El 2017 parece un año intenso para Hong Sang-soo. No sabemos qué le habrá pasado, pero su ritmo de trabajo este último año le ha dado hasta para tres películas. La primera de ellas, On the Beach at Night Alone, estrenada en el pasado Festival de Berlín con críticas muy positivas, y las otras dos haciendo su estreno en este septuagésimo Festival de Cannes en secciones diferentes.

La primera de ellas, Claire’s Camera, un ejercicio claramente menor que rodó mientras se celebraba la edición del certamen de 2016, con la presencia compartida de su actriz fetiche, Kim Minhee, y la omnipresente Isabelle Huppert. La segunda, una obra ya de mayor envergadura, filmada en blanco y negro, en lo que se siente una reflexión con no poco de autocrítica y otro tanto de reconciliación para con las decisiones que el cineasta ha tomado en su vida sentimental. Las tres cintas se sienten muy interconectadas más allá de su reparto, con un discurso que, con variaciones muy ligeras, se construye de manera muy parecida en torno a conversaciones sobre el amor y el pasado, en una búsqueda desesperada por parte de Sang-soo de encontrar una respuesta que le haga estar en paz consigo mismo.

De las tres, On the Beach at Night Alone es la que está construida con mayor poesía y unas gotas de cinismo en su personaje femenino, una mujer a la que el fracaso en el amor la han llevado a un dolor que expulsa mediante salidas de tono que terminan siendo un tanto viscerales. Por el contrario, The Day After contiene una atmósfera menos densa, como si el cineasta tuviera las cosas más claras o como si una conversación con la Huppert en algún momento del año pasado le haya ayudado a mirar las cosas con perspectiva. Hay de hecho una frase en Claire’s Camera que define a la perfección el parte del cine de Sangsoo: “a veces, para cambiar las cosas, debes mirarlas lentamente”. Lo dice el personaje de la actriz francesa cuando Kim Minhee le pregunta por qué no para de hacer fotografías; es una respuesta que se siente muy consciente de sí misma.

Hay un recorrido emocional obvio entre estos tres trabajos que sitúa a Claire’s Camera casi como un intermedio entre las otras dos miradas, la de ella en On the Beach at Night Alone, y la de él en The Day After. A ella se le dedica el póster, lo mismo que a él en asta última y ambas utilizan la misma fuente para marcar su título. Pueden ser detalles de diseño casuales, pero siendo Sang-soo permitidme que tenga mis dudas. Y ¿por qué no? Es una idea que añade una lectura a sus guiones que es evidente que está presente casi desde las primeras conversaciones.

En el estudio de la obra de este cineasta es importante tener en cuenta la influencia que su vida personal ha tenido en su cine, marcando un punto culmen en la relación que mantuvo con Kim Minhee cuando él todavía estaba casado, provocando un aluvión de críticas hacia la actriz, que todavía perdura. Como ya dijo el propio Hong San-soo en la conferencia de prensa en Berlín, ‘todos los directores hablan de sí mismos en sus películas. La diferencia está en qué grado lo hacen’. Y aunque afirme que sus películas no son autobiográficas, el hecho es que no es necesario que lo sean para que revelen de manera muy transparente y clara el sentir del cineasta hacia su propia vida este último año.

Tampoco él esconde demasiado sus intenciones, aunque varíe los detalles, como que en este caso no es un cineasta el protagonista, sino el jefe de una librería que contrata a una ayudante de la que se enamora, se distancian y vuelve a contratar a otra con quien mantiene un contacto amistoso, aunque estrictamente profesional. Llama la atención que el papel de la amante no haya recaído en Minhee y que esta vez sea ella la que ve la situación desde fuera, juzgando duramente a su jefe por actos que considera reprobables.

Contemplar el conjunto desde un punto de vista psicológico plantea cuestiones interesantes sobre el porqué de estas elecciones, tanto como el epílogo de la cinta, menos atormentado y melancólico que el de On the Beach at Night Alone y mucho más sereno, mostrando a un personaje en paz consigo mismo. Hay un claro paso adelante en las autorreflexiones que le han llevado a escribir un guion como este, que debate de amor tanto como de creencias, y no en un sentido religioso, sino puramente humano. ¿En qué creemos? ¿Cuál es tu motor de vida? ¿Existe la realidad como algo externo a nosotros? Son divagaciones en torno a la situación de unos personajes que buscan respuestas el uno en el otro, en sus diferencias tanto como en sus similitudes, a la caza de un refugio que esté en el interior de otra persona y no sólo en un libro… o una película.

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