Se estrenó Frantz de François Ozon. El director adaptó la cinta Broken Lullaby, Ernst Lubitsch (1932), parándose en el lado alemán de la historia, y enfocándose más en el romanticismo que en tensiones nacionalistas.

Siempre es de agradecer que los nuevos directores se acerquen a los clásicos y los revisen. Sin estos acercamientos, tal vez muchos no conocerían al maestro alemán Ernst Lubitsch y por qué su obra Broken Lullaby es considerada un clásico del cine antibelicista. Así, pues, con este trabajo François Ozon (Ocho Mujeres, 2002) se presentó en Venecia 73 para competir por el León de Oro: una obra donde el director parisino divide su historia en dos arcos narrativos para hablarnos de nacionalismo, amor y de la fuerza, no siempre buena, de la verdad.

 

“…[sobre L’homme que j’ai tué, la obra de teatro de Maurice Rostand] Me enteré de que Ernst Lubitsch la había adaptado en 1932. Mi primera reacción fue olvidarme del tema, ¿cómo iba a hacer algo después de Lubitsch?”. —François Ozon

 

En el primero de estos arcos narrativos, Anna (Paula Beer) se da cuenta de que hay un joven francés que visita la tumba de su prometido, un soldado alemán muerto en la Primera Guerra Mundial: Frantz (Anton von Lucke). Al confrontarlo ella empieza a conocer a Adrien Rivoire (Pierre Niney). Muy rápido la relación entre los jóvenes termina por involucrar a Hans y a Magda Hoffmeister, los padres de Frantz, con los que Anna mantiene un trato basado tanto en el recuerdo del que partió, como en el cuidado mutuo. Aunque el realizador nunca deje claro los extraños motivos por los que Adrien está en la Tierra de Nadie —él habla de Frantz como su amigo algunas veces, como su enamorado otras—; y Anna tampoco sea una de sus típicas mujeres —él retrata a la burguesía por medio de mujeres empoderadas tanto en su sexualidad como en su posición social—; lo cierto es que en la primera parte de la historia las cosas que plantea allí el director parecen funcionarle. Uno está metido allí en la búsqueda de lo que sea que busque Pierre. Uno está allí sintiendo como los Hoffmeister, como Anna y los de su pueblo. Y ellos son los que se apropian del papel del voyeurista que abunda en la filmografía de este autor: aparecen confundidos y atrapados por el peso de la historia, condenando por analogía a este soldado francés como el enemigo. Adrien se vuelve  uno de los culpables de la muerte de Frantz como indica Hans cuando habla de la pronta partida de su hijo. Y culpan a Anna, que siendo una alemana, se mete con el enemigo. La fotografía en blanco y negro verdosa es usada por el realizador parisino para preponderar la pena colectiva. El color está para los momentos felices del pasado o para un futuro imaginado.

 

Frantz (01)

François Ozon

 

“Yo quería hacer un filme acerca de los secretos y las mentiras”. —François Ozon

 

Después de saber el por qué del acto de contrición de Adrien, comienza el segundo acto, que aborda sin posturas maniqueas el cortés trato entre la verdad y la mentira, las buenas intenciones cuando alguna se usa, y cómo esa intencionalidad muchas veces no tiene la más mínima relación con las consecuencias de su uso. También habla de las liberaciones de Anna. No obstante se de por cierta la frase “La verdad nos hará libres”, la verdad, y valga la redundancia, es que muchas veces ésta es solo un medio egoísta para aliviar cargas internas mientras se las dejamos a otros. Se debe ser muy inteligente y fuerte para saber discernir en qué momento conviene más una mentira o una verdad. Anna se separa de su familia putativa y emprende un viaje hasta Francia sin certezas de nada. La aventura. Y a pesar de que vemos a Anna intentar ser una de sus conocidas protagonistas, hasta acá nos trajo el río.

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Frantz (02)

Paula Beer, Anna en Frantz

 

Ozon no logra cerrar ni el intento de Anna, ni la historia misma. Y no se puede culpar a Paula Beer por esto. La encargada de protagonizar a Anna logra empatizar a través de su gran interpretación que encarna tanto la pena del duelo, como la esperanza en el futuro. La guerra ha pasado, no obstante las heridas se seguirán lamiendo, ella está en pie. No por menos Beer se llevó el premio Marcello Mastroiani en Venecia 73 como Mejor Joven Actriz.

 

“[Sobre Anna] Siempre es bueno ver como una persona vuelve a tener confianza y fortaleza”. —Paula Beer

 

La historia no cierra porque el guión, escrito con la colaboración de Philippe Piazzo, no da las pistas reales y suficientes para que el espectador pueda seguir la narración y su desenlace con eficacia. Anna, aunque despierta y se libera del duelo y de su pueblo, no llega a desarrollar las características típicas ya mencionadas de otras de las protagonistas de Ozon —como lo hicieron tan pulcramente en La Piscina, 2003, Sara (Charlotte Rampling) y Julie (Ludivine Sagnier)—. El público está como un mosquito que busca un hueco en el toldillo, a veces lo encuentra, pero la mayoría del tiempo, es un intento fallido que aburre por agotamiento. El director juega al pastorcito mentiroso y no genera así la concentración solicitada para el visionado de su película. Nos quedamos con una belleza insulsa. Y eso está lejos de ser algo que conozcamos de él. Frantz es un desliz dentro de la cinematografía de François Ozon.

Para concluir, más allá del atrevimiento y de lo bueno que tiene el filme, siento que Frantz es un trabajo menor dentro de la amplia cinematografía de este señor director, al irse de manos largas con el juego del misterio y de las pistas falsas, que en ciertos momentos, dan la sensación de que le está tomando el pelo al espectador. Ozon llega ahora a competir por la Palma de Oro en Cannes 70 con L’amant Double, y espero que esta sea su desquite.

 

Frantz (03)

Anna y Adrien

 

Editado por María Posada Mylott

 

Frantz: ¿cómo jugar con secretos, verdades, mentiras, el duelo y la esperanza?
Recien terminada la Primera Guerra mundial, una joven que visita la tumba de su prometido conoce a un enigmático joven francés que hace lo propio.
Lo bueno
  • La revisión de un clásico
  • La actuación de Paula Beer
  • El juego de fotografías
Lo malo
  • Toda la segunda mitad del film
  • La ausencia de la típica mujer 'Ozon'
  • El deus ex machina del director
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About The Author

JUAN CARLOS LEMUS
EDITOR RESEÑAS Y DOSSIER

Soy un colombiano que cada vez entiende peor el porqué de nuestro top of mind: Shakira y el perico. Mas entender no es compartir. Y menos aceptar. Ingeniero por confusión, MBA por necesidad, filósofo, mountain biker y amigo de curiosidad. La que me hizo melómano, lector y cinéfilo. La que trajo las ganas de probar el mundo. Así se llega a un par de cosas que dejan a los sentidos disfrutar, como escribir tratando de no perder la elegancia en ello.

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