“Con una serie en cuerpo y alma” ya es un estatus sentimental y la tusa por las series es un tema tan serio como para buscar ayuda urgentemente porque el amor, la felicidad y el dolor que nos deja un final o cancelación es real.

Creo que en semana y media podría estar cantando “Nothing compares to you” de Sinéad O’Connor a todo pulmón (curiosamente me acabo de rapar la cabeza… como ella), con lágrimas en los ojos y mirando al vacío: sí, por una serie. Estos son tiempos en los que además de las relaciones sentimentales, existen alternativas como tener mascotas o vivir pegado a las series para lidiar con esa sensación de soledad que tanto nos persigue a todos.

Lo mío ahora son las series, elección que aunque tiene ventajas sobre las otras opciones, como poder gozar sin culpa de una especie de “poligamia”, no deja de tener el peligro latente del despecho en varios niveles: desde la muerte de un personaje muy querido hasta el final de la serie, sea porque cumplió su ciclo o porque tuvo que ser cancelada. Precisamente es el caso de mi duelo en este momento, y doble para colmo de males: el final de The Leftovers y el anuncio de cancelación de Sense8… No termino de caer al piso y ya estoy recibiendo el otro impacto, doble golpe emocional.

Con The Leftovers:

Desde que fue anunciado su lanzamiento, tuvo toda mi atención con tan solo esa premisa de “el 2% de la población mundial ha desaparecido de repente”. Sí, eso fue suficiente para arrancar rumbo a Mapleton, conocer a la familia Garvey, pegármele como sombra a Kevin, ir “conociendo” los detalles de la  ‘Ascensión’ (cómo se llamó al momento en que desapareció toda esa gente), y vivir todos los misterios y problemas que con ella vinieron, como si fueran propios. Empezando 2016 supe que iba a ver más, pero que eso sería lo último, es decir, supe del final de ese amor. Ahora, desde mayo vi uno a uno sin parpadear, todos los capítulos de la última temporada, más cargados de buena música, más dementes y este domingo 4 de junio vi cómo se cerraba el ciclo y con el ultimo oscurecimiento de pantalla solté el suspiro, con un “uffff, bueh…chao, Kevin, chao Nora, fue un placer”. Se dijo hola con humildad y se dijo adiós, pero se dijo con tranquilidad, con satisfacción, con dignidad, como pocas veces en la vida en una relación con otro humano.

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Con Sense8:

Confieso que la primera vez que me hablaron de la serie no me atrajo mucho, me gustaba la idea pero vi un par de escenas y no me agarró con pasión violenta, con esas cosquillitas en la panza, y dejé pasar un buen tiempo antes de darme una oportunidad con ella. Llegó el momento, tenía el tiempo, la disposición mental y emocional, me comí el ladrillazo que fue el primer episodio y lidié con sus defectos, los acepté, los amé, o sea: me enamoré.

Esperé el 5 de mayo con la ansiedad con que un niño espera la navidad, busqué un momento para poder ver tranquilo, con comida basura y con todo el tiempo del mundo para ser un “garoso” y tragarme sin masticar la mayor cantidad de capítulos de la nueva temporada como si no hubiera un mañana. Me tomó dos días en los que no existió nada más y el mundo real simplemente no existió para mí, al menos hasta que Escuché a Will Gorski decir “¿You want a war? We’ll give you a war!” Ahora solo quedaba esperar pacientemente un año, tal vez más, tal vez menos, pero no importaba porque la relación estaba en su momento y la espera iba a valer la pena, sí o sí.

Jueves primero  de junio de 2017 de manera insospechada Netflix anuncia la cancelación de Sense8, empiezo a ver una lluvia de publicaciones relacionadas con el hecho y mi expectativa juega a ser escepticismo… solo quiero que sea un chiste, que todos hayamos sido víctimas de una “trolleada” mayúscula como la que sufrió casi toda la ciudad de Barranquilla en 2014 cuando supuestamente, después de analizar unas irregularidades en los últimos partidos, las directivas del fútbol profesional colombiano le habían quitado el título al Atlético Nacional  para dárselo al Junior. Habría resistido la vergüenza de dejarme engañar, todo en vez de aceptar el fin. Todavía no lo acepto.

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Doble despecho, doble duelo, así como cuando uno le entrega todo su corazón a una serie en vez de hacerlo por otra persona (que es el orden de las cosas, supuestamente), que por más que se sabe que sucederá hasta el fin de los días y se haya sufrido de los mismo desde el principio de ellos, nada va a cambiar. Amores y desengaño de toda clase con las series como aquel que me llenó de indignación cuando Los Simpson fueron perdiendo su calidad en vez de morir con honor, o como aquel otro que sufrí después de que le di el chance a Heroes de que volviera a ser lo que se me había prometido y la vi despedirse haciéndome pistola, la muy condenada, y luego volver con nueva cara como si nada.

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¿Y ahora qué?

Como en todo proceso parecido siempre está el familiar o amigo que sale con cosas como “Hay millones de peces en el mar / Netflix y la televisión por suscripción tienen miles de series” ¡Caray! Lo sé, siempre lo he sabido, pero yo quería esa… es la razón por la que me aventuré precisamente con ella y no con cualquiera de las muchas otras. Sí, la vida sigue, siempre lo he sabido y sí, hay muchas buenas series y otras más por salir… ¿Saben? Creo que me había olvidado de una espera que llevaba por la nueva temporada de Stranger Things, me había olvidado del chance que me tengo que dar con House of Cards y había ya pasado por alto la curiosidad que me despierta locamente Glow con su onda retro. La vida sigue.

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