Hambre de poder de John Lee Hancock, narra la historia de Ray Kroc y su hazaña de convertir a McDonald’s en una poderosa cadena de restaurantes. ¿Una historia sobre crecimiento personal o la glorificación de un empresario nefasto?

La mayoría de nosotros seremos unos fracasados. Al menos, por supuesto, que nos leamos y apliquemos con rigor las enseñanzas de algunos de los libros de Robert Kiyosaki (sí, el mismo de Padre rico, padre pobre), cualquier biografía de Steve Jobs o, simplemente, ver Hambre de poder (The Founder, 2016), filme sobre la historia de Raymond Albert Kroc, el visionario hombre de negocios que convirtió a McDonald’s en la cadena de comidas rápidas más exitosa del mundo.

Para ver esta película, dirigida por John Lee Hancock (El novato, Un sueño posible), hay que sentarse con libreta en mano y tomar nota de cada una de esas enseñanzas y aforismos muy pertinentes para todos esos emprendedorzuelos tan de moda en estos días. Y ojo, que no se les vaya a escapar ninguna, no sea se queden mudos o tartamudos justo en el momento más crucial de la atropellada carrera hacia el éxito. Quién sabe, hasta podríamos convertir nuestro puestico de empanadas en el próximo fenómeno corporativo de la industria de los alimentos y bebidas.

Pero para inspirarnos un poco, recordemos la historia de McDonald’s, ya muy conocida por muchos y que en el filme se aprecia con mayor detalle. En 1940, los hermanos Richard y Maurice McDonald fundaron el considerado primer restaurante de la cadena, y tiempo después, con el ánimo de crear un modelo eficiente de atención inventaron el llamado speedee system, a través del cual pasaron de atender un pedido en treinta minutos a treinta segundos, enfocándose en vender exclusivamente hamburguesas y papas fritas e introduciendo una estrategia en la elaboración de sus productos similar a la cadena de montaje ideada por Henry Ford, a principios de siglo XX, para la producción de sus automóviles.

Ray Kroc, un vendedor fracasado de productos para restaurantes, con la avanzada edad de 52 años, quedó maravillado con el modelo del par de juiciosos emprendedores, y tuvo la idea de asociarse con ellos para convertir el modesto negocio en una franquicia nacional, con un éxito abrumador, lo que llevó tiempo después al bueno de Kroc a tener control total de la empresa y dejar por fuera a los poco ambiciosos hermanos McDonald. Hoy, esta cadena de comidas rápidas atiende alrededor de 68 millones de personas por día, en más de 36.000 establecimientos, en 119 territorios y países en el mundo y es uno de los titulares de bienes raíces más grandes del planeta (el verdadero core business de la compañía, como bien se verá en el filme).

McDonald's 1948

El primer restaurante de McDonald’s (San Bernardino, 1948)

Una estructura de crecimiento personal

Pero bueno, cómo contar la historia de un visionario del talante de Kroc. Pues bien, el filme no es muy original al respecto y recurre a la clásica estructura de las películas de crecimiento personal, de aquellas que nos dejan la conmovedora pero trillada enseñanza de “perseguir nuestros sueños”, de “perseverar hasta alcanzar nuestras metas”, de “jamás rendirnos y siempre ponernos en pie ante las adversidades”, como En busca de la felicidad (The Pursuit of Happyness, 2006), Rocky (1976) e, incluso, Erin Brockovich (2000), entre cientos de otras. Hambre de poder, mutatis mutandis, repite la misma secuencia: la cotidianidad vacía, la búsqueda de oportunidades, la lucha, la humillación, la corazonada, la visión, la continuación de la lucha, la caída, nuevas humillaciones, otra vez la lucha y, por último, una merecida entrada triunfal a los palacios del éxito.

Con este croquis bien trazado, pues sí, la historia está bien contada, solo era cuestión de no salirse de las márgenes, y lo que el espectador espera confirmar, sí, ahí está para satisfacerlo. A todos nos gustan esas películas en las que sabemos que alguien va a lograr algo (sobre todo si es histórico), solo por el placer de ser de algún modo testigos. Pero donde en verdad reside el mérito del filme, además de su excelente producción, es en la elaboración de cada una de las escenas, en los diálogos y las actuaciones. Todo ello logra atarnos al protagonista, nos mantiene atentos a sus movimientos y nos hace olvidar el destino del predecible argumento. Sobresalen así los momentos cuando Ray Kroc parece dirigirse a nosotros, las tensiones generadas por los líos financieros y contractuales y, por supuesto, la intachable actuación de Michael Keaton, interpretando al empresario visionario.

Es de resaltar además una de las escenas cruciales del filme, cuando los hermanos McDonald le relatan a Ray Kroc la historia sobre la fundación de su restaurante. En solo unos minutos pareciera que la película se internara en un breve documental, cuyas retrospecciones hacen sentir a la audiencia (y al asombrado Kroc) lo que en verdad significó la creación del speedee system, cambiar la actitud cómoda de los clientes hacia una cultura del autoservicio (hoy tan habitual) y entrenar a su personal para ejecutar esa “sinfonía de eficiencia”, como los mismos hermanos catalogaron su modelo. Ese instante tan conmovedor que nos hace dar ganas de ir por una Big Mac, es esencial para formar la perla que será tan codiciada y justificar los puntos de tensión posteriores.

El poder de un personaje

Ray Kroc se relame los labios escuchando al par de hermanos bonachones y se enamora de la esencia del restaurante. Se imagina una vida sin divagar por el país ofreciendo sus máquinas para hacer malteadas y siente por fin la oportunidad de aplicar toda la sabiduría que ha adquirido de un audio-libro de superación llamado El poder del optimismo, de un escritor ficticio de nombre Dr. Clarence Floyd Nelson, que le ofrece enseñanzas como esta:

“Persistencia. Nada en el mundo puede reemplazar a la persistencia. El talento, no; nada es más común que un hombre no exitoso con talento. La genialidad, no; genios sin recompensa son prácticamente algo común. La educación, no; el mundo está lleno de tontos con educación. La persistencia y la determinación por sí solas son poderosas. Demuestre que no necesita sentirse derrotado por nada, que usted puede tener una mente en paz, mejoría en su salud y un flujo incesante de energía, si todos los días pone en práctica estas enseñanzas. Los resultados se presentarán por sí mismos y serán obvios para usted”.

Hambre de poder

Michael Keaton

Frente a la oportunidad (la única oportunidad de su vida) viene la mutación, y podemos contemplar a Ray Kroc en todo su poder: se vuelve intolerante, acelerado, egoísta, oportunista, la piedra en el zapato, el hombre que traza sus límites solo en el cielo, el terco, el persistente… Toma entonces aquellas enseñanzas de la primigenia programación neurolingüistica del doctor Clarence Floyd Nelson y la traduce en frases como: “Los contratos son como los corazones, están hechos para romperse”, “Los negocios son guerra. El perro se come al perro. La rata se come a la rata. Si mi competidor se estuviera ahogando, caminaría hacia él y le pondría una manguera justo en su boca”, “No construyes un imperio actuando como un pequeño y tímido ratón”, entre otras expresiones similares, dignas del Presidente Donald Trump.

Tal carácter, con un aire de perversidad que se va concretando en la esencia del personaje a medida que avanza la historia, más una actitud pintoresca y hasta hilarante, tenían que ser asumidos solo por un actor de la talla de Michael Keaton, que reafirma con este papel que se encuentra en su segundo aire. Hambre de poder fue un escenario propicio para que el actor estadounidense desplegara toda su pericia histriónica, notoria en los mínimos detalles (brazos enérgicos, un dedo que saca comida de los dientes mientras habla por teléfono, súbitos cambios de postura) y en los más esenciales, como su transformación de hombre de clase media, chocante y ordinario, a la de empresario elegante, calculador y despiadado.

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El homenaje a un hombre nefasto

Como ya lo mencioné, Hambre de poder tiene la estructura de un filme de crecimiento personal, que suele estar hecho para resaltar las virtudes de seres humanos sobresalientes en la sociedad por su actuar positivo y que de manera casi unánime son modelos a seguir. Esta historia, sin embargo, parece aplicar dicha fórmula en un personaje nefasto, desde mi punto de vista; el clásico empresario que moldea sus estrategias corporativas bajo la filosofía de “el fin justifica los medios”.

Ray Kroc, como suele suceder tanto en el sector público como en el privado, recurrió a artimañas legales y contractuales para quedarse con los derechos intelectuales de McDonald’s, dejando por fuera a los hermanos que lo crearon. Aun cuando recibieron una compensación monetaria a cambio de la sesión total de la empresa, incluido el nombre, esta no se acerca un ápice a las regalías que se les prometió, que merecían y que se les negó después.

Hambre de poder

Ray Kroc

Las frecuentes reflexiones sobre la constancia y la persistencia personificadas en el visionario de los Arcos Dorados, que finalmente logra con impunidad su cometido, sumado a esa imagen previa a los créditos del Ray Kroc real hablando con arrogancia de sus logros, dejan la sensación de que el filme se enorgullece de aquellas personalidades cuya ley irrefutable para tener éxito en los negocios es pasar por encima de los demás y, de ser posible, hundirlos en el fango con un puntapié. Aún así, muchos ejecutivos y empresarios sin duda se sentirán inspirados con esta película, y llegarán renovados a sus oficinas un lunes por la mañana, con un McCafé en las manos y armados con un nuevo y peligroso mensaje de emprendimiento.

Por último, es una pena que el filme no haya incluido en su baraja de personajes al diabólico payaso Ronald McDonald (a propósito, no se le ha vuelto a ver por ahí en los anuncios publicitarios de la cadena) ni nos haya contado sobre el origen de la Cajita Feliz, que a tantos niños ha engordado. ¿Qué habrían pensado los hermanos McDonald ante aquellas innovadoras estrategias de mercadeo?

McDonald’s y su hambre de poder
Hambre de poder (The Founder) cuenta con una historia capaz de mantener atenta a la audiencia. Sin embargo, es poco original en su historia y su mensaje puede interpretarse como negativo.
Puntos Fuertes
  • Sobresaliente actuación de Michael Keaton.
  • Las actuaciones, producción y diálogos son sobresalientes.
  • Logra crear bueno puntos de tensión en situaciones sencillas.
Puntos Débiles
  • La estructura de la historia es poco original.
  • El mensaje del filme pude tener a glorificar al personaje principal.
  • Hubiera sido preferible conservar el nombre de 'El fundador' , como es originalmente en inglés, que 'Hambre de poder'
60%No tan rica
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Director de The End Magazine. Soy periodista, con gusto por el cine. Amante de la escritura. Escribir es el ejercicio de convertir la realidad en ficción. Escribir sobre ficción es devolverle a la realidad eso que la escritura robó.

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    genial pero la frases del audio libro que escucha es de calvin coolidge pero es super y yo que estaba buscando al escritor ficticio jajaja