Más allá de que en el domingo se llegase al cenit del festival, este se hacía bastante especial, al menos para mí,  porque fue el día de la fiesta de Colombia en Cannes. Y es que el la Croisette hay una cantidad de playas privadas con sus bares restaurantes que se hacen sedes de los eventos de las cinematografías de diferentes partes de mundo, como de otros festivales. El asunto es que la fiesta nuestra es de las pocas que realmente pueden sostener el significado de ese sustantivo por cuanto la música se oye. Y se oye bien y anima. Y claro… nosotros los colombianos, y los que han aprendido esa forma de salsa de salón, bailamos.

 Cannes 70 día 5  

Pero la motivación se daba además por las películas que se iban a pasar. Temprano a la mañana iba la segunda película de Netflix que compite por la Palma de Oro. THE MEYEROWITZ STORIES de Noah BAUMBACH, el mismo director de France Ha en 2012, que desarrolla en 110 minutos su propio guion el que parece como si fuera el hijo de The Royal Tenenbaums, 2001, Hanna y Sus Hermanas, 1986. Pero como se sabe, los hijos nunca salen como los papás los quieren… y este es el hijo bonito pero un poco corto de inteligencia. Con este filme, para mí, el asunto Netflix quedo zanjado. Les agradezco mucho, qué bueno volver a tener a Dustin HOFFMANHarold Meyerowitz, en un protagónico; qué bueno tener a Emma THOMPSONMaureen la esposa de este patriarca. Saber que alguna vaina hecha por Adam SANDLERDanny Meyerowitz, y Ben STILLERMatthew Meyerowitz, no necesita de risas pregrabadas también es bastante chévere. Y si a eso le sumás a Elizabeth MARVEL, en una gran interpretación de Jean Meyerowitz, pues sí… el plan para el domingo por la tarde está listo. Pero la vaina no cuaja dentro de un festival de cine, y menos en el de Cannes que se ufana de ser el más prestigioso del mundo. Como dije arriba, esta obra es como ese hijo que solo hace comentarios y chistes que le ha oido a otros. Y aunque se pueda ver mérito en hacer una película de Woody Allen sin serlo, pues la verdad es que Pierre Menard no fue el autor de el Quijote y que no pasó de ser un personaje de ficción de Borges.

El medio día se llegó y fue para pasarlo en la celebración de un cumpleaños al que estaba invitado. La playa Magestic, una de tantas pero la única que queda entre los pabellones de los de los países acá representados, es un restaurante muy bueno para pasar unas con otras cinco personas hablando el cine, de cómo va el festival, y, por supuesto, para disfrutar un poquito también la comida de Cannes. Pero cosas pasan. Pedí una pechuga de pollo que por andar distraído con la compañía no tuve el cuidado de leer qué era en verdad, y nada: pollito al curry. Delicioso, nada que agregar a ello, pero cuando se vive en un país donde toda la comida curry la vaina pierde gracia.

De allá, salir corriendo para poder entrar al teatro Lumière a la gala de HOW TO TALK TO GIRLS AT PARTIES. Una hora antes de anticipación y como casi nunca ¡no había fila! Pero la felicidad fue apenas momentánea. En la requisa del maletín tomaron mi portabilletes para decirme que con “eso” no podía entrar. Y el pendejo de la entrada me dice “tengo dos soluciones para usted: la caneca o no entra”. Brillante. Mucho discutir y nada. Pues a lo colombiano, buscar a alguien para pedirle el favor de que se quedara con “eso” hasta que saliera. Y corra otra vez a la fila, que menos mal no había nadie otra vez. La esperada fue larga, y no me puede echar una siestita mientras tanto, pero la estrada de las protagonistas Elle FANNING, Zan, y Nicole KIDMAN, Queen Boadicea, fue electrizante. Encontré la película  emocionante en cuanto a sencilla la propuesta y con los ganchos necesarios para que uno se quede allí. Fuera de todo pretensión de dejar un mensaje, el filme de John Cameron MITCHELL las premisas son muy simples: música, amor juvenil, extraterrestres y con todo lo opuesto de lo que hay en Cannes en cuanto a la falta esencia. Y nos da un respiro. Porque, el también director de Hedwig and the Angry Inch, 2001, puso el punk en un inusitado nivel de belleza con sus dos protagonistas femeninas para contarnos esta historia medio surreal y alucinante en medio de mucha música y los chistes necesarios.

El cierre, pues en la fiesta colombiana. Otra vez Proimagenes lo supo hacer y le puso salsita a las noches de la Costa Azul. Qué bien se siente volver a oír la música con la que uno la mamá le enseño a bailar. Es tan chévere que sin lío baila uno solo hasta que lo echan del chuzo. El remate en Madame Monsieur fue la cereza en el postre de un día que llenó de vitalidad musical las venas de este que les escribe.

 

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