El venado es una pieza que pertenece a una película de cortos llamada Amazonas; está basado en una leyenda narrada por indígenas Yukunas y Tanimucas. El corto llama la atención por su frescura: en vez de acercarse a la comunidad indígena desde su conocimiento ancestral, lo hace desde el humor. Hablé con Matías Maldonado, realizador de este filme junto con su hermano Lucas, sobre la experiencia de convertir un mito amazónico en imágenes y el papel que para ello desempeñó el humor.

En el marco de la reciente versión de Bogoshorts (diciembre de 2016), fui a ver Amazonas, una película compuesta por seis cortos, dirigidos por seis directores distintos. Definitivamente me sentí interpelado: en primer lugar, porque nunca he ido al Amazonas y lo único que sé de ese lugar lo he aprendido en libros de colegio o documentales de Nat Geo, y, en segundo lugar, por la gran variedad de propuestas que tiene la película. Hay cortos de ficción, hay una suerte de  documental, hay un falso documental y, además de eso, hay un abanico de miradas ideológicas acerca de la representación del otro.

Después de haber visto un primer corto lleno de solemnidad, en el fondo de la profunda selva, y hablado completamente en una lengua indígena que desconozco, me llamó mucho la atención que la primera imagen del siguiente fuera un par de rolos enruanados fumando Marlboro y mambeando, en un paisaje  ostensiblemente montañero hablando a cámara: “fuimos al rio Mirití en el Amazonas colombiano y le preguntamos a las gentes que nos encontramos ‘cuéntenos una historia chistosa, para poder hacer una película bien divertida'”. Se trataba de la primera escena de El venado, dirigido por Matías y Lucas Maldonado.

Y sí, el corto es chistoso, pero además de ser chistoso es curioso porque no puede catalogarse fácilmente en algún genero del cine: no es un corto de ficción, aunque tiene elementos de ficción, y tampoco es un documental en un sentido estricto. Podría decirse mas bien que es un documental acerca de unas personas que están haciendo una puesta en escena de ficción.  Se asemeja tal vez a The Act of Killing, el documental de Joshua Oppenheimer, en el que su director, con el pretexto de estar grabando una película, hace que antiguos funcionarios del gobierno demuestren las diversas técnicas con las que asesinaron a miles de comunistas en Indonesia. El venado no tiene nada que ver temáticamente con The Act of Killing, lo que sí tienen en común quizás es la manera en la que se van desplegando distintos planos narrativos.

Como quedé con tantas preguntas después de ver el corto me senté a hablar con Matías Maldonado. Lo primero que entendí es que las particularidades que rodean a esta película y a este corto empezaron desde la producción: resulta que la embajada de Holanda quería hacer un producto audiovisual acerca del Amazonas; fue entonces cuando una productora llamada Leftwood hizo la propuesta de hacer una película de cortos, donde hubiera no solo una sino seis miradas distintas acerca de este lugar.

Fue así como escogieron a seis directores de renombre en el medio para hacer los cortos. Matías me contó un poco entre risas que él y su hermano Lucas cayeron ahí “de chiripa”. Cada director tenía la oportunidad de ir a un campamento en La Pedrera (municipio del Amazonas), perteneciente a una ONG llamada Gaia Amazonas. Ahí podían estar una semana para investigar, y luego volvían a Bogotá, luego podían hacer otro viaje de una semana para hacer la preproducción y volvían, y finalmente hacían un ultimo viaje de una semana para grabar el corto. Lucas y Matías decidieron quedarse un mes y medio allá para vivir con distintas comunidades, particularmente en una comunidad mixta de indígenas Yukunas y Tanimucas en el rio Mirití. “Ahí pensamos que estaría bien que no fuera únicamente eso porque nos parecía un poco facilista; la idea era ver cómo esa historia era contada por otras comunidades”.

“Una anciana, se queda sola en una maloca. Viene a visitarla un venado que la saca a bailar, ella se resiste pero él la obliga y la golpea, y así durante varios días”.

La historia a la que se refiere Matías es alrededor de la cual se hila toda la acción, la historia del venado: “es un cuento muy sencillo, es una de las primeras historias que se le enseña a un niño: resulta que hay una familia que se va y entonces deja al cuidado de la maloca a una anciana, que se queda ahí sola y viene a visitarla un venado que la saca a bailar, ella se resiste pero él la obliga y la golpea, y así durante varios días. Hasta que el yerno viene a visitarla, y la encuentra toda magullada. Ella le explica que un señor viene a visitarla todo el tiempo. El yerno colige que debe ser el venado y le dice: ‘usted baile, yo voy a estar escondido, y cuando él venga, yo lo mato’. Llega el venado, efectivamente se ponen a bailar. El yerno aparece, le da un macanazo y lo mata, y finalmente se lo comen. Es una historia que dentro de la cultura de ellos puede tener una cantidad de significados. Yo no soy un especialista como para conjeturar qué sentidos profundos tenga mas allá de lo anecdótico. Quizá por eso era mas interesante capturar todo lo que rodeaba a la puesta en escena de esa historia con la ayuda de las distintas comunidades”.

En efecto, después de una primera parte del corto, con unas entrevistas en las que distintas personas de la comunidad (desde los niños hasta los mayores) cuentan a su manera la historia del venado, sigue otra donde los realizadores, ayudados por miembros de la comunidad, intentan hacer una puesta en escena del cuento. En esas escenas lo que vemos es una suerte de making off, en el que todos hacen un poco de todo y realizan distintas funciones: diferentes miembros de la comunidad, viejos y jóvenes, hacen el papel de la abuela o son sonidistas; en otras tomas vemos a Matías corriendo con el micrófono, y en otras él está disfrazado de la abuela.

“Nosotros no llegamos con un guion cerrado, sino con una pregunta, con una inquietud sobre la risa y sobre el humor, sobre por qué se ríe uno y sobre las diferencias culturales ante la risa”.

Dos cosas hay que recalcar de esa dinámica: por un lado hay que decir que la primera semana en la que llegaron Lucas y Matías estuvo dedicada completamente a hacer talleres básicos acerca de cine y actuación, lo que da cuenta del método de investigación y realización que ellos tenían en mente. Por otro lado, un hecho que a Matías le llamó mucho la atención: “tuvimos muchas dificultades para encontrar a una mujer que quisiera participar y que representara a la abuela, esto debido a que es una cultura donde el hombre tiene unas prerrogativas y la mujer está relegada a otras cosas, y además tiene mucho menos conocimiento de la lengua castellana”.

“Nosotros no llegamos con un guion cerrado –añadió–, sino con una pregunta, con una inquietud sobre la risa y sobre el humor, sobre por qué se ríe uno y sobre las diferencias culturales ante la risa. Cómo algo puede ser divertido para algunos y para otros no. Cómo un señor gordo se cae con una cascara de plátano y con eso se ríen aquí y allá. Y en esas culturas tan lejanas, porque a pesar de estar acá al lado son lejanas, ¿de qué se reían ellos? Generalmente con los indígenas uno concibe como una cosa mística, de la gran cosmovisión, y sí, pero la gente también se ríe”.

Lucas y Matías Maldonado, realizadores de El venado.

El corto de El Venado, como ya dije, es chistoso, pero no es chistoso porque sí. Dentro de él se cocina el espinoso tema de la representación del otro. “La idea de mostrarnos en cámara –explica Matías– y de estar de alguna manera uniformados (con ropa parecida y afeitados de la misma manera), buscando el arquetipo cómico de los gemelos, tenía que ver con la idea de que para llegar a reírse con el otro hay que primero reírse de uno mismo”. Y es ahí donde se empieza a complejizar el asunto del género que mencioné al principio, porque entendemos que aunque Lucas y Matías hagan de Lucas y Matías en la película, los Lucas y Matías del corto tienen unas características especificas exageradas. Es decir, Lucas y Matías no simplemente están siendo ellos frente a las cámaras sino que están haciendo de ellos unos personajes (actuando).  “De alguna manera había que romper el hielo –continúa Matías–: un blanco allá es torpe porque está en un contexto que no es suyo, por los mosquitos, por el calor, de por sí uno ya es un poco cómico allá. La idea era enfatizar nuestra figura de blancos desadaptados”. Ahí desde ese lugar, entonces, era mucho mas fácil hacer la pregunta por la risa.

“La idea de mostrarnos en cámara y de estar de alguna manera uniformados, buscando el arquetipo cómico de los gemelos, tenía que ver con la idea de que para llegar a reírse con el otro hay que primero reírse de uno mismo”.

“Nos fuimos luego a Guasca a editar, y ahí también grabamos las escenas de los enruanados, en las que planteamos las premisas de la investigación y algunos conectores temáticos”. Ahí, al final del corto, Lucas dice: “como me dijo un indio sikuani: para poderle hablar al blanco tiene que ser con chistes, porque si el blanco no se ríe no para bolas”.  Al respecto de esta sentencia tan enigmática Matías me dijo: “Harold Bloom decía que la mitología es la religión de los otros. Con los mitos de las distintas cosmovisiones uno alcanza a percibir que hay un sentido muy profundo que uno no alcanza a entender. Como no logramos acceder al sentido profundo del cuento del venado pues de golpe sí hay algo chistoso, ahí le paro bolas. La risa cumple ese doble propósito, el de distanciar y acercar”.

Son dos las enseñanzas fundamentales que nos deja este corto: primero, que para representar al otro antes uno tiene que haberse representado a sí mismo, y, segundo, que el humor es un portador subversivo de conocimiento complejo.

Edición a cargo de Danny Arteaga Castrillón

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