El ya legendario realizador coreano Park Chan-wook regresa para seducir a su audiencia con La doncella, una obra magistral con un argumento enrevesado compuesto por galerías colmadas de arte y erotismo. Una historia inspirada en la novela Fingersmith, de Sarah Waters.

Ah, qué buenos habrán sido aquellos tiempos en que la literatura era el único refugio para darle otras formas a la sexualidad, antes que la pornografía, como la conocemos hoy, nos robara ese exigente arte de tejer en la mente las imágenes de nuestras fantasías con solo el material de las palabras. Cuando el Marqués de Sade pervertía la voluntad de los mojigatos con narraciones informes y orgiásticas de tocador, cuando el erotismo era un arte, con fondo y forma, y no una vulgar estrategia de seducción.

Algo de ello, de ese pasado, tomó acaso el director coreano Park Chan-wook para el trasfondo de su filme La doncella (The Handmaiden, 2016). Salpicado de detalles, y de ese erotismo místico del lejano oriente capaz de tentar hasta al más virtuoso de los anacoretas, nos regala una obra de intriga, en la Corea de principios del siglo XX, sobre una nativa contratada como criada de una rica mujer japonesa que vive en una mansión bajo el cuidado tiránico de su tío. La doncella llega con la secreta misión de hacer que la mujer se enamore de un estafador y falsificador, que finge ser un conde japonés, para así quedarse con su fortuna; pero una inesperada atracción entre las dos mujeres dificulta los planes.

Un guión meticuloso

El director, conocido por obras destacadas como Old Boy (2003), Thirst (2009) y Lazos perversos (Stoker, 2013), toma entonces este argumento, en apariencia simple, y le da la forma de  inextricable laberinto donde la audiencia podrá viajar con total deleite y placer. Donde podrá dejarse arrastrar por sus variadas galerías de la mano de una cámara que parece aletear en los escenarios con el ritmo del viento, que entra y sale por las ventanas, cual los gatos, o que se enfoca en los rostros, en los ojos y en las cosas con el rigor de los prismáticos. Y es un periplo de deleite y placer; porque cada escenario es un dechado de arte donde los colores, la composición y los detalles le dejan al espectador la sensación de estar recorriendo un museo. Un museo, además, con personajes vivos cuyas representaciones conmueven y seducen y le dan vida con sus movimientos a los entornos.

La doncella

Y el hilo que todo esto une es ese guion tejido con meticulosidad, es el que introduce con tacto la sombra entre la embriaguez de tanta belleza y permite aquellos giros vertiginosos en la narración con un dejo de suspenso y hasta de humor, y hacen quedar en ridículo las anticipaciones silenciosas de esos espectadores con ínfulas de pitonisa. Porque los giros acá lo hacen complicado aun cuando cada escena nos arroja con discreción las pistas y los signos, a través de algunos objetos y de algunos movimientos, que van cobrando significado en el transcurrir de la historia.

Una historia erótica sobre erotismo

Y para colmo, Park Chan-wook añade a su palacio de sentidos la gota, la gota de veneno que endulzará la infusión: el erotismo, y por ello el primer párrafo de este escrito. Nos regala entonces esa belleza ajena de dos mujeres orientales y sentimos esa como extraña excitación, como si no fuera la libido la que se estimulara, sino alguna otra desconocida pulsión en nuestra energía sexual, y mucho más aún cuando la atracción entre las dos, la doncella y la mujer, va cimentándose poco a poco, sin afán, con sigilo, precisamente con ese efectivo recurso del erotismo que también va seduciendo a la audiencia: el baño en la tina, la golosina entre la boca, los atuendos, los asomos de piel, la noche y su complicidad y esa labor tan íntima de desvestir y vestir al otro, a través de esa “inocente” labor entre doncella y señora.

La doncella

 

Bueno, y sobresalen también las escenas íntimas entre las dos mujeres, que recuerdan a aquellas tan controvertidas del director Abdellatif Kechiche, en La Vida de Adèle (La Vie d’Adèle – Chapitres 1 & 2, 2013). Pueden tildarnos de voyeristas a los espectadores que disfrutamos aquellos momentos en la obra, pero cómo no habríamos de hacerlo, si es ahí cuando atestiguamos y sentimos el efecto de la hechicería del erotismo previo, quizá el instante en que se justifica todo el laberinto, todo el arte y la puesta en escena de la obra. Además, en este caso, nuestro morbo se da unas vacaciones de tanto sexo lésbico entre rubias occidentales, tan común en el cine de hoy.

Pero el erotismo y la sexualidad no es solo un efecto en la trama de la historia, sino también uno de sus temas centrales, que se desarrolla en una misteriosa biblioteca en el palacio. Allí mora una suculenta colección de libros eróticos y también funciona como albergue donde hombres adinerados, invitados por el tío de la doncella, se reúnen en torno a una geisha, cuyas lecturas, representadas con su tono de voz, su expresión facial y sutiles movimientos de su cuerpo, llevan casi al éxtasis a los frágiles individuos y les recrea nuevas fantasías en sus sinapsis.

La doncella

Rompiendo las cadenas

Ya en un sentido más psicológico, La doncella también aborda el tema del dominio del hombre sobre la mujer. Recurriendo al miedo, al encierro y a la amenaza, y cómo esta intenta liberarse de tales cadenas, y se lanza entonces a la arena del intrincado argumento, donde la inocencia y la astucia son actitudes que pasan de uno a otro personaje, como si se intercambiaran máscaras de Teatro Kabuki, y donde la traición es un tesoro que no se sabe quién posee.

En general, la obra es un compendio de sensaciones, que cuida al máximo los detalles, que se apoya en los reflejos y en los recovecos desde donde los ojos espían para conducir el argumento hacia otros planos, hacia otros desenlaces, hacia otros puntos de vista.

Sin embargo, no sé, siento que me hizo falta la presencia de un gato, en alguna parte.

La doncella

CURIOSIDADES

– Dos idiomas se hablan en el filme: japonés y coreano. Como los actores, en su mayoría, son coreanos tuvieron que tomar clases de japonés para estudiar el libreto y aprender a hablar este idioma.

– Park Chan-wook describe al personaje de la Señora Hideko como un gato blanco, elegante y distanciado.

– La película fue prevendida en 116 territorios para su estreno en salas.

– La filmación fue exigente y se extendió por cerca de cinco meses, desde el 15 de junio de 2015, en Kuwana, Japón, hasta el 31 de octubre de 2015.

– La canción del trailer oficial se llama “Red sex” de Vessel, de su álbum “Punish, Honey”, lanzado en el 2014.

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La doncella: un laberinto de erotismo
Una historia intrincada, con mucho erotismo y arte.
PUNTOS FUERTES
  • Excelente puesta en escena
  • Un guión muy bien elaborado
  • Una historia original
90%Hot
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