Juan Andrés Arango, Director de X Quinientos, habla en entrevista con The End sobre su más reciente obra, que se estrena en Colombia el 4 de mayo, luego de un exitoso paso por varios festivales alrededor del mundo.

Puede ser extraño ver a un joven indígena de Michoacán identificarse con la cultura punk y al mismo tiempo bailar una cumbia en un bar de la Ciudad de México. Puede ser extraño ver a un afrocolombiano identificarse como un “nigger” de Los Ángeles en un bar de salsa choque en Buenaventura. Y también puede parecer extraño ver a una filipina que quiere ser chola y pandillera en Montreal. Pero en el continente americano no es tan extraño ver estas escenas llenas de mezclas y contradicciones, producto de las migraciones, el desarraigo y las apropiaciones culturales como forma de supervivencia y resistencia a un lugar desconocido.

La película X Quinientos, un largometraje del cineasta colombiano Juan Andrés Arango, es un relato que reúne el drama de tres inmigrantes en diferentes puntos del continente americano. Alex, un afrocolombiano deportado de Los Ángeles a Buenaventura; David, un indígena de Michoacán que migra a la Ciudad de México después de la muerte de su padre, y María, una filipina que llega a vivir con su abuela a Montreal tras la muerte de su madre.

Arango, de 41 años, comenzó su carrera a finales de los noventa con su primer mediometraje Eloisa y Las Nieves. Luego trabajó en producción de televisión y fue director de fotografía en varias producciones de cine en Europa. El cineasta bogotano, que ahora vive y trabaja en Canadá, lleva años investigando a la población afrocolombiana, cuyo fruto fue su ópera prima La Playa D.C. (2012).

Su última película, X Quinientos, una coproducción entre México, Canadá y Colombia, se estrenó en el Festival de Toronto y pasó por el Festival de San Sebastián, donde se llevó el premio a la mejor película mexicana en la sección México Primero. En vísperas de la première del largometraje en Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI), hablamos con Juan Andrés sobre su última producción que se estrena en Colombia el 4 de mayo en las diferentes salas del país.

  • La película X Quinientos está filmada en tres ciudades distintas del continente americano. ¿Por qué escogió particularmente estas tres locaciones?

Por dos razones. Una es que X Quinientos es una película sobre cómo nuestra identidad se transforma cuando estamos en contacto con otras identidades que nos vienen desde afuera. Ser afroamericano es distinto para un joven en Los Ángeles que para un joven en Buenaventura.  Ser punk es distinto para un joven en Londres o un chico en Ciudad de México. Ser cholo en Montreal es distinto para un joven filipino que para un joven de la capital mexicana. Entonces estaba buscando tres espacios donde estén pasando transformaciones culturales muy fuertes. Estas tres ciudades – Buenaventura, Montreal y Ciudad de México – son caldos de cultivo de híbridos culturales por diferentes razones.

Buenaventura es un puerto donde están llegando todos estos mitos sobre el norte y sobre la vida en Estados Unidos, donde los jóvenes se identifican más con los afroamericanos que viven en Los Ángeles o Nueva York que con la gente que vive en Bogotá, pero están readaptando esos mitos a su realidad y transformándolos para apropiárselos. Además, Buenaventura es una ciudad que descubrí con los actores de La playa D.C. con los cuales estuve trabajando mucho tiempo en la preparación de esa película; por eso me interesé en contar X Quinientos a través de las historias que ellos me contaron.

“Mi intención con esta película es explorar cómo una misma vivencia humana se transforma en contextos totalmente diferentes”.

Ciudad de México es una ciudad que es como un imán poderosísimo en la mitad de ese país tan complejo, que atrae a todas las comunidades indígenas que tienen que reinventarse y transformarse en el contexto de la urbe. Montreal, por su lado, está hecha de culturas que tienen que adaptarse unas a otras, lo cual crea fricciones constantes.

Otra razón por la cual elegí estos escenarios es porque son tres ciudades en las que he vivido como inmigrante.

  • ¿Por qué contar estas tres historias desde la mirada de un joven inmigrante?

Yo me fui de Colombia a los 16 años a estudiar a Canadá. Estuve entre los 16 y los 18 fuera del país, lo que me cambió radicalmente. El ser adolescente, un momento en el cual uno está cambiando, y el ser inmigrante al mismo tiempo son dos procesos de transformación que se potencian cuando están juntos, que hacen que dicha transformación sea exponencial y muy radical en el hombre. Esto va muy acorde con mi interés de hablar del cambio en el ser humano y en los espacios.

  • Los desplazamientos humanos son un fenómeno mundial que está pasando en varios continentes, ¿por qué hablar de los inmigrante desde el continente americano? 

El americano es un continente que se está reinventando todo el tiempo, donde la gran variedad de gente se está mezclando de manera constante y que no se está resistiendo tan fuertemente a ese proceso como lo está haciendo Europa, por ejemplo. También viene de esa cercanía mía con América, de haber vivido en el sur, en el centro y en el norte. Pero yo creo que estas historias son universales, son procesos que están pasando en muchísimas ciudades en diferentes puntos del planeta.

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  • Uno de los personajes de estas tres historias es un inmigrante en su propio país: David, un indígena de Michoacán, que lo rechazan en la Ciudad de México, pero encuentra un lugar en la cultura punk. Háblenos de ese fenómeno que se vive en el interior de la capital mexicana

Hay un fenómeno muy fuerte de transformación cultural en la región. Yo siento que las grandes ciudades en Latinoamérica son espacios con un magnetismo muy férreo hacia las regiones, lo que implica una adaptación y una transformación muy grande de la gente de las regiones que llegan a ellas. La identidad indígena, por ejemplo, que es muy cuestionada en un contexto urbano como la Ciudad de México, tiene necesariamente que cambiar.

David tiene al principio la opción más obvia de cambiar para ser cholo y transformarse en esa identidad urbana que domina en el barrio en el que vive y de la cual hace parte su primo. Pero poco a poco se da cuenta de que él mismo niega la esencia de su identidad, porque quienes lo rodean le prohíben su lengua y su tradición indígena y porque además se encuentra en una sociedad tremendamente homofóbica.

La identidad de grupos punk es muy específica. Dentro de esa comunidad, además de los jóvenes de las clases altas, hay chicos punk indígenas. Ellos tienen una carga muy fuerte de la imagen de ese movimiento, pero son al mismo tiempo muy intuitivos en su propia identidad; se reúnen todos los domingos para rumbear pero, en esos espacios, aún siendo punk, lo que van a bailar es la cumbia que bailaban en sus pueblos y hablan en lengua indígena. Además son más inclusivos de las diversas identidades sexuales. Por eso se identifica más con la cultura punk que con la chola.

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  • ¿Por qué centrarse en tres historias y no hablar de solo una; por ejemplo, la historia de Buenaventura?

Mi intención con esta película es explorar cómo una misma vivencia humana se transforma en contextos totalmente diferentes. X Quinientos está conformada por tres personajes que parten del duelo de la pérdida de alguien cercano y de la humillación para escapar a ese duelo. Pero a medida que los personajes van interactuando con las ciudades donde viven –que tienen características radicalmente distintas–  se van transformando, y esa vivencia humana va tomando matices distintos. Lo que quise crear fue un diálogo entre esas tres diferentes versiones de lo que supone transformarse para sobrellevar el duelo en un contexto urbano.

  • ¿Cómo fue ese acercamiento para contar y filmar la historia que pasa en Buenaventura?

Fue un proceso muy largo. Yo estuve a lo largo de más de un año yendo regularmente a Buenaventura. Al principio solo hablaba con la gente, observaba, entraba y exploraba poco a poco los diferentes barrios de la ciudad donde se presenta esta problemática del conflicto entre las bandas. Poco a poco fui encontrando el espacio del Lleras, que es un barrio muy fuerte en Buenaventura con una gente increíble que me fue abriendo sus puertas y contándome sus historias. De esos relatos y la observación de los espacios fue naciendo la historia de Buenaventura.

En la película yo quiero hacerle justicia a lo que sucede ahora en Buenaventura, mostrando la brutalidad de la violencia que tiene lugar allá, pero al mismo tiempo la vitalidad de su cultura y la fuerza de la gente que poco a poco se está organizando y se está oponiendo a esa violencia. Por ejemplo, el territorio de paz que crea la tía Teresa con otras mujeres es un reflejo de lo que está pasando en Buenaventura;  las mujeres, los viejos y los niños se están organizando y, de la manera más valiente,  están creando territorios neutros donde no pueden entrar los grupos armados.

“A mí me interesa tener una cámara muy cercana a los protagonistas, que reacciona a la manera como ellos se están sintiendo en los diferentes momentos de la historia”.

  • En X Quinientos la cámara siempre está inmersa en el contexto del personaje, pero al mismo tiempo sigue su drama de una forma muy íntima, ¿desde dónde narra?

Yo narro en primera persona. Mis películas se cuentan a través de los ojos y la experiencia de los personajes. La idea es mostrar estos contextos, estas tres ciudades, del modo como los personajes las viven. Yo no hablo por ejemplo del Montreal que la mayoría de los habitantes de esta ciudad ve, sino el Montreal específico de la joven filipina que llega allí. Lo mismo con Buenaventura y Ciudad de México.

A mí me interesa tener una cámara muy cercana a los protagonistas, que reacciona a la manera como ellos se están sintiendo en los diferentes momentos de la historia. Es por eso que es una cámara que a veces es meditativa y estática y que por momentos se vuelve también agitada para mostrar lo que ellos están viviendo. Es como si fuera un álter ego, como un ángel guardián que estuviera siempre orbitando alrededor de estos personajes y que nos estuviera revelando estos espacios a través de los ojos de los protagonistas.

  •  Filmar en tres países diferentes con idiomas distintos (español, francés, inglés, tagalog y mazahua) debió ser un reto enorme. ¿Cuáles fueron las dificultades de filmar esta película?

Fue un reto súper grande. Fue como hacer tres películas diferentes en vez de una sola, porque en cada contexto tenía que llegar, investigar y hacer la búsqueda de locaciones, que fue muy larga y específica en cada lugar. Hacer el casting con actores no profesionales en los barrios y preparar los actores también tomó tiempo, porque yo  destino varias semanas a ese proceso y después ruedo las películas. Era como reiniciar la labor tres veces y adaptarme a tres maneras de trabajar distintas, pues la película fue rodada con equipos locales, a excepción del director de fotografía, el primer asistente de cámara y yo. Todo el resto del equipo venía de los países en los que estábamos rodando. Entonces sí fue un reto, porque son maneras de trabajar distintas, ritmos y energías diferentes, pero al mismo tiempo fue muy enriquecedor y estimulante; aprendí muchísimo acoplándome a la manera de trabajar con esos tres equipos.

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  • X Quinientos ha viajado a muchos festivales, estuvo en el festival de Palm Springs, el de Róterdam, en Toronto y en el de Los Cabos en México ¿Cómo ha sido la reacción de ese público tan diverso?

He tenido la posibilidad de compartir X Quinientos con públicos radicalmente distintos, desde Varsovia hasta México; es muy interesante tener contacto con la gente y ver lo que ellos sienten de la película.

El filme se conecta con el público, lo toca de maneras distintas, lo cual me alegra muchísimo, porque es para lo que uno trabaja como director. En San Sebastián, por ejemplo, la proyectamos ante un público muy joven, con muchos adolescentes, y la reacción fue muy emotiva. Mientras que en Palm Springs la proyectamos a un público de gente muchísimo mayor. Es un festival donde hay muchos jubilados de Hollywood, que tienen casas allá y que van a ver las películas del festival todos los años. La reacción fue entonces de mucho más análisis, como tratando de entender cuáles eran las dinámicas sociales y cuáles las dinámicas psicológicas que estaban teniendo lugar en la historia. Se conectaron con la película a través del pensamiento más que a través de la emoción, y eso es súper interesante como realizador.

Ahora viene el estreno en Colombia. Es una etapa muy importante para mí, porque la película es colombiana y la hice en gran parte para un público colombiano. Espero que se conecte con la gente del país.

  • Por último, en algún momento pensó hacer esta película para llegar a un público internacional, un público más allá de lo local. ¿Con X500 hubo intención de trazar fronteras?

Yo hago películas desde mi experiencia personal, que es una experiencia conectada con los espacios en los que he vivido. Con ellas trato de tocar partes del ser humano que son universales. A través de ellas espero hablarle tanto a un espectador en Buenaventura como a uno en Shanghái, obviamente cada uno sintiéndolas de manera diferente. Tanto La Playa D.C. como X Quinientos son filmes con un carácter local, pero al mismo tiempo tienen temáticas universales que pueden llegarles a públicos distintos.

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Edición a cargo de Danny Arteaga Castrillón

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ANA LUISA GONZÁLEZ

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