mismo techo, juegan a las cartas. Las nubes grises de Buenos Aires dejan caer livianos copos de nieve transparentes que emanan una luz azul por el descenso paulatino de varios globos luminosos del cielo. Es septiembre de 1957 y en Hora Cero Semanal se imprimían las primeras tablas de lo que se convertirá en la historia más importante de ciencia ficción escrita en el sur del Ecuador y la mejor historieta argentina de todos los tiempos.

Su autor, Héctor Germán Oesterheld, y los lápices de Francisco Solano López, cuentan las hazañas de un demacrado escuadrón de hombres desesperados, obligados a enfrentar una terrible invasión alienígena. Así tiene origen una nueva guerra entre dos mundos que será la eterna epopeya de Juan Salvo, un hombre sencillo que en el futuro será peregrino de los siglos, viajador del espacio tiempo, en una sola palabra El Eternauta.

En las primeras páginas se devela la casa de un anónimo guionista de historietas. El Eternauta, que se materializa sobre una silla, siente la necesidad de contar sus aventuras al huésped (guionista) que, envuelto en una morbosa curiosidad, escucha todo en riguroso silencio. El relato se encuentra lleno de eventos excepcionales, con páginas de singular poder expresivo, pero me atengo a escribir de más, ya que puedo arruinar la gran sorpresa al lector.

El Eternauta la tira comica de Germán Oesterheld

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Con especial muestra de mensajes universales, como lo son el valor fundamental de la libertad y la defensa por la dignidad humana, El Eternauta es también un relato con una fuerte especificidad  histórica. Merece entonces conocer la historia de cara al contexto en el cual se desarrolla. Solamente dos años antes de la publicación del primer número se había presentado el golpe militar en Argentina que derrocó al presidente Perón, fautor del llamado Peronismo. El guionista, por lo tanto, escribe su obra maestra en un periodo delicado, de grave incertidumbre para al futuro del país, marcado por la dictadura militar precedente y por el gobierno sucesor de Arturo Frondizi.

Solo con esta conciencia es posible ver El Eternauta por lo que es realmente: una alegoría que transmite todas las esperanzas del autor, que aguarda un futuro incierto en las manos de la clase media, la única capaz de levantar la suerte del país después la quiebra total de los militares.

La realidad parece superar la ficción, y esta nueva clave de lectura permite formular hipótesis menos obvias acerca de la identidad de los invasores alienígenos, los misteriosos “Ellos”, quienes personifican el mal en el universo; esclavistas que operan desde lo más alto sin nunca ensuciarse las manos, opresores invisibles pero omnipresentes.

Al fin de los años cincuenta, nace en Latinoamérica un fuertísimo interés por las políticas de libre mercado, en particular en Argentina, por lo que el presidente Frondizi lanza el Plan de Estabilización Económica basado en los principios intelectuales neoliberalistas. Éste trae recortes drásticos sobre las inversiones públicas y genera la reducción de los salarios de la población. La profunda desilusión frente al presidente y frente a las instituciones que deberían representar el país es, probablemente, el motivo por lo cual Oesterheld terminaría después acercándose a los Montoneros y a la izquierda peronista. Frente a esas premisas, la invasión alienígena, antes sencilla imagen metafórica universal del eterno conflicto entre oprimidos y tiranos, parece incluso anticipar la crisis derivada del libre mercado y de las finanzas internacionales, que empobrecerían la clase media.

El Eternauta es también un relato con una fuerte especificidad  histórica. Merece entonces conocer la historia de cara al contexto en el cual se desarrolla.

Esas teorías llegan implícitamente confirmadas desde El Eternauta al término de su largo relato que deja estupefacto y sin palabras el anónimo guionista. Son suficientes diálogos y pocos dibujos los necesarios para darse cuenta de una verdad terrible: todo lo que fue contado todavía tiene que suceder y está próximo a pasar.

Oesterheld, demuestra un notable sentido de previsión, lanza un mensaje de alerta, casi una oración dirigida a sus lectores, jóvenes o adultos de la clase media capaces de identificarse en los protagonistas en su cuento. Su poderosa advertencia llegaría en todas partes, pero ninguno se atrevería a levantar un dedo para hacer escuchar su propia voz.

Pasan pocos años, y en el 1962, entre las páginas mensuales de El Eternauta, Oesterherld publica el trazo trascendental de su obra maestra y esta vez en una versión novelizada. El texto es un vestigio rotundo, en el cual la crítica a la política de Frondizi se hace todavía más presente y explícita, marcando la distancia definitiva entre el guionista y las decisiones gubernamentales del momento.

El Eternauta la tira comica de Germán Oesterheld El Eternauta la tira comica de Germán Oesterheld

 

En el 1974, con el progresivo destacamento de Perón, los Montoneros pasan a la clandestinidad y solo dos años después despiertan ante la triste marca que les deja esta   guerra sucia con el devastador fenómeno nacional de los desaparecidos. Los disidentes, acusados de actividades anti-gubernativas, son secuestrados ilegalmente, encarcelados, torturados y muchas veces asesinados. Este fue el destino de las hijas de Oesterheld: Beatriz, Diana y Marina, dos de ellas embarazadas en el momento del secuestro.

Son suficientes diálogos y pocos dibujos los necesarios para darse cuenta de una verdad terrible: todo lo que fue contado todavía tiene que suceder y está próximo a pasar. Oesterheld, demuestra un notable sentido de previsión, lanza un mensaje de alerta, casi una oración dirigida a sus lectores, jóvenes o adultos de la clase media capaces de identificarse en los protagonistas en su cuento.

En tal contexto, el guionista vuelve a colaborar con Francisco Solano López para dar vida a El Eternauta II. Presentándola como la continuación indiscutible  de El Eternauta, esta segunda sección empieza donde termina la aventura original, mostrando cómo cambiaron los personajes después de los eventos de la primera parte.

El guionista anónimo posee ahora las características de Osterheld y se hace llamar Germán, mientras que a su lado encontramos todavía a Juan Salvo, el marinero del tiempo, ya privado de su componente humano. El Eternauta II, se eleva a la esfera del militante perfecto; se convierte en el súper hombre, inflexible y modelo de inspiración; un ser fanático que no tiene escrúpulos para sacrificar a sus compañeros por la conquista del bien mayor. El autor en ese punto deja surgir toda su frustración, dando un último grito desesperado que se convierte en una propaganda en comic dirigida a gran parte de los seguidores de los Montoneros.

El Eternauta cuenta también con otras secuelas más recientes que no contemplan la participación de Oesterheld. Algunos exitosos y otros menos exitosos, pero lo que es cierto es que cada capítulo de esa extensa epopeya es un ladrillo importante que contribuye no solamente a narrar el crecimiento personal e ideológico de un hombre, sino que también narra la historia de su país.  El Eternauta es un manifiesto, un potentísimo divulgador de valores culturales, un testamento capaz de representar un Estado entero, un cuento que empieza en los años cincuenta y trasciende hasta  hoy.

Por ello, este artículo no puede terminar dignamente si no es con el último saludo al verdadero héroe de la saga. El 27 abril del 1977, Héctor Germán Oesterheld es capturado por una escuadrilla armada. Se piensa que fue asesinado con un disparo un día desconocido de 1978. Pocos meses después, desaparece también la última de sus hijas, Estela, asesinada junto con su marido. Que la memoria de todos nosotros honre las magníficas aventuras de El Eternauta, el valor y los aportes del maestro Héctor German Oesterheld, para que el Mundo conozca el sacrificio de su vida y de su familia por haber levantado la voz cuando nadie lo hacía.

El 27 abril del 1977, Héctor Germán Oesterheld es capturado por una escuadrilla armada. Se piensa que fue asesinado con un disparo un día desconocido de 1978.

El Eternauta la tira comica de Germán Oesterheld

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