Es innegable la importancia de Ghost in the Shell (Oshii, 1995), que más allá de ser una las obras cumbre en los filmes de anime, deja su influencia en el ciberpunk, la ciencia ficción y la filosofía que han sido tratados con exhaustividad. 22 años después llega la live action movie.

El cine se nutre de las adaptaciones y Vigilante del Futuro: Ghost in the Shell no es la excepción. Libros, comics, obras de teatro y mangas han dotado de inmensos nuevos mundos al séptimo arte. Arte que ha sabido devolver con su propia plasticidad el préstamo, y ha influido de vuelta a esos universos. No es ninguna revelación decir que hoy se escribe de manera cinematográfica. Y cómo no agradecer también que en el cine haya secuelas, precuelas, spin off. Sin estas adaptaciones, nos hubiésemos quedado sin El Padrino II (1974), sin Alien (1986). Solo por nombrar la literatura de ciencia ficción de  I. Asimov, P. K. Dick, Arthur C. Clark, J. G. Ballard que ha encontrado, entre otros, en Scott, Kubrick, Cronenberg maravillosos exponentes cinematográficos que ya sea manteniéndose fieles al original, o proponiendo diferentes giros, han transformado y elevado el imaginario del creador original y lo han dado a conocer al mundo.

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Pero vale recordar que el cine tiene la cualidad de además de arte, ser entretenimiento —¿acaso por ello así se llama ahora la sección de cultura en los periódicos?—. De una u otra manera sirve poner el cerebro en remojo. Ayuda cuando queremos rehacer o volver a la niñez perdida. El universo de Marvel, de DC Comics, las franquicias de Transformers, Star Wars, la esperada Wonder Woman, Maziger Z… y todo lo que venga. Y acá nos compramos muñequitos de acción, y allá pendejean con los cómics originales, y acullá aparecen los cosplay.

GHOST IN THE SHELL

El origen

Pocas veces arte y entretenimiento se presentan en la misma medida con la misma fuente. El manga original Masamune Shirow se elevó a la categoría de obra maestra y de culto cuando Ghost in the Shell de Mamoru Oshii en 1995 se proyectó. Una de esas felices excepciones. El impacto de este anime en la cultura popular va desde el ciberpunk hasta los ejércitos de seguidores; desde las escuelas de cine hasta las de filosofía. Fue obra magna de Oshii, y en su momento nos ayudó a crecer y a pensar en asuntos trascendentales que evitábamos tocar. Fue para muchos, quizá, ese amanecer de la conciencia. Sin tener que pasar por Aristóteles, Hegel, Descartes o Heidegger, empezamos a cuestionarnos por temas que esos tipos trataban: qué es el ser y en qué se sustenta, cómo son las relaciones que hay entre alma, cuerpo e inteligencia; tiempo y trascendencia. La mayor Motoko, protagonista del manga y el anime, fue la guía para adentrarnos en ese mundo filosófico. Uno que se planteaba contrario a la cartesiana relación cuerpo-mente, y que fue propuesto por allá en 1967 por Arthur Koestler en su libro Ghost in the Machine —una de las biblias del ciberpunk—.

 La maldita transformación

Dentro de los componentes de una película tenemos: el reparto, la dirección de arte, la banda sonora, la fotografía y el guion. Para llegar a salvo todos deben encajar. En Vigilante del futuro: Ghost in the Shell los actores van bien, hacen lo que deben hacer. Es de resaltar a los veteranos: Beat Takeshi y Juliette Binoche intervienen poco; pero bien lo hacen. La dirección de arte es portentosa y en cada momento la sensación de indefensión y de estar en un mundo hostil y decadente permean. La banda sonora es de corte occidental, muy diferente a la original, pero de una calidad superlativa.

 

“La primera vez que he podido trabajar en Tokio tenía 17 años. Tal vez por eso siempre siento algo familiar cuando estoy acá”. —Scarlett Johansson

 

GHOST IN THE SHELL LIVE ACTION VS ANIME

Rupert Sanders, el director, prometía aportar algo más al legado con su Vigilante del Futuro: Ghost in the Shell; sin embargo, ¡ay qué infelicidad! En el guion hecho a seis manos, por Jamie Moss, William Wheeler y Ehren Kruger, la Mayor (Scarlett Johansson) no tiene nombre, como en las versiones anteriores, y pareciera que con esa negación también se dejaron de lado todos los nutrientes del magnífico original. Haciendo aparte los fallos de consistencia y verosimilitud —la Mayor camina como Terminator—, el peor tropiezo de los guionistas, pues, es que ellos fungen acá como esa parte del tracto intestinal que termina el proceso alimenticio produciendo lo que queda para excretar. De todo el alimento espiritual e intelectual de Ghost in the Shell (1995) no queda nada. La cargas metafísica y escatológica dentro de la búsqueda de la protagonista en esta nueva versión, fueron reemplazadas por sentimentalismo y golpes bajos. Sanders nos devuelve a la estupidez de los primeros años cuando invoca al sentimiento y no a la razón como leit motiv en su entrega.

A los 22 años uno se podía permitir mirar hasta el embobamiento el culo de alguna chica o chico. Pero cuando ya hasta para ver porno se necesitan gafas, y se está más cerca de que te digan viejo verde que de despertar alguna pasión en la persona, la cosa cambia. Hay que disimular, y mucho. Usar gafas, pero no las de 3D. Y es que a eso nos trajo el director. La fotografía en el cine es tan importante como el contenido, es como dijo McLuhan: el medio que se hace mensaje. Ese continente fue acá usado apenas en la búsqueda de ángulos para que las turgencias de la protagonista resalten. Pero a hoy, cuando estamos tan cerca de ese futuro distópico propuesto en el filme, no hay que gastarse lo de la boleta y el transporte para, en el caso de sentirla, saciar la necesidad de ver las voluptuosidades de la diva cuando fotos de ella circulan por allí, y sin pagar un peso. En el intento de Sanders la ya acá muy mencionada parte del cuerpo de Scarlett no llega a salvarle. Y eso ya es mucho decir.

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Afortunadamente, este esperpento no es el fin de un legado, y ojalá a través de Vigilante del Futuro: Ghost in the Shell lleguen muchos nuevos hasta la versión original. Lo triste no es volver a ese estado de inconsciencia infantil, ya que no es malo per se, algunos se emborrachan o drogan, pero eso no significa que se nos vea bien así. Tampoco significa que sea agradable darse cuenta de que alguien nos manipule así, menos cuando muy poca gente tiene las capacidades de Alejandro Villalobos para no crecer mentalmente.

“Este es un nuevo capítulo dentro del gran legado que significa Ghost in the Shell“. —Rupert Sanders

CURIOSIDADES

  • Scarlett Johansson ayudó con carteles en algunas escenas de diálogo que Takeshi Kitano no pudo recordar.

Vigilante del Futuro: Ghost in the Shell. De la filosofía a la fruslería
Es innegable la importancia de Ghost in the Shell (Oshii, 1995), que más allá de ser una las obras cumbre en los filmes de anime, deja su influencia en el ciberpunk, la ciencia ficción y la filosofía que han sido tratados con exhaustividad. 22 años después llega la live action movie.
Calificación total 30%
PUNTOS FUERTES
  • La dirección de arte hace sentir presente ese futuro distópico.
  • La banda sonora tiene muy poco que envidiar a la de la versión original de 1995.
  • El culo de Scarlett.
PUNTOS DÉBILES
  • La fotografía en el cine es más que una de colección imágenes bonitas.
  • La desconexión total con los temas filosóficos tratados en la obra base.
  • El trato infantil que recibe el público al cambiar el razonamiento por la sensiblería.
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