En entrevista con The End, Vladimir Durán, Director de Adiós entusiasmo, habla sobre la realización de este filme, una historia de una familia disfuncional y la extraña relación entre sus miembros. Esta coproducción colombo-argentina se caracteriza por un sobresaliente trabajo actoral durante su realización. 

“Crecí en un set y viendo cine”, me dijo Durán cuando le pregunté por la influencia de su familia en la producción de sus películas. Hijo de dos cineastas, Ciro Durán y Joyce Ventura, quienes lo llevaron a su “pasión-obsesión” por el cine. Durán es antropólogo, cineasta y dramaturgo y tiene una fascinación por los procesos actorales que suceden en un set. Por esto no es gratuito que el director también actúe en esta película como uno de los que presencia las complejas relaciones de una familia.

Adiós entusiasmo cuenta la vida de cuatro hijos, Axel, Alicia, Antonia y Alejandra, y una madre opresiva que da órdenes desde un cuarto donde permanece encerrada por voluntad de sus hijos o quizá por su propia decisión. Cada uno de los personajes vive las presiones internas de esta lógica familiar; y a través de la mirada de Axel vemos la fascinación por el universo femenino y a su vez una repulsión por la disfuncionalidad en un hogar.

El largometraje, con un formato panorámico, secuencias que se diluyen en imágenes de archivo familiar y revelaciones de los personajes a través de los diálogos, nos llevan a una conexión con el actor y sus cargas psicológicas. Durán muestra una mirada a las oscuras lógicas familiares, a los conflictos psicológicos de los personajes y a las diversas formas de escapar de los dramas en el interior de una casa.

El filme se llevó el premio a mejor película en la competencia de Ficción de Cine Colombiano, a mejor director en la Competencia Internacional de Ficción en el Festival Internacional de Cine Cartagena (FICCI) y a mejor largometraje en la competencia de Vanguardia y Género del Bafici 2017.

  • ¿Qué tal estuvo el estreno de Adiós entusiasmo?

Fue una linda experiencia. La verdad es que da mucho vértigo estrenar una película. Uno hace lo que puede con sus ideas y con sus impulsos creativos y después el resultado no depende de uno. Finalmente es una incógnita cómo lo va a tomar el público. Y ha sido lindo ir descubriendo que el filme sí se conecta con cierta gente, con las personas que se me acercan para hablar sobre él.

Estuve en Berlín, que es un público muy ajeno, y luego en Colombia. Si bien la película es mayoritariamente Argentina, y con actores argentinos, hay algo mucho más propio. Ha sido muy lindo haber tenido la première iberoamericana en mi país.

Adiós entusiasmo

  • Hemos visto mucho cine colombiano donde el énfasis está puesto en las escenas contemplativas más que en el trabajo con el actor. ¿Háblenos de esa mirada teatral que está plasmada en esta película?

No sé si la intención sea teatral. Se trata más bien de trabajar con el actor, que esté en juego y al mismo tiempo ser contemplativo con él; dejar que esté ahí [en escena] y avance con el diálogo y con la situación de cada escena. Cuando el avance del actor no es muy fructífero, se va al guion, y cuando sí lo es, se ve qué está sucediendo. Ese es el tipo de cine que a mí me interesa, en el que se ponga el foco en el actor; tal vez de ahí viene lo teatral. Me gusta contemplar a un actor jugando, que esté en un estado lúdico y de diversión. Más allá de que se trate de un tema denso o no, para mí el actor se tiene que estar divirtiendo.

  • ¿Usted se distancia del tipo de cine colombiano que casi no tiene diálogos y donde se trabaja casi siempre con actores naturales?

No lo hago con una intención de dialogar con el cine colombiano o de ir en contra de lo que esté sucediendo. Para mí el diálogo es algo más del paisaje. La ausencia del diálogo le da espacio a otras cosas que también dialogan con el espectador. El diálogo me interesa a mí en cuanto a la verborragia de una familia, pero no porque le dé importancia al diálogo como tal. Esta familia es muy cacofónica, hay una ansiedad interna y se habla mucho. Partiendo por la madre, que es una voz omnisciente que nunca se calla.

“Desde lo personal, cuando dirijo, me interesa poner el foco en el actor y en la investigación actoral, y ser parte de ese proceso”. 

  • Hablando de la madre, ¿qué intención tenía con la presencia de la voz de una madre que no vemos pero que sí escuchamos todo el tiempo?

Lo que me interesaba era ver cómo un personaje, que está fuera de campo, se convierte en una voz que puede estar ahí o puede ser algo metafórico, como la madre de Historias de Nueva York (New York Stories, 1989), de Woody Allen, que de repente aparece en el cielo y todo el mundo escucha lo que dice. Pero en este caso está abierta la posibilidad de que la madre sí está encerrada por alguna razón y en cuya decisión ella misma participó. Pero también buscaba ver cómo esa voz y ansiedad materna permea la vida de esas mujeres y cómo todo ese universo femenino penetra en la mirada de un niño que crece ahí. Mi intensión era evidenciar una lógica “corrida” y la disfuncionalidad de una familia.

  • Usted actúa como Bruno, uno de los personajes, que es testigo de las tensiones internas de esta familia. ¿Cuéntenos un poco sobre la presencia del director en la película?

Desde lo personal, cuando dirijo, me interesa poner el foco en el actor y en la investigación actoral, y ser parte de ese proceso. De hecho, llevo muchos años estudiando actuación y dirección de actores bajo un mismo método actoral. Muchas de las actrices que están en mi película vienen de esa misma formación, que es de una investigación en escena con el presente. En esa investigación como director, también me interesa participar como actor, porque al director le fluyen más las ideas y como actor es mucho más inmediato sentir las emociones por el hecho de estar ahí. Seguir actuando es algo que me llena mucho.

Y en cuanto al personaje de Bruno, él es un outsider, totalmente invasivo, un tipo que habla diferente, que quiere pertenecer a esa casa. Y creo que quiere estar en ese lugar más allá de su deseo hacia la hermana mayor (Antonia). También es un personaje que pone en evidencia la disfuncionalidad de ese hogar, pero nadie lo saca de la casa, sino que terminan dejándolo ahí porque a nadie le interesa. Es como si una familia pusiera una piedra en la mitad de la sala, pero está tan afectada que nadie se hace cargo de sacarla.

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  • En la película hay muchas tensiones psicológicas, pero también hay formas de escape, como el teatro y la música. ¿Cómo se llega a construir un drama psicológico y al mismo tiempo brindarles salidas a los personajes?

A mí me interesa mucho que toda la parte oscura y de drama no esté en primer plano. Me parece que uno en la vida, primero vive. Nadie se la pasa nombrando su drama, sino que está viviendo. Uno descubre el drama de la gente por intuición o, como decía Hemingway, uno percibe la parte de arriba del iceberg y se imagina el resto.

Para mí era muy importante que los actores estuviesen en actividades lúdicas y que los personajes vivieran cotidianamente. La familia de la película es culta, entonces toca música, sobre todo el niño (Axel), en quien yo considero está más puesta mi mirada y quien genera sus propios escapes: coleccionar mapas, ver documentales del universo y hacer esculturas. Esto es un elemento que ayuda a los personajes a fantasear con algo muy lejano. Para mí era muy importante atravesar la película con la cotidianidad, el humor y las risas. Uno cuando está mal también se ríe.

“Uno descubre el drama de la gente por intuición o, como decía Hemingway, uno percibe la parte de arriba del iceberg y se imagina el resto”.

  • ¿Cómo construyeron esas tensiones familiares y la narrativa de la historia alrededor de la casa y la madre?

Fuimos partiendo de la base de cómo se relacionan los integrantes de la familia. Me parecía interesante que el espacio organizara la narrativa de la película y establecer luego la relación entre la madre y el niño, y después ir viendo cómo las hermanas van sumándose, a modo de satélites.

Hay algo circular en la película, el motivo de los círculos está siempre presente. De hecho, empieza con las hermanas afuera y ellas van llegando a ese núcleo, que es la casa. También me interesaba ir explorando poco a poco cada universo de los personajes: la hermana del medio (Alejandra), por ejemplo, que sale con un hombre mucho mayor que ella, o la hermana que alquila películas y es muy invasiva con el hermano, y cómo se relacionan entre ellos para luego terminar en una explosión cuando llega todo el mundo del exterior.

  • ¿Qué tanto de autobiográfico tiene esta película?

Cero. De hecho, coescribí el guion con Sacha Amaral, un guionista brasileño; los dos incorporamos elementos del universo familiar. Ambos venimos de familias numerosas, entonces nos nutrimos de la experiencia de crecer en un hogar y del impulso de la necesidad de contar eso. Sin embargo, la familia que aparece en la película es más disfuncional que cualquiera de las nuestras.

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  • Háblenos de la coescritura del guion con Sacha Amaral

Compartí un taller literario con Sacha Amaral y él llevó un material donde ya estaba la idea de la voz de una madre encerrada, una voz omnisciente y fuera de campo. A mí me interesó mucho, y Amaral me propuso dirigir un corto. Yo le dije que no, porque yo estaba realizando una película; pero al tiempo me quedé pensando que este proyecto podría ser un largometraje y que era muy factible hacerlo en poco tiempo. Se lo propuse a Sasha y trabajamos durante un año en ese filme.

  • Usted es hijo de padres cineastas, Ciro Durán y su madre Joyce Ventura, que fue la productora de esta película. ¿Cómo ha influenciado la familia para producir cine?

En mi formación personal, ser hijo de padres cineastas ha sido fundamental. Mi padre y mi madre trabajaron siempre juntos y tienen una filmografía de las más extensas del país. Crecí en un set y viendo películas. El cine siempre fue para mí como una pasión-obsesión; además, siempre he querido hacer cine.

En cuanto a la ayuda, fue algo más práctico. Mi hermano tiene una productora que está abriendo todo un frente de cine; él me ayudó a hacer todas las aplicaciones del Fondo Desarrollo Cinematográfico, también mi madre, con la experiencia que tiene.

Adiós entusiasmo

Edición a cargo de Danny Arteaga Castrillón

THE END MAGAZINE