En 2015 vimos a un gran Todd Haynes en la Croisette con Cate Blanchett y Rooney Mara. El director californiano regresa este 2017, bajo la producción de Amazon Studios, con una bellísima historia basada en el libro del mismo nombre de Brian SELZNICK —quien para este proyecto desarrolló el guion— en la que se habla de una búsqueda que hacen tanto una niña sorda en 1927, como un niño, que tras un accidente sufre de la misma condición, en 1977, y cuyas vidas a pesar de las diferencias temporales tienen en común el Museo Nacional de Historia Natural de Nueva York.

Y el señor Haynnes (Carol, 2015) la vuelve a hacer. Monta una película de dos épocas y se apoya en una tremenda ambientación, con una deliciosa banda sonora —con Major Thom a bordo— y curada por Carter BURWELL, en la que además juega con los colores de la mano de su director de fotografía Ed LACHMAN A.S.C., ya sea sintiéndonos en la Nueva York de Travis —el adorado taxista setentero de Scorsese— o en la de hace noventa años atrás, cuando apenas comenzaban a verse carros por las calles de Manhattan. Por supuesto que no solo se queda en  trucos de utilería. El guion es supremamente sólido, aunque muchos le puedan echar en cara sus momento de hacerse evidente y sobreexplicativo; pues no es justo quejarse de que una película no sea lo que uno pretende. Este film está hecho para ser visionado en familia, y los niños lo disfrutarán como los adultos. En ello está parte de la maestría del realizador estadounidense.

Otra parte de dicha solvencia recae en la manera en la que el film explota el material de sus protagonistas. En este caso particular, los grandes nombres apenas andan para el cartel, y no porque Julianne MOORE (Lillian Mayhew / Rose) o Michelle WILLIAMS (Elaine, la madre de Ben) lo hagan mal, sino porque los que llevan la batuta con sobriedad y suficiencia son Oakes FEGLEY, el niño Ben en 1977, y Millicent SIMMONDS, la niña en 1927. Me repito, qué bien lo hacen, qué emociones levantan —sin sensiblerías—, qué creíbles son. Y no creo que sea fácil encontrar esos histrionismos en los más jóvenes. Contrario a lo que le pasó a Desplechin ayer, la edición de esta “cinta” es elocuente en sí misma, no está con juegos por cuanto nunca nos perdemos dentro de la narración y siempre estamos buscando saber más de los motivos que persiguen los personajes.

Cannes 70 día 2

Escena de Wonderstruck

Tales motivos llevan a estos personajes infantiles emprender una aventura que se antoja imposible para alguien de tan pocos años para llegar hasta donde la búsqueda de un ser querido se podría realizar: el Museo Nacional de Historia Natural en el West Side de Manhattan. En ese lugar, veremos a ambos niños a través de planos cercanos, que desvelan los momentos del nacimiento de una amistad y cómo encontrarán una mano más para conseguir lo anhelado. Otra capa dentro del filme nos muestra cómo se dan esas especiales relaciones con ciertas cosas y cómo ellas van evolucionando, aunque muchas veces el nombre que usemos sea de tiempos pasados, como filme, cinta o fotografía, pero que en cada época nos siguen ayudando a generar cohesión, memoria e identidad colectiva. Esas texturas, colores,  figuras, y de alguna manera nos da a entender Haynes.

Solo le veo un pero: es una obra muy explícita. Esto no quiere decir que no deba o pueda haber cine así. Es más bien un reclamo al festival, pues no es el tipo de filmes que uno espera ver en estas salas, sino narraciones que dejan dando vueltas la cabeza para encontrarles las pistas y entenderlas.

Cannes 70 día 2

Julianne Moore en Wonderstruck

Todd Haynes y Amazon Studios llegan sin querer a decirle a Cannes que sí, que tienen razón en lo que respecta a valorar la tradición, porque no estaríamos en donde estamos si todo lo del pasado se deshecha en las primeras de cambio por las innovaciones que van llegando. No obstante, y esto es sin premeditación, también le dicen que llega un momento en que la resistencia es inútil, como cuando la niña Rose sale del teatro de ver una película muda y ya hay una pancarta anunciando el cierre momentáneo de la sala debido a que se trabaja en la instalación de un sistema de sonido. La pelea contra estos nuevos jugadores está perdida. Que se pretenda que un filme estrenado en salas solo pueda verse en esta nueva forma de televisión en tres años no tiene ningún sentido.

Hoy en Cannes no hay un gran major: no vino Fox, no vino Sony, no vino MGM, ni Paramount. Valdría la pena que Sorrentino le recordara a la organización las palabras del gran Jep GambardellaTony Servillo, en La gran belleza—: “Tener el poder no de ser el alma de la fiesta, sino el de echar a perder la fiesta”.

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