El fenómeno de la Nueva Televisión es global, y aunque está orquestado principalmente desde Estados Unidos, tiene manifestaciones gloriosas en muchos otros rincones. Esta es una breve lista de algunas series de televisión, fuera del territorio norteamericano, que merecen su atención.

Si leyó anteriormente el extenso resumen sobre las mejores series de la Nueva Televisión Americana (Las 35 mejores series de la Nueva Televisión Americana), o si simplemente ha notado que casi todo lo que se ve en esta ola de la Nueva Televisión viene de Estados Unidos, puede que sienta la necesidad de conocer qué hay más allá de esas fronteras. Hay muchísimo y de gran calidad, y es precisamente por eso que las grandes empresas productoras norteamericanas extienden sus tentáculos para nutrirse de cada rincón del mundo. Por supuesto, es imposible estar al día de todo el panorama mundial, pero aquí va una lista con algunas producciones que merecen toda la atención y que han nacido fuera de Estados Unidos, con o sin la injerencia de sus compañías productoras. En este artículo pondré los ojos especialmente en producciones inglesas (otra gran potencia de la Nueva Televisión), pero haré rápido comentario sobre mis favoritas japonesas y sobre unas cuantas de otras latitudes.

Un ejemplo notabilísimo de cómo la industria de la televisión explota fértil por todo el mundo, esto es bien sabido, es el de la televisión japonesa, potencia mundial indiscutible de la producción de animación televisiva, que lleva ya largo, pero que muy largo tiempo, haciendo de las suyas con obras que merecen todas las reverencias del mundo, como:

Cowboy Bebop (Shinichirô Watanabe, 1998)

Todo un festín audiovisual sobre una banda de cazarrecompensas intergalácticos lleno de poesía y con una banda sonora digna de tirarse de los pelos, a cargo de Yôko Kanno y su genial banda The Seatbelts. Si usted es un amante de la música, especialmente del jazz, esto volará su cabeza, porque no solo está lleno de gran música, sino que además está pensada en su narración y en su montaje bajo los principios de la composición musical.

Serial Experiments Lain (Ryutaro Nakamura, 1998)

Una obra fascinante que combina la ciencia ficción (en una anticipación monumental de todo el actual boom de la teoría de la singularidad y la trascendencia en ciencia ficción) con una compleja base teórico-filosófica sobre las religiones orientales. Una serie que no es fácil de ver, eso hay que decirlo, pero que en cuanto atrapa, no suelta jamás y deja una huella imborrable.  

Gantz (Hiroya Oku, 2004)

Una demencia fascinante y ahíta de entretenidísima violencia y sexo sobre un par de pobres muchachitos que terminan en un extraño limbo –tras morir atropellados por un tren, por andárselas dando de héroes– en el que deben luchar contra extrañas criaturas vistiendo unos trajes exageradamente ceñidos que les dan habilidades sobrehumanas. Evítela, no obstante, si es usted propenso a la psicopatía, porque es una de esas que dan ganas de salir a destruir el mundo.

Paranoia Agent (Satoshi Kon, 2004)

De la mente de uno de los más grandes exponentes del anime (mi favorito, de hecho), Satoshi Kon, conocido por joyas del cine como Paprika (2006), Tokyo Godfathers (2003)Millennium Actress (2001) Perfect Blue (1997), esta serie de trece impecables y fascinantes episodios recorre los esfuerzos, no muy afortunados, de dos detectives que intentan dar algún sentido a un extraño caso de ataques perpetrados por Shounen Bat, un chico en patines dorados que anda por la vida dándole batazos a gente con serios problemas mentales típicos de la era contemporánea de la alienación urbana. Una absoluta belleza en la que Satoshi Kon despliega sin reparo todo ese talento onírico que lleva siempre el lenguaje audiovisual un paso más allá.

Death Note (Tetsuro Araki, 2006)

La devoradora adaptación a la televisión del famoso manga escrito por Tsugumi Ôba e ilustrado por Takeshi Obata en la que un chico todo buenazo termina revelándose como el colmo de los desgraciados cuando encuentra un misterioso cuaderno con el poder de pasar al papayo a todo aquel cuyo nombre está allí escrito, y que acaba envuelto en una complicada trama policíaco-ajedrecística a la que no hay quién le pueda quitar el ojo.

Attack on Titan (Tetsuro Araki, 2013)

Un demencial recital de ritmo, adaptación del manga homónimo de Hajime Isayama, en el que los diminutos humanos luchan a punta de espada y acrobacia para proteger su amurallada ciudad contra gigantes caníbales que paulatinamente van demostrando ser mucho más que simples bestias hambrientas.

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Eso solo por mencionar de pasadita algunas joyas del anime, que es todo un universo del que, incluso disponiendo de la súper-democratización del conocimiento que nos permite Internet, apenas alcanzamos a arañar la superficie desde estas latitudes. También deberá usted entender que este espacio no me permite ahondar como es debido en una revisión de las más importantes series de anime japonesas (el título de este artículo tendría que ser muy diferente), además, con sinceridad, en ese terreno me declaro un novato. Pero eso sí, me puedo aquí permitir la licencia de al menos mencionar estas pocas producciones que me parecen encantadoras y que sugiero como perfecta puerta de entrada a ese complejo mundo audiovisual.

La nueva ola, poderosa como un tsunami, ha empapado, pues, tierras lejanas. En los tiempos que corren todo corre y se contagia; la globalización e Internet han convertido a este planeta en una bestial caja de Petri en la que todo lo que tiene éxito se contagia de manera más escandalosa que cualquier pandemia. Cosa maravillosa, puesto que en el caso del audiovisual el mundo entero se ha convertido en una red que retroalimenta sus puertos con una riqueza sin precedentes. Así pues, es necesario al menos nombrar un par de ejemplos sueltos de interesantes producciones televisivas fuera de los territorios de producción más convencionales (una mísera pizca que anoto a manera de provocación para su apetito y su curiosidad audiovisual). Hay hoy día tanta producción de calidad (esto en la misma época en la que tantos cometen la ignorante desfachatez de hablar de crisis solo porque están aterrados ante el cambio en la producción, la exhibición, la comercialización y las dinámicas de consumo de contenidos audiovisuales) que seguramente todos nos estemos perdiendo obras maravillosas que surgen cada día en muchos rincones de lo que queda de esta pelota azul, pero si está en mi mano hacer algo al respecto aquí, le sugiero que no se pierda cuatro series de sumo interés:

Riget (1994). Creador: Lars Von Trier

Riget

Con decir que esta es una serie danesa escrita y dirigida por Lars Von Trier seguro basta, si usted está familiarizado con la obra de este gigantesco realizador, para querer verla (o para no quererla ver nunca, según lo pacato que sea usted). Ahora bien, lo primero que debo hacer es dar créditos completos; la serie fue coescrita por Tómas Gislason y Niels Vørsel, y en la dirección también participó Morten Arnfred. Me cuesta un poco de trabajo describir esta rareza, pero así por encimita, empiece usted por saber que esta serie cuenta la historia de un pesadillesco hospital en el que todo el mundo es raro como un perro verde y hay un asunto muy denso y sórdido con el mundo de los espíritus.

A manera de curiosidad cabe anotar que Stephen King adaptó (sin mucho éxito) la serie para Estados Unidos en 2004 bajo el nombre de Kingdom Hospital, proyecto en el que Craig R. Baxley se encargó de la dirección. Lamentablemente el público masivo norteamericano parece no estar preparado para digerir los infiernos de Larsito, ni pasados por agua.

Cidade dos homens (2002, Globo). Creadores: Fernando Meirelles y Kátia Lund

Cidade dos homens

Aquí va la cuota latinoamericana. ¿Se acuerda usted cuando en 2002 todos quedamos boquiabiertos cuando Fernando Meirelles y Kátia Lund asomaron sus cabecitas desde Brasil y terminaron irrumpiendo a lo grande en el panorama del cine mundial con Cidade de Deus, esa estupenda película que nos transportó como nadie lo había hecho a las favelas brasileras? Pues bien, ya ese mismo año veía la luz una serie de televisión de ese par de pícaros, básicamente con la misma estética y temática, que cuenta la compleja vida de dos adolescentes dentro de aquel submundo de marginalidad visto con ese mismo exotismo ganador que catapultó a los realizadores, especialmente a Meirelles, al gran escenario del cine mundial.

Lilyhammer (2011, Netflix). Creador: Geir Henning Hopland

Lilihamer

Una serie noruega dirigida por tres esmerados y constantes directores (Geir Henning Hopland, Lisa Marie Gamlem y Simen Alsvik) con el suficiente talento para trasmitir esa extraña y fascinante atmósfera de abobada prosperidad congelada que tan bien hicieron famosa los hermanos Coen en Fargo (1996), pero trasmitida como por contagio a un pueblo perdido del norte extremo de Europa, Lilyhammer, solo conocido por haber sido sede de unos juegos olímpicos de invierno. En esta producción escrita con tremenda gracia por Anne Bjørnstad y Eilif Skodvin, usted podrá conocer la historia de Frank Tagliano (Steve Van Zandt, ese hombre con cara de perro que ya había dejado una huella profunda en la iconografía televisiva americana por su papel de Silvio Dante en The Sopranos), un mafioso de Nueva York que tiene que irse al culo del mundo para escapar de la muerte en el programa de protección a testigos, y quien llevará a la profunda tranquilidad noruega toda la peste de su mentalidad yanqui. La serie la produjo y emitió Netflix, en otro de sus geniales pasos por revolucionar el mundo de la televisión, en este caso al internacionalizar su producción (con muchísimo más tino, esto hay que decirlo, que cuando en 2015 hizo lo propio en territorio colombiano con Narcos, serie horrenda que desaconsejo absolutamente).

The Young Pope (2016, Sky). Creador: Paolo Sorrentino

Sobre The Young Pope hay que empezar por decir que es la historia de la llegada al Vaticano de un nuevo Papa, bastante joven para las costumbres de ese cargo, quien resulta ser no un liberal revolucionario como algunos esperarían, ni un títere manejable como pensaban otros, sino, en cambio, un pontífice ultraconservador, recio, místico y complejo que se mece entre la excentricidad pecaminosa y la santidad.

Esta producción italiana, estrenada en el Festival de Venecia (rompiendo las últimas fronteras entre el cine y la televisión), hoy por hoy, es fácil calificarla como la diosa de las series contemporáneas, en virtud de su desmesurada belleza, del virtuosismo de sus planos, sus movimientos de cámara, su montaje, su ritmo, su guion, sus personajes, su dirección de arte, su fotografía… Podría enumerar cada aspecto inherente a la creación audiovisual y en esta serie absolutamente todos tendrían la máxima calificación. Paola Sorrentinoel director italiano que cada vez entrega al mundo una obra más potente, profunda, eficaz y completa, se decidió, para fortuna nuestra, a incursionar en la televisión y lo hizo a su manera: con precisión milimétrica, inteligencia total, atrevimiento casi descarado y talento a chorros.

Todo esto se conjuga para crear una serie que no solo es absolutamente bella, sino que además posee un poder de conmoción estético y emocional muy propio del cine de este director, pero muy pocas veces visto en el mundo de la televisión (de hecho, nunca visto en semejante nivel). Si usted no ha visto la serie, prepárese para recibir un vapuleo de sentidos y un revolcón en el alma, como pasa con las más grandes obras de arte. Hay además en esta serie cosas para electrizar muchas dimensiones del gusto, desde el formidable trabajo de los actores y actrices, entre ellos Jude Law (el Papa Lenny Belardo), Diane Keaton (la hermana Mary), Silio Orlando (el Cardenal Voiello) y Javier Cámara (el Cardenal Gutiérrez), por nombrar algunos; hasta el deslumbrante despliegue de locaciones llenas de obras de la historia del arte que realzan y enriquecen con su presencia los discursos de la serie, pasando por las complejas y fascinantes discusiones teológicas que lo arrollan a uno como espectador, y por un uso de la música, siempre a contracorriente de la imagen y del espacio, que detona procesos de interpretación complejos y genera sensaciones refrescantes y perturbadoras.

Esta suma de elementos hace de The Young Pope, además de todo, la serie más ambiciosa estética y artísticamente que se halla hecho, y esto lo puedo decir sin lugar a dudas, lo que sucede gracias a que, a diferencia de lo que ya es costumbre en la Nueva Televisión, donde lo normal es que haya una mente creativa que cede el control a muchos guionistas y directores, en este caso absolutamente todo el trabajo de escritura y dirección está a cargo de Sorrentino, cosa que se hace evidente y que da a la serie un empaque uniforme que deja ver un control obsesivo.

Lo mejor de lo mejor. Por el bien de sus ojos, su mente y su alma, déjelo todo y empiece a verla ya mismo.

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Ahora bien, de lo que sí hay que hablar con un poco más de detalle es de lo que está sucediendo en la televisión inglesa, así que voy a colar a continuación una pequeña selección de lo más más granado de su producción. Estas son mis cinco favoritas:

Extras (2005, BBC y HBO). Creadores: Ricky Gervais y Stephen Merchant

Extras

¿Por qué hay que verla?

Esta es una serie que hay que ver, para empezar, porque sus creador se han convertido desde ya hace un buen tiempo en nombres fundamentales de la comedia televisiva, con otras producciones tan notables y relevantes como The Office (2001), Life’s Too Short (2011) o Derek (2013, esta solo de Gervais). Estamos hablando de comedias para la televisión que demuestran sobradamente que puede haber arte fuera del drama y que hay risa más allá del agotado sitcom tradicional americano. Extras resulta especialmente interesante, además, porque argumentalmente ofrece una gran versatilidad que en ningún episodio desperdicia; es la historia de Andy Millman (Ricky Gervais), un actor de poca monta que se gana malamente la vida como extra (la mofa al sitcom incorporada en esta serie la obvio para evitar el spoiler; eso lo dejo para que usted mismo lo descubra). En el devenir de esta historia, además, usted se va a dar gusto riendo al ver a este personaje patético al lado de un puñado de famosos que quedan francamente en ridículo al auto-interpretarse-parodiarse, entre ellos (para que se antoje, si es usted de los que gusta de las estrellas) David Bowie, Daniel Radcliffe, Samuel L. Jackson, Ben Stiller, Kate Winslet, Patrick Steward, Clive Owen, Robert De Niro, George Michael, Ian Mckellen y Orlando Bloom (casi nadie).

A tener en cuenta

Seguramente aquí debería haber incluido no esta serie sino otra de mayor impacto histórico realizada por los mismos Ricky Gervais y Stephen Merchant, The Office, ya que, como lo anotara anteriormente en este artículo, posiblemente sea la producción que introdujo el concepto del mockumentary en la comedia televisiva, sin embargo, a pesar de que dicha producción tenga ese elemento de relevancia y que haya tenido una mayor repercusión dada su adaptación a la televisión norteamericana (a cargo del propio Gervais junto a Greg Daniels en 2005), me permito el capricho de escoger mi favorita personal entre las producciones (todas o casi todas ellas geniales) de este divertidísimo tándem.

The IT Crowd (2006, Channel 4). Creador: Graham Linehan

The IT Crowd

¿Por qué hay que verla?

¿Está usted, como tantos otros, encantado desde hace algunos años con esta estupenda idea de hacer una serie sobre nerds y ahora no puede perderse un solo episodio de esa serie (exageradamente alargada hasta las diez temporadas) The Big Bang Theory (2007, Chuck Lorre y Bill Prady)? Pues bien, esto tiene un importante antecedente en Inglaterra. Sea o no que Lorre y Prady hayan basado su idea en la de Lineham (algunos sospechamos que directamente la fusilaron), The IT Crowd gira en torno a un grupo de cerebritos desadaptados, encerrados en el oscuro sótano de una compañía en la que trabajan en soporte técnico. Aquí, el mundo de un par de alelados geeks, Roy Trenneman (Chris O’Dowd) y Maurice Moss (Richard Ayoade), de repente se ve revolucionado por la aparición de un ser para ellos casi extraterrestre, una mujer, Jen Barber (Katherine Parkinson). De ahí para adelante usted simplemente verá una cátedra de hilaridad inglesa.

A tener en cuenta

Esa extraña estética que usted notará en la serie y que le hará sentir que está viendo una producción de antaño es total y medidamente intencional, así que simplemente déjese llevar por ella.

Si los actores de esta serie le parecen muy feos, es simplemente porque los ingleses no son muy agraciados y la televisión norteamericana nos tiene muy acostumbrados a la belleza física, pero no se agobie que usted aprenderá a amar a los personajes por algo más que su aspecto; aunque seguro se enamorará de inmediato del extraño afro de Maurice (no lo emule bajo ninguna circunstancia).

Luther (2010, BBC). Creador: Neil Cross

Luther

¿Por qué hay que verla?

Luther es una de las más interesantes series de detective que hayan visto la luz, ¿por qué? Porque da en el clavo en su profundización en un personaje protagónico (John Luther) lleno de oscuridad y degradación, que enaltece y reencarna el género negro, un personaje interpretado, además, por un actor con una presencia escénica que lo hará sentir abofeteado y sobrecogido, Idris Elba, ese enorme y atractivo negrote que se hizo famoso por su memorable papel de Rusell “Stringer” Bell en The Wire; porque a fin de cuentas, todo en esta serie está al servicio de la penetración en las miserias de este tough guy cuyos principios éticos siempre se encuentran por encima de la misma ley que representa; porque en sí mismo el relato detectivesco es tan sórdido y fascinante que usted lo tendrá que seguir de manera adicta, y porque la dirección, sin dejar nunca el típico estilo sobrio de los dramas londinenses, está cargada de poesía y buen gusto.

A tener en cuenta

Como es común en la televisión inglesa, esta serie tiene una duración casi risible comparada con la extensión a la que nos ha acostumbrado la TV americana; estoy hablando de tan solo cuatro temporadas cortas con un total de dieciséis episodios en toda la serie. Lo sé, lo sé, es una desgracia que lo enamoren a uno para disfrutar tan poco tiempo, pero a fin de cuentas, esta es una de las más loables características de la nueva ola de la televisión en Inglaterra, ya que con muy poco tiempo se logra mucho arte.

Black Mirror (2011, Channel 4). Creador: Charlie Brooker

Black Mirror

¿Por qué hay que verla?

En un panorama audiovisual como el actual, en el que el rumbo de lo fantástico y la ciencia ficción han cambiado de manera tan interesante gracias a la saludable práctica del concernismo, que concentra los esfuerzos imaginativos de los argumentos de ficción, ya no en la transformación completa de nuestro mundo –como sucedía en la vieja ciencia ficción de los autos voladores y el Armagedón–, sino en un detalle particular exacerbado en medio de un mundo casi inalterado –piense usted en un notable referente muy reciente como Her (Spike Jonze, 2013), en donde todo permanece igual salvo por el desarrollo de una inteligencia artificial de la que el protagonista termina locamente enamorado–, Black Mirror trae al mundo de la televisión ejemplos de un altísimo nivel narrativo y estético que con toda seguridad lo van a dejar con la cabeza muy inquieta. Para dar un ejemplo, aquí va un par de sus premisas narrativas: ¿qué pasaría si existiera una popular tecnología que grabara todo lo que vemos? o ¿qué sucedería si tuviéramos la posibilidad de descargar la conciencia y apariencia de un ser querido muerto en un cuerpo artificial?

A tener en cuenta

En primer lugar usted debe saber que cada episodio de esta serie es totalmente independiente y autoconclusivo, lo que los une es el componente de reflexión antropológico de nuestra sociedad. En segundo lugar, usted debe estar preparado para dosis muy pequeñas de esta excelente producción (los ingleses y sus temporadas fugaces). En tercer lugar, sepa usted que, sagaz como siempre, Netflix compró los derechos de la serie y financió una tercera temporada que siguió siendo tan buena como las anteriores.

Utopia (2013, Channel 4). Creador: Dennis Kelly

Utopia

¿Por qué hay que verla?

Esta serie cuenta una historia realmente llamativa sobre un grupo de perdedores que por accidente se convierten en los paladines que luchan contra una compleja conspiración que busca lograr la loable tarea de esterilizar a la mayoría de la población mundial para salvar al planeta de la devastación que esta especie horrorosa de los humanos garantiza con su presencia y desenfrenado crecimiento. Sin embargo, Utopia no posee ese ingrediente mágico que hará que usted no se pueda despegar y que lo haga contar los minutos para poder ver el siguiente episodio (las cosas como son). Ahora bien, lo que usted sí verá aquí es una de las más impresionantes muestras de virtuosismo en la dirección de arte y fotografía. Abra bien los ojos y quédese boquiabierto con los juegos que allí se hacen con el color y la composición.

A tener en cuenta

Esta es otra serie más de Channel 4, el canal al que usted debería seguirle la pista cuando de series de televisión se trata en el Reino Unido, como podrá comprobar solo con ver quién produce y trasmite las pocas series aquí comentadas.

Para ser absolutamente justos, la segunda temporada de Utopia no es, ni de lejos, tan buena como la primera, de hecho, usted podría perfectamente retirarse una vez haya visto la temporada inicial. Ahora bien, tampoco quiere esto decir que la segunda sea mala, ni mucho menos, así que yo igualmente se la recomiendo.

Si le llega a gustar esta serie, y seguro que así será porque es realmente divertida y bella, emociónese usted con un noticiononón: se cuenta por ahí que nada más y nada menos que David Fincher está trabajando en una adaptación americana de Utopia para HBO, que se esperaba viera la luz en 2016, pero que aún está en pendiente.

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Hasta aquí llegamos con esta revisión de televisión internacional que, aunque sin duda se queda cortísima frente a la cantidad de nacionalidades de este planeta, servirá para que usted abra nuevas puertas.

THE END MAGAZINE

About The Author

ANDRÉS VÉLEZ CUERVO

Escritor, guionista, productor, investigador, crítico, docente y editor. Licenciado en Filología Hispánica de la Universidad de Salamanca, magíster en Literatura de la Universidad de los Andes. Colabora con diferentes medios impresos y digitales, así como con entidades privadas y universidades, como docente, crítico y asesor. Actualmente trabaja como escritor y productor en Oveja Eléctrica, como editor de la sección de televisión de The End Magazine, y como docente en la Universidad Central. Es autor de los libros sobre cine "Cómo cargar una Colt con una locomotora en llamas. Una aproximación teórica y una posible delimitación a la metáfora cinematográfica" (EAE, 2015) y "República Noire. Cine criminal colombiano (2000-2012). En busca del cine negro en Colombia (Cinemateca Distrital, 2016)".

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