En Cannes 70 día 6 conocí a la familia Murphy. Una que lo tiene todo. Steven (Colin FARREL) es un padre que es un cirujano cardiovascular brillante, reconocido y exitoso. Anna (sí, otra vez Nicole KIDMAN) es una madre hermosa, amorosa, devota y además profesional, igual de brillante en psicología. Sus hijos Kim (Raffey CASSIDY) y Bob (Sunny SULJIC ) van como sus padres. Todo es perfecto en ellos, pero Steven tiene una relación extraña con un adolescente llamado Martin (Barry KEOGHAN) que quiere, por algunas razones que luego se sabrán, que Steven abandone a su familia para venirse con la suya.

Hace más de 2.400 años, en la Grecia clásica, un señor llamado Eurípides escribió sus diecinueve tragedias. El tema de estas es bastante simple: un héroe bendecido por los dioses es abandonado a su suerte por esos que le había regalado tantos dones cuanto el simple hombre mide mal los alcances de dichos dones. No es una punición, es apenas un dejar hacer, y si había Cinemark en el Olimpo eran las diferentes formas de esta historia los blockbusters de cada ocho días allí. Si se pagara derechos de autor por las obras, Eurípides y Sófocles, que ni apellidos necesitan para saber de quién se habla, Grecia viviría sin líos. El ateniense Yorgos LANTHIMOS, director también de Canino en el 2009, no tiene compasión alguna con su público, ablandecido entre tanta modernidad, y lo revuelca para con los dientes arrancarle las entrañas y escupírselas en la cara. Nos monta una especie de adaptación de algunos con referencia a Ifigenia, pero en Cincinnati, en un guion que escribió a cuatro manos con Efthimis FILIPPOU.

¿Para qué vemos otra vez estas historias mil veces contadas? Para poder ver si hay maestría en el que se atreve. Porque si ya sabemos de antemano qué va a pasar y aún así el director nos tiene con la espalda despegada de la butaca más de dos horas que dura la proyección, no solo algo hizo muy bien. Presenciar cuales fueron las razones del porqué y cuales los momentos del hundimiento a las simas de la incomodidad, la impotencia y el desconsuelo que someten a la familia de Steven, por sus propias malas decisiones son el yunque que los tira para abajo, es lo que nos motiva a seguir como palmera en tsunami aguantando el envión de esa fuerza que nos quiere arrancar desde la raíz. La nueva situación a la que se ven enfrentados hace que ya el dinero no sea útil, como tampoco la ciencia, y a hoy en día ni siquiera algún refugio se busca en la religión. Los Murphy tendrán que arrastrarse y no hay siquiera oportunidad de buscar una contra.

La solidez del guion está fuera de discusión más allá del elemento innatural que tiene de presentar esa “única forma de justicia”, y el pacto ficcional no se rompe nunca. Además, todo va envuelto en fino papel de regalo por cuanto el trabajo de Yorgos MAVROPSARIDIS en un montaje cuidado donde las imágenes de Thimios BAKATAKIS, el director de fotografía, se juntan con los tétricos sonidos de Johnnie BURN, para darnos un respiro estético, porque que la moral se nos ha ido y no la volveremos a encontrar dentro de esta entrega de Lanthimos. Mas, ¿tiene aún la tragedia algo que decir en el día de hoy? Sí, creyente o no el hombre vive sobreconfiado de sus capacidades y vive de tropiezo en tropiezo por ello. Aunque en la tragedia es individual, al ser solo el héroe del mito el que la padece, siempre las consecuencias de esta impactan a muchos precisamente por el poder que este ser bendecido mantiene.

Cannes 70 día 6

Cannes 70 día 6

A la salida de la proyección, una amiga, que le gustó la película, me preguntó: ¿para qué servia venir a sufrir más de dos horas? Yo le respondí parafraseando al filósofo de la tragedia Critchley cuando afirma que “el padecer puede llevar a la experiencia de una verdad que no es ni filosófica ni científica mientras que sí visceral de los conflictos de siempre en el accionar humano”. Y de esta forma este autor ha sabido entretejer el mismo cuento de siempre de una forma exuberante tanto en lo bello como en lo chocante. Dentro de lo primero, recalco las imágenes que se presentan dentro de los edificios en unas tomas que recuerdan a El Resplandor, (Stanley Kubrick, 1980), dentro de una metáfora donde es la arquitectura una de las hijas de la habilidad y técnica del hombre y hace ver su misma pequeñez. Y para lo chocante, ya desde la primera escena se entiende que sería mejor ir con el estómago vacío. Y advierto, es mejor ir sin haberse emborrachado al menos unos meses antes.

THE END MAGAZINE