À propos de Nice (1930), la primera obra cinematográfica de Jean Vigo, un cortometraje documental que recorre visualmente, con una mirada fascinante y poética, la ciudad de Niza.

Hace algunos días tuve la oportunidad de volver a ver Chircales (Marta Rodríguez, Jorge Silva, 1972), ese potente documental que es uno de los más referenciales de la historia del cine colombiano. Tuve el privilegio, además, de verlo con la propia Marta Rodríguez al lado y de hablar con ella, quien recordó la deuda que su documental tiene con Jean Vigo. Volví entonce con nostalgia a ver la primera pieza cinematográfica del director francés; aquí van unas notas al respecto. 

La legitimidad del genio creativo de Jean Vigo es algo que hoy día no tendría sentido poner en duda. Con solo cuatro producciones, entre ellas dos influyentísimas obras que se ganaron con todo mérito una muy alta posición en el Olimpo histórico del cine, Zéro de conduite (1933) y L’Atalante (1934), este artista parisino dejó claro que había nacido para dejar huella con su creación. Por desgracia para el mundo Vigo murió muy joven (esta sí fue una muerte para llorar, temprana y costosa, no como la de los artistas que mueren ya muy ancianos sin dar a la humanidad obra durante muchos años); no había llegado a los treinta años cuando en 1934, a solo seis meses de haber estrenado su última película, se lo llevó la tuberculosis.

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Quizá la brevedad de la vida de este cineasta estaba ya escrita, así que la existencia no se podía dar el lujo de permitirle tener una carrera creativa progresiva como suele suceder con la mayoría de creadores. Jean Vigo empezó ya muy arriba cuando a los veinticuatro años emprendió la creación de su primer obra cinematográfica, À propos de Nice, un cortometraje documental que solo describiré en este punto como un recorrido visual por la ciudad de Niza. Con él dejó el testimonio precoz de una mirada prodigiosa, realzada por el gran trabajo de fotografía de Boris Kaufman (12 angry men, Sidney Lumet, 1957; On the Watherfront, Elia Kazan, 1954; por nombrar solo dos de las muchísimas bellezas que filmó).

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Esta hermosa e hipnótica ópera prima de Vigo se ha leído, con insistencia, desde una mirada fuertemente politizada. Se ha dicho de ella que es una sátira a la desigualdad social de Niza, que expone una mirada contrastada entre el ocio de los ricos y el trabajo de los pobres, que hace un cuestionamiento de tintes casi revolucionarios acerca de todo un estilo de vida en una sociedad perdida en el escapismo. Quizá todo esto sea cierto y no soy yo quién para negarlo rotundamente, pero como a nadie debo tributo, puedo decir que esas lecturas marcadas por la concepción estrictamente politizada del arte, tan del gusto del siglo pasado, me resultan secundarias y tediosas frente a una obra que por lo que sobresale especialmente es por su poder de exploración estética.

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En abierta oposición a ese tipo de lecturas, como yo deseo hacerle ver a ustedes À propos de Nice,  lector y lectora curiosos, es como el recorrido del ojo de un cineasta-poeta (¿kinoeta?) que se enfrenta a una ciudad como un testigo extrañado, extasiado e hiperestimulado. Para mí, esta no es otra cosa que la búsqueda fascinada que todo verdadero artista (curiosa y frecuente coincidencia con la mirada del verdadero viajero) hace para dar con esos detalles de la cotidianidad que por un instante de coincidencias estéticas y circunstanciales pasan de ser fútiles a poéticos. A su vez, es una construcción que haciendo uso del montaje, como herramienta preponderante, se esfuerza acertadamente por resaltar esa poesía implícita en los detalles y en la peculiar coincidencia de elementos, al tiempo que crea nueva poesía al poner en tenso contacto imágenes dispersas, en una especie de collage gramático-visual.

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Esa tensión en la relación de las imágenes es, quizá, el motor principal que da empuje a esta maquinaria simbólica; a este juego de poesía visual en el que el elemento lúdico se vuelve, de lejos, mucho más esencial que cualquier ejercicio de reflexión política.

Precisamente, es a través de la mirada lúdica que se descubre belleza poética incluso en el horror grotesco de la miseria, la enfermedad y el dolor, como cuando Vigo vincula la secuencia de unos ociosos niños pobres (también hay ocio en la pobreza en este cortometraje; ese espacio no está reservado solo a los ricos, como alguna vez se ha sugerido sobre esta película) con la cruel imagen de una mano infantil deformada por las quemaduras, para luego dar paso a la cruda pobreza ilustrada con basura y unos sucios gatos dentro de ella. Con este juego visual Vigo rebela una oculta belleza simbólica y al tiempo da pie a jugosas capas de interpretación estética, discursiva, narrativa, ética y sociopolítica.  

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Es innegable, por supuesto, que hay en À propos de Nice un elemento de contraste entre la abundancia y la pobreza, entre el trabajo y el ocio, entre la belleza y la fealdad, entre la velocidad y la calma, pero no necesariamente solo en virtud de una proclama política, sino mucho más como testimonio estético de la naturaleza de la urbe, porque el contraste es algo que hace parte del tejido visual y moral de cualquier ciudad.

Testigo radiográfico, el ojo de Vigo rebela la belleza, en todas sus dimensiones, de una ciudad que, como cualquier otra, pasaría por anodino y regularizado paisaje a miradas más simples.

 

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