Sin duda alguna, la trayectoria del discurso situacionista del cine colombiano, surgido del movimiento artístico vanguardista desde la postguerra universal, devenido en los años sesenta, es una crítica radical de la política, y hoy, es absorbido en el discurso desencantado que hace de sustituto “crítico” del orden existente; es sintomático de las idas y vueltas contemporáneas de la estética, de la política y de las transformaciones del pensamiento vanguardista en pensamiento nostálgico.

La manera de realizar una película que mayormente aspira a ser globalizada, recurre a los elementos existentes desde hace ya 100 años, y es en ellos en los que se encuentra la técnica “adecuada” de realizar un film, la cual, forma la metodología de trabajo de los realizadores cinematográficos; pero, la apropiación de un estilo determinado o los recursos utilizados en cada película, son completamente subjetivos y personales. Teniendo en cuenta que para realizar un proyecto audiovisual se debe “hablar de lo que se conoce”, los realizadores colombianos en una gran parte, echan mano de la historia Colombiana para implantar nuevas narrativas. Es así como predomina cierta estética a la hora de representar el país. Este estilo narrativo aborda en su gran parte una historia de violencia política concentrada principalmente desde los años 50.

La estética sonora de La Tierra y la Sombra

Fotograma de la película La Tierra y la Sombra de César Acevedo, Dir. Fotografía: Mateo Guzmán

Ese paisaje conocido de la ideología contemporánea en el cine colombiano, define el contexto en el que se inscriben las preguntas y las respuestas; en La Tierra y la Sombra no se trata de reivindicar de nuevo, contra el desencanto posmoderno, la vocación vanguardista del cine o el impulso de una modernidad que liga las conquistas de la novedad artística a aquellas de la emancipación; sino, que este largometraje dirigido por César Acevedo y ganadora del Caméra d’Or en Cannes, busca elaborar el sentido mismo de lo designado con la palabra estética; no la teoría de una violencia absurda o de una política que la remitiría a sus efectos sobre la sensibilidad, sino que esta película se vuelve un régimen específico de identificación y de pensamiento de las artes: un modo de articulación entre las formas de hacer, formas de visibilidad de estas maneras de hacer y de los modos de pensar sus relaciones, implicando una cierta idea de la efectividad del pensamiento, alejándose de las balas y la sangre.

La conexión de estas “simples vidas” con los modos del discurso, de las formas de vida, de las ideas del pensamiento y de las representaciones de la comunidad, no es el fruto de ningún desvío maléfico. Por el contrario, esta película podría resultar un auténtico esfuerzo de pensar, obligada así, a abandonar la eterna vinculación estética-política que no termina nunca de ocupar el terreno del cine.

La estética sonora de La Tierra y la Sombra

Fotograma de la película La Tierra y la Sombra de César Acevedo, Dir. Fotografía: Mateo Guzmán

Rancière llama poético al régimen que identifica las artes en el seno de una clasificación de maneras de hacer. Y estética a lo que cumple una función de distinción de un modo de ser sensible propio de los productos del arte. En La Tierra y la Sombra esto se cumple con un lenguaje poético-estético reflejado en su diseño sonoro pues, busca recrear un principio de sistema nuevo de relación con lo antiguo. Es decir, la captura de sonido interviene una amplia creación de la realidad del sujeto sensible desde una forma diegética-real (dentro del plano), la cual obedece al entorno del diseño sonoro dentro de su propio universo, y se crea a través de éste un sentido expresivo; pero cabe aclarar que no se trata de un efecto de sonido expresivo, sino que la significación que produce en el espectador se acerca a la definición de su propia función: todo sonido que genera expresión o sentimiento al público.

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El largometraje cuenta con una escena en forma de plano secuencia: la cámara atraviesa la casa familiar como si ésta fuese un caballo, éste caballo es evidentemente un narrador testigo por su presenciar silencioso de los acontecimientos. El galopeo incesante del caballo crea una relación de tiempo un poco más íntima y obedece a una representación del efecto sonoro real que se convierte en uno expresivo, dándole al espectador esa sensación de nostalgia en la narración. Tras pasar la cámara por los diferentes espacios en ese gran plano secuencia el sonido adopta la ambientación de las mismas habitaciones, acá lo plano (como se pensaría hacerlo) no se opone a la profundidad tridimensional del diseño sonoro de la secuencia, sino que, aporta una nueva vivencia, es el acto de la palabra “viviente”, conducida por el locutor (diseñador sonoro) hacia el destinatario adecuado (espectador).

La estética sonora de La Tierra y la Sombra

Fotograma de la película La Tierra y la Sombra de César Acevedo, Dir. Fotografía: Mateo Guzmán

 

Aquí el sonido no sólo representa el vacío y la pérdida de esta familia, sino que vincula – y no sólo en esta escena – el silencio como acto, como efecto sonoro; pese a que podría considerarse como un contrasentido el silencio, siendo forma sonora si aceptamos que los efectos sonoros, en esencia, deberían tener una realización acústica de los sonidos, pero el silencio en La Tierra y la Sombra juega un protagonismo incluso más grande que el sonido, éste otorga mayor atributo semiótico a los planos abiertos del exterior y cada una de las modificaciones de las realidades en las habitaciones oscuras.

Sin contar con música, salvo la canción Amor se escribe con llanto de Álvaro Dalmar -que utilizan de forma diegética-, la película no cae nunca en el cliché de la ensoñación o el maquillaje de la realidad, todo lo contrario, la ausencia de banda sonora en esta cinta instaura sus propios términos en cuanto a la incrementación de los sonidos reales, y genera un carácter totalmente verídico que reenvían al espectador a un estado directamente conectado con lo sensible. Esta consolidación se opone entonces, a una superficie muda de los signos meramente plasmados a través de una grabadora.

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