La llegada al Palais fue a las 7.45 am, quince minutos antes del día anterior, por una combinación de nervio y morbo. El nervio debido al control de seguridad, tipo aeropuerto gringo, al que habíamos sido sometidos el día 2, me hizo pensar que llegar a las 8.00 no fuese suficiente, y el morbo por ver la nueva película del director surcoreano BONG Joon Ho (Snowpiercer, 2013). Un día en el que era imposible equivocarse. Era el día de proyección en Cannes 70 de la primera de dos películas del nuevo chico de la cuadra. Netflix llegaba por primera vez como el nuevo jugador importante y había desatado polémica. La que creció cuando la organización del certamen sacó de la manga una nueva reglamentación que de no llegar con estas nuevas productoras —cuyo negocio se basa en el streaming y no en la habitual distribución en salas que no les permite transmitirlas sino hasta después de tres años— a algún acuerdo no les dejará volver a participar en un certamen de esta clase.

Contrario a lo que me había imaginado, la entrada fue sencilla y me tocó un puesto central muy decente en el gran teatro Lumière. En las cómodas butacas estaban conmigo unos 1.500 periodistas de todo el mundo. Las luces se apagaron y apareció el video con las escaleras y los nombres de grandes que han sido proyectados en esta sala. El numero 70 en dorado, y los abucheos al leerse Netflix se combinaron con algunos tímidos, como yo, que aplaudimos. Y suena la música, y vemos a Tilda Swinton, y su cara está trozada, vemos la la mitad y la otra mitad está cubierta por la cortina, que no ha terminado de subir. Algunos pensaron que era un detallito coqueto de Cannes contra Netflix. Yo creo que apenas fue el factor humano que mete mano cuando menos debe hacerlo. Y todo porque el que más pierde acá es argumento de que el cine se debe ver en salas en cuanto estos errores no pasarían en una casa, puede que haya otros, pero este de la cortinita no. Ahora los abucheos fueron para Cannes, nos pusimos de pie, aplaudimos, silbamos, hasta que por fin varios hombres que corrieron escaleras arriba y abajo, con sonrisas culpables, hasta que la dichosa tela descubrió por completo la pantalla.

Treinta minutos tarde la película volvía a comenzar y conocíamos a Lucy Mirando, el personaje que le ha dado el director BONG a Tilda SWINTON para que nos dé una clase de histrionismo. Ella nos introduce dentro de la corporación Mirando, un gigante de la química y la alimentación. Uno de los animales fabricados genéticamente por este gigante neoyorkino para ser comida para consumo humano y de eco-amigable producción es cuidado por Mija, Seo Hyun AHN, en las montañas surcoreanas. Hace diez años atrás, Okja, este super cerdo, fue llevado hasta allí en medio de un reality show en el que competía con sus congéneres para encontrar el mejor de todos. El choque se lleva a la mesa cuando la compañía envía al Dr. Johnny Wilcox, un gracioso Jake GYLLENHAAL, y declara a nuestro Okja ganador y debe ir a Nueva York. La cosa se va a un nivel más arriba cuando Jay, Paul DANO, que se ha venido haciendo un seguro de calidad, y sus amigos animalistas intentan dañar el plan de Lucy.

El realizador surcoreano tiene un guion de Jon RONSON que va en forma de comedia en el lado occidental y de película infantil, en el oriental, durante las primeras de cambio, para luego hacerse película de acción y drama, hasta volver a convertirse en comedia con un mensaje directo y claro, tanto al corporativismo como al consumo bestial de los que se lo pueden permitir. En las montañas de Corea vemos cómo los campesinos consumen de lo que encuentran a su alrededor apenas lo necesario para vivir bien alimentados. En tanto en Nueva York vemos cafés, filetes, aguas, vinos, telas, flores y demás productos importados de todas partes del mundo para saciar el exigente gusto de este modelo de sociedad mundial. Este contraste entre Occidente y el ideal Oriente campesino se da también en la paleta de colores escogidos por Darius KHONDJI: los de la gran manzana son exagerados, como los vestidos y gesticulación de Lucy y el Dr. Wilcox, y mucho más naturales en Surcorea, como las maneras de Mija y su abuelo. Un filme familiar, divertido y disiente, que seguramente no se llevará la Palm d’Or, por dos cosas: no se premian comedias y menos si son de Netflix.

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Cannes 70 día 3

OKJA, Cannes 70 día 3

Y mientras hacía la fila para ver Lerd (Un hombre íntegro) de Mohammad RASOULOF —el director iraní ganador del Fipresci de Cannes 2013 con Manuscritos no Quemados—, lo único que se comentaba en ella era la falla horrorosa de la mañana el el Gran Teatro Lumiere y las consecuencias que ese atraso de treinta minuto hubo de provocar. La entrada al Teatro Debussy, en el ala derecha del Palais, fue sencilla porque acá las casas se diluyen al ser la proyección de Un Certain Regard. Así que pasamos los arcos de seguridad, la raquetiada de la maleta y cuerpo y adentro de la sala estábamos. El patrón Frémaux, delegado general y cabeza visible de este evento, sube a la tarima a presentar tanto al director como a los actores que apenas saludan a la audiencia.
Y comienza la típica película iraní, que no es un comentario peyorativo per sé, sino una afirmación causada por una narrativa que empieza a verse cada vez más a menudo por estos lares. Una relación de pareja que se ve afectada por circunstancias externas a ella. En este caso es el posible fracaso económico de ella, debido a una disputa con un vecino poderoso con buenos contactos con el poder público y privado local. Las largas tomas de Ashkan ASHKANI, el director de fotografía, junto con la ambientación fría y de naturaleza muerta, condicionan aún más la sensación de impotencia a la que se ve sometido Reza (Reza AKHLAGHIRAD). Su esposa Hadis (Soudabeh BEIZAEE), en un intento por resolver “con inteligencia de mujer lo que el orgullo de los hombres ocasiona” no tiene buen fin y, por el contrario, las cosas se tensan. El temperamento de Reza no ayuda, y la situación no le deja pensar muy bien. Cuando todo parece que seguirá como viene, el autor iraní da un giro de tuerca que nos permite ver cómo Reza termina por llegar al sitial de su enconado enemigo, usando métodos de los que seguro no se enorgullecerá en un principio, pero que por el tinte de la escena final creemos que terminará por aceptar. 
La felicidad de ir encontrando el sentido de estar acá. Películas con propuestas que van más allá de la belleza per sé me llevó a pasar por la terraza de prensa y encontrarme con un par de amigas para hablar del festival y el cómo lo vamos llevando mientras esperábamos a que Philippe Garrel, León de Oro en Venecia 2005 con Les Amants Réguliers, nos presentara EL AMANTE DE UN DÍA. Un profesor, Eric Caravaca, debe volver a recibir en casa a su hija de 23 años, Esther Garrel, que ha quedado devastada por la separación de su novio. El profesor maneja un discurso de masculinidad que le suena muy bien a su novia, Louise Chevillotte, de la misma edad de su hija. En un filme que puede ser un ajuste de cuentas a su propia vida, Garrel hace una revisión al cómo debe ser el nuevo hombre, que ya no se quiere ni se permite ser macho visceral, aunque sí un hombre abierto y cerebral; pero hablar es fácil, ya en el trabajo y ante las evidencias las cosas no salen tal como estaban planeadas. Un filme sencillo y agudo de poco más de una hora que me dejó con buen sabor de boca, el que quise matizar con un spritz; pero, como el discurso del profesor de Garrel, el tiro me salió por la culata cuando recibí la cuenta y me tocó soltar 19 euros por el berraco cocktelito.

THE END MAGAZINE