Mozart in the Jungle, la serie original de Amazon, está basada en las memorias de Blair Tindall: Mozart in the Jungle: Sex, Drugs, and Classical Music. Cuenta la historia de Hailey Rutlege, una promesa del oboe que entra a la Orquesta Sinfónica de Nueva York y se topa con las excentricidades del nuevo, prodigioso y joven director Rodrigo de Souza, interpretado por Gael García Bernal.

Empecé a ver Mozart in the jungle inspirada primordialmente por mi amor adolescente y lascivo hacia Gael García Bernal,–cualquier mujer latinoamericana de mi generación entenderá–. Desde luego no esperaba encontrarme con que hasta a los músicos de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, a pesar de tenerlo todo escrito, tendrían también que sumergirse en la experiencia dolorosa, lenta y aburrida que puede significar atravesar el vacío hacia la creación.

Hacia el año 1952, John Cage, intentando descifrar la composición del silencio, concibió la obra 4′33″. Los asistentes al evento entraron dispuestos a escuchar una sinfonía del compositor, esperando conmoverse, como quien entra a ver cualquier obra de arte, confiando presenciar un milagro y esta vez, después de cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio se estremecieron pero por otra cosa: por el horror que significa escucharse a sí mismo y negociar con el silencio, con las formas diversas e ilimitadas que tienen la mente y el ambiente para carcomer el espacio.

Más allá del experimento zen, de la bofetada controversial, o de la manifestación aterradora de que esa terra incognita que es al silencio no puede siquiera ser compuesta, porque no existe –ni siquiera en una cámara anecoica–, Cage nos recuerda que en la música, como en el mundo de las ideas, hay que aferrarse a cualquier pista, hay que atravesar los recovecos del vacío para encontrar algo; la música, una palabra, una persona, el camino a casa, un afecto, un orgasmo: cualquier cosa.

La serie de Amazon está basada en las memorias de Blair Tindall: Mozart in the Jungle: Sex, Drugs, and Classical Music.

La serie de Amazon está basada en las memorias de Blair Tindall: Mozart in the Jungle: Sex, Drugs, and Classical Music. La experiencia de la oboísta sirve para que Roman Coppola,  Jason Schwartzman y  Paul Weitz creen el universo de los músicos de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, unos personajes mundanos, algunos desproporcionados en exageración, que han tenido que dedicar su vida a la música clásica para encontrarle algún orden a su cosmos. Rodrigo de Souza,–OMGyeees Gael–, inspirado en el director de Orquesta venezolano Gustavo Dudamel, trata insistentemente, al igual que Cage, de encapsular el momento de la creación. Su genialidad, aparentemente recae en llevar loros al escenario y enamorarse de mujeres con pelo caótico y ojos desorbitados, cosa en la que falla un poco la serie, al perpetuar el estereotipo del genio creador que está loco. Sin embargo, sigue siendo un personaje brillante que moviliza al resto de músicos a entender su papel en la orquesta y en el mundo, que se entristece por parecer insuficiente para la música, por no lograr entregarse por completo y por no encontrar alguien que toque con la sangre.

Mozart in the Jungle 2

De hecho, uno de los capítulos más sobresalientes es You go to my head nombrado así por la canción de Billie Holliday, en el que vemos a Rodrigo en un larguísimo plano secuencia, encontrar a una niña que aún toca con pasión y que no está contaminada por el freno que supone la burocracia del mundo real en yuxtaposición con el arte.

En una escena, Rodrigo y la niña alimentan a un caballo con pastel y hablan de Chopin, Debussy y Katy Perry. Ese podría ser el gran resumen de la serie, además de que al final de los mejores capítulos aparezca el nombre de Roman Coppola y uno se encuentre aliviado al saber que al menos uno de los hijos de Francis Ford Coppola sí está haciendo cosas maravillosas (no soporto el cine de Sofía más allá de The virgin suicides. Es lo que hay, le pese a quien le pese).

Si tuviera que elegir una secuencia de la serie, sería esta: Rodrigo y Hailey (la oboísta interpretada por Lola Kirke)  van en taxi por el puente de Brooklyn, escuchan el ruido de la calle y componen el concierto de la ciudad; de aquí en adelante voy yo y me imagino que se topan con el semáforo, aquél que a veces da luces rojas –como cuando no te ganas una convocatoria–, amarillas –como cuando te quedas en el intermezzo de la quietud– y verdes, como cuando has logrado sobrepasar las márgenes del cuaderno de la burocracia del mundo del arte, te financian un proyecto, consigues donaciones para la filarmónica y logras conciliar el vacío por el que se pasa en el proceso creativo con las necesidades que sobrevienen de vivir en el plano de lo real en Nueva York –o en Bogotá–. Cualquier artista se habrá dado cuenta de que su obra no depende exclusivamente de lo rápido que apunte sus ideas en la bitácora o de lo prolijo que sea al realizarlas, sino que se somete también a qué tan pertinente sea para el uso que le quiera dar algún alma caritativa que quiera dejar de pagar impuestos.

Mozart in the jungle (sub)textualmente expone los problemas sobre los que pende la obra del artista al enfrentarse con la renta y la venta de tiquetes.

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Mozart in the jungle (sub)textualmente expone los problemas sobre los que pende la obra del artista al enfrentarse con la renta y la venta de tiquetes. Hay una escena esclarecedora en la que la Filarmónica visita México y un presunto Carlos Slim ve en sus donaciones a la entidad  una gran oportunidad de negocio. He aquí la gran verdad: la cultura, cuando se comporta igual que la mercancía, está casi siempre al servicio de las potencias acaudaladas: aportando prestigio, legado y supremacía. Véase también: familia Medeci, familia Santodomingo, etc.

Esta es, sin embargo, una serie que puede ser boba sin remordimientos, graciosa y que ahonda en temas profundos sin ninguna pretensión. Es una serie muy fácil de ver (devoré las tres temporadas en día y medio) y que nos acerca a ese paraje que parece tan snob y distante: la música clásica– la obsesión por Maurice Ravel puede durarle semanas–. Además, la serie nos presentan a la gente que siempre ha estado detrás de ese oboe y ese chelo como mortales más, que de pronto, al igual que usted, también están tratando de encontrar el milagro entre tanto sosiego y que resuelven crearlo a través de la música, a falta de una mano mágica que venga a crearlo por ellos.

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