Amour, una muestra del conmovedor estilo cinematográfico de Michael Haneke que nos aproxima al abismo entre el amor y la muerte. Una Palma de Oro y Premio Óscar que filmada con gran sencillez explora momentos desgarradores enfrentándonos a las más fuertes emociones.

Nos adentramos en el universo de Amour, 2012, las puertas de un apartamento parisino se abren violentamente, un olor repulsivo emerge en el ambiente hermético. El aire entra impulsado por la necesidad de escudriñar entre los rincones qué es aquello que se esconde, y allí rodeado de flores blancas está ella, la madre, la confidente, la esposa, la gran maestra de música. Cerramos los ojos y sujetos a una cuerda vamos desenvolviendo el lazo que Michael Haneke (1942) nos ha entregado en las manos.

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Este director austriaco conocido por películas como Funny Games (1997), La pianista (2001), y la cinta blanca (2009) y premio príncipe de Asturias de las artes en el 2013 se ha convertido en uno de los más importantes de la historia del cine. Reconocido por su estilo que impulsa al espectador a excavar en la realidad obligándolo a revelar todo tipo de emociones y secretos.

¿Hacia dónde nos lleva ese lazo?, ¿qué tan lejos llegaremos? Inmersos en nuestra guarida seguiremos de cerca a Georges (Jean-Louis Trintignant) y Anne (Emmanuelle Riva) dos ancianos que desde el primer momento nos invitan con su sencillez a construir con ellos el camino del amor.

Amour

Emmanuelle Riva y Jean-Louis Trintignant

 

En la oscuridad de los escenarios, alumbrados tan solo por la luz proveniente del exterior sentimos al Paris de la música, de la pintura, y de la literatura. Amour nos sitúa en la última trayectoria de la vida de estos músicos retirados que se enfrentan a la enfermedad, al dolor de ver desaparecer la vida por entre los poros; como el agua que recorre por diferentes lugares hasta llegar al gran y expansivo océano. Tras una intervención quirúrgica Anne queda hemipléjica y se ve obligada a estar en una silla de ruedas viendo reducidas sus funciones.

—No hay ninguna razón para seguir viviendo. Ya sé que sólo puedo empeorar. ¿Por qué esto debe afligirnos? A ti y a mí.

—Anne

 —Pero tú no me afliges para nada —Georges

De la mano de su esposo empezará su nueva etapa, con la dificultad de la convivencia y con la esperanza de la superación. Los recuerdos embalsamados en el tiempo gracias a la fotografía nos ayudan a transformar el ambiente abstrayéndonos de esa cruda cotidianidad que nos lleva por entre los corredores hacia la cocina, el estudio y la habitación.

 

Sentados en una poltrona, de espaldas a un piano oímos las tonalidades de los diferentes personajes que pasan por allí. La voz de una hija devastada por la situación de sus padres, afligida por la impotencia. El asombro y tristeza de un alumno que desde la cima de su carrera musical ve como su maestra va perdiendo la batalla. Acompañados de una taza de té los protagonistas nos invitan a escuchar su realidad, a sentirla, a odiarla, a llevarla hasta los últimos límites del llanto, del grito para experimentar la eclosión de la vida que se desborona ante nuestros ojos.

El gran logro de Haneke con Amour es que trasmite lo doloroso con una delicadeza-cruda, sí así de contradictorio, como la vida misma volvemos a las páginas donde el entorno nos enfrenta al espejo, donde los sueños se evaporan y solo nos queda de ellos la estala latente de la angustia, una estela que se pregunta ¿Quiénes somos? y ¿Qué ocurre? Allí frente a la pantalla está nuestro inconsciente tratando de soltar el lazo de la soledad, del sufrimiento reprimido, de la admiración de los ojos ajenos. Haneke con su sobriedad, acompañado del piano interpretado por el artista francés Alexandre Tharaud (1968) nos ofrece un escenario psíquico donde los planos inmóviles, y pasivos nos empujan a la intimidad, a la sencillez del alma que se convierte en el lenguaje habitual cuando las palabras se han ido.

En silencio contemplamos la imagen poética en la que el amor ha convertido al tiempo. Tras su paso, lejos de la compasión avanza arrastrando los pies sabiendo que atrás queda la vacuidad de la vida, con el sabor de los instantes infinitesimales que nos llevan a la eternidad. El sonido de un piano nos acompaña de forma transparente y por entre la luz de los ojos se pulveriza sanando los vínculos entre el tiempo y la vida.

Duele… duele… duele…

“Lo que hacemos por otra persona es más importante que lo que sentimos por ella”

—MICHAEL HANEKE

¿Dónde nos duele el amor?, hasta allí nos ha llevado este magnífico director, el final del lazo contiene la respuesta. Cuando nos duele la vida, cuando nos duele la realidad el amor tiene la capacidad de amortiguar el dolor, porque al final vivir es solo eso; soltar la vida cuando se llega a su fin. Amour ganadora del Premio Óscar a Mejor Película Extranjera en el 2013, Palma de Oro en el Festival de Cannes y Globo de Oro a Mejor Película en Lengua no Inglesa, es uno de los mejores tributos que ha hecho Haneke al séptimo arte.

Amour

Palma de Oro

 

Amour

Festival de Cannes 2013

Comprender el amor es quizás de las tareas más difíciles a las que se enfrenta el ser humano. Quizá porque no tiene definición, porque no valen las leyes o las ideologías, simplemente porque la vida que se alimenta del corazón es un rompecabezas de nunca acabar y ahí radica la magia, allí está la anagnórisis que Amour explora y que frente a la pantalla en negro nos hace hacer eterno lo pasajero.

 

 

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