El director alemán Christian Schwochow hace de Paula un largometraje que viaja al pasado, en busca de un personaje olvidado. Una historia de pinceles que rompe los cánones para seguir la intuición.

PAULA la película de Christian Schwochow

Bild Albrecht Abraham Schuch, Carla Juri

Siempre me ha atraído el París de finales del siglo XIX, quizá por el relato del origen del cine y todo lo que lo rodea: los avances en las artes y la técnica; pero también me seduce pensar en cómo funcionaba la sociedad de la época y en cómo las personas se las arreglaban  para hacer lo que hacían, en ese tiempo y en ese mundo.

Paula es una película que habla de creación, de soberbia, de feminidad y de esa perseverancia en el arte que puede trasponerse a cualquier otra disciplina. Es primavera en Worpswede, un pueblito alemán a donde acuden los pintores atraídos por su riqueza paisajística. En medio de la sociedad artística que habita el pueblo, vemos a un personaje simpático y tierno: es Paula.

PAULA la película de Christian Schwochow

Paula

Primer lienzo

La película empieza en medio de la pradera alemana, en un escenario sereno y bucólico, que visualmente nos remite a un fresco de la época. Una muchachita un poco caprichosa quiere ser pintora en vez de maestra, y se revela en contra de las posturas de su padre para sacar adelante sus estudios en pintura. Pero algo está muy claro desde el principio: las mujeres no pueden ser pintoras.

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Aquí empezamos a descubrir que Carla Juri (Someone like me, Wetlands) interpreta a una Paula Becker muy pintoresca que hasta roza con el mimo; es una jovencita divertida e inocente que parece estar jugando con la vida de forma azarosa, lanzándola de aquí para allá sin pensar mucho en dónde pueda terminar. Corre de un lado a otro entre los árboles, sorbiéndose la adolescencia con deleite, jugueteando con su amiga Clara (Roxane Duran) y acercándose a la pintura con un cierto irrespeto por las leyes, que resulta provocador y sensual.

Aunque estamos hablando de un drama, las primeras secuencias de la película se narran en clave de comedia; esto hace muy refrescante el carácter de los pintores refinados del pueblo, que andan por ahí descalificando el papel de la mujer en la pintura y exaltando la importancia de los clásicos en la creación. Schwochow caricaturiza a ese círculo artístico del pueblito de Worpswede, mostrando cómo los solemnes paisajistas posan para las fotografías, metiendo la trompa entre los peldaños de una escalera, como si fueran vulgares payasos de circo.

En este primer episodio de la película, no percibimos una fuerza de oposición tan poderosa ante Paula y su obra. Se percibe quietud, no hay terribles dificultades. Además de algunos comentarios de su padre y de su maestro en medio de un evento artístico del momento, Paula no es una heroína atormentada; por lo pronto no es más que una niña inconforme en su región de origen.

Schwochow estudió artes, así que lo sedujo la posibilidad de contar una historia acerca de pintura, de una mujer y de su valentía para buscar la satisfacción personal empezando el siglo XX.

Expresionismo

Los días de Paula transcurren entre los campos, las clases de arte y los devaneos con la pintura que cada vez son menos tímidos y empiezan a revelar su cara irreverente.

Las mujeres nunca podrán producir algo creativo, aparte de hijos” la hostiga constantemente su maestro de entonces, con su pose machista desde la cúspide de la pirámide artística. Es Fritz Mackensen (Nicki Von Tempelhoff), un reconocido pintor que no soporta la ligereza con que Paula asume su rol de aprendiz, ni la forma despreocupada con que se brinca los cánones anatómicos o la proporción áurea, para pintar como su percepción particular le dicta. Paula pinta como se le viene en gana.

Sin saberlo, Paula camina entrando a cada paso en el expresionismo alemán.

PAULA la película de Christian Schwochow

Almíbar

De todos los pintores de Worpswede, sólo uno se acerca a Paula sin arrogancia, Otto Modersohn (Albrecht Schuch) y esto hace que surja un amor tranquilo, que muy pronto se convierte en matrimonio. Así se ve en la pantalla: miradas entre las flores, coqueteos primaverales, sonrisas tímidas, un bote sobre el río y las manos que se juntan tocando el agua que corre. Un poco empalagoso para ese momento de la película donde ya queremos saborear un conflicto contundente. La vida con Otto Modersohn es fría después de algún tiempo, él tiene una pequeña hija, resultado del matrimonio con su anterior esposa que perdió la vida en el parto.

Los tres conviven en una casa tapizada con cuadros de Otto, y en donde Paula pinta en un modesto taller. La venta de los cuadros del esposo sostiene a la familia y no tienen sexo en ningún momento de la vida. Otto ve la pintura de Paula como un pasatiempo que la mantiene distraída, mientras él se ocupa de los asuntos importantes: la estética y las artes sublimes. Como una clarividente, Paula sabe desde siempre que no va a vivir mucho tiempo: quiere que su vida sea una corta pero intensa fiesta, así que tras cinco años de matrimonio decide viajar a París, en donde buscará su liberación artística, erótica y sensorial, lejos del pueblito alemán que ya se le quedó corto a ella y a su pintura.

Esta amargura podría dibujarse con trazos más visibles, en la película sólo se muestra como una incomodidad que conduce a Paula a la escapatoria.

Liberación

Aquí la película se rompe en dos y entramos al corazón del París bohemio, un poco licencioso y la cuna de las artes en donde Paula empieza a hacerse dominante a través del amor; descubre que el arte y las sensaciones emocionales y eróticas que la impregnan, están profundamente ligadas.

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Christian Schwochow rodando la película PAULA

Christian Schwochow

La fotografía se enciende, el ritmo se hace vertiginoso, el montaje se acelera y rompe la quietud alemana, para cambiarla por el desenfreno francés, por los colores de la fiesta. Paula entra en la escuela de pintura como bailando entre las noches parisinas, y en cada cuadro que pinta, se desprende más de las convenciones; cada pincelada desgarra las cuerdas que la amarran al circuito artístico soso y masculino de su pueblo. Un nuevo romance la aleja más de la imagen de Otto, quien empieza a desesperarse en la quietud de Worpswede. Una mañana, vemos flores pintadas alrededor de los numerosos lunares de Paula que delatan una noche de juego y diversión sensual con su nuevo amante.

Estamos frente a una película que juega con los detalles visuales y que sabe manejar la sensualidad de Carla Juri. 

PAULA la película de Christian Schwochow

Paula Becker (Carla Juri)

A Paula cada beso la hace más fuerte, y logra comprender en la distancia y la libertad de París, que no tiene amarres y que al fin está viviendo libre para pintar libre. Otto no soporta su ausencia, y al ver cómo una ciudad llena de vida le arrebata el amor de Paula, decide viajar para convencerla de volver. No le resulta fácil.

Último lienzo

El epílogo es crudo y carga con el dramatismo de la película. Paula regresa a Alemania tras comprobar que su fuerza pictórica es real, y tras demostrar que puede sacudirse de ataduras y quemar su pólvora interior. Por fin Otto decide romper la distancia sexual y Paula empieza la fase más compleja de su vida.

La secuencia final es arrolladora, directa, con un sonido visceral que nos muestra el dolor de la muerte cercana, y por fin, vemos a la heroína que es Paula Becker sintiendo en su carne el precio de la libertad. Una heroína olvidada en la historia alemana, pero reivindicada por el último film de Christian Schwochow.

Esta es una película con una curva emocional creciente, que avanza hacia el desenfreno con el pasar de los minutos. Nos recuerda cómo funciona el sistema del arte, incluso el cine. En Paula vemos una sociedad artística que es reprimida y conformista, y nos burlamos de ellos porque creemos que somos libres. Pero aún no lo somos.

Con este filme, Schwochow completa cuatro largometrajes: Paula llega después de Niña de noviembre (2008), La invisible (2011) y Al otro lado del muro (2013). Paula hizo parte de la selección oficial del festival de Locarno y en Alemania superó los 300.000 espectadores.

Editado por María Posada Mylott

Curiosidades:

  • Paula fue la película escogida para ser el cartel oficial e inaugurar el Festival Du Cinéma Alemand en París.
  • Christian Schwochow quiso ser pintor cuando era joven y estudió en una escuela de bellas artes.
  • Schwoshow acaba de terminar la grabación de su primera mini serie ‘Bad Banks’.

Paula: las mujeres no pueden ser pintoras
En una película poética, Christian Schwochow viaja al pasado para encontrar una mujer encantadora y valiente en el pequeño pueblo de Worpswede, Alemania. Paula Becker es una joven que se rehúsa a ser maestra y decide seguir el camino del arte. Después de casarse con un reconocido pintor, y descubrir que su matrimonio está estancado en un punto frío, y su arte no es comprendido por la sociedad de la época, viaja a París para estudiar pintura y descubrir el encanto de la noche, del erotismo y de la pasión por lo que hace. Paula sabe desde siempre que su vida será una corta pero intensa fiesta.
PUNTOS FUERTES
  • La interpretación de Carla Juri tiene toda la fuerza para crear un personaje memorable.
  • La transición a la vida parisina le da un giro dinámico a la película.
  • La cruda secuencia final le da un cierre contundente a la historia. Así justifica la valentía de su protagonista y el precio de su arrojo.
PUNTOS DÉBILES
  • El conflicto se puede trazar con mayor claridad para darle fuerza a la trama.
  • No es muy clara la motivación que lleva a Paula a regresar a casa.
  • Sin ser lenta, pasados algunos minutos del primer acto, se percibe una necesidad de acciones que hagan evolucionar el relato.
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