X500, largometraje dirigido por el director colombiano Juan Andrés Arango, se estrena el 4 de mayo en Colombia, incluido Buenaventura, lugar donde se desarrolla una de las tres historias que se muestran en este filme sobre la transformación, la adolescencia y la migración. La película, una coproducción entre Canadá, Colombia y México, ha estado en más de 40 festivales y ha obtenido reconocimientos como el Premio Pieza Ritual a Mejor Película en la sección México Primero del Festival Internacional de Cine de Los Cabos.

Buscarnos, encontrarnos y reconocernos es siempre un acto complejo. Ese mismo ser que despierta en las mañanas, nos mira desde el espejo, respira con nuestro aire, vive con nuestros órganos, ese yo nuestro del que no podemos despegarnos, es a veces tan ajeno, tan desconocido. Emprendemos desde la adolescencia el proceso engorroso de ir tras nosotros mismos, y, muchas veces, para poder hallarnos debemos hacer largos viajes, viajes a lugares donde incluso no somos bienvenidos.

Tres travesías de autoconocimiento, de descubrimiento, tres momentos de migración, que nacen del infortunio, pero que trazan el laberinto de tres individuos por esa búsqueda vital e inconsciente de la identidad, es el argumento central de X500, el nuevo filme de Juan Andrés Arango, director colombiano radicado en Canadá y conocido por su obra multipremiada La Playa D.C. (2012).

Buenaventura, Ciudad de México y Montreal son el escenario donde estos jóvenes inician, cada uno por su lado, ese escape hacia sí mismos. Tras la muerte de su padre, David, un joven indígena Mazahua, migra a la capital mexicana en búsqueda de un nuevo destino: ser pandillero en el barrio adonde llega o pertenecer al movimiento punk; la discriminación por ser indígena aclarará su elección. María es una adolescente filipina que arriba a Montreal a vivir con su abuela, luego de la muerte de su madre; también se enfrenta a la discriminación y encuentra escape en el grupo de otros jóvenes filipinos que imitan la estética de pandillas mexicanas. Y Alex es un afrocolombiano, que a diferencia de los dos anteriores, regresa a su lugar de origen, Buenaventura, luego de haber vivido un tiempo, según cuenta, en Estados Unidos, adonde llegó como polizonte. Al volver, encuentra que la violencia y la lucha territorial de bandas delicuenciales han cambiado su barrio; él es entonces ahora como un extranjero en búsqueda de un espacio donde asentarse e identificarse.

X500

Foto: Alejandro Arango

Para Juan Andrés Arango, el tema principal de su obra es la transformación humana, la cual, según explica, se vuelve más radical cuando se unen la adolescencia y la migración.

“En el caso particular de X500 –afirma Juan Andrés– busqué poner en contacto este hecho con contextos radicalmente opuestos en el continente americano y ver de esa manera cómo una problemática universal comienza a transformarse y actúa en contextos diferentes, y así establecer un diálogo entre las tres historias que se presentan”.

Ese interés de Juan Andrés por el tema de la adolescencia y la migración, que refleja con sensibilidad en X500, nace de su propia experiencia como migrante en diferentes lugares, proceso que inició a los 15 años cuando se fue solo a estudiar en el exterior.

“Eso me cambió mucho –afirma–; de ahí que en el filme me haya enfocado en la transformación de tres adolescentes migrantes”.

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X500

Juan Andrés Arango, Director de X500

Personajes que observan

Aunque nos tengamos a nosotros mismos, aunque nuestro cuerpo esté ahí proyectando nuestra sombra, si queremos encontrarnos debemos salir, buscarnos afuera, en las calles, en la relación y lucha con los demás. En X500 este acto es constante: David, María y Alex andan la ciudad; encuentran a otros, a semejantes, que tal vez ya han pasado por un proceso similar; o se detienen en algún punto a observar su entorno.

Y el espectador no es ajeno a esta sensación. El filme tiene la gran virtud de conducirlo al punto de vista de cada uno de los tres personajes, a emprender junto con ellos ese viaje de búsqueda. Siente cómo los migrantes se desenvuelven en ese espacio ajeno. Saborea su extravío. Su silencio. Su soledad. Acaso su miedo. El entorno y el personaje son quienes cuentan la historia. No es necesaria una información explícita de lo sucedido. Tal efecto se logra en el filme con una cámara bien dirigida, que sigue con sutileza a los personajes y se apodera de su esencia, que conserva incluso al alejarse para dejar al migrante perderse en algún horizonte.

“En el filme los contextos y dramas de transformación son contados de manera poderosa a través de la acción, pero también a través de la quietud”.

Juan Andrés Arango

La cámara, en general, brinda un constante punto de vista emocional, que se interna además con los personajes en esos lugares secretos donde se filtran y disfrazan buscando esa identidad que les permitirá actuar donde se encuentran: la fiesta punk donde David y otros indígenas, ataviados ya con el correspondiente atuendo, bailan una danza tradicional moviendo sus crestas coloridas, con el dejo de un legendario ritual maya; o María, con cejas mutiladas y reemplazadas con el grueso trazo de un lápiz, entrando a una fiesta en un apartamento en Montreal; Alex que logra ganarse la confianza del jefe de la banda criminal de su barrio y que comparte un trago con él en una discoteca, atreviéndose incluso a bailar de manera muy erótica con la novia de ese hombre que ha corrompido su vecindario en Buenaventura.

“En el filme –explica Juan Andrés–, los contextos y dramas de transformación son contados de manera poderosa a través de la acción, pero también a través de la quietud, como cuando los personajes observan en silencio lo que los rodea. Esa manera de contemplar el entorno, de reaccionar ante lo que se mira, cuando se es adolescente y se está buscando un espacio, dice mucho de lo que estos jóvenes están viviendo en los tres escenarios de la película”.

X500

Foto: Nur Rubio

Desde el ombligo de América

X500 es el nombre de un poblado en el estado de Yucatán, en México, justo en el centro de América. Juan Andrés Arango eligió este lugar como el título para su película, aun cuando no haya una relación evidente con el argumento ni sea escenario de alguna de las tres historias. El nombre opera a modo de símbolo, a modo de punto de partida, de un fenómeno que se presenta en todo el continente: la migración.

Al mirar un mapa, y ubicar nuestros ojos en ese lugar, en ese ombligo, tenemos la sensación de estar contemplando todo el continente, y por un momento no lo sentimos como un conjunto de países diversos unidos por el destino de un accidente geográfico, sino como un solo lugar que flota sobre el mar del globo terráqueo; casi que nos otorgamos el derecho de ir a cualquiera de sus rincones, sin miedo a las mutaciones de cuerpo y espíritu que nos causaría otro entorno, con otros rostros y otro lenguaje.

X500

María

Montreal, Ciudad de México y Buenaventura son entonces las ciudades elegidas por el director para contar esas tres historias de migración y de búsqueda de espacios y de identidad; pero son apenas modelo de un fenómeno que se presenta en todo el continente americano y en todo el planeta: la migración, fenómeno que ha estado presente en el ser humano desde sus orígenes, como migrante que siempre ha sido, por esa conciencia milenaria suya de buscar un mejor destino en lo desconocido, en esos lugares ajenos que de algún modo también le pertenecen.

CURIOSIDADES

Tras realizar La Playa D.C., Juan Andrés Arango quiso destinar un filme sobre Buenaventura; por ello, decidió basar una de las historias de X500 en ella.

Editado por María Posada Mylott

X500: migrar para encontrarse
Un filme que trata el problema de la migración, la búsqueda de la identidad y la transformación, a través de tres historias que se desarrollan en Canadá, Colombia y México.
PUNTOS FUERTES
  • Un manejo de la cámara que le permite al espectador introducirse en el punto de vista de los personajes.
  • El guión de cada una de las historias está muy bien manejado y las historias logran ser independientes.
  • Hay un buen abordaje sobre el tema principal, que es la migración, sin sentar posición, sino que le permite al espectador decantar por sí mismo el mensaje
PUNTOS DÉBILES
  • El personaje del jefe de la banda delicuencial en Buenaventura pudo haberse desarrollado más, para sentir mejor el desenlace.
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