The Woman Who Left fue la ganadora del León de Oro a Mejor película en la pasada edición del festival de Venecia y es una de las gemas del Ficci 2017. El filipino Lav Díaz dirige esta película que, como toda su obra, no pretende ser para todo público.

The Woman Who left es la historia de una mujer que, tras cumplir 30 años de condena por un crimen que no cometió, sale de la cárcel en busca de venganza. Lav Díaz parte de este sencillo argumento para componer una película de tres horas y 47 minutos –monocromática y sin primeros planos– que sacude las convenciones cinematográficas del tiempo y el espacio.

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El multipremiado cineasta filipino ha sido enmarcado en el género del slow cinema.  A Lullaby to the Sorrowful Mystery, la película con la que compitió por el Oso de Oro en el Festival de Berlín de 2016, tiene una duración de nueve horas y ocho minutos. En 2014, los 338 minutos de From What Is Before le valieron el Leopardo de oro de Locarno. Su filmografía esta compuesta por una veintena de títulos que han circulado por los mejores festivales del mundo sin hacer concesiones estéticas.

 

“The woman who left es la historia de una mujer que, tras cumplir 30 años de condena por un crimen que no cometió, sale de la cárcel en busca de venganza. Lav Díaz parte de este sencillo argumento para componer una película de tres horas y 47 minutos -monocromática y sin primeros planos- que sacude las convenciones cinematográficas del tiempo y el espacio.”

 

Pero detrás de estas etiquetas de la industria hay una ideología que poco tiene que ver con una extravagancia fortuita. Lav Díaz es un cineasta comprometido con el espíritu particular de su país, su cultura y su historia.

 

  • En sus propias palabras ¿cómo definiría su cine?

Es un cine sin las cargas de las convenciones, las imposiciones y los adornos. Es libre y responsable. Me enorgullece haber emancipado mi cine. La estética para mí tiene que ver con hacer un trabajo que examina y entiende la naturaleza y las verdades del hombre. También tiene que ver con la cultura filipina, nuestra historia y nuestras luchas. Somos una cultura tan corriente pero tan compleja, tan bella y tan tosca… Una cultura tan abierta y tan frustrantemente retrógrada. Estas oposiciones encarnan la dialéctica, la narración, el alma y la visión de mis películas.

 

  • Su obra se caracteriza por tomas largas, silenciosas y contemplativas, pero usted ha insistido en que la duración de estas escenas responden a un tema ideológico. ¿Cuál es esta ideología y cómo se siente frente a las etiquetas impuestas a su trabajo?

Concibo mi obra bajo la perspectiva malaya. Los primeros habitantes del archipiélago de lo que ahora se conoce como Filipinas eran en su mayoría malayos. Crecí en la parte sur del país, donde el modo de vida sigue siendo muy similar al de ellos. Es una cultura que ha visto cientos de años de trastornos y cambios, pero que ha conservado obstinadamente sus atributos más singulares. Los malayos se caracterizan por “esperar” y por una fuerte dependencia a los caminos de la naturaleza. Pongo entre comillas la espera para enfatizar esa naturaleza muy sui generis del malayo que parece estar esperando perpetuamente. Por ejemplo, podrían sentarse bajo un árbol durante todo el día.  La naturaleza se impone al malayo.

Shamaine Buencamino and Charo Santos-Concio in Ang babaeng humayo (2016)

Shamaine Buencamino and Charo Santos-Concio in Ang babaeng humayo (2016)

  • ¿Cómo funciona, en la actualidad, esa relación del malayo con la naturaleza y sus tiempos?

El archipiélago filipino es la región más azotada por tormentas en el mundo. Anualmente hay entre 20 y 28 tifones, y la mitad de ellos son muy fuertes. Por lo tanto, los malayos están bastante acostumbrados al ciclo de destrucción y reconstrucción, decadencia y regeneración, muerte y renacimiento. El malayo esperó a que los más de trescientos años de la colonización española terminaran. El malayo esperó a que los americanos se fueran y a que los brutales años japoneses acabarán. El malayo, ahora llamado filipino, sigue siendo una paradoja, un misterio y una contradicción que mantienen mi estética en marcha. La perspectiva temporal y espacial de mi trabajo se inspira, en parte, en eso.

 

“Mucha gente me odia por mi trabajo. Mucha gente rechaza mis obras debido a su duración. Muchos se resienten con mi trabajo porque no quieren salir de su comodidad. Para resumir, creo que se limitan, limitan al cine y al mundo. De todos modos, mi cine no está aquí para apaciguarlos.”

 

  • Pero afirma que no pretende ser didáctico ni hacer cine de propaganda aun cuando ha abordado la historia política y social de su país. Entonces ¿qué es para usted la política en el cine?

La política es, en cierto sentido,  un diálogo socrático. El núcleo de mi cine es justo eso: examinar nuestra existencia y comunicar lo esencial de la lucha de mi pueblo. La lucha del hombre.

 

  • Usted es un cineasta galardonado pero al mismo tiempo se aleja de la industria cinematográfica. ¿Cómo describiría la relación entre los festivales de cine y la industria cinematográfica?

Están correlacionados pero pueden tener diferentes configuraciones y comportamientos. Es el cineasta quien debe elegir a dónde va su cine. Por su naturaleza propia y sus atributos, mi cine niega efectivamente la idea misma de la industria cinematográfica dominante que se expresa en Hollywood, Hong Kong y Bollywood. Los festivales de cine nos dan a los parias algún espacio, la oportunidad de ser vistos y ser parte del discurso. Y para estos efectos, algunos festivales de cine se han convertido en grandes industrias. Por esa evolución ambos sistemas tendrían que dialogar unos con otros. Así la simbiosis se convertiría en el nuevo orden ineludible.

Charo Santos-Concio in Ang babaeng humayo (2016)

Charo Santos-Concio in Ang babaeng humayo (2016)

 

  • Si hay algo claro sobre su cine es el efecto que genera en el espectador capaz de terminar de ver sus películas. ¿Cómo describiría esa conmoción?

Mucha gente me odia por mi trabajo. Mucha gente rechaza mis obras debido a su duración. Muchos se resienten con ellas porque no quieren salir de su comodidad. Para resumir, creo que se limitan, limitan al cine y al mundo. De todos modos, mi cine no está aquí para apaciguarlos. Aquellos que aguantan es porque encuentran algo. Y si cambia un poco la vida de una persona, el trabajo está completo.

 

  • Su obra plantea preguntas sobre la identidad, el misterio y la incertidumbre de la vida. ¿Cómo ve el mundo hoy?

Al igual que la visión que tengo de mi propia cultura, el mundo sigue siendo una paradoja desconcertante. Un gran interrogante. Dado los avances que ha logrado el hombre, ¿por qué siguen ocurriendo tantas cosas contradictorias? ¿Por qué la ignorancia sigue siendo el mayor muro de la humanidad? El cine es mi herramienta para tratar de encontrar respuestas.

 

“Pero detrás de estas etiquetas de la industria hay una ideología que poco tiene que ver con una extravagancia fortuita. Lav Díaz es un cineasta comprometido con el espíritu particular de su país, su cultura y su historia.”

 

Lav Díaz es uno de los cineastas más influyentes del cine independiente contemporáneo. Su obra ha sido galardonada en los mejores festivales del mundo. En la pasada edición del Festival de cine de Venecia, su película The woman who left obtuvo el León de Oro a mejor película y es una de las gemas del FICCI 57.

Charo Santos-Concio in Ang babaeng humayo (2016)

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LAURA MARTINEZ DUQUE

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