En una ciudad que no se entera, para uno de los festivales de documentales más importantes del mundo. Gonzalo fue nuestros ojos allí en el CPH:DOX en Copenhague.

Llevaba mucho tiempo queriendo visitar Copenhague. No ya sólo por mero interés cultural o por el dato (poco necesario en este texto) de tener conocidos en la ciudad; sino por empaparme de primera mano de la particular mentalidad danesa. Cuando uno llega a la ciudad con las primeras luces nocturnas, apenas distingue explanadas oscuras veteadas de luces poco intensas, casas bajas con tejados a dos aguas, tiendas enclaustradas en cada esquina de tal forma que acaso llaman la atención. Y bicicletas, muchas bicicletas.

FESTIVAL INTERNACIONAL DE DOCUMENTALES DE COPENHAGUE 2017

Al día siguiente te despiertas lleno de expectativas, sensaciones que van dando paso a unas primeras impresiones poco fiables, aunque curiosas. La ciudad parece tranquila, el ritmo de la vida es apacible. Nadie corre desaforado a donde sea que tiene que dirigirse, como hacemos en Madrid incluso aunque el tiempo se nos desborde entre las manos. Poca gente grita, y la práctica de vociferar no parece algo común en estas tierras. Se antojan gente amable, retraída pero muy correcta. Más cálidos que los alemanes, por citar un ejemplo que puede escocer a alguno, y un poco más informales.

FESTIVAL INTERNACIONAL DE DOCUMENTALES DE COPENHAGUE 2017

Bajo un cielo de apacible gris que casi nunca cambia de tono, en pleno centro, y junto a un paseo marítimo tan limpio como espectacular, se encuentra la sede del Festival CPH:DOX: un pequeño edificio, el Kuhnstal Charlottenborg, que ejerce de único punto de encuentro. Modesto en sus prestaciones, con una pequeña cafetería, un lounge con enchufes contados, una sala para experimentar el VR aplicado al cine (cada vez más presente en los márgenes de la mayoría de festivales), guardarropa y muchos pufs diseminados por el edificio. El entusiasmo y juventud de los voluntarios que atienden y trabajan en ventanilla me recuerda al que pude vivir hace un par de años en el TIFF de Toronto, macrofestival más interesado en la venta que en las presentaciones a prensa y poseedor de un programa de voluntariado enorme que aseguraba créditos universitarios a los estudiantes que se animaran. Puede ser una anécdota inane, pero ayuda a vislumbrar un poco cómo funciona el backstage de estos certámenes, aunque pertenezcan a ligas muy diferentes.

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El CPH:DOX está catalogado como el tercer festival de cine documental más grande del mundo, y es llamativo cómo ese título choca de frente con la informalidad del recibimiento. En pleno comienzo, a día 16 de Marzo, las acreditaciones de voluntarios e industria todavía no han terminado de imprimirse, y puede darse la situación de perder pases debido a ello. Llama la atención a su vez la modestia con la que el festival se promociona por la ciudad más allá de los banners; y cómo se preocupa por destacar sus programaciones alternativas tanto o más que la sección oficial conformada por 13 documentales de todo el mundo. Tanto es así que he tenido la situación de hablar con personas que, tras quince años viviendo en la ciudad, aún no habían oído hablar del certamen.

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En este extraño pseudo-anonimato el CPH:DOX procura abrir ventanas al mundo pero le cuesta y cómo crítica constructiva cabría decir que falla gravemente en algunos detalles de organización. Algunos directores que presentaban en el festival y con los que pude coincidir en la fiesta de presentación me comentaban que, efectivamente, acusaban un poco el caos estructural. Algo que se deja notar sobretodo en cómo están dispuestos los pases de las películas. Esto es sin ningún orden específico respecto a su sección o género. La selección principal: DOX:AWARD se alterna algo aleatoriamente junto a las demás. Desde la dedicada a visiones más experimentales y alternativas como NEW VISION AWARD; pasando por los pases dedicados a filmes puramente científicos en CPH: SCIENCE; al departamento político de POWER TO THE PEOPLE o uno específico para filmes de producción danesa en DANISH:DOX. Entre todo este maremágnum de producciones llama la atención que la prensa apenas esté presente. En la fiesta de bienvenida casi el cien por cien de los asistentes eran o bien de industria, o voluntarios o jóvenes de la ciudad que habían decidido aprovechar la oportunidad para comenzar su noche, pues es un dato a tener el que la exclusividad o las ‘castas’ que imperan en otros festivales no parecen ser algo prioritario en el CPH:DOX.

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Todo está abierto a todos, aunque para unos a mejor precio que para otros. Esto se traduce en que las bebidas que se sirven en la cafetería oficial del certamen están a mitad de precio para acreditados o que los tickets para los pases son gratis. No así para asistentes casuales, aunque estos tampoco abundan. Así que como mencionaba la mayoría de habitantes de Copenhague no saben de la existencia del Festival y me he visto más de dos o tres veces explicando la naturaleza del mismo tanto a inmigrantes que llevaban quince años viviendo aquí como daneses nacidos y criados aquí. Me ha resultado imposible no acordarme del DocumentaMadrid, otra muestra del mismo corte, aunque algo más pequeña, que a pesar de ganar notoriedad año tras año tampoco ha conseguido traspasar la frontera de ese hermético y difícil círculo del mundo del cine para convertirse en un evento conocido por la gente de a pie. Pero dejemos la ciudad y el intrínseco backstage de estos mundos y vayamos a lo que importa: las películas.

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No vamos a centrarnos tanto en secciones como en filmes per se y voy a empezar por la misma cinta de inauguración: la polémica Last Men in Aleppo, que finalmente fue la ganadora principal de la muestra, con no pocas dudas por nuestra parte y algunos otros asistentes. ¿Los motivos? Un acercamiento poco menos que simplista en profundidad, aunque muy explícito y difícil de digerir, respecto a la milicia conocida como ‘The White Helmets’ o los ‘Cascos Blancos’. Es sabido por todo aquel que es moleste en investigar más allá lo que nos cuentan que este grupo, que en principio actúa a favor de la población de Aleppo desenterrando cadáveres y supervivientes provocados por los bombardeos rusos y americanos, han empezado a tomar las armas y recurrir al terrorismo como vía para luchar contra una situación muy compleja cuando se observa en conjunto. No pretendemos meternos en camisa de once varas porque no lo consideramos oportuno, pero si tenemos que valorar fríamente el acercamiento que Steen Johannessen y Firas Fayad han realizado de este complicado tema nos encontramos con que una perspectiva unilateral totalmente parcial, sesgada e imbuida de un aura doliente de victimismo que es muy difícil de discutir, pues lo que se muestra no es fácil de ver y admite poca espacio para el intercambio de ideas en cuanto a los estragos con los que esta gente debe vivir cada día. Aun así, es seguro que este reconocimiento le abrirá futuras puertas y que Last Men in Aleppo continuará su recorrido provocando debates que merecería la pena seguir con lupa.

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Más allá de esta intensidad política, debemos destacar tres secciones paralelas que han demostrado un riesgo enorme en sus propuestas, a la par que han terminado siendo de las más estimulantes en muchos niveles. Por un lado: NEW: VISION AWARD, dedicado a nuevos directores con una visión que acerca el formato documental al videoarte; F:ACT AWARD, centrado en documentales de fuerte corte estilístico con una investigación periodística de fondo; y por último la que tiene de título uno de los taglines del Festival, THE FUTURE IS NOT WHAT IT USED TO BE, donde la mirada al mundo se fusiona con una intensa querencia por la ciencia ficción dando como resultado filmes de fuerte calado visual y sensorial.

 

Uno de los trabajos de estas secciones: Life Imitation de Zhou Chen, acabó resultando ganador de la sección New: Vision Award, gracias a una mirada hipnótica, repleta de una extrañeza hermosísima, hacia la juventud de Shangay, sus idas y venidas amorosas y su eterna insatisfacción desahogada en dispositivos tecnológicos que muestran un reflejo que para ellos es más atractivo que la realidad. La profunda tristeza del vacío que se nos muestra queda resaltada cuando el director decide utilizar grabaciones propias del juego Grand Theft Auto V, donde decide seguir a avatares virtuales anónimos generados por el programa para provocar lecturas paralelas respecto a estos paraísos digitales y la solapada angustia de unos adolescentes que ya no lo son tanto; pero que se ve a la legua que no saben cómo abordar la vida. Es un filme con una capacidad de análisis que, en su exactitud, pone los pelos de punta; sin embargo, más allá de resultar frío es profundamente poético, hermoso incluso en su oscuridad. Fue sin duda una de las grandes sorpresas que pudimos encontrar y para este servidor una de las favoritas.

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Muy divertida resultó también DRIB. Una enorme broma, con mucho de humor negro, que se ríe de las campañas de marketing de una gran empresa de bebidas energéticas directamente inspirada en Red Bull, y su problemática relación profesional con un cómico noruego convertido en estrella a raíz de un video viral que más tarde demostró ser falso. Entre dramatizaciones inspiradas directamente en The Office, DRIB tiene su gran baza en un personaje central que, literalmente, roba la película a su director para convertirla en un show propio muy entretenido y que, a buen seguro, dará alegrías a su protagonista.

FESTIVAL INTERNACIONAL DE DOCUMENTALES DE COPENHAGUE 2017

Mención especial merece también el debut del pequeño del clan Lynch, Austin, con un documental contemplativo de título Gray House muy atmosférico que analizaba distintos espacios unidos por una percepción de pesadumbre muy marcada y enfatizada por unas breves entrevistas a aquellos que allí vivían. Desde los trabajadores de una fábrica, pasando por las reclusas de una prisión o una impoluta casa particular son algunos de los objetivos en los que el director pone su lente ayudado de la mano del fotógrafo Matthew Booth, que de hecho figura como co-director en los créditos.

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Fuertemente emparentada con Gray House está también Homo Sapiens; otro de los platos fuertes del certamen que ya pudo verse el año pasado en lugares como Berlín con bastante buena acogida. Un filme tan estático como bellísimo por esa cualidad de quietud. Algo así como un libro de fotografías centrado en espacios abandonados por el hombre que han acabado siendo devorados por la naturaleza, desmoronándose poco a poco con el correr de los años para ofrecer estampas de una decadencia melancólica que va más allá de lo estético. Nicolaus Geyrhalter ofrece en Homo Sapiens una obra casi mágica, pues sin palabras y con su habitual perfeccionismo en los encuadres es capaz de hipnotizar al espectador de forma que no sé de ni cuenta. Y no solo eso, sino que, a través de esa mirada triste, aunque hermosa, nos habla muy sutilmente de cómo estos lugares que hemos devuelto a la tierra siguen hablando de nosotros a pesar de que ya no los habitemos. Es una idea abstracta, difícil de transmitir y precisamente por eso tiene su mérito.

 

En la misma sección donde se presentaba Homo Sapiens, THE FUTURE IS NOT WHAT IS USED TO BE, aparecía la destacable The Human Surge, traducida al español como El Auge del Humano, una ópera prima co-producida entre Argentina, Brasil y Portugal que llegaba al CPH:DOX con premio bajo el brazo: Mejor Película en el exclusivo festival de Locarno. Siendo claros, no se puede decir que lo que ofrece Eduardo Williams sea documental propiamente dicho, a pesar de mostrar los contextos urbanos y los momentos de seguimientos a los personajes con la basta naturalidad de ese formato, dando como resultado una mezcla de ficción y medias verdades que, en su hermetismo y misterio da lugar a una obra difícil pero muy atractiva.

También hubo espacio para trabajos más directos y menos enigmáticos, destacando Death of a Child. Un acercamiento a un tema serio, considerado aún un tabú social; las muertes de neonatos olvidados en coches cerrados. Sus directores, como en la comprometida Prospekt Park, optan por una mirada carente de juicio y muy respetuosa, erigiéndose en meros oyentes de varios padres que perdieron a sus hijos por olvidos que nunca podrán perdonarse. Nunca, en ningún momento de la cinta, se ve ni una sola imagen de estos niños y no hace falta. Es esa sutilidad tan milimétrica que demuestra Death of a Child lo que la convierte en un trabajo necesario para que muchas personas se sienten y piensen dos veces antes de formarse opiniones precipitadas sobre algo accidentes que no son moralmente fáciles de ajuiciar, aunque muchos se crean que sí.

 

Otro de los platos fuertes, proveniente de la sección F:ACT AWARD, fue la americana The Devil’s Trap. Una crónica en formato de road movie, rodada en gran parte en formato VHS, por las ciudades que marcaron la adolescencia de un joven americano de 25 años que fue expulsado y excomulgado de un culto religioso siendo separado de su familia desde los 18. A través de un desarrollo estructurado por paradas a lo largo de un camino que recorre parte de la costa Oeste, el director, con una implicación muy tangencial, va filmando a su protagonista al tiempo que le deja verbalizar parte de sus temores respecto al futuro encuentro con su familia. Así como rememorar recuerdos dolorosos y extraños acerca de cómo esta comunidad influía de manera fatal en las relaciones interpersonales de sus miembros. El logro del documental está no tanto en la idea general, que puede no ser excesivamente original, como en el acercamiento que hace. Por un lado con un aspecto formal muy medido que alterna texturas visuales diferentes, desde el grano grueso y afeado de las cintas VHS que otorgan al viaje de una atmósfera malsana muy inquietante, y por otro la puntual concesión a la imagen en HD para momentos concretos situados ya fuera del viaje en sí mismo.

 

Y sobre viajes, otras dos propuestas merecen mencionarse. La primera de ellas con un concepto parecido al de The Devil’s Trap pero algo más luminosa. My mother is Pink sigue el trayecto de una madre y su hijo y las preguntas que éste último le suelta a bocajarro sobre los motivos de su ausencia cuando era un niño. Todo contextualizado en una excentricidad algo forzada, pues a la madre le encanta el rosa y su hijo decide pintarse el cuerpo de azul, aunque en esencia sea un trabajo bastante discreto. La segunda, France, erigiéndose en crónica de un viaje por el país de Marine Le Pen grabando en planos fijos las conversaciones íntimas de distintos ciudadanos de la región que han permitido al director la prerrogativa de filmarles mientras hablan. ¿La intención? Intentar transmitir una imagen en conjunto de los habitantes franceses en una época de fuerte tumulto social.

 

Esta fuerte querencia por el cuidado estético que han mostrado muchos de los trabajos presentados tuvo su respuesta también en la sección oficial (DOX: AWARD) con cintas como ‘Rage’. Esta vez en torno al submundo del hard techno y su relación con la idea de Anarquismo, entiendo el término desde el punto de vista no sólo social, sino también histórico y político. De esa forma, los franceses Dominique Lohlé y Guy Marc-Hinant hilvanan un collage de fuerte calado sensorial marcado por los beats de unos tracks durísimos que una serie de aficionados y especialistas nos van enseñando a lo largo de dos horas y media de duración. Alternando la fiereza de la música están las entrevistas filmadas en espacios oscuros que abordan los conceptos de revolución y caos social para intentar hablar, en último término, de la ira de una juventud que ha acabado dormida en las pantallas de sus móviles.

 

Y es que al final las imágenes de pantallas con estática han sido una de las que han marcado la tónica de todo el certamen. La notable juventud de muchos de los directores que han venido al CPH:DOX se ha dejado notar en ello. Saben cómo es su generación y temen la pasividad en la que los hunde esa nieve inerte de los televisores muertos. Lo que han mostrado en sus obras, con profunda inquietud, es el lento caminar del mundo hacía la eterna búsqueda de esos edenes situados más allá de las fronteras de lo tangible, hipnotizado entre ceros y unos que nunca podremos tocar y que nunca dejaremos de mirar fijamente, en pantallas que nos devorarán el alma, y al final, también el corazón.

THE END MAGAZINE