La película de Alonso Ruizpalacios, lanzada en el año 2014 y caracterizada por su género de road movie, nos plantea diversas preguntas acerca de la juventud y las indecisiones o inmovilidad al momento de conocerse a sí mismo; este discurso se teje paralelamente a través de un protagonista geográfico: Ciudad de México, y su bello contraste social gracias a la propia modernidad del territorio.

Güeros no sólo establece una estética visual bastante particular con su impactante formato 4:3, o su bien logrado blanco y negro, sino que replantea al sonido y lo aleja de su función primaria – el acompañamiento de la imagen – para otorgarle un sentido de nostalgia que envuelve todo el metraje.

El anacronismo musical de Güeros

Fotograma de la película Güeros de Alonso Ruizpalacios, Dir. Fotografía: Damián García (B&W)

Al retratar la época del 2000 es necesario echar mano de la cultura musical de ese momento pero, el compositor musical Tomás Barreiro se aleja alrededor de cincuenta décadas para traernos temas que nos remontan a la época dorada del cine mexicano.

Dentro de la historia, la ansiedad provocada por la inacción de Sombra le crea la necesidad de emprender un recorrido que hace junto a su hermano Tomás, y sus amigos Ana y Santos. Este viaje se ve envuelto en música todo el tiempo; elementos como la radio, el walkman o cassette, y la búsqueda del cantante que ‘pudo salvar el rock nacional’, generan la impresión de que ‘Todo pasado fue mejor’, sólo hay que seguir el hilo conductor de la historia para encontrar porqué ese pasado lo fue y cómo las acciones lejanas crean una postura firme frente al presente.

En el soundtrack aparecen sonidos de Toña la Negra, Natalia Lafourcade, Juan Gabriel, Agustín Lara y Los locos del ritmo; ellos ofrecen al son de las baladas, el rock n’ roll, los boleros, y las canciones melódicas una mirada intimista de un México que  tal vez ya no existe, pues la modernidad para este país trajo consigo muchos cambios.

El anacronismo musical de Güeros

Fotograma de la película Güeros de Alonso Ruizpalacios, Dir. Fotografía: Damián García (B&W)

La mezcla del blanco y negro junto a las canciones del pasado juegan con el anacronismo; en realidad no estamos viendo una película del 2014, estamos viendo una película que contiene elementos tanto del pasado como del presente, la cual, a pesar de recrear el año 2000 con su Consejo General de Huelga CGH en la UNAM, no se instala en ninguna época clara, y esto se debe a su estética narrativa, pero en específico, se debe a la constante textura propia de las grabaciones antiguas de sonidos con imágenes contemporáneas, a los elementos de arte antiguos, el programa de televisión que ronda por todos los hogares, los personajes del muro gore y los sin números de elementos geniales que aparecen en pantalla precedido por un sonido que llega a ser a veces el protagonista, ya que en varias escenas, éste destierra a la imagen y le otorga un valor de significado mucho mayor al que ella por sí sola expresa.

Gómez Dávila comenta en uno de sus famosos escolios que el hombre moderno se asorda de música para no oírse, en Güeros, el uso de la música de Epigmenio Cruz como silencio, da la vuelta a esta postura, pues, Tomás, admira a un cantante que ‘una vez hizo llorar a Bob Dylan’, pero su música jamás nos es permitida escucharla, por el contrario, acá estos personajes se asordan de silencio para oírse a sí mismos.

La melancolía de la cinta muy característica de la Nouvelle vague genera a través de sus canciones una necesidad de habitar esas cantinas, estar en la universidad, ver películas antiguas, salir de vacaciones sin destino fijo, volver a enamorarse, hablar con los amigos, o tan sólo estar-con el mundo, con todos sus defectos pero lleno de esos hermosos detalles que dejamos pasar desapercibidos. Güeros reivindica la música mexicana clásica transportándonos a un nuevo mundo, ese mundo que sólo nos pertenece aquí y ahora.

Escucha aqui el soundtrack en Spotify

 

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About The Author

VALENTINA ROMERO
COLABORADORA

Estudiante de Cine con la ferviente necesidad de contar historias; dedica su otra parte de vida a la literatura, la música y a los hielos: se consagra agregando diéresis de colores a sus palabras.

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