¿Ha caído en las redes amorosas de esta época magnífica de la historia de la televisión y quiere más, más y más? ¿Su consumo se ha vuelto compulsivo y detesta no saber qué ver ahora que ha devorado su serie favorita? ¿Siente frustración al ver series como quien pesca y correr el riesgo de gastar tiempo en productos mediocres? Tranquilo todo mundo que aquí va un largo repaso a las mejores series de la Nueva Televisión Americana (para que tengan de dónde elegir).

Las series de televisión están, hoy por hoy, por encima de una simple cuestión de entretenimiento. Para mí, como para muchos, son también una fuente de placer estético e intelectual, además de una compañía misteriosa, porque de alguna manera cada serie a la que me he entregado ha entrado en mi vida en el momento justo. Así pues, para compartir mi dicha con el mundo, hoy les voy a echar una mano con la lista de las mejores.

Binge Watching

Ya lo sé, hoy día todo el mundo parece ser un entendido en este tema y si usted aún no se ha subido al tren del boom audiovisual de las series, seguramente no tenga idea ni de por dónde empezar porque, aceptémoslo, la oferta es gigantesca y si bien hay cosas magníficas que merecen y deben ser vistas, también hay mucha, pero mucha, muchísima basura rondando por ahí. Así que si se decidió a ponerse al día, tenga cuidado, porque sus ojos y su alma cándida merecen no ser encandilados por las llamas de la quema de basura. Usted se merece tener el placer de disfrutar como Dios manda de este momento histórico en el que la televisión se ha ganado su carta de derecho como un arte. Además, en los tiempos que corren cada minuto vale oro, mucho, y cuando se trata de series de televisión, tiempo es lo que va a gastar, así que más vale que haga valer el suyo.

Antes de empezar con esta selección de las imperdibles, una respuesta somera a la pregunta de qué es eso de la “Nueva Televisión”.

Por allá en 1990, al bueno de David Lynch, junto a Mark Frost (al pobre de Frost nunca le dan el reconocimiento que se merece) se les ocurrió la loca idea de hacer una serie de televisión titulada Twin Peaks, quizá porque para el primero no era suficiente con haberle enloquecido la cabeza a la gente con películas maravillosamente desquiciadas como The Elephant Man (1980), Dune (1984) o Blue Velvet (1986), y ahora quería llegar a la enorme masa de televidentes a través de lo que en ese entonces sí que era realmente una “caja tonta”. Hay que hacer la precisión, eso sí, de que Lynch no saltó repentinamente aquí del cine a la TV como un visionario que descubrió sus grandes posibilidades; ya había escarceado anteriormente con la dirección de televisión. El que sí fue todo un visionario fue Aaron Spelling, el productor de la serie que se aventuró con tamaña quijotada en la cadena ABC.

Pues bien, a la historiografía le encanta eso de marcar la historia con mojones, y Twin Peaks es el hito indiscutible que rubrica el nacimiento de la Nueva Televisión Americana. Sí, así es como se le ha llamado (cosas del chauvinismo gringo) a una tendencia que puede que en efecto haya empezado en Estados Unidos, pero que hoy por hoy es global y tiene muestras de grandeza en rincones bien remotos del territorio de ese país. Como sea, este es un fenómeno que ha consistido en el desarrollo de nuevos contenidos para la pantalla chica alimentados con los recursos del control mental de la antigua televisión y los de la gran estética narrativa y audiovisual del cine (entre otras tantas fuentes, porque no se puede negar la injerencia del videoclip, el videojuego, el cómic, etc. en esta nueva TV). Por supuesto, este fenómeno también ha tenido que ver con la proliferación de las cadenas de televisión privadas en Estados Unidos, con la globalización que permite la caza constante de ideas y contenidos en todo el globo (no está cerca la cantera de donde han salido poderosas series como Homeland o In Treatment, ambas concebidas en Israel), con el nacimiento y proliferación de la televisión por cable (se dará cuenta usted de que el gran nombre de esta nueva ola de la televisión es aún hoy HBO, aunque su trono esté en peligro) y con la democratización de la información que produjo Internet, entre otras razones.

El caso es que desde Twin Peaks han visto la luz montones y montones de producciones que han logrado convertir la televisión en un arte con todas sus letras, y decir esto no es un capricho. La nueva televisión es arte porque se escribe por artistas y ya no por monos tipógrafos a contrarreloj, porque es dirigida por artistas y ya no por operarios de una línea de montaje, porque se fotografía por artistas y ya no por perezosos miopes, y ahí paro porque, si no, tendría que buscar una metáfora para cada uno de los participantes en una producción y se nos va la vida en prolegómenos. Aquí una advertencia: tenga en cuenta que ya hemos llegado al punto problemático aunque prolífico en el que hasta la digna maestría de los artistas del audiovisual televisivo ha empezado a engendrar fórmulas masificadas, algoritmos de medición del gusto público y esquemas de autocensura taimada. No todo lo que brilla es oro.

A quien le falte algún título en la lista que lo comente y lo sustente

Hecha esta breve introducción, aquí va una selección de lo mejor de eso que la crítica ha dado en llamar la Nueva Televisión, con una pequeña nota para que se le abra el apetito y para que tenga algún dato de coctel para el próximo corrillo de geeks de las series (a quien le falte algún título en la lista que lo comente y lo sustente. Colaboren quienes leen que este texto es casi un servicio público. Puede, no obstante, que su serie favorita no haya terminado en esta lista, sino en la futura entrega dedicada a las series que fueron geniales pero se fueron al garete). Una última advertencia: el orden es solo cronológico.

1. Twin Peaks (1990, ABC). Creadores: David Lynch, Mark Frost

Twin Peaks cartel

¿Por qué hay que verla?

Porque es la puerta de entrada, porque además es la anticipación de la irrupción de los grandes del cine en la televisión, porque siempre vale la pena dejarse consumir por los mundos pesadillescos de Lynch, porque el guion es estupendo, así como la dirección y la producción en general y, entre otras tantas cosas, porque Kyle MacLachlan está fenomenal en el papel del agente especial Dale Cooper, como siempre lo estuvo mientras duró su ciclo como actor fetiche de David Lynch.

A tener en cuenta

Si bien es cierto que Lynch abandonó el proyecto de esta serie después de un tiempo, y eso se notó, la serie continuó siendo excelente hasta el final. Si en algún momento se agotó, como suele pasar cuando uno ve obras de Lynch, no se desanime, respire profundo, dele un par de días de descanso y arremeta de nuevo, que tendrá recompensa.

Tenga en cuenta que vamos a disfrutar este año de una nueva versión de la serie, dirigida por el propio Lynch, cosa que nos emociona a todos. Veremos qué sucede en este extraño pueblo de Twin Peaks.

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2. Oz (1997, HBO). Creador: Tom Fontana

OZ-HBO

¿Por qué hay que verla?

Para empezar porque el drama penitenciario siempre es una golosina, y mucho más cuando el microcosmos de la prisión se lleva a otro nivel haciendo una cárcel dentro de otra. Porque el guion en general es jugoso y absorbente, porque los juegos de identificación y las crisis éticas no paran, así que esta serie se convierte en un festín para el intelecto. Porque los personajes son sencillamente exquisitos, desde el más cabrón hasta el más triste de los miserables, con unos arcos de transformación impresionantes.

A tener en cuenta

Si usted ve la serie completa, en el momento en que esté en las nubes del amor, prepárese para una sonora bofetada con una trama secundaria muy inverosímil sobre unas pruebas médicas en uno de los reclusos, pero no se preocupe que el mal sabor de boca por tamaña barbaridad se le pasará rápido y podrá seguir gozando.

3. The Sopranos (1999, HBO). Creador: David Chase

The Sopranos

¿Por qué hay que verla?

Porque esta serie se ha ganado con toda justicia un lugar en el punto más alto de la historia estética de la televisión, gracias, entre otras cosas, al alimento de la serie negra; a unos personajes que a pesar de resultar objetivamente grotescos logran enamorar al espectador; a una dirección de muchas manos hecha con cabeza, llena de juegos estéticos, de referencias audiovisuales, de simbolismo y de ritmo, como tiene que ser en un producto de género negro; a que desde el primer episodio usted se verá en el borde del precipicio moral; a que es una serie que recoge toda la tradición del cine criminal, en especial de aquel que se concentra en las mafias, y la pule y eterniza; a que la serie entera es también un viaje por la buena música, la buena actuación y, como todo buen arte, a las miserias del ser humano.

A tener en cuenta

No tenga miedo de encariñarse con los personajes; disfrute del dolor que trae la justa muerte de los criminales. Siempre va a poderse enamorar de otro. Evite llevar la cuenta de los muertos; es un ejercicio agotador y absurdo.

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4. The West Wing (1999, NBC). Creador: Aaron Sorkin

The West Wing

¿Por qué hay que verla?

Primero que todo, porque Aaron Sorkin ha demostrado ser el mejor dialoguista del panorama audiovisual americano contemporáneo y aquí fue cuando dio el pelotazo que lo consagró. Pero también porque la serie escudriña con inteligencia y pasión las entrañas de la política y el poder, y de paso da una regia cátedra al respecto. Y, por supuesto, también porque las actuaciones, nutridas por unos guiones milimétricamente calculados, son dignas de reverencia, empezando, cómo no, por la de Martin Sheen (Presidente Jed Bartlet) y siguiendo por las de monstruos como Allison Janney (C. J. Cregg), John Spencer (Leo McGarry), Bradley Whitford (Josh Lyman) y Richard Schiff (Toby Ziegler).

A tener en cuenta

No se frustre si le llega a pasar, como nos ha pasado a tantas personas, que se siente un poco estúpido viendo esta serie; Sorkin fue con toda seguridad un niño genio y ha decidido hacer ver al mundo, con toda razón, que son los genios quienes deberían dominar el planeta, en todos sus ámbitos –aquí el de la política, en The Social Network (2010) a nivel del mundo de las redes sociales, en The Newsroom (2012) el mundo de la información y los Mass Media y en Steve Jobs (2015) el de la tecnología informática–. Simplemente déjese llevar por los deliciosos diálogos y por la podrida complejidad del sistema. Eso sí, afine el oído si ve la serie en versión original o entrene sus ojos para leer subtítulos a velocidad robótica. Desconozco si alguien ha tenido la osadía de doblar este o cualquier otro de los productos del lápiz de Sorkin, pero, por amor a Dios, no se le ocurra ver The West Wing doblada.

5. Futurama (1999, FOX). Creador: Matt Groening

Futurama

¿Por qué hay que verla?

Porque tras la distancia tomada por Groening de The Simpsons (1989), toda su creatividad y la de un escandalosamente buen equipo se volcó en esta serie. Porque sus personajes son frescos y llenos de posibilidades. Porque la premisa del mundo futuro ha dado la oportunidad de reflexionar en esta serie acerca de los más importantes temas científicos y tecnológicos de la actualidad con las gabelas que solo la comedia y la animación permiten. Porque a partir de lo anterior, la exploración argumental de esta serie ha llenado el vacío que deja la incapacidad de realizar demasiadas aventuras narrativas en un arte mediado por la difusión masiva. Y porque el humor de Futurama es complejamente exquisito y posee niveles de lectura para todos los públicos.

A tener en cuenta

Simplemente no hay aún suficientes capítulos de Futurama para saciar la sed por su genialidad. Aparte de eso, solo puedo invitar a intentar no ver esta serie a la sombra de The Simpsons (aunque no sé si eso sea posible).

6. Six Feet Under (2001, HBO). Creador: Allan Ball

Six Feet Under

¿Por qué hay que verla?

Pues, caramba, porque para empezar es la historia de una familia de una disfuncionalidad rayana en lo marciano que regenta una funeraria, ¿para qué más? Pero también porque debajo de esa jugosa premisa, enterrado a seis pies que se escarban capítulo a capítulo, se encuentran las raíces podridas de dicha disfuncionalidad, y esas raíces están hechas de espejo, así que ármese de valor para reconocer su roñosa humanidad en estos encantadores personajes. También porque esta serie es en sí misma una vuelta de tuerca mordaz de la tradición de las series familiares norteamericanas que han enseñado una moral distorsionada y ñoña durante tantos y tantos años. Y porque la muerte es el tema más clásico que hay, y esta serie va de muerte y todo lo que eso significa; es decir, de vida.

A tener en cuenta

Six Feet Under es una serie para ser pensada, para ser degustada, rumiada, digerida, pero eso no significa que no vaya a quererla devorar de una sentada. Eso sí, ponga en práctica toda su capacidad empática, intente entender a los personajes, no los odie irracionalmente y puede que termine descubriendo para su propia vida cosas estupendas como, por ejemplo, el perdón familiar.

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7. The Wire (2002, HBO). Creador: David Simons

The Wire

¿Por qué hay que verla?

Empezaré por decir que aquí verdaderamente asomó la cabeza uno de los creadores más interesantes e ilustres del negocio de la televisión, David Simons, y que con The Wire se dejó claro que la TV es también espacio para la experimentación artística. Usted debe ver esta serie, qué duda cabe, pero no porque algunos críticos y un ejército de bocones que ni la habrán visto digan que es la mejor serie de la historia de televisión. Usted debe ver esto porque es una obra maestra del género policíaco, porque es una excursión por las miserias del alma humana, porque es quizá uno de los mejores ejemplos del buen uso de los actores naturales y los recursos de improvisación, porque es también una radiografía de la degradación del sueño industrial de Estados Unidos, porque los guiones de esta serie son de esos que dan ganas de pararse a aplaudir, porque personajes como McNulty (Dominic West), Freamon (Clarke Peters) y, por encima de todos, Omar (Michael Kenneth Williams) están tan profundamente bien dibujados que se convirtieron de inmediato en icónicos. Y podría hacer un artículo solo sobre las razones por las que hay que ver The Wire, pero hay que pasar a otras producciones. Pero eso sí, sin exageración puedo asegurar que aquel que no ha visto esta serie de cabo a rabo no sabrá nunca de qué va esto de la Nueva Televisión Americana.

A tener en cuenta

The Wire es posiblemente el primer ejemplo de un estilo muy típico de las producciones de HBO, el cold start; ese en el que una serie tarda en reventar, aunque inquieta durante los primeros episodios porque como espectador se experimenta la sensación de que lo que se está viendo es estupendo pero no se tiene plena certeza de por qué. Dele tiempo, no se frustre por la sensación de desorientación en los primeros capítulos. Lo bueno, muchas veces, cuesta.

8. Arrested Development (2003, FOX). Creador: Mitchell Hurwitz

Arrested Development

¿Por qué hay que verla?

Hay que verla porque se puede decir que esta es la serie que introdujo el modelo del mockumentary a la televisión estadounidense –si bien posiblemente quienes se merezcan los créditos por la estupenda idea de mezclar el documental con la comedia televisiva sean los ingleses Ricky Gervais y Stephen Merchant con The Office (2001)–; porque la calidad de humor aquí manejado está a la altura del gran arte y es, sencillamente, hilarante hasta la incontinencia; porque, como hiciera Six Feet Under en el drama, aquí se juega con el modelo de la serie familiar para presentar una familia patológica hasta la carcajada; porque el humor de Arrested Development da siempre pie a la burla de un sistema moral pacato y taimado; porque lleva la comedia a lugares verdaderamente interesantes y no se limita a la repetición cansina de las fórmulas y a la explotación vacía de los personajes, sus running-gags y sus catch-phrases (de hecho parodia su uso mismo) tan propias del sitcom, y, entre otras cosas, porque esta belleza de serie se retroalimenta con otra corriente de la producción audiovisual reciente, la Nueva Comedia Americana.

A tener en cuenta

Si usted se suma ahora a los muchos seguidores de esta serie tendrá mucha suerte; los que la seguimos desde sus inicios tuvimos que sufrir su cancelación y esperar siete bíblicos años para su regreso gracias a que Netflix (esa revolución dentro de la revolución de la TV) adquirió sus derechos y lanzó su cuarta temporada en 2013. Eso sí, todo hay que decirlo, el tiempo no pasó en vano y en la última temporada las cosas nunca llegaron a sentirse de la misma manera que en las tres primeras, pero no por esto deja de ser una de las mejores comedias televisivas de los últimos años.

9. Carnivàle (2003, HBO). Creador: Daniel Knauf

Carnivàle

¿Por qué hay que verla?

Pues no sé usted, pero yo adoro a los freaks y esta es una serie sobre un freak show ambulante del sur de los Estados Unidos en plena época de la Depresión. A esta serie se le derrama el sudor pegajoso, el olor de la falta de baño y la pulsión erótica de lo prohibido y de aquello que no nos atrevemos a admitir como atractivo, y todo esto porque la dirección es espectacular (muchos de los capítulos estuvieron a cargo de un colombiano que se ha convertido en un nombre importante de la dirección de TV, con participación en no pocas de las series de esta lista, Rodrigo García, quien parece haber venido a este mundo a hacer grandes cosas y de paso a resolver los no tan buenos pasos de su padre, Gabo, en el audiovisual). En general la estética y los personajes de esta serie son una delicia, y ya con eso es suficiente para que usted deba entregarle sus ojos.

A tener en cuenta

Lo justo es darle anticipado aviso de lo que va a sufrir: la serie fue cancelada a medio camino de la segunda temporada, justo cuando estaba más jugosa, y el proyecto nunca fue recuperado, así que cuando la vea, sepa que va a experimentar una horrible ruptura, una sensación de abandono y una rabia que quizá le cueste, como a mí, una pantalla nueva. Pero como en los buenos amores, vale la pena el corazón roto cuando se pone en la balanza contra el gozo de una relación feliz.

Eso sí, también hay que avisar esto: la primera temporada no es ni por asomo tan interesante argumentalmente como la segunda, pero el solo morbo de ver fenómenos carnavalescos dignamente retratados (no crea usted que por la misma razón es siquiera medianamente fumable ese esperpento de la cuarta temporada de American Horror Story) seguro mantiene su interés en esta producción.

10. Deadwood (2004, HBO). Creador: David Milch

Deadwood

¿Por qué hay que verla?

Porque es un western y es el principal representante de este género fundamental de las artes audiovisuales en la Nueva Televisión Americana, así que si le gusta este género, no se puede perder Deadwood (hay otro ejemplo reseñable de Western; Hell on Wheels, creada por Joe y Tony Gayton, pero es un producto muy irregular para equipararse a este). Y si no le gusta o cree que no le gusta (la mayoría no ha visto en realidad el mínimo de Western necesario como para emitir un juicio de gusto serio), pues es una gran oportunidad para entrar en el mundo del lejano Oeste. Porque los personajes poseen una oscuridad mezquina y fascinante; porque actores como Ian McShane (Al Swearengen) o Garret Dillahunt (en doble papel como Francis Wolcott y Jack McCall) quitan el hipo; porque la dirección de todos los episodios es meticulosa y llena de arte, y por encima de todo porque para el amante del Western esta serie es un juego mental de referencias, homenajes y, sobre todo, de recordatorios de por qué lo amamos por encima de todos los géneros.

A tener en cuenta

Esta no es en medida alguna una serie fácil de ver. Deadwood pide a quien la sigue un ojo curtido y una educación audiovisual previa, especialmente en el género del Western, cosas estas que sin duda le restaron desde el principio capacidad de éxito. No obstante, si usted no ha visto en su vida un Western y no ha explorado demasiado el cine, igual, créame cuando se lo digo, si le da la oportunidad y el tiempo, va a disfrutar de un mundo de belleza y podredumbre moral que enamora hasta los huesos.

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11. Mad Men (2007, AMC). Creador: Mathew Weiner

Mad Men

¿Por qué hay que verla?

Lo confieso, los que me conocen lo saben, nunca me ha logrado enganchar Mad Men, pero esto no quiere decir que no pueda apreciar su enorme calidad que hace de ella una serie relevante. Diría yo que, especialmente, gracias a su trascendencia en la exploración estética de ese mundo idealizado (¿iconizado?) de los años sesenta. Solo por eso ya vale mucho la pena visitar esta serie de AMC, una cadena que se ha hecho un hueco a golpes de genialidad en el panorama de la TV actual. Pero hay más, sin duda los guiones de Mad Men están suculentamente alimentados por una tradición melodramática del sueño de príncipe azul capitalista que es pisoteado por ese monstruo espeluznantemente atractivo que es Don Draper (John Hamm). La fotografía y el arte de esta serie son una simple genialidad, toda ella nutrida por la tradición visual de la publicidad, lo que parecería una solución obvia en una serie sobre publicistas, pero que en realidad es un reto mayúsculo de dirección artística y fotográfica.

A tener en cuenta

Es posible que usted sienta, tras haberse sumido en el mundo de Mad Men, que beber Old Fashioned diez veces al día y fumarse tres paquetes de Lucky Strike es lo más natural del mundo. De verdad que no lo es, estamos en el siglo XXI, evite caer en el alcoholismo y el consumo de tabaco por culpa de esta serie, usted nunca va a verse tan chick como Don Draper, e imitarlo en cualquiera de sus mañas de dandy puede hacer que quede en ridículo (evite emular a cualquiera de los otros personajes de esta serie, porque eso sería aún peor).

12. Breaking Bad (2008, AMC). Creador: Vince Gillian

Breaking Bad

¿Por qué hay que verla?

Como en el caso de The Wire, y como en todo lo digno de ser disfrutado en la vida, no vea Breaking Bad porque todo el mundo diga que es la mejor serie de la historia (la mayoría de esas personas no tiene punto de comparación para hacer tamaña declaración), tampoco lo haga porque es aún hoy, a pesar de que han pasado unos años desde que terminó, un tema de moda. Si usted no ha visto esta maravillosa obra de arte audiovisual empiece por saberse en una posición de absoluto privilegio, porque la experiencia de la primera vez con una gran obra es única, y esa emoción de infante en vísperas de navidad que ha visto en los ojos de todos los que hablan de la serie, créame, es justificada. Breaking Bad es, por encima de todo, un monumento a la narrativa audiovisual, plagado de licencias experimentales magníficas que la hacen una serie única (solo como ejemplo, la desquiciada y hermosa digresión narrativa en la que una mísera mosca se convierte en eje de todo un episodio). Pero también es una producción con una premisa envidiable basada en una peculiar suma de elementos: un químico brillante en un trabajo miserable + cáncer + penurias económicas + un exalumno hampón metido en el mundo de la cocción de metanfetamina (solo por sumar lo más esencial). ¿Le parece poco? Súmele a esto un reparto de actores históricamente segundones o desconocidos que agarran unos personajes sobrecogedoramente bien dibujados y los llevan al terreno de la genialidad bajo el mando de unos directores a los que se les permitió dejar volar toda su imaginación para dar vida a unos guiones hinchados de un humor negro como brea. Y ni me meto con la fotografía, con la dirección de arte o con la elaborada red de referencias audiovisuales, porque empiezo a babear sobre el teclado de pura emoción.

A tener en cuenta

Como pasa con las grandes obras, usted puede ver Breaking Bad para reír, para llorar, para pensar, para sufrir, para relajarse, para evadirse o para maravillarse, y siempre quedará tela por cortar y capas por pelar en cada episodio. Mi más sincera recomendación: si termina con la boca abierta tras un capítulo, repítalo, reléalo. Y recuerde que durante las cinco temporadas de esta serie usted va a pasar del infinito amor al enconado odio por prácticamente todos los personajes; agárrese bien que el viaje va a estar movidito.

13. Treme (2010, HBO). Creadores: David Simons y Eric Everemeyer

Treme

¿Por qué hay que verla?

La primera razón para sentarse a ver Treme es que tiene la firma garantizada de David Simons, el creador de la emblemática The Wire, quien tras haberse convertido en una vaca sagrada en HBO, y mientras que la cadena dedicaba el grueso de sus recursos a superproducciones como Game of Thrones (2011), se embarcó en este proyecto junto con Eric Everemeyer y, gracias a Dios, HBO les dio carta blanca para hacer lo que se les vino en gana. Y cuando a semejante par de cabezas se les da esa libertad, el resultado es la serie más interesante de todas las de esta lista. La más interesante porque es la que se ha permitido un mayor nivel de exploración, usando como premisa el retrato de la New Orleans post-Katrina. En esa exploración Treme ha rescatado a algunos de los más grandes músicos vivos de la mágica ciudad de Luisiana, lo que significa hacer la serie más musical de la historia de la televisión, así que si usted es un amante de la buena música, déjelo todo, obvie todas las demás producciones de esta lista y siéntese a gozarse este monumento, porque la serie entera es casi un musical y una excusa para difundir el corazón del folklore sonoro norteamericano. Por si fuera poco con esto, Treme recoge a una plana de actores reverenciales como Kim Dickens (Janette Desautel), Clarke Peters (Albert Lambreaux), Wendell Pierce (Antoine Batiste), Steve Zahn (Davis McAlary) y David Morse (Terry Colson), sin mencionar a los de la larga lista de actores-músicos naturales.

A tener en cuenta

Abra bien los oídos y los ojos, que su sensibilidad esté a tope para ver esta serie. Con suerte le pasará como a mí y experimentará una experiencia hiperestésica que lo lleve hasta el más dulce de los llantos en todos y cada uno de los episodios. Lo juro, no exagero al decir que cada capítulo de esta serie me ha hecho llorar de pura conmoción estética (aunque admito que  soy muy llorón).

No deje esto para el final, Treme está en lo más alto del Olimpo de la televisión a pesar de ser poco conocida. Hay que recordar que esta nueva ola no se trata solo de entretenimiento e historias envolventes; no le tenga nunca miedo a lo desconocido.

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14. Boardwalk Empire (2010, HBO). Creador: Terence Winter

Boardwalk Empire

¿Por qué hay que verla?

Esta serie viene a ser el sueño de los grandes directores clásicos del género negro; una vitrina gigantesca y masiva en la que plasmar toda la genialidad del Noir y escudriñar con una profundidad sórdida y fascinante las entrañas de esa época fundamental como fuente de historias para el audiovisual norteamericano que fue la prohibición, cuando las mafias se consolidaron y extendieron sus pútridas raíces hasta la médula misma del American Dream. En Boardwalk Empire usted podrá disfrutar de una de las producciones más esmeradamente dirigidas de nuestra época y se enamorará de personajes escalofriantemente atractivos como Enoch “Nucky” Thompson (Steve Buscemi), Lucky Luciano (Vincent Piazza), Nelson Van Alden (Michael Shannon) o, mi favorito, Richard Harrow (Jack Huston), un veterano de guerra que vuelve a casa sin la mitad de la cara y no encuentra otra forma de vida más que complementar su monstruosidad física con la monstruosidad moral al convertirse en un enigmático asesino a sueldo al que se le escurren las babas por el hoyo que tiene por rostro.

A tener en cuenta

Si bien es cierto que Martin Scorsese estuvo involucrado en este proyecto como productor de la serie y como director de su excelente episodio piloto, no es justo laurearlo solo a él por esta genial obra; es necesario darles el merecido crédito a sobrecogedores directores como Timothy Van Patten, Ed Bianchi, Allen Coulter y Jeremy Podeswa, entre otros (nombres poderosos que han sido artífices de la genialidad del arte televisivo actual. Si se fija bien, se los encontrará repetidamente en los créditos de muchísimas de las series de esta lista y de las que están fuera de ella; especialmente los dos primeros).

15. Spartacus (2010, Starz). Steven S. Deknight

Spartacus

¿Por qué hay que verla?

Hay que ver esta serie porque es una de las que, de todas las producciones aquí comentadas, tiene una autenticidad estética más marcada (solo superada, diría yo, por la de Legion); porque su explotación de los recursos de la violencia y el sexo es tremendamente inteligente y eficaz, hasta el punto de demostrarle a cualquier amante de la belleza que la capacidad narcótica de la estética deja atrás con humillación a toda ética (nunca ver a esclavos semidesnudos matarse a tajos fue tan bello. Bueno, quizá en la época del Imperio, pero ya nos la perdimos); porque usted va a ver los episodios y a terminarlos con deseos de embriagarse, golpearse hasta la sangre con otro ser humano y tener sexo con la potencia de un cimarrón recién fugado; porque usted, sea hombre, mujer o trans, heterosexual, homosexual o pansexual, se va a deleitar la vista cosa sabrosa con un desfile de hombres y mujeres de una hermosura olímpica; porque la conjunción de una estética rayana en lo fascista con un discurso revolucionario es una inyección de vida para el alma y el cerebro, y lo más importante de todo, porque esta serie es magistralmente entretenida, a fin de cuentas es la historia de Spartacus, el gran gladiador que levantó a los esclavos y los convirtió en un ejército.

A tener en cuenta

La advertencia inicial que nunca se puede dejar de hacer a la hora de hablar de Spartacus es la siguiente: los dos primeros episodios son, sin exageración alguna, caca metida en una lata, flotando en un río de más caca. Es lo que hay y no se puede negar. La serie se presentó como una especie de copia maluca de la estética que tan bellamente había conseguido Zack Snyder en 300 (2006). Por fortuna, las cabezas al mando de Spartacus entraron en razón y, tras esos dos horrorosos episodios se embarcaron en la consecución de una estética y una narrativa propias que les permitieron hacer una de las series más jugosas, eróticas, sanguinolentas, entretenidas, fascinantes y bellas de esta nueva ola de la televisión, así que aguántese el parto de los dos primeros capítulos que la recompensa por esa tortura será gigantesca.

Tenga en cuenta también que esta es la típica serie que usted querrá seguir viendo para siempre, pero lamento decirle que solo duró cuatro temporadas.

Para que no se despiste, hay una temporada entera, Gods of the Arena, que funciona como una especie de precuela-spin off sobre el personaje de Gannicus. Además, prepárese para un cambio muy fuerte en el reparto, el protagonista inicial, Andy Whitfield, perdió su batalla contra el cáncer (si se muere Spartacus de cáncer, ¿qué será de nosotros los simples mortales?) y fue reemplazado por Liam McIntyre, a quien seguramente rechazará un poco al principio, pero no se preocupe que igualmente llegará a amarlo como a su predecesor.

16. Homeland (2011, Showtime). Creadores: Howard Gordon y Alex Ganza

Homeland

¿Por qué hay que verla?

En un Estados Unidos sumido en el milimétricamente alimentado miedo al terrorismo y odio al mundo musulmán, Homeland viene a ser un producto de una inteligencia regia, al ofrecernos la historia de un soldado de élite secuestrado por el enemigo, que vuelve misteriosamente a emerger de su total desaparición para desestabilizar el statu quo de esa extraña certeza de seguridad que al pueblo americano le dio ver en el siglo XX cómo dos guerras hacían pedazos el mundo, mientas ellos podían continuar en la comodidad de su hogar a miles de kilómetros de los bombardeos y los ataques. Esa tranquilidad que rompieron, como sabemos, los ataques del 11S. Ahora bien, la razón más poderosa para ver esta serie quizá no sea el entramado de intrigas que redefine el género de espías, sino especialmente esa apabullante vorágine de talento que es Clare Danes en el papel co-protagónico de Carrie Mathison, una agente de la CIA con el cerebro más frito que un nugget, que termina envuelta en una relación amorosa más patológica, autodestructiva e inapropiada de lo que cualquier rock star pudiera siquiera imaginar.

A tener en cuenta

Homeland es una de las producciones de la Nueva Televisión Americana que demuestra que en su génesis misma que el fenómeno de la evolución del arte televisivo no se circunscribe de manera exclusiva a Estados Unidos. Como hacen los buenos seleccionadores deportivos (y perdone usted la comparación con algo de lo que no sé un pimiento), Estados Unidos ha buscado en la cantera de las “ligas menores” posibilidades de nutrirse de historias y proyectos. Esta serie es una adaptación americana de la Israelí Hatufim (secuestrados), creada por Gideon Raff en 2009.

Otra cosa, la serie empieza ya a correr ese riesgo de muchas de alargarse más de la cuenta. Veremos qué sucede al respecto.

17. Game of Thrones (2011, HBO). Creadores: David Benioff y D.B. Weiss

Game of Thrones

¿Por qué hay que verla?

Esta serie hay que verla porque es la actual consentida de HBO, lo que significa que es quizá la producción con un presupuesto más inflado de toda esta lista de las imperdibles y, a quién vamos a engañar, cuando de audiovisual se trata, tener el bolsillo ancho trae enormes ventajas. Pero eso es lo menos importante, esta maravilla del género fantástico es lo que es, en buena medida, porque es la adaptación (dicen muchos que muy buena) de la saga de novelas de George R. R. Martin. Ahora, independientemente de su procedencia genética, Game of Thrones es un carnaval de narrativa hecha con esmero en la que se juega con la empatía y las apuestas emocionales del espectador a la manera en que lo hace un gato con su presa antes de quitarle la vida, y ese juego de crueldad sin licencias es ya en sí mismo el mayor aporte de esta serie al arte televisivo. Y eso sin contar con la dirección casi de filigrana, las actuaciones de aplauso, el vestuario que lleva el detalle hasta lo absurdo y mil cosas más que la hacen una obra única e imperdible.

A tener en cuenta

(Spoiler alert!)

Disculpará usted si le arruino una sorpresa pero esto hay que decirlo: prepárese para sufrir, porque todo este relato está diseñado para llevarlo a la identificación con los débiles, los oprimidos, los “buenos” y hacer que se le rompa el corazón, pero cuando decida cambiar de bando, recuerde que también por ese lado lo van a golpear hasta quebrarlo. El día en que se entregue a Game of Thrones usted se convertirá de inmediato en una marioneta de un titiritero cruel hasta el átomo como el dios del Sinaí.

A mi gusto, esta es una serie que empieza a alargar a la brava su fórmula narrativa en la temporada 6, la cual, francamente, no funciona tan bien como las otras. Está por verse su pronto regreso para la séptima temporada en julio de este año.

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18. Boss (2011, Starz). Creador: Farhad Safinia

Boss

¿Por qué hay que verla?

Pues para empezar por la premisa dramática de la serie: el alcalde de Chicago, Tom Kane, interpretado por un gigantesco Kelsey Grammer, quien además de ser alcalde es básicamente el dueño y señor de toda la condenada ciudad, es diagnosticado con una enfermedad degenerativa, así que su día a día por mantener su poder, a fuerza de ser el cabronazo definitivo, se ve encantadoramente entorpecido por la inminencia de convertirse en un cuerpo inútil y vegetalizado con una mente desconecta y errática. Si no le basta con semejante punto de partida, agréguele a esto que la serie es en sí misma un grandioso homenaje a Citizen Kane (1941), de Orson Wells, así que también viene a ser un refrescante recordatorio y una interesante relectura de una de las grandes películas de la historia del cine. ¿Quiere más? Se le tiene: el guion es tan rico y complejo que no importa si usted es un adolescente altanero o una señora jubilada, igual no va a poder parar de ver los episodios uno tras otro (yo me vi la serie al tiempo que lo hacía mi señora madre y no podría decir quién estaba más emocionado), y si usted disfruta de la belleza humana combinada con talento a chorros, pues tenga en cuenta que en esta producción actúa una mujer de una belleza que hace doler los ojos, Kathleen Robertson (Kitty O’Neill), quien es, para colmo de mi emoción, aún más talentosa que bella.

A tener en cuenta

Una de las tendencias de la Nueva Televisión Americana es la de incorporar a grandes directores del cine a las filas de la televisión, la mayoría de las veces a cargo de los episodios piloto o de capítulos puntuales, como ha sucedido con David Fincher y Joel Schumacher en House of Cards (2013), Guillermo del Toro en la mediocre The Strain (2014) o Steven Soderbergh en la integridad de The Nick (2014), entre otras. En esta serie sucede lo propio, con una incorporación de liga de las estrellas, Gus Van Sant.

La gran desgracia de esta serie radicó en razones totalmente ajenas a su calidad. Hoy podemos entender en corta retrospectiva cómo la irrupción en la parrilla de la serie de Netflix House of Cards en 2013 seguramente fue el clavo final que selló el ataúd de esta producción, que como la de Netflix, abordaba el tema de la degradación del poder en los círculos políticos, eso sí, todo hay que decirlo, unas diez veces mejor. Pero así funciona el negocio, no todo depende de las virtudes de la obra; la televisión contemporánea, con su desmesurada demanda, rara vez tiene espacio para dos productos tan parecidos, salvo en el caso de los superhéroes, que parecen poder proliferar de manera bacteriana sin que a nadie le importe que a punta de fórmula y de aplausos pagados en cada rincón de las redes sociales eclipsen la luz del arte de la televisión con sus triquiñuelas para niños (pero esa es harina de otro costal).

19. Hell on Wheels (2011, AMC). Creadores: Joe Gayton y Tony Gayton

Hell on Wheels

¿Por qué hay que verla?

Porque esta serie sobre un ex soldado confederado que busca vengarse de los unionistas que masacraron a su familia, junto a Deadwood, forma el tándem de las representantes del género de los géneros en el audiovisual, el Western (aún está por verse qué más ofrece Westworld de Jonathan Nolan, desde su perspectiva del Sci-Fi, pero desde luego en su primera temporada dejó todo que desear); porque ha sabido entender y transmitir los elementos esenciales de dicho género y de su vertiente crepuscular de una manera eficiente que permite al espectador, incluso al novato en el género, disfrutar de su esplendor estético, narrativo y discursivo; porque ha jugado inteligentemente con un protagonismo cada vez más coral, dando importancia y profundidad a historias complejas y jugosas que hurgan y hurgan en la inmundicia humana en medio de un pequeño infierno igual de inmundo sin dejarse llevar por la tentación de las caras bonitas; porque la experiencia de verla siempre regala aquí y allá momentos visuales poderosísimos, y porque la producción guarda esa elegancia que solo el cine del Oeste sabe mantener, no importa qué esté filmando.

A tener en cuenta

Como espectador, puede que usted experimente una sensación de que la serie no tiene el poderío compacto de las más grandes, esto sucede porque sufre de cierta timidez e irregularidad en su relato que lo dejan a uno muchas veces con ganas de más, como en un coitos interruptus, pero esto no hace que la serie deje de ser hermosa y envolvente.

20. The Newsroom (2012, HBO). Creador: Aaron Sorkin

The Newsroom

¿Por qué hay que verla?

Ya anteriormente había mencionado la genialidad de Aaron Sorkin y su innegable estatus como eminencia de la escritura de diálogos en la actualidad del negocio del audiovisual en Estados Unidos (aunque a alguno le pese que le haya arrebatado el trono a Tarantino). Pues bien, aquí se lanzó al agua con una serie sobre un noticiero, por supuesto, lleno de genios a los que el IQ se les derrama por la boca. Uno diría “pues no suena muy interesante”, pero seamos francos, ¿quién iba a pensar tampoco que la historia de Mark Zuckerberg y la creación de Facebook iba a convertirse en un blockbuster? Ese es uno de los talentos de Sorkin, quien puede hacer con su escritura brillante que los espectadores se ahoguen en las historias inicialmente más áridas. Así que hay que ver esta serie, como todo lo que hace Aaron Sorkin, porque hay un placer intelectual gigantesco en cada minuto de sus episodios y porque es reconfortante ver lo podrido que se ve el mundo a través de los ojos de un genio (aunque me parece que el buen Aaron sin duda sigue creyendo en la bondad intrínseca del hombre).

A tener en cuenta

Si usted solo recuerda a Jeff Daniels (aquí en el papel protagónico de Will McAvoy) por su participación es esa monstruosidad llamada Dumb and Dumber (Peter Farrelly, Bobby Farrelly, 1994) que hizo junto a Jim Carrey, seguramente le chocará bastante verlo en semejante papel, pero a lo mejor eso empuja a redescubrirlo, lo que sería una cosa genial porque es un actor fantástico, a pesar de su cara alelada y escurrida.

Y una vez más, como lo anotaba al hablar de The West Wing, no pasa nada porque uno se sienta estúpido viendo The Newsroom, es normal, todos somos estúpidos al lado de las mentes prodigiosas.

21. Masters of Sex (2013, Showtime). Creadora: Jennifer Getzinger

Masters of Sex

¿Por qué hay que verla?

Esta serie puede resultar poca cosa a muchos, pero sin duda hay que verla, para empezar porque es una serie sobre sexo, sobre el estudio del sexo. Seguro a usted, como a mí y a la mayoría, le gusta el sexo más que a un tonto un lápiz, así que estamos en terreno fértil. Pero lo verdaderamente interesante de Masters of Sex es que es la única producción de esta lista que en rigor es una telenovela. Créame, puede que si no se lo dijera, usted nunca se diera cuenta, pero si se fija con cuidado, se dará cuenta de que la base argumental de esta belleza es la historia de amor imposible entre el doctor William Masters (Michael Sheen) y su asistente de investigación, y antes secretaria, Virginia Johnson (Lizzy Caplan). Y esto es genial porque lo que va usted a disfrutar es una trasgresión a los estereotipos negativos del romántico televisivo, y a su vez toda una contracorriente ante la ola de la nueva televisión, que entre sus características se ha alejado como de la peste de todo esquema melodramático central de sus narraciones. Si no le basta con estar ante semejante rareza (que se engrosa por el hecho de que, si se fija en esta lista, las creadoras de series escasean en el negocio), sepa que Masters of Sex remueve los tabús sobre la sexualidad, por allá en la no tan lejana época en la que poco y nada se sabía de manera científica al respecto, y lo hace a través de unos guiones llenos de inteligencia y delicadeza.

A tener en cuenta

La historia romántica de esta serie es la reafirmación misma de la estupidez emocional humana, por favor no siga su ejemplo, búsquese una pareja que esté lo menos trastornada posible.

22. House of Cards (2013, Netflix). Creador: Beau William

House of Cards

¿Por qué hay que verla?

Aquí tengo que ser franco, considero que esta serie es sin duda una buena producción, pero no me trasnocha; sin embargo, es necesario incluirla en esta lista porque además de tener un muy buen guion que embelesa al espectador royendo el hueso pocho del sistema político americano; unos personajes complejos y mezquinos explorados con atino; una dirección notablemente cuidadosa, en el nivel de la excelencia en los dos primeros episodios, a cargo de David Fincher; una notable dirección de fotografía llena de cálculo compositivo; unos actores formidables, con Kevin Spacey (Francis Underwood) a la cabeza, y no pocas bondades más, es también, y por encima de todo, un hito de importancia en la historia de la televisión en general y de la Nueva Televisión Americana en particular, por su procedencia y por la manera en que fue y sigue siendo ofrecida a la audiencia.

A tener en cuenta

Como es bien sabido, Netflix, empresa que inicial y principalmente solo se dedicaba a ofrecer contenido en streaming, dio el salto a la producción (después de todo ya tenía bajo su ala a más de treinta millones de usuarios en todo el mundo, con lo que parecía el paso más lógico el simple hecho de crear sus propios productos, teniendo ya dominado el canal de distribución y exhibición). Pues bien, en 2013 lanzó House of Cards, y encima lo hizo de manera revolucionaria, con todos los episodios de la primera temporada de una sola vez (pero no le crea a Reed Hastings y Marc Randolph, los creadores de Netflix, cuando aseguran haber sido los inventores del modelo de visionado de televisión maratónica, Binge-watching, ese honor lo tenemos cada uno de personas convertidas en usuarias compulsivas que como usted y como yo, llevamos años descargando contenido y gastando días enteros frente a la pantalla viendo capítulos sin parar ni para ir al baño. Ellos solo tuvieron la gran inteligencia para convertir eso en un negocio). Esta es pues la primera gran serie de la revolución dentro de la revolución. Ya veremos a dónde lleva al arte de la TV esta nueva forma de producción y difusión que por desgracia empieza a caer en fórmulas.

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23. Rick and Morty (2013, Starburns Industries). Creadores: Dan Harmon y Justin Roiland

Rick and Morty

¿Por qué hay que verla?

Esta es una serie que hay que ver, en primer lugar, porque es totalmente hilarante. El humor negro, incorrecto y aberrado que frivoliza existencialmente todo hasta el ridículo hace difícil verla sin retorcerse de risa. Por otro lado está el elemento de ciencia ficción, tremendamente actualizado y abordado con una vitalidad pocas veces vista en el género. A partir de bases científicas de temas que son hoy por hoy en el mundo de la ciencia auténticas obsesiones, la serie teje historias descabelladas y sumamente complejas en ocasiones, pero siempre con el toque de humor sangrón que es ya todo un sello. Además de esto, los personajes de Rick and Morty son sencillamente formidables, especialmente Rick Sánchez (Justin Roiland), el científico demente y genial que arrastra a su pobre nieto, Mortimer “Morty” Smith (cuya voz también está a cargo de Justin Roiland) a las más demenciales y desproporcionadas aventuras, normalmente con propósitos absolutamente egoístas y banales. Y lo mejor de todo es que, ya que cada episodio descansa sobre premisas tan complejas, como espectador uno se puede dar el gusto de reír sin consecuencias como un universitario drogado o quedarse un día entero moliéndose la cabeza al sacarle patas a los problemas teóricos y filosóficos que descansan en los episodios.

A tener en cuenta

La referencia y deuda directa de la serie con esa película de Robert Zemeckis que marcó tan hondamente a toda una generación de cineastas, cinéfilos y espectadores comunes, Back to the Future (1985), es evidente, pero no es la única. Bien puede gozarse la serie buscando referencias a la historia de la ciencia ficción literaria y audiovisual.

Por supuesto, si usted conoce de ciencia ficción en cine, televisión y literatura, así como de lo que está en boga en el mundo de la ciencia y la tecnología contemporáneas (también de la filosofía), se gozará más la serie, sin embargo no es necesario nada de esto para disfrutarla y enamorarse de ella.

La tercera temporada acaba de arrancar y esperamos que haya muchas más. No olvide que todos los episodios de la serie tienen una escena after creditasí que aguarde hasta el final.

24. True Detective (2014, HBO). Creador: Nic Pizzolatto

True Detective

¿Por qué hay que verla?

Una vez más, porque estamos ante el género que con casi toda seguridad podamos considerar el más preponderante del audiovisual, el género criminal (no voy a decir Noir por si algún purista está leyendo esto, pero True Detective es género negro hasta la médula); porque su director, el nuevo niño mimado del negocio, Cary Joji Fukunaga, ha demostrado ser un auténtico monstruo (anótese además que es raro en el mundo de las series de televisión que un solo director se haga cargo de toda una temporada. Lástima que Fukunaga no haya seguido a cargo de toda la serie), cosa que demostró particularmente con un plano secuencia, escalofriante de lo bueno que es, en uno de los episodios de la primera temporada de esta serie que le valió un Emmy; porque Nic Pizzolatto es un guionista a cuyo trabajo se le siente la investigación, las noches en vela, la lectura y las cientos y cientos de horas de cine, en un relato cargado de oscuridad, depravación y misterio que lo arrastrará a usted a un pequeño infierno delicioso (si se anima, lea Galveston la novela de Pizzolatto, que es tan buena como esta serie); porque los dos protagonistas de la primera temporada, Matthew McConaughey (Rust Cohle) y Woody Harrelson (Marty Hart) ratifican que la interpretación también es un arte y nos recuerdan que en esto de la Nueva Televisión no hay espacio para los mediocres.

A tener en cuenta

Esta serie tiene la peculiaridad de que sus temporadas se planean como unidades independientes, a manera de miniseries (una sub-ola creciente dentro de este mundo de la nueva TV), de tal forma que debe usted ser consciente de que lo que no descubra durante los episodios de una temporada nunca lo descubrirá y que si se enamora de los personajes su idilio será fugaz. Pero por otro lado, esto es magnífico, porque es la oportunidad de ser devorado por nuevos y oscuros infiernos. Eso sí, si espera que la segunda temporada de esta serie le dé lo que le dio la primera, se va a llevar una gran decepción.

25. The Leftovers (2014, HBO). Creadores: Damon Lindelof, Tom Perrota

The Leftovers

¿Por qué hay que verla?

Quisiera poder escribir de esta obra de arte tras haberla visto muchas veces como es menester para un crítico decente a la hora de abordar una obra que produce la inmediata intuición de ser una de las mejores de su clase, pero con toda franqueza, cuesta demasiado y tiene que ser malo para la salud enfrentar mi pobre almita a la contundencia de los golpes de The Leftover de manera repetitiva (de momento voy dos visionados de la primera temporada y aún estoy recogiendo los pedazos de mi ser tras ver la segunda, para prepararme para la tercera y última que se estrenó en abril de 2017). Lectores y lectoras, si ustedes deciden ver esta serie (para mí la más poderosa que se ha hecho y con kilométrica diferencia una de la trinidad de las mejores de parrilla actual junto a The Young Pope y Transparent) prepárese para que su alma sea maltratada como un pañuelo. Tan solo escribiendo esto recuerdo los azotes que he recibido viendo cada uno de los capítulos y se me llenan los ojos de unas lágrimas amargas que brotan desde los más oscuros recodos de un alma reventada de arte.

Empecemos por comentar la inigualable premisa argumental de la serie: de repente, un día como cualquier otro, el 2% de la población mundial se esfuma. Así, sin más, simplemente la gente desaparece enfrente de otros. Cualquier pardillo seguramente habría dedicado la serie a la explicación de qué fue lo que pasó, pero no Tom Perrota, autor de la novela (obra menor al lado de su adaptación audiovisual), coguionista y uno de los creadores de la serie. No, The Leftovers se desarrolla tres años después del inexplicable evento, cuando lo que importa ya no es encontrar una respuesta, sino un nuevo rumbo para las vidas, los cuerpos, las mentes y los corazones destrozados de los que se quedaron en este mundo, un mundo que, por supuesto, ahora es solo un fingido calco de normalidad. A partir de eso nada puede fallar en manos de un equipo creativo que todo lo hace de manera impecable y, muy a la manera de HBO, sin concesiones benévolas chichipatas hacia el público. Pura crisis, puro dolor, pura transformación, pura pasión y puro arte es lo que usted verá en The Leftovers.

A tener en cuenta

Si usted lleva ya tiempo explorando el mundo de las series, puede que recuerde al creador de esta que aquí comento con tanto ardor, Damon Lindelof, de una de las que más importancia histórica y social han tenido, quizá por ser el primer gran fenómeno de masas de la Nueva Televisión Americana y por su labor en la construcción de plataformas de narración transmedia: Lost (2004, J. J. Abrams y Damon Lindelof). Serie ausente en esta lista de las imperdibles por razones que expondré más adelante. Tras el monumental éxito de dicha serie (que fue un auténtico monstruo proteico lleno de misterios que nunca llegaron a resolverse) el mundo decidió, por razones que desconozco, que la gran mente maestra detrás de dicha producción era J. J. Abrams. Para quienes no lo conocen, Abrams es creador de un buen número de series de televisión (no muy buenas, todo hay que decirlo, como Alias de 2001, Fringe de 2008 y Six Degrees de 2006) y ahora es todo un consentido del mundo del género fantástico, cumpliendo a lo bestia el american geek dream, dirigiendo una película de Star Trek (Star Trek Into Darkness, 2013) y una de Star Wars (Star Wars: The Force Awakens, 2015). Yo tenía la sospecha, tras ver las demás producciones como creador y como director de Abrams, de que en realidad la verdadera mente detrás de todo lo bueno de Lost (hoy apuesto a que todo lo malo fue culpa de J. J.) era Lindelof, y al ver The Leftovers lo puedo confirmar.

Si usted gusta del audiovisual solo para ser alegremente entretenido, absténgase totalmente de ver esta serie, porque va a recibir una tunda emocional como quizá nunca haya experimentado con una obra de arte. Algo se le va a descomponer por dentro con toda seguridad; esto es solo aptos para los verdaderos amantes del arte. Y si la ve, recuerde que esta no es una serie de misterios sino de dolor, no gaste su tiempo en la obsesión por las respuestas:

Let the mystery be

26. Fargo (2014, FX). Creador: Noah Hawley

Fargo

¿Por qué hay que verla?

Fargo hay que verla porque si usted amó (como yo lo hice, lo hago y lo haré siempre) la película homónima de los hermanos Coen (1996), aquí se va a encontrar de nuevo con todo ese universo mórbido, frío y lleno de humor. Si en cambio usted no ha visto esa hermosa Fargo del 96 (¡siéntese a verla ahora mismo!), igual al ver la serie descubrirá una producción con un guion retorcido y cruel que lo hará mantener una sonrisa idiota durante horas, conocerá unos personajes totalmente entrañables y patéticos (cada uno a su manera, ya sea inocente o despiadada) de los que se enamorará, y comprobará que lo más bonito de la nieve es cómo hace resaltar la sangre.

A tener en cuenta

Sobre esta serie no hay mucho que añadir en términos de prevenciones; es sencillamente una gran producción que merece la pena ser vista, pero si usted ya está familiarizado con el mundo de las producciones de televisión de nuestra época y tiene ciertas reticencias porque la produce FX, le puedo decir que aunque dichas prevenciones hacia la productora son, o al menos fueron durante un tiempo justificadas, en este caso debe deponerlas.

Eso sí, voy a aprovechar esta serie para hablar de otro fenómeno de importancia en esta nueva ola de la televisión. Fargo no es, rigurosamente hablando, una serie, sino una miniserie, matiz que parece nimio, pero que tiene fuertes implicaciones. La principal diferencia es que en la miniserie no hay pretensión de prolongación en el tiempo, por lo que se trata de un producto cerrado, terminado, completo, cosa que no pasa en la serie, donde las dinámicas del mercado pueden hacer que la producción se prolongue más de la cuenta (como ha pasado por desgracia con bastantes buenas series) o que se trunque de manera abrupta, y eso, en términos artísticos, es una diferencia ciclópea. Eso sí, tanto las miniseries como las series de esta nueva ola de la televisión se alimentan de los mismos principios, por lo que es posible hablar de ellas de manera conjunta. Ahora bien, hay que anotar que el de las miniseries se empieza a perfilar desde hace tiempo como todo un mundo independiente, pero ya dará la vida licencia para escribir largo al respecto.

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27. The Knick (2014, Cinemax). Creador: Jack Amiel y Michael Begler

The Knick

¿Por qué hay que verla?

Este es otro caso raro en el que un solo director, y encima uno de la talla de Steven Soderbergh, con prolongada curtimbre en el cine, dirige toda la serie. Hay que verla porque es una historia de cirujanos en la Nueva York de principios del siglo XX, lo que garantiza una enorme dosis de procedimientos médicos en precario desarrollo, sangre, entrañas abiertas, enfermedad y muerte. Entonces, si usted es de los míos y tiene un especial afecto hacia la estética de lo grotesco, se lo va a pasar bomba viendo The Knick. Además su protagonista es el bueno de Clive Owen (Dr. John W. Thackery), un genio obsesivo que se gasta la mitad de la vida en desarrollar la ciencia de la medicina y la otra mitad inyectándose cocaína o fumando opio en Chinatown. Sin duda lo mejor de esta serie son sus personajes, llenos de claroscuro y disecados en sus miserias con una anestesia precaria, con procedimientos rudimentarios y sin guantes en lugares que no parecen nunca suficientemente asépticos, tal cual como se hurgaba en los cuerpos de inicios del XX, así que se vuelve un gusto retorcido y un poquito sucio el de entrar en sus cavernas personales y verlos cargar sus cruces.

A tener en cuenta

Por si usted es un amante de la historia, no viene mal saber que el personaje de John W. Thackery está inspirado en William Stewart Halsted, el visionario médico del que se cuenta, entre otras cosas que a mí me parecen menos divertidas, que fue el primero en usar guantes en el quirófano.

Una muy mala noticia: la serie fue recientemente cancelada, así que usted solo podrá disfrutar de dos temporadas y se quedará con cara de idiota esperando ver más episodios que jamás llegarán.

28. Transparent (2014, Amazon). Creador: Jill Soloway

Trasnparent, serie de TV, Amazon

¿Por qué hay que verla?

Lo de las comedias sobre familias disfuncionales en la televisión es ya prácticamente un lugar común, pero en Transparent se da un paso más allá. Aquí hay una auténtica redefinición de la comedia familiar y el discurso inclusivo moralizante tan propio del sitcom. Esta serie cuenta la historia de una familia descompuesta y atravesada por el factor común de la desviación normativa de la sexualidad: un padre travesti que tras una vida de represión decide ser realmente quien es y entregarse a su transformación para ser una mujer, un hijo con tendencia a la satiriasis que es incapaz de entablar relaciones de pareja sanas, una hija mayor ocultamente lesbiana y atrapada en un esquema de familia de revista que la pudre por dentro, y una hija menor que es un auténtico coctel patológico y en quien también despunta la transexualidad. Por supuesto, abordar la dimensión familiar de la sexualidad fuera del patrón normativo-estadístico es un acto creativo arriesgado y con coraje, pero esa es aquí solo la base de un relato sincero y demoledor sobre la soledad de los secretos reprimidos y la batalla por la autoaceptación y la trans-gresión, tejido con inteligencia en un guion lleno de ocurrencias y muy buen gusto que da pie a trabajos de interpretación realmente memorables pero que se sienten extraña y refrescantemente libres de pretensiones grandilocuentes. Además de todo esto, Transparent es un monumento de divulgación, reflexión y profundización en las problemáticas de género hasta unos puntos insospechados, gracias al trabajo de un equipo de escritura de un poder y conocimiento enormes: Jill Soloway,  Nisha Ganatra,  Andrea Arnold,  Stacie Passon, Jim Frohna,  Silas Howard y Marielle Heller.

A tener en cuenta

Este es sin duda el hito que marca la muy seria entrada de Amazon (Transparent fue la primera serie de televisión de un servicio de streaming en ganar el Globo de Oro a mejor serie) en el mercado de la exhibición y producción de televisión, cosa a la que hay que poner atención, puesto que implica la pluralización de los jugadores en el tablero desplegado por Netflix y al que se suman cada vez más y más empresas jugadoras.

Aunque esta serie se cataloga como comedia, en realidad hablar de ella en esos términos se queda corto, puesto que Transparent excede por mucho esos límites genéricos. Rigurosamente hablando no es una serie orientada a arrancar muchas risas, pues es más bien un drama profundo tintado de gotas de humor muy muy negro, al que etiquetaron de comedia, creo, para aliviar el golpe y la mirada censora de una sociedad tan pacata como la estadounidense. Aunque, por supuesto, ver a Jeffrey Tambor a sus 71 años vestido de señora es gracioso por sí solo (los primeros minutos; luego vienen la eficaz identificación y el dolor).

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29. Manh(a)ttan (2014, Lionsgate). Creador: Sam Shaw

Manh(a)ttan

¿Por qué hay que verla?

Si bien es cierto que amaría ver una serie de televisión sobre Little Boy y Fat Man en la que me mostraran de manera poética los horrores de su explosión y la lucha de la supervivencia de los mutilados, de los despellejados y de los cegados, tengo que admitir que examinar desde la televisión la cara menos conocida de la bomba atómica es condenadamente ilustrativo y estimulante. Precisamente ese es el caso de esta serie que pone el ojo en los científicos responsables del Proyecto Manhattan, aquel que reunió a un pequeño pelotón de genios con el objetivo de crear un arma tan terrorífica que su sola existencia pudiera acabar no solo con la Segunda Guerra Mundial sino con todas las futuras guerras del mundo, mediante una absurda prevención basada en el miedo a la destrucción total. Es difícil explicar la fascinación que genera ver cómo los personajes de esta serie luchan tan encarnizadamente por alcanzar el objetivo que de manera más contundente ha demostrado cuánta razón tenía Goya con aquello de “el sueño de la razón produce monstruos”, y cómo abandonan la luz de su racionalidad científica para adentrarse como borregos en las sombras sublimes de la más emblemática de las creaciones de muerte.

A tener en cuenta

De momento Manh(a)ttan está en fase de despegue con apenas dos temporadas. Aún le falta una pizca más de impacto para lograr devorar. Ahora bien, esta es una apuesta que quiero compartir, porque en esta serie he encontrado tanta belleza a punto de reventar en una explosión de genialidad que sería un pecado no compartirlo. Si esto resulta como promete y nos lo perdiéramos, sería como habernos negado el brutal y oscuro privilegio de ver en la segura distancia el gigantesco hongo destructor.

30. American Crime (2015, ABC). Creador: John Ridley

American Crime

¿Por qué hay que verla?

Si usted es, como yo, un amante del género criminal, esta atrevida reinterpretación lo va a hacer muy feliz. Si dentro de este género, el policíaco clásico se dedicaba a la resolución de un crimen a través de la razón y el Noir a la profundización en un contexto podrido que da lugar al crimen para poner en tela de juicio el sistema de valores, American Crime tiene un poco de ambos pero no es rigurosamente un exponente claro de ninguno (aunque se incline más al segundo). Aquí tenemos unos crímenes horrendos que dan lugar a todo el relato de cada temporada (hay que tener en cuenta que este es otro caso de temporadas autoconclusivas). Si se tratara de un simple policíaco, veríamos a un detective que lo daría todo por resolver el enigma y llevar ante la justicia al responsable; si se tratara de un noir, ese crimen sería la excusa para revelar una sociedad lacrada y enferma de manera general. Pero aquí lo que se revela, mientras se va resolviendo el crimen, es la degradación a una escala mucho más reducida (aunque no menos profunda y significativa), doméstica, y como tal, mucho más hiriente y apelativa para el espectador. En la primera temporada, por ejemplo, una madre empeñada en hacer justicia que se va revelando racista, fanática e irracional; un padre que regresa a casa para redimirse de su ludopatía y va levantando capas de rencores familiares; un drogadicto sobre el que recae la responsabilidad del crimen, quien se dibuja progresivamente como un romántico perdido y cansado; su pareja, una descarriada chica de buena familia, también adicta, que deja ver su faceta egoísta de vorágine (auto)destructiva; un niño de la casa al que las circunstancias van torciendo y convirtiendo en una bomba de tiempo. Esos son solo algunos de los personajes que esta serie va dibujando frente a los ojos del espectador en una complejidad de un realismo posiblemente nunca tan bien logrado en la televisión. American Crime es una visión desangelada de una realidad social en una capa familiar e hiriente que, de paso, reflexiona sobra un elemento vertebral del cáncer social estadounidense: el problema de la convivencia racial.

A tener en cuenta

Prepárese para odiar a cada uno de los personajes. No hay ninguno que no tenga peste por dentro, pero de una manera tan humana que aterra como un espejo que devuelve un rostro quemado.

Parte de la potencia de la serie recae en los actores, que están siempre precisos, y presentados con un toque estético muy gringo que va curiosamente en una línea totalmente opuesta a la simple belleza simétrica de los actores de televisión.

Ponga especial atención a la propuesta del montaje dislocado entre sonido e imagen porque tiene una fuerte relación simbólica con la integridad de la serie y además le imprime una marca audiovisual tremendamente curiosa.

31. Better Call Saul (2015, AMC). Creadores: Vince Gilligan y Peter Gould

Better Call Saul

¿Por qué hay que verla?

Somos muchos los amantes devotos de Breaking Bad y seguramente todos nos emocionamos al saber que AMC, en llave con Netflix, preparaba un spin-off  a partir de uno de los personajes más geniales de la serie, Saul Goodman (Bob Odenkirk), ese picapleitos grasiento e inescrupuloso pero en el fondo entrañable que captó la atención de la audiencia de manera inmediata. Por supuesto, la mayoría también tuvimos nuestras prevenciones, pero sabiendo que Vince Gilligan estaría a la cabeza de proyecto que cuenta la historia previa (seis años antes de la historia de Walter White) y condenadamente peculiar de Jimmy McGill (nombre de pila del Sr. Goodman), todo parecía garantizar la excelencia. Y en efecto, tras dos temporadas, confirmamos que Better Call Saul es una obra de arte digna de aplausos, que mantiene el elevado nivel de experimentación narrativa, de calidad compositiva, de profundidad en los guiones, de precisión en las interpretaciones y de fascinación obsesiva de su serie nodriza. Hay quien incluso se atreve a decir que por momentos lo rebasa; yo soy uno de ellos.

A tener en cuenta

Si usted es uno de esos rarísimos seres humanos que no ha visto Breaking Bad, en realidad no hace falta que lo haga para ver Better Call Saul, porque en realidad funciona de manera independiente a pesar de los nexos con esta. Así de buena es. No obstante, por pura responsabilidad audiovisual, sugiero que corra a verla, tanto por las razones que expuse al hablar de dicha serie, como porque habiéndola visto, seguramente disfrutará muchísimo más de esta.

Puede que usted sea purista y haya notado que Breaking Bad se rodó en hermoso 35mm, a diferencia de esta realizada en 4K, sin embargo, hay que ser honestos, esta es una demostración de que el formato, en últimas, es lo de menos.

32. American Crime Story (2016, FX) Creador: Ryan Murphy

American Crime Story

¿Por qué hay que verla?

Esta serie es otro de los grandes éxitos de la tendencia contemporánea de las miniseries. FX, consciente del fenómeno, tiró de su esquema de producción previamente probado con American Horror Story y decidió visitar otro género muy popular; el criminal. Por supuesto, arrancó con el más sonado de los crímenes de la historia reciente de Estados Unidos y nos regaló con una obra impecable sobre el caso de O. J. Simpson, aquel simpático, bello y también monstruoso y reprobable atleta que se convirtió en la figura que quebró simbólicamente (aunque más al servicio de los intereses del sistema que de los de su comunidad) la división racial de su país, convirtiéndose en un ser cuya única raza era la de su fama y fortuna. Para los que nacieron después de que tuviera lugar esta historia (dudo que haya alguien en el mundo que no la conozca si vivió en los años noventa), la resumo aquí: O.J. Simpson, hijo consentido de Estados Unidos por sus logros en las canchas de fútbol americano, en las pistas de atletismo y en las pantallas de cine y televisión es acusado de matar a su esposa y a un hombre que la acompañaba, lo que da inicio a una batalla legal con una dimensión mediática nunca antes vista y jamás igualada después. Los detalles y el desenlace del caso los dejo para que los disfrute en la serie.

Esta es una serie que hay que ver porque refresca una historia que tiene componentes que ponen en evidencia la mugre del sistema legal, del problema racial y de la injerencia de los medios de comunicación, entre otros; cosa siempre bienvenida para formar públicos críticos. También hay que verla porque su reparto es una total gozada; todos y cada uno de los actores y actrices de la serie están sencillamente perfectos en su papel, con caracterizaciones realistas y precisas, y pliegues emocionales complejos que hacen que uno se revuelque de satisfacción. Para que se haga una idea: Cuba Gooding Jr. en el papel de O.J. Simpson; Sarah Paulson interpretando, puede que en su mejor papel hasta la fecha, a Marcia Clark;  John Travolta haciendo de Robert Shapiro, y David Schwimmer en la piel de Robert Kardashian, entre muchos otros, todos igual de geniales. Además de esto, la serie tiene la peculiaridad, para quienes sean amantes del género criminal, de jugar con sus elementos clásicos y revitalizarlos, especialmente en aquel episodio en el que de manera totalmente novedosa, se centra la atención en la vida personal de las y los agotados miembros del jurado. 

A tener en cuenta

Incluso si usted sabe perfectamente cómo termina la historia, tenga por seguro que su atención jamás decaerá, porque los mecanismos dramáticos de la serie son poderosos y contundentes.

Es muy importante que no se confunda con otra serie, también incluida en esta lista de las mejores, con similar nombre, American Crime. Tampoco se conforme con ver solo una de ellas, porque ambas son estupendas y dignas de toda admiración.

Si quiere saber más sobre este asunto de la serie, tenga en cuenta que también en 2016 Ezra Edelman estrenó en el canal deportivo ESPN una serie documental (el mundo de los seriados documentales está fuera de este artículo por razones de pura y dura delimitación) titulada O.J.: Made in America, que ganó el premio a mejor documental en los Óscar, abriendo simbólicamente (así lo veo yo) la puerta definitiva de vinculación con el cine para la Nueva Televisión. Esa serie documental es como la otra cara genérica de la serie de FX.

33. Legion (2017, FX). Creador: Noah Hawley

Legion

¿Por qué hay que verla?

Esta es, de lejos, la serie más atrevida visualmente hablando dentro del panorama de la Nueva Televisión Americana, tanto en su lenguaje audiovisual como en su ejercicio de exploración narrativa. Legion es la historia de un hombre extremadamente poderoso (un mutante tipo Omega), cuyos poderes mentales son desmesurados y peligrosos, más teniendo en cuenta que David Haller (interpretado por Dan Stevens) al parecer padece esquizofrenia. Mejor dicho, esto es como un loco al que le regalaron de navidad una ametralladora. La serie adapta un comic, digamos “marginal”, del universo Marvel, creado por Chris Claremont, con dibujos de Bill Sienkiewicz. Por si usted no es una persona amante del mundo Marvel y por lo tanto poco o nada sabe de este personaje, dejaré que disfrute descubriendo los nexos con figuras famosas del universo mutante (por no ser aguafiestas, pero esto es lo que menos debe interesarle de esta serie). Es precisamente esa “marginalidad” la que le permite hacer cosas magníficas, rompiendo con la mediocridad plana de las representaciones audiovisuales mayoritarias del tsunami cultural contemporáneo de los superhéroes. Así pues, esta serie, aunque por breves momentos pueda sentirse barata en su factura, se aleja de todo lo conocido para seguir un camino creativo propio y único, y experimenta con la imagen usando diversidad de técnicas, sirviéndose de códigos de género diversos y explotando al máximo un onirismo surrealista que empuja el lenguaje audiovisual de la televisión más allá de los límites a los que nos ha acostumbrado la progresiva regularización de ciertas cadenas productoras que no quiero mencionar.

A tener en cuenta

Esa sensación de producción un tanto barata que mencionaba se debe, básicamente, a que la serie no fue una de esas apuestas gigantescas en las que el presupuesto es holgado, sin embargo, esperamos que eso cambie para la segunda temporada, tras el éxito que tuvo la primera.

Una advertencia importante que debe tener en cuenta es que el último episodio de la primera temporada no le hace justicia en lo más mínimo a tamaña serie, de hecho es bastante mugre, pero es algo que puede uno asimilar y obviar ante los numerosísimos aciertos del resto de episodios. Así pues, procure no quedarse con ese mal sabor de boca y al terminar la temporada, procure ver de nuevo el episodio que más le haya gustado, así garantizará su fidelidad a la serie cuya continuidad, por el momento, está confirmada.

Antes de terminar, aquí va un pequeño Bonus Track con la mención de dos series estrenadas este año que, hasta donde se ha visto, prometen convertirse en auténticas maravillas, en joyas del género:

The Handsmaid’s Tale (2017, Hulu). Creador: Reed Morano

The Handsmaid's tale

Basada en la novela homónima de Margaret Atwood, esta serie está ambientada en un futuro distópico en donde el control totalitario está en manos de una dictadura fundamentalista de corte puritano (un poquito más pacato, represivo y horrendo que el que nos impone al mundo todos los días Estados Unidos como supuesto garante de la libertad, la democracia, el orden y las buenas costumbres). Allí, una joven vive como una concubina para dar hijos a su señor, pues solo unas pocas mujeres como ella son aún fértiles, así que básicamente han sido convertidas en sumisas esclavas.

American Gods (2017, Starz). Creador: Bryan Fuller

American Gods

Adaptación de la famosa novela del brillante y condenadamente imaginativo Neil Gaimancuenta la historia de Shadow, un pobre desgraciado quien tras cumplir condena en la cárcel, descubre que su mujer ha muerto y termina trabajando para un extraño hombre, Mr. Wednesdey, lo que lo lleva a meterse de cabeza en la germinación de una guerra entre antiguos dioses mitológicos olvidados que vagan por la realidad humana y nuevos dioses de la tecnología y la información.

Por supuesto,  estoy dejando de lado en este artículo, por pura necesidad, la interesantísima producción audiovisual de la televisión infantil contemporánea. Otro universo creativo en manos de algunos grandes nombres como Genndy Tartakovsky, ese brillante ruso que le cambió de un sopetón la cara a todo un monstruo de la animación infantil como Cartoon Network, en los años noventa. Es una lástima, pero no hay mucha cabida en la vida adulta de un hombre sin hijos para este tipo de producciones, no obstante declaro que es uno de mis placeres buscar de vez en cuando entre mi archivo digital algún episodio de la mágica Samurai Jack (Genndy Tartakovsky, 2001), la serie que recogía (recientemente, tras muchos años de ausencia, regresó a las pantallas con una quinta temporada realmente bella) las fascinantes aventuras de Jack, un samurai condenado a vagar como viajero del tiempo para encontrar y destruir a su enemigo, el demonio Aku, en una sobrecogedora cátedra de guion, planificación y dirección; detenerme en el zapping de un domingo perezoso para reírme a carcajadas con Sponge Bob Squarepants (Stephen Hillenburg, 1999) y sus ocurrencias cargadas de homenajes a la historia del audiovisual, o sentarme a recordar con alegría que mi mente fue irremediablemente codificada en la cultura de los noventa, al ver Regular Show (J.G. Quintel, 2010), esa genialidad que parce la desembocadura inevitable de las ociosas mentes de la generación Y (aunque en esta última no sé hasta qué punto se pueda usar el adjetivo “infantil”). No se avergüence, vea (buena) televisión infantil, que hasta allá llegan los tentáculos del arte.

Y hasta aquí llega este largo recorrido por lo mejor de la Nueva Televisión Americana. Pero no se preocupe que dentro de muy poco podrá conocer una lista (mucho más breve, eso sí) sobre algunas de las mejores series producidas fuera del territorio norteamericano, así como otra sobre aquellas series de la Nueva Televisión que empezaron siendo geniales pero terminaron siendo un total fiasco.

THE END MAGAZINE

About The Author

ANDRÉS VÉLEZ CUERVO

Licenciado en Filología Hispánica de la Universidad de Salamanca, magíster en Literatura de la Universidad de los Andes. Escritor, guionista, productor, investigador, crítico, docente y editor. Colabora con diferentes medios impresos y digitales, así como con entidades privadas y universidades, como docente, crítico y asesor. Actualmente trabaja como escritor y productor en Oveja Eléctrica. Es autor de los libros sobre cine "Cómo cargar una Colt con una locomotora en llamas. Una aproximación teórica y una posible delimitación a la metáfora cinematográfica" (EAE, 2015) y "República Noire. Cine criminal colombiano (2000-2012). En busca del cine negro en Colombia (Cinemateca Distrital, 2016)".

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