Transparent, la serie original de Amazon es posiblemente la producción de televisión más relevante de la parrilla actual. Ganadora de numerosos premios, entre ellos del Globo de oro a mejor serie de televisión en 2014, creada por Jill Soloway, cuenta la historia del clan de los Pfefferman, una acomodada familia judía que vive en Los Ángeles y cuya vida se ve trastornada y reevaluada cuando el padre decide revelar su condición de transgénero y vivirla a plenitud y en libertad.

Últimamente he dejado de disculparme por algo muy inherente a mí; casi siempre voy tarde: al odontólogo, a los primeros besos de la adolescencia, a los chistes en la mesa y a las series de televisión. Con Transparent pasó que me pasmé viendo cómo una serie de una compañía que además de libros, electrodomésticos y pijamas también ofrecía productos audiovisuales (Amazon), se ganaba el premio a mejor serie en los Golden Globes de 2015. Esta vez, le adjudico mi tardanza en llegar, no al tráfico ni a la pubertad mal llevada, sino a la opción poco atractiva que representa salir de la comodidad y accesibilidad que da ver algo con el autoproclamado vencedor del reino de las series Netflix (HBO, sería la virreina más atractiva que debió haber ganado), sobre todo para quienes nos gusta echarnos en la cama y ver en la pantalla del televisor. Sin embargo, aliento a todo el mundo aprovechar e intentar el trial de siete días gratis de Amazon, que será el tiempo máximo que les tomará ver las tres temporadas de esta fascinante serie.

Transparent es la historia de cómo Maura ha tenido que matar a Mort para poder nacer.

Sobre la tardanza y los retrasados se pueden decir muchas cosas, por ejemplo que uno llega tarde porque cree que le sobra tiempo, porque uno se sabe inmortal y lamentablemente nunca es el caso, uno podría argumentar que Maura Pfefferman (Jeffrey Tambor), –la protagonista de esta serie–, ha llegado también un poco tarde. Su tardanza es trascendental, Maura ha llegado tarde a existir; a los 71 años ha reunido la entereza suficiente para contarles a su exesposa e hijos que es transexual. Transparent es la historia de cómo Maura ha tenido que matar a Mort para poder nacer, y de cómo sus hijas Ali (Gaby Hoffmann) y Sarah (Amy Landecker), su único hijo Joshua (Jay Duplass) y su exesposa Shelly (Judith Light) tienen que procesar la pérdida de ese hombre que acaba de morir o mejor, de transformarse. Uno entiende hasta cierto punto el dolor que podría causarles, hay que recordar que el que llega tarde, dentro de su ensimismamiento, muy pocas veces piensa en el tiempo que los otros han estado esperándolo.

 

Esta serie se supone es una “comedia” y la etiqueta suena irónica cuando uno ve capítulos y llora en por lo menos la mitad. Sin negar que tiene diálogos graciosísimos sobre lo poco que entiende esta familia judía sobre ser judía y lo difícil que es hablar desde un punto heterosexual y heteronormativo de la sexualidad de otro. Sin embargo, la complejidad de los temas que circulan por este universo creado por Jill Salloway, (guionista cuyo padre también se declaró transexual a una edad avanzada), van mucho más allá de una típica comedia familiar. Pone en jaque a una institución tan antigua, establecida e intocable como es la familia. Es evidente que en una familia puede haber mucho amor, y en los Pfefferman escurre, pero no hay que olvidar que ante todo existe una jerarquía de poderes. La familia tiene ciertas dinámicas de deificación de los padres y subordinación de los hijos que en la mayoría de los casos son incuestionables. En este caso, son Maura y Shelly quienes han fundado esta familia que como todas las familias moldea el cuerpo, los patrones, las inseguridades y la personalidad de todos sus integrantes. Por eso la existencia de Maura hace que todo el engranaje se desajuste.

Transparent, serie de TV, Amazon

La lucha no puede ser tan breve, uno sabe que el viaje de todos no puede ser exclusivamente la excusa del trauma heredado.

Joshua Pfefferman es el hijo trendy a quien le cae muy bien la frase “busca redundancias y hallarás vacíos”, a quien tampoco se le ha ocurrido –al igual que a tantos de nosotros–, que los padres tienen también una historia secreta, que pueden estar enfrascados en el pasado que no han dejado ir y en la filigrana débil que es la duda interna y la falta de autoaceptación. Es por esto que el repentino desajuste que se da en su familia y la consecuente transformación de su sistema lo afectan profundamente.

La deducción evidente sería que las crisis de los hijos Pfefferman son típicas de gente burguesa y blanca que vive en Los Angeles, que Joshua sufre porque recién conoce a un hijo de cuya existencia no sabía, que Ali busca entender a su padre a través de relaciones con hombres transexuales y que Sarah se proclama lesbiana antes de instigar en sus problemas maritales. Pero no, la lucha no puede ser tan breve, uno sabe que el viaje de todos no puede ser exclusivamente la excusa del trauma heredado que se explora en la segunda temporada o los vericuetos de su cotidianidad, y que más bien el sufrimiento de cada uno está enlazado con la pena del otro. Así que como el espectador que se cree mayor de edad, dan ganas de abrazarlos y decirles que todo va a estar bien, que la vida es transitoria y circular. Al mismo tiempo, quedan las ganas de darles una cachetada que les haga razonar sobre lo increíblemente difícil que puede significar ser trans-parente con lo que se es, en una sociedad en la que la sexualidad, el género y el cuerpo parecieran ser un asunto público. En donde toca disculparse por elegir, por no querer y por llegar tarde.

Pareciera mucho, pero hay más. Todo el universo de Transparent pone sobre la mesa cómo distintas comunidades que sufren de exclusión por la norma pueden confluir y de nuevo excluirse entre ellas. Maura visita campos de travestis en donde rechazan a los transexuales y hay campamentos feministas en donde las mujeres rechazan a las transexuales y entonces uno se siente avergonzado de no saber cuál tabú propio es peor y de no haber tenido la delicadeza de entender las diferencias fundamentales que atraviesan la ideología y el carácter de cada una de estas personas. En todo caso, me parece preciso recordar que para Maura, como para muchos otros sujetos, la exclusión se engendra desde que nacen con el peso de luchar por su supervivencia; porque los demás los dejen existir.

Es inevitable entonces interponer en el diálogo otras batallas que se libran por la identidad propia que nos recuerdan la coyuntura del mundo. Está el caso que expone Gloria Anzaldúa (activista política Chicana), en Borderlands, por encontrar su lugar en medio de una frontera, la identidad de ser más de una cosa a la vez, en el caso de Anzaldúa entre no ser del todo mexicana por no haber nacido ni vivido en México y no ser norteamericana por ser Chicana. En el caso de Maura y el de todas las personas de los sectores sociales LGBT por tener que elegir entre su verdadera esencia y la normatividad social del cuerpo en que nacieron. Anzaldúa nos recuerda que:

“Yet the struggle of identities continues, the struggle of borders is a reality still […] ¿Quién está tratando de cerrar la fisura entre la India y el blanco en nuestra sangre? El chicano, sí, el chicano que anda como un ladrón en su propia casa”.

Así que aquí estamos, frente a una serie que propone la figura del transexual como el que cierra fisuras, una serie que me tuvo fascinada de principio a fin, que quise haber hecho, que merece un monumento para el editor de música, otro para el montajista, pero sobre todo uno para los guionistas (Jill Soloway, Nisha Ganatra, Andrea Arnold, Stacie Passon, Jim Frohna, Silas Howard y Marielle Heller) quienes exploran a la familia que uno esperaría estrafalaria y resulta cercana, mundana y fácil de identificar, en donde entendemos lo que significa ser un ladrón en tu propia casa. Y tal vez de eso se trate el poder de cualquier gran obra de arte; no de reflejar las crisis sociales de nuestro tiempo y emitir sentencias sobre el orden del mundo,  sino de acercarnos sutilmente a poblar otro espacio, otra consciencia y otras caras.

¿No es acaso la televisión en parte culpable de no representar y sopesar los matices y los cambios?

La utopía de que los niños en Colombia sean lectores ávidos se ha quedado corta, porque no se ha querido aceptar a tiempo que un niño pase aproximadamente ocho horas frente a una pantalla. Y entonces ¿por qué no empezamos a educar en qué ver? Si la educación empezara por ahí, podríamos tener la certeza de que ver la historia de alguien, más allá de hacernos viajar e identificarnos por medio de empatía, nos daría la oportunidad de descubrirnos a nosotros mismos atravesando el límite de nuestra vanidad –cosa que les faltaría un poco también a los Pfefferman–. Darnos cuenta de que ya estuvimos ahí, y entonces ¿por qué no empezar a mostrar historias como estas en una televisión colombiana que sigue girando en torno a “chico conoce chica”? y en donde tantos televidentes salen a marchar en pro de una familia argumentada dentro de sus propios cánones. ¿No es acaso la televisión en parte culpable de no representar y sopesar los matices y los cambios?

Con Transparent recordé que usualmente empezamos a ver una serie como quien va a un mercado de las pulgas, con un poco de plata en el bolsillo –no mucha–; la intención de un viaje corto, como quien tiene otras cosas que hacer pero sabe que no le dolerán unos minutitos y sin saber muy bien qué queremos, hasta que algo nos conquista, captura nuestra atención porque nos enseña lo que estábamos buscando, nos recuerda un paraje del pasado, una palabra ya pensada y queremos tener ese objeto por siempre. Con las series eso no se puede, por más que uno no quiera, tiene que apagar el TV y vivir la vida propia, por eso con cada capítulo que terminaba, empezaba a sentir la saudade de saber que quizá no vaya a encontrar algo que me conmueva así en mucho tiempo. Que con Maura, como con ningún otro personaje me he sentido en un sueño nítido en el que soy ella, de que perfectamente podría haber sido ella, haber nacido en ese cuerpo, con esos genitales y con la sensación profunda de que no puedo ser esto, que tengo que ser alguien más, que puedo elegir quién ser y puedo escoger cuándo gritar bien fuerte en una calle que aquí estoy.

¡HINENI!

Beginnings of a movement.

Posted by Transparent on Sunday, October 9, 2016

TRANSPARENT “Life sucks and then you die”
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THE END MAGAZINE

About The Author

DANIELA VILLAMIZAR
COLABORADORA

Estudió artes visuales –un poco en chiste y un poco enserio– porque quiso encontrar alguna cosa: un oficio, una pasión o lo que siempre estuvo ahí (aún no sabe bien qué es). Pasó, sin embargo, que empezó a ver series de televisión y desde entonces no quiso hacer otra cosa. Ahora escribe sobre ellas.

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